PRIMOŽ ČUČNIK. RECORRIDOS POR GEOGRAFÍAS REALES E INVENTADAS por Xavier Farré

viernes, agosto 03, 2012

L’Espluga de Francolí, 1971 es poeta y traductor. Traduce del polaco y del esloveno. Cabe mencionar sus traducciones de Czesław Miłosz (Travessant fronteres. Antologia poètica 1945-2000, Proa, Barcelona), de Adam Zagajewski (Tierra del Fuego/Terra del Foc, Deseo, Antenas, todas en Acantilado, Barcelona) y los ensayos de Zbigniew Herbert; y del esloveno, las traducciones de Aleš Debeljak (La ciutat i el nen, Barcelona, Edicions la Guineu) y Lojze Kovačič (Los inmigrados, Siruela, Madrid).
Como poeta, ha publicado Llocs comuns (Lugares comunes) (2004); Retorns de l’Est (Tria de poemas 1990-2001) (Retornos del Este –Poemas escogidos, 1990-2001) (2005); Inventari de fronteres (Inventario de fronteras) (2006). En 2008 aparece su último libro de poemas: La disfressa dels arbres (El disfraz de los árboles). Algunos de sus poemas han sido traducidos al croata, esloveno, inglés, polaco y sueco.




PRIMOŽ ČUČNIK. RECORRIDOS POR GEOGRAFÍAS REALES E INVENTADAS

Ljubljana es una ciudad extraña y familiar a la vez. Uno pasea por sus calles y tiene la sensación de encontrarse en una pequeña reproducción de otras ciudades que formaron parte del Imperio Austrohúngaro, o de esa Centroeuropa que nadie llega a saber definir, aunque Joseph Roth nos mostrara una y otra vez su decadencia, aunque la hayamos convertido en un mito donde una vida, una sola vida, es casi imposible. Y Ljubljana extraña en sus calles, muchas veces solitarias a plena luz del día. Su plaza central no lo es en un sentido canónico, es más bien un cruce de caminos, con el Trimostovje o Los tres puentes, obra del arquitecto que transformó la ciudad, Jože Plečnik, y con la estatua de France Prešeren, el gran poeta romántico que hizo renacer la lengua eslovena para la literatura. De ahí seguramente la gran devoción que en Eslovenia se tiene a los poetas, de ahí tal vez la gran proliferación de poetas a lo largo de todo el siglo XX y lo que llevamos del siglo XXI. Ljubljana es una ciudad de poetas. Y las veladas poéticas se suceden a un ritmo que parece tan natural como citarse para tomar un café.
En una de esas veladas conocí la voz de Primož Čučnik, uno de los poetas más conocidos y valorados de lo que ahora ya es la generación media. Una barba de tres días que parece eterna, unos ojos que rehúyen el contacto directo con el público, pues se deben al lenguaje, a las palabras que llenan las páginas que trae para leer. Es una timidez que desaparece cuando entran en escena los poemas. Čučnik lee rápido, casi sin pausas, imprime un ritmo que desestructura la forma como los poemas aparecen escritos. E igualmente nos lleva a momentos de confusión cuando, por ejemplo, titula un poema soneto, y aunque tiene los 14 versos de rigor estructurados a la manera italiana, dos cuartetos y dos tercetos, el poema carece de rimas, no es un soneto clásico, hace que estalle en otros significados. Y Čučnik simula ser como la ciudad que lo ha visto crecer, extraña y familiar.

SONETO
Discúlpame por ser poco atento
los elogios de tus semejantes es lo que más cuenta
el amor es un país veloz en bicicleta
y la guerra sólo terribles noticias en las lenguas

bajo los abrigos se desmigajan trocitos de piedras
a ti no te observa la debilidad de nadie
pero intenta hacer lo que te complace
el miedo es el forjador del dinero ajeno

el cuerpo es una cámara llena hasta arriba de aire
el universo es una prisión sin aire de la mente
quien muera ya no dirá ninguna palabra más

es la guerra sólo una noticia terrible en los labios
si cada uno hiciera lo que le hace feliz
el cambio es un país veloz en bicicleta.

La estrategia en muchos de los poemas de Primož Čučnik revela la búsqueda de la extrañeza, de la sorpresa en el lector, hace que los elementos que pueden excluirse formen una nueva realidad. Čučnik construye un mundo nuevo partiendo de elementos conocidos, recordamos la tradición, recordamos los poetas anteriores a él y seguimos hacia adelante en una nueva geografía de las palabras. Su centro no es el centro de la tradición legada, su soneto, como hemos visto, no es un soneto, es un cruce de caminos, como Los tres puentes en la plaza de la ciudad. Los versos son espadas que hienden el pensamiento, cada una separada de otra. Son hilos desunidos, como si procedieran de madejas diferentes, y el resultado aparece en la mente del lector que los une y los transforma en una madeja nueva que vuelve a desenrollarse una y otra vez a cada nueva lectura.

EN ESTE CASO

Estoy seguro de que sobre todo
debes confiar en la fantasía y en los senderos
a los que te llevan desencaminados la lengua.
Él lo sabría – de todos modos
es más razonable que nosotros, tal vez el único soporte.
Cuando vas por el desierto, necesitas agua
y piezas de recambio para el motor de tu jeep.
Así pues, coge todo lo que está en este diccionario
Y lo que no está. Tal vez lo necesites.
También más tarde, cuando ya no estés –
visiones de cometas sobre las dunas
y brillarán las estrellas.

Primož Čučnik es un poeta del presente visible, sus poemas acaecen en un aquí y ahora que se hacen patentes al lector. Así pues, Čučnik no pertenece a la estirpe de los poetas elegíacos, no le interesa saber dónde han desembocado los restos del pasado, ya que es el presente quien impone el ritmo de la observación y de la reflexión. Y la manera de expresar el presente que tiene el poeta es nombrando, relatando, detallando. De lo general al particular. Basculando entre dos polos. Dos polos que se alternan en su poesía a todos los niveles. Como el monólogo dialogado que se encuentra en la base de muchos de sus poemas. El poeta se dirige a un tú, habitualmente femenino (aunque en algunas ocasiones es a la misma voz poética a la que se dirige) y entabla un diálogo en la ausencia. Como si para nombrar el mundo fueran necesario dos observadores, quien dirige la acción y quien la recibe. De ahí las construcciones deícticas (tanto personales como de tiempo), las frases lapidarias que se convierten en los límites del conocimiento, del lenguaje, del mundo observado (el componente filosófico en la poesía de Čučnik es muy importante).

EL PRIMER CANTO

El primer canto habla de la antigua forma
de vivir. Cómo se situaban al principio
las cosas, y cómo se sabía dónde debían
terminar, o en los contornos empezar de nuevo

con sentimientos conocidos. Y después vuelve
el cuco a tocar más horas, y la hierba crece
más alta y las rosas florecen más bellas
y los paseantes de la tarde miran los colores olvidados.

La nieve es aún blanca, pero más limpia
y clara, el cielo sobre las tejas es aún azul,
pero un azul en el dorado de un fantástico
mediodía, y el canto aún resuena

en su tono siempre verde. Las estrellas
nos miran como a unos conocidos que se ven
por sorpresa pasados más de mil años,
y el libro pasados mil años aún afirma lo mismo

y este río extraordinario se escurre entre
las piedras brillantes, pulidas por antiguas
riadas y formas auténticas, como corazones
resistentes sembrados en el fondo de su lecho.

No como un mes que no sabemos cómo nombrar,
sino un año después del que se sabrá que
había empezado, tan sólo en el oído desembocan
sonidos de instantes, cuando no se sabe el tiempo,

como si todo el tiempo fuera pasado, tu pecado
original está sepultado aún en el sueño y de los bolsillos
vacíos podrás sacar el primer canto que te llevará
hasta allí. Y ahora es claro y distinto, sólo

su regreso que conoces de memoria
cambia para que nunca captures las palabras.

Existe la extrañeza del lenguaje, el uso que hace de él Čučnik puede recordar en algunos momentos los postulados de los herméticos italianos. La novedad que aporta los límites de lo que es gramatical. Y además, como se puede observar en el poema anterior, la certeza de que el lenguaje no puede expresar del todo la realidad, puesto que está en las cosas, y las cosas están en el momento de nombrarlas. Se cierra el círculo, y volverá a abrirse para una nueva reflexión, para que nos demos cuenta de que nos distanciamos y nos acercamos a nosotros mismos a través de las cosas. En una realidad que existe en el acto de habla. Y lo que queda, al fin y al cabo, es, como dice el mismo poeta, “la jugosa movilidad de las palabras”, para que nunca lleguemos a capturarlas.
Capturamos la extrañeza de la ciudad cuando paseamos por Ljubljana. La reconocemos y nos reconocemos en ella, a través de otras referencias, de una geografía que se repite a lo largo de miles de kilómetros, en esta Europa Central. Pero no podemos buscar el centro. Allí todo estalla en varias posibilidades. Es una nueva realidad la que se abre ante nuestros ojos. Plečnik cambió la fisonomía de la ciudad, le imprimió un sello propio y diferente. Hizo un ámbito extraño en lo familiar. Como hace Čučnik en esta geografía de palabras que desembocan en los poemas. Aparece un sentido de incomodidad que se instala en nosotros al leer sus poemas. Reconocemos lo familiar que puede dolernos, y vemos la extrañeza de cómo llegar a ello, de cómo la geografía de palabras nos adentra en territorios para los cuales debemos revisar de nuevo los mapas.