12 HORAS NOCTURNAS II por Samuel Sebastian

viernes, febrero 17, 2012

Samuel Sebastian es un escritor y cineasta valenciano. Hijo de la pintora Ester Rodríguez Ro. Licenciado en Historia del Arte, obtuvo el premio extraordinario de licenciatura y después inició su tesis sobre los documentales de la guerra civil española y la memoria histórica. Igualmente, ha realizado el Máster de Guiones de la UIMP - Valencia.
Su trabajo como cineasta comenzó en 2005 con el rodaje de la película experimental El primer silencio (2006). Desde entonces ha alternado el rodaje de películas de ficción y documentales sociales con la realización videocreaciones y videoclips.
Sus películas han sido exhibidas en festivales de todo el mundo como, entre otros, el de Cusco (Perú); San Diego (Estados Unidos); La Paz (Bolivia); Rosario y Buenos Aires (Argentina); Lisboa (Portugal); Bilbao, Madrid, Sevilla, Córdoba, Barcelona y Valencia (España); Bolonia, Milán y Turín (Italia); París (Francia); Johannesburgo (Sudáfrica); Melbourne (Australia) o Daklah (Marruecos). Ha obtenido diversos reconocimientos como el de mejor documental español en el Festival de Madrid por La Moma (2007) o el de mejor documental valenciano de 2009 por Las migrantes (2009). También, obras como El primer silencio (2006), La Moma (2007), Las migrantes (2009) y varias de sus videocreaciones han sido proyectadas por diferentes canales de televisión.
En la actualidad, su documental La pausa dels morts (2011) ha sido proyectado en diferentes festivales internacionales y prepara un nuevo largometraje de ficción para 2012.
Como escritor ha obtenido diversos reconocimientos: finalista del premio internacional Pablo Rido por La ciudad de la luz (2005), segundo premio en el certamen La Nau - Universitat de València por Un invierno sin Vera (2006) y finalista del premio Isabel Cerdà de narrativa breve por Les cartes de Lilit. Ganó el XXXVII Premio Octubre de Teatro por Les habitacions tancades (2008). 



12 HORAS NOCTURNAS


II


Al llegar a casa alguien detuvo nuestro tiempo.
No pasaba nada.
Ni siquiera los enterradores se molestaban en recoger mis despojos.
Ni siquiera el silencio se molestó en taparme la boca y destruir mis escritos.
Entonces, ocurrió algo.
Las ventanas se rompieron violentamente y el estruendo hizo temblar el suelo y las paredes y yo, en pie junto a la mesa del comedor, miré todo aquel espectáculo de destrucción como si no formara parte de él.
"Me marcho a Argentina en el vuelo de las seis y diez de la madrugada", atronaste.
Yo me quedé un largo rato al lado del teléfono esperando que no fuera cierto, que solo se tratara de una de tus bromas, esas que sueles hacer cada vez que me odias.
Pero no pasaba nada.
"Podrás verme dentro de una hora pasando por debajo de tu ventana, en el coche que nos compramos para cuando tuviéramos hijos, qué ironía, ¿verdad?"
"Ahora todo está destrozado", acerté a decir: "Mientras hablo contigo, chapoteo sobre mi propia sangre, los cristales de la ventana me han acribillado y sé que ya nunca más podré salir de esta oscuridad. Al amanecer me marcharé a la cama y durante la noche viviré mi propia vida".
"¿Te gustan los nocturnos?"
No entendí su pregunta.
"Ya sabes, esas escenas que en realidad se ruedan de día pero hacen ver que transcurren de noche".
"Creía que se decían de otra forma".
"No importa. Tu vida es como un nocturno, crees que todo transcurre de noche pero en realidad es de día, un día claro y luminoso".
"Me vuelves a hacer sentir estúpido".

"Cuando sabes que te despides para siempre de alguien sabes que nada importa: no me importa que me insultes, que me grites, que llores, que te hagas la víctima o el verdugo, que me ignores o me supliques, seguiré considerando que sigues siendo tan insignificante como para no dedicarte una palabra más en toda mi vida. Por eso ahora te encuentro adorable. Si estuviéramos juntos follaríamos para festejar nuestra eterna despedida, tú en el norte, yo en el sur; tú muerto de frío, yo abrasada de calor; tú en tu noche, yo en mi día. Cuando tú duermas yo estaré bien despierta y cuando te duermas tú, soñarás que alguna cosa te posee y se va adentrando en tu interior, creciendo hasta que explotes. Al principio lo notarás como una pequeña molestia en los labios, luego se hará mes grande y se transformará en un sarcoma y al final, toda tu piel exudará tus vísceras podridas hasta que te seques por dentro. La pena es que yo no podré verlo".
Colgó.

Nocturne (1980) de Lars von Trier

1 Comentarios:

Sarco Lange dijo...

Los Nocturnos nos hacen el mismo daño que un fusil muerto de hambre.