PEDRO BACÁN por Francisco Javier Irazoki

viernes, octubre 11, 2013

Francisco Javier Irazoki (Lesaka, Navarra, 1954) fue miembro del grupo surrealista CLOC. La Universidad del País Vasco editó en 1992 toda la obra poética que Irazoki había escrito hasta el año 1990. El volumen, titulado Cielos segados, comprende los libros Árgoma, Desiertos para Hades y La miniatura infinita. La editorial Hiperión le publicó en 2006 el libro de poemas en prosa Los hombres intermitentes; en 2009 La nota rota, semblanzas de cincuenta músicos; y, en 2013, Retrato de un hilo, libro de poemas en verso. Desde 1993 reside en París, donde ha cursado diversos estudios musicales: Armonía y Composición, Historia de la Música, etc.







PEDRO BACÁN



Pedro_bacan
        He hojeado los capítulos de la historia del flamenco en el rostro de un artista.
         Una amiga, Gema Zabala, infalible al elegir el arte de calidad, pronuncia el nombre de Pedro Bacán (Lebrija, 1951 – Utrera, 1997), y juntos vamos a la actuación del guitarrista en Pamplona. De inmediato escuchamos unos compases desprovistos de la bisutería melódica y de los ritmos simples con que no pocos músicos encandilan a las masas.
         Los orígenes del flamenco se reflejan en Pedro Bacán. Sus dedos pulsan y pisan las cuerdas del instrumento, transmiten una corriente y se enciende la cara de labios apretados. En esa pantalla que es su semblante desfilan los bailes provocadores de las mujeres íberas que describe Juvenal, las canciones de los indios contratados para las fiestas andaluzas, las tradiciones de los gitanos que huyen del régimen de castas de la India, el humo de los cafés cantantes.
         Y las facciones de Bacán tienen voz: suenan las tonás carceleras y los martinetes de la fragua, la siguiriya, la saeta, la soleá y sus derivados de nombres inexplicables (alborea, romera, mirabrás), la petenera quizá judía...
         En el documental Inés ma sœur, de la cineasta francesa Carole Fierz, veo ahora el retrato íntimo del hombre. Pedro pertenece a una familia de artistas en la que sobresalen su bisabuelo Pinini, las tías Fernanda y Bernarda de Utrera, los primos Juan Peña El Lebrijano y Pedro Peña, la hermana Inés Bacán. Son gitanos que sólo practican el nomadismo cultural, capaces de resguardar las raíces y de permanecer atentos a otras expresiones. El joven trabaja de carnicero y estudia minuciosamente los cantes de su entorno. Porque “la verdad flamenca la tiene el tiempo”, dice con orgullo. A los veintinueve años le conceden el Premio Nacional de guitarra y es acompañante del cantador Calixto Sánchez. Con todo lo aprendido le nace la pasión por la pedagogía y da clases en la Universidad de Washington. 
         La película de Carole Fierz muestra las calles y casas de Lebrija, y el jolgorio de la reunión en un cortijo. El clan Pinini se sienta a la mesa, Pedro dirige el banquete musical y hay una alegría salvaje en el erotismo con que baila Concha Vargas. Después Bacán habla de su oficio y la relación con el oyente: “Me gusta jugar con los silencios y los volúmenes sonoros, crear un gran volumen, recogerlo, dejarlo vivir, de tal manera que a veces se queda en nada, puede llegar hasta el silencio total. Con ese sonido que se queda allí, el que me escucha inventa su propia música. Entonces, ese silencio no sólo está hecho por mí, por mi música, sino por la sonoridad que inventa el que me está escuchando”. La segunda parte del filme sintetiza un concierto invernal en la ciudad francesa de Châteauroux. La acústica deficiente no empaña el virtuosismo de Pedro, y los primeros planos facilitan la lectura de los acordes en la cara del compositor.
         En 1995, Bacán coordina cuatro grabaciones (Noches gitanas en Lebrija) y cultiva una autenticidad que se había desdeñado en los círculos comerciales.
         Los carteles anuncian su nueva visita a París, pero Pedro Bacán muere en un accidente de tráfico. “La guitarra quedó indemne”, me cuenta un primo del fallecido. El resumen del flamenco sigue en el rostro que recuerdo.        

FRANCISCO JAVIER IRAZOKI
(Del libro “La nota rota”; Hiperión, 2009)

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