12 HORAS NOCTURNAS VII por Samuel Sebastian

viernes, julio 20, 2012

Samuel Sebastian es un escritor y cineasta valenciano. Hijo de la pintora Ester Rodríguez Ro. Licenciado en Historia del Arte, obtuvo el premio extraordinario de licenciatura y después inició su tesis sobre los documentales de la guerra civil española y la memoria histórica. Igualmente, ha realizado el Máster de Guiones de la UIMP - Valencia.
Su trabajo como cineasta comenzó en 2005 con el rodaje de la película experimental El primer silencio (2006). Desde entonces ha alternado el rodaje de películas de ficción y documentales sociales con la realización videocreaciones y videoclips.
Sus películas han sido exhibidas en festivales de todo el mundo como, entre otros, el de Cusco (Perú); San Diego (Estados Unidos); La Paz (Bolivia); Rosario y Buenos Aires (Argentina); Lisboa (Portugal); Bilbao, Madrid, Sevilla, Córdoba, Barcelona y Valencia (España); Bolonia, Milán y Turín (Italia); París (Francia); Johannesburgo (Sudáfrica); Melbourne (Australia) o Daklah (Marruecos). Ha obtenido diversos reconocimientos como el de mejor documental español en el Festival de Madrid por La Moma (2007) o el de mejor documental valenciano de 2009 por Las migrantes (2009). También, obras como El primer silencio (2006), La Moma (2007), Las migrantes (2009) y varias de sus videocreaciones han sido proyectadas por diferentes canales de televisión.
En la actualidad, su documental La pausa dels morts (2011) ha sido proyectado en diferentes festivales internacionales y prepara un nuevo largometraje de ficción para 2012.
Como escritor ha obtenido diversos reconocimientos: finalista del premio internacional Pablo Rido por La ciudad de la luz (2005), segundo premio en el certamen La Nau - Universitat de València por Un invierno sin Vera (2006) y finalista del premio Isabel Cerdà de narrativa breve por Les cartes de Lilit. Ganó el XXXVII Premio Octubre de Teatro por Les habitacions tancades (2008). 


12 HORAS NOCTURNAS


VII


 
Detrás de mí, la casa explotó, y con ella todo lo que había tenido algún significado para mí en el pasado. Pero cuando digo yo no me refiero exactamente a mí mismo, a un hombre de treinta y cinco años de edad, residente en una gran ciudad y de profesión cineasta o algo parecido, cuando me refiero a mí mismo hablo en tercera persona o en cuarta o en quinta. A medida que me alejaba más cerca veía mi pasado y más lejos me encontraba de mí mismo. Tal vez mi mujer y la mujer transexual con la que me veía todas las noches eran las misma persona, al fin y al cabo, las dos eran igual de creyentes e igual de fetichistas, las dos adoraban la forma fálica del crucifijo que presidía sus respectivas camas, las cuales visitaba a diario religiosamente, una detrás de otra. Nunca se hicieron una foto juntas, nunca coincidieron en una fiesta, nunca se besaron delante de mí. 



Cuanto más corro, más me duele la cabeza y soy incapaz de recordar todo lo que me sucedió: ¿Fui yo quién te mató? ¿Realmente eras tú la víctima? Y qué más da si al fin y al cabo todo lo hice por vivir la vida que siempre había deseado vivir, y así, por fin, conseguir ser un esclavo de mis propios deseos. Correr en el desierto es absurdo. Me detengo.
En mi dormitorio, siento que ya no soy yo mismo. Todo parece envuelto en una densa negrura que me impide incluso ver los objetos más cercanos: Mis manos se diluyen en una masa oscura e informe de tinieblas, las ventanas no reflejan otra cosa que la densa oscuridad nocturna y mi casa se encuentra teñida de una vasta e interminable soledad que apacigua incluso a las bestias nocturnas. No soy yo el que emerge, es el silencio, ni tú la que me miras, puesto que tus ojos son los míos.
Mi vida ya nunca será la misma después de haber imaginado otra vida, de haber soñado un sueño ajeno, de haber disfrutado del placer de ser un otro a mi antojo. A cambio, recibo la más absoluta y quietud. La nada. Y siempre, cuando me han dado a elegir entre la nada y el dolor, he preferido el dolor.

Lost Highway (1997) de David Lynch