12 HORAS NOCTURNAS I por Samuel Sebastian

viernes, enero 20, 2012


Samuel Sebastian es un escritor y cineasta valenciano. Hijo de la pintora Ester Rodríguez Ro. Licenciado en Historia del Arte, obtuvo el premio extraordinario de licenciatura y después inició su tesis sobre los documentales de la guerra civil española y la memoria histórica. Igualmente, ha realizado el Máster de Guiones de la UIMP - Valencia.
Su trabajo como cineasta comenzó en 2005 con el rodaje de la película experimental El primer silencio (2006). Desde entonces ha alternado el rodaje de películas de ficción y documentales sociales con la realización videocreaciones y videoclips.
Sus películas han sido exhibidas en festivales de todo el mundo como, entre otros, el de Cusco (Perú); San Diego (Estados Unidos); La Paz (Bolivia); Rosario y Buenos Aires (Argentina); Lisboa (Portugal); Bilbao, Madrid, Sevilla, Córdoba, Barcelona y Valencia (España); Bolonia, Milán y Turín (Italia); París (Francia); Johannesburgo (Sudáfrica); Melbourne (Australia) o Daklah (Marruecos). Ha obtenido diversos reconocimientos como el de mejor documental español en el Festival de Madrid por La Moma (2007) o el de mejor documental valenciano de 2009 por Las migrantes (2009). También, obras como El primer silencio (2006), La Moma (2007), Las migrantes (2009) y varias de sus videocreaciones han sido proyectadas por diferentes canales de televisión.
En la actualidad, su documental La pausa dels morts (2011) ha sido proyectado en diferentes festivales internacionales y prepara un nuevo largometraje de ficción para 2012.
Como escritor ha obtenido diversos reconocimientos: finalista del premio internacional Pablo Rido por La ciudad de la luz (2005), segundo premio en el certamen La Nau - Universitat de València por Un invierno sin Vera (2006) y finalista del premio Isabel Cerdà de narrativa breve por Les cartes de Lilit. Ganó el XXXVII Premio Octubre de Teatro por Les habitacions tancades (2008).

PRESENTACIÓN DEL CICLO
12 horas nocturnas es un ciclo dedicado a doce películas en las que la noche tiene una presencia predominante. A partir de ellas, se han desarrollado doce narraciones inspiradas en cada una de las películas. Cada una de estas 12 horas se puede leer de manera independiente o continuada, como diferentes capítulos de una misma narración. Al final de cada capítulo se indicará la película que lo ha inspirado. Igualmente, cada narración estará ilustrada con un fotograma de la misma película y una obra artística.


12 HORAS NOCTURNAS


I

"¿Miss Cardado 1965?", repito con una carcajada: "No me puedo creer que ahora mismo esté en su casa". Aquel título la hacía un poco más decadente pero no desentonaba con los cuadros de paisajes con los que decoraba el comedor o con el pick-up en forma de corazón que presidía en un rincón el altar del kitsch, una deidad a la que parecía ser una gran devota. Mi broma no le debió hacer demasiada gracia ya que se quedó callada, fumando sin la intención de ofrecerme. Y en aquel silencio de las cuatro de la madrugada me pregunté qué hacía en ese lugar, con una desconocida de inesperado pasado y tan lejos de mi casa que si comenzara a caminar hasta ella, muy probablemente no llegaría antes de las siete, la hora a la que me despertaba todos los días.



Todo había comenzado unas horas antes, supongo, en uno de esos paseos nocturnos que hacía después de cenar. En verano la soledad es pegajosa y no te la puedes quitar de encima aunque camines horas y horas entre las callejuelas de la parte más olvidada de la ciudad. Antes no caminaba tanto a solas, la vida conyugal te acostumbra al mobiliario de la casa, los objetos de la casa se adaptan a ti y te inducen a un estado de falsa felicidad. Por eso cuando ella se marchó volví a tomar drogas, supongo. Y le preguntaba a las prostitutas que habitaban aquella zona desolada del centro de la ciudad dónde podía encontrarlas.
Una noche me entretuve más de lo habitual con una mujer. Se llamaba Bibiana y no insistí en preguntarle su nombre verdadero. Me atrajo la ambivalencia de su ser hombre-mujer, la rigidez de su mentón sobre la redondez de sus pechos y sus armas definitivamente femeninas. Por eso cuando comenzó a penetrarme en un cuartucho de humedad opresiva, me hizo enloquecer y al día siguiente la invité a mi casa para hablar de Mapplethorpe y la cultura queer y follar después, cuando el tiempo se acabe. Así he pasado mis últimas noches hasta que, cuando la busqué hacia las doce, ella ya no estaba y nadie recordaba haberla visto. Así que volví a los paseos de siempre y acabé en aquel bar en el que nunca había visto un solo cliente. Bebí varias rondas y Miss Cardado 1965 me invitó a algunas más y me puse a buscar mi momento perfecto, ese en el que podría dominar cualquier situación ante cualquier persona pero no lo encontré.



"¿Y quién de los dos es más decadente?", interrumpe con el tono severo de las antiguas institutrices. Es hora de marcharse, sin duda, he exprimido la noche pero no me he logrado despegar de ella. Sé que de una u otra manera, lo desee o no, en unas horas estaré sentado en mi oficina mirando, como todos los imbéciles que me rodean, una pantalla de ordenador y mi mundo se reducirá al aséptico metro cuadrado que ocupa mi mesa. Pensaré que quien ha vivido aquella noche no he sido realmente yo sino alguien que ocupa mi lugar después del crepúsculo, cuando en realidad es al revés, quien me posee lo hace de nueve a cuatro todos los días, de lunes a viernes.
Todas las películas que transcurren de noche hablan de la soledad, soledad con putas o zombies, soledad de fantasmas y taxistas, la soledad siempre pegajosa del último barman hablando con el camello recién llegado, soledad del último turno de la noche y de las callejuelas impregnadas de orín, soledad defecada noche tras noche por los vagabundos de la desolación entre los que me encuentro. Salgo de aquella casa al fin. Libre, sin dinero, agotado y confuso. Encadenado para siempre a noches como ésta.


After Hours (1985) de Martin Scorsese


1 Comentarios:

Jesús dijo...

Un relato impregnado de las sombras noctámbulas en cada letra. Se respira esa deliciosa podredumbre que aqueja hasta el absurdo la farándula y el sinsentido humano por la ciudad en vela. Noche extasiada y casi irreal como la bruma, que devora en el vórtice del desencanto perplejidades vistas con la naturalidad permitida por la alucinación y el desarraigo.
Cala hondo y trasmite un arte así. Mis felicitaciones al autor y al cineasta: brillantes ambos.
Jesús Ávila Z.