CHARLES MINGUS por Francisco Javier Irazoki.

viernes, febrero 08, 2013

Francisco Javier Irazoki (Lesaka, Navarra, 1954) fue miembro del grupo surrealista CLOC. La Universidad del País Vasco editó en 1992 toda la obra poética que Irazoki había escrito hasta el año 1990. El volumen, titulado Cielos segados, comprende los libros Árgoma, Desiertos para Hades y La miniatura infinita. La editorial Hiperión le publicó en 2006 el libro de poemas en prosa Los hombres intermitentes. Desde 1993 reside en París, donde ha cursado diversos estudios musicales: Armonía y Composición, Historia de la Música, etc.






CHARLES MINGUS

Charles_Mingus_1976 font viquipèdia                             
Charles_Mingus_1976 fuente Viquipèdia

          El senegalés Wasis Diop canta sobre el racismo entre los africanos. Charles Mingus (Nogales, Arizona, 1922 – Cuernavaca, México, 1979), mulato, padece en la infancia una doble discriminación por el color de su piel: los profesores blancos y los niños negros se apartan de él, o se acercan con el escudo de la broma.
         Va con sus hermanas a clases de solfeo, y es un alumno más bien desmañado y rudo, salvo cuando sopla el trombón o empuña el arco del violonchelo. Pero en la iglesia del gueto escucha los cánticos religiosos tradicionales, que, unidos a los discos de Duke Ellington, son su método de aprendizaje.
        Cuando forma los primeros conjuntos musicales, desecha los instrumentos que mejor domina y pide el contrabajo. Ayuda al baterista Lee, hermano de Lester Young, y aprende con tanta prontitud que consigue entrar en el grupo de Art Tatum. Enseguida, en 1941, convence a Louis Armstrong, quien de carbonero, jugador y trapero ambulante ha pasado a estrella del jazz. Armstrong lo emplea en su banda durante dos años. Completa las lecciones en la orquesta del vibrafonista Lionel Hampton, y las repasa al lado de cuatro maestros: Charlie Parker, Miles Davis, Duke Ellington y Dizzy Gillespie. Ha alcanzado, en fin, una evidente calidad, pero todavía debe redondear el sueldo con trabajos temporales. Por ahí anda vestido de cartero.
        Esa calidad de Charles Mingus está conectada al atrevimiento artístico. Miles Davis habla de la insolencia con que Mingus acepta las libertades que asustan a los músicos relamidos. Con risadas de pícaro se pone a tocar en modo mayor la pieza escrita en modo menor, y su invento funciona. Idéntica osadía muestra en la aventura de crear un sello discográfico, Debut, o en la lucha política que lidera contra un senador racista de Arkansas.   
        A mediados de la década de los cincuenta, en Nueva York, Charles Mingus funda su banda y sus talleres de experimentación. Allí se unen las percusiones enérgicas, un aparente desorden y, en el fondo, la escritura rigurosa; allí se juntan las corrientes de vanguardia y el clasicismo. La música que sale tiene capas cambiantes como la personalidad del jefe, que hace un momento trabajó a carcajada tendida, luego susurró desde el paternalismo y terminará el día dictando órdenes con temibles rachas de cólera.
        Lo invariable es la importancia de muchos de sus álbumes en la historia del jazz: Reincarnation of a lovebird, Mysterious blues, Pithecanthropus erectus, Meditations, Mingus at Monterey, Abstractions, etc. Además, ningún aficionado al género olvida la ayuda que Charles Mingus y Max Roach prestan a Duke Ellington en la obra Money jungle.
        Y, de repente, a este hombre esforzado en la apariencia rotunda, que luce su corpulencia mientras describe a los amigos las últimas hazañas sexuales, le llega una gran tristeza con la muerte del saxofonista Eric Dolphy; se queda sin casa y sin vigor. Lo ven detenido por la desgana entre 1966 y 1970. Después publica un libro, Menos que un perro, y organiza giras con entusiasmo de resucitado. 
        Contrae una rara esclerosis incurable y se refugia en México. Muere de una crisis cardiaca. También el final lo ataca con una entonación sorprendente para su familia: pide ser incinerado y que sus cenizas sean arrojadas al río Ganges.

FRANCISCO JAVIER IRAZOKI
(Del libro “La nota rota”; Hiperión, 2009)

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