12 HORAS NOCTURNAS XI por Samuel Sebastian

viernes, noviembre 16, 2012

Samuel Sebastian es un escritor y cineasta valenciano. Hijo de la pintora Ester Rodríguez Ro. Licenciado en Historia del Arte, obtuvo el premio extraordinario de licenciatura y después inició su tesis sobre los documentales de la guerra civil española y la memoria histórica. Igualmente, ha realizado el Máster de Guiones de la UIMP - Valencia.
Su trabajo como cineasta comenzó en 2005 con el rodaje de la película experimental El primer silencio (2006). Desde entonces ha alternado el rodaje de películas de ficción y documentales sociales con la realización videocreaciones y videoclips.
Sus películas han sido exhibidas en festivales de todo el mundo como, entre otros, el de Cusco (Perú); San Diego (Estados Unidos); La Paz (Bolivia); Rosario y Buenos Aires (Argentina); Lisboa (Portugal); Bilbao, Madrid, Sevilla, Córdoba, Barcelona y Valencia (España); Bolonia, Milán y Turín (Italia); París (Francia); Johannesburgo (Sudáfrica); Melbourne (Australia) o Daklah (Marruecos). Ha obtenido diversos reconocimientos como el de mejor documental español en el Festival de Madrid por La Moma (2007) o el de mejor documental valenciano de 2009 por Las migrantes (2009). También, obras como El primer silencio (2006), La Moma (2007), Las migrantes (2009) y varias de sus videocreaciones han sido proyectadas por diferentes canales de televisión.
En la actualidad, su documental La pausa dels morts (2011) ha sido proyectado en diferentes festivales internacionales y prepara un nuevo largometraje de ficción para 2012.
Como escritor ha obtenido diversos reconocimientos: finalista del premio internacional Pablo Rido por La ciudad de la luz (2005), segundo premio en el certamen La Nau - Universitat de València por Un invierno sin Vera (2006) y finalista del premio Isabel Cerdà de narrativa breve por Les cartes de Lilit. Ganó el XXXVII Premio Octubre de Teatro por Les habitacions tancades (2008). 


12 HORAS NOCTURNAS


XI




"Hola, ¿qué tal?", digo cuando aparezco de nuevo por la casa familiar.
Nadie me esperaba, más bien al contrario, todos se espantan al ver mi camisa rota y manchada de sangra, mis ojos en blanco y mi andar tambaleante, solo mi madre se abraza a mí y me pregunta por todo el tiempo que he pasado fuera.
Nos sentamos enseguida en la mesa del comedor y durante un buen rato no sabemos qué decir. Debe ser complicado hablarle a un muerto, me digo a mí mismo. El tío Miguel es el primero en hablar:
"Te marchaste de casa sin decir nada, cabrón", me increpa.
"De eso ya hace mucho tiempo", mi madre, pacificadora.
"Desde luego, apestas", mi padre, por lo bajo.
"Es extraño", les digo: "He de reconocer que el primer sitio al que se me ocurrió venir fue este, pero ni siquiera sé por qué lo hice ni qué razón me empujó a venir aquí, hay una buena caminata desde el cementerio".
"Siempre has sido un tío raro", mi padre, de nuevo.
"Tenemos muchas cosas de las que hablar, un hombre no puede marcharse de casa y pasar de todo y volver después como si nada", el tío Miguel, agitando los brazos.
Me tomo a sorbos el café que me ha preparado mi madre y reparo entonces en la presencia de la abuela, en un rincón, en penumbra. Pronto morirá ella también y deberá escuchar las mismas estupideces que estoy escuchando ahora, en particular las del tío Miguel, su hijo, que desde que murió el abuelo se considera legitimado para decidir sobre nuestras vidas:
"Vengo de la muerte y no es un sitio muy agradable. Hacía frío y siempre era de noche. Miraba a toda la gente desde las alturas y sentía vértigo y al no sentirme atraído por la gravedad de la Tierra, en cuanto me descuidaba, me estampaba contra un edificio. Lo único que podía sentir era dolor, dolor y más dolor", les digo con cara de pena.



"Qué mal nacido que eres, te pasas diez años o yo qué sé cuántos y cuando vuelves solo hablas de ti ¡Egoísta! Ojalá te hubieran pegado un tiro y te hubieras muerto en cualquier acera, desgraciado, no me importa en absoluto lo que te ocurra", continúa gritando el tío Miguel.
"Es que eso precisamente fue lo que ocurrió", soy un muerto que desea morir.

Les Revenants (2004) de Robin Campillo