KIM KI-DUK: La negación de la palabra, por Samuel Sebastian.

viernes, mayo 16, 2014

Samuel Sebastian es un escritor y cineasta valenciano. Hijo de la pintora Ester Rodríguez Ro. Licenciado en Historia del Arte, obtuvo el premio extraordinario de licenciatura y después inició su tesis sobre los documentales de la guerra civil española y la memoria histórica. Igualmente, ha realizado el Máster de Guiones de la UIMP - Valencia.
Su trabajo como cineasta comenzó en 2005 con el rodaje de la película experimental El primer silencio (2006). Desde entonces ha alternado el rodaje de películas de ficción y documentales sociales con la realización videocreaciones y videoclips.
Sus películas han sido exhibidas en festivales de todo el mundo como, entre otros, el de Cusco (Perú); San Diego (Estados Unidos); La Paz (Bolivia); Rosario y Buenos Aires (Argentina); Lisboa (Portugal); Bilbao, Madrid, Sevilla, Córdoba, Barcelona y Valencia (España); Bolonia, Milán y Turín (Italia); París (Francia); Johannesburgo (Sudáfrica); Melbourne (Australia) o Daklah (Marruecos). Ha obtenido diversos reconocimientos como el de mejor documental español en el Festival de Madrid por La Moma (2007) o el de mejor documental valenciano de 2009 por Las migrantes (2009). También, obras como El primer silencio (2006), La Moma (2007), Las migrantes (2009) y varias de sus videocreaciones han sido proyectadas por diferentes canales de televisión.
En la actualidad, su documental La pausa dels morts (2011) ha sido proyectado en diferentes festivales internacionales y prepara un nuevo largometraje de ficción para 2012.
Como escritor ha obtenido diversos reconocimientos: finalista del premio internacional Pablo Rido por La ciudad de la luz (2005), segundo premio en el certamen La Nau - Universitat de València por Un invierno sin Vera (2006) y finalista del premio Isabel Cerdà de narrativa breve por Les cartes de Lilit. Ganó el XXXVII Premio Octubre de Teatro por Les habitacions tancades (2008).


KIM KI-DUK: La negación de la palabra.





Como un acto de heroica resistencia, el director coreano negó la palabra al protagonista de Hierro 3 (Bin-jip), una persona que tiene la costumbre de entrar en casas ajenas y simplemente observar cómo son sus vidas, sin intención de robar ningún objeto ni sacar beneficio por ello, es más, incluso arregla los electrodomésticos de la casa y vigila que todo se encuentre en perfecto estado. Ello, unido al hecho de que no diga palabra alguna durante la película y que su imagen pase desapercibida para otras personas, hace pensar en él más que como un personaje, como un espectro contemporáneo, alguien que no se rige por las leyes materialistas que se nos imponen y que, a modo de protesta, se mantiene siempre en un inquietante silencio. La fuerza de este personaje reside en que es una conjunción perfecta entre el vagabundo ideado por Charles Chaplin y el protagonista de El extranjero de Albert Camus, cuyo título original, recordemos, juega con el doble significado de la palabra étranger: extranjero, pero también extraño. Así, nuestro protagonista, como anteriormente lo hacía el protagonista de Tiempos modernos (Modern times, 1940), se siente cómodo con la palabra negada, ya que es la que le da toda la fuerza para resistir y, como el protagonista de la novela de Camus, cuando se siente violentado por la brutalidad de las fuerzas policiales, continúa manteniendo su silencio. No hay nada que inquiete más al poder que el silencio, como cantaba Lluís Llach en 1974: Que no em sap cap greu/ dur la boca tancada,/ sou vosaltres qui heu fet/ del silenci paraules [Que no me importa/ cerrar la boca,/ sois vosotros los que habéis hecho/ del silencio palabras] y como sostienen muchos de los movimientos pacifistas, no hay mayor resistencia que la inacción, ni mayor muestra de dignidad humana que mostrar la disconformidad frente al sistema de una forma completamente quieta, sin alzar una mano ni soltar un grito ni, por supuesto, realizar movimiento alguno. El silencio de Kim Ki–Duk en este caso es completamente político, aunque la calculada ambigüedad de la película hace que se pueda interpretar también de maneras muy diferentes.

El mismo Kim Ki-Duk ha desarrollado en otras películas este valor del silencio, a veces con connotaciones religiosas, como en Primavera, verano, otoño, invierno... y primavera (Bom yeoreum gaeul gyeoul geurigo bom, 2003) donde el silencio se asociaba a Dios, a la relación humana con lo divino y el respeto mutuo que emana de esta relación. En otra película, con algunos apuntes de interés pero menos lograda que Hierro 3, El arco (Hwal, 2005), un hombre de sesenta años está a punto de casarse con una joven de dieciséis, que nunca dice una palabra en toda la película. A pesar de que narrativamente queda algo forzado el silencio del personaje (en Hierro 3 sin duda era mucho más natural), es impactante que haya escogido precisamente una adolescente que es forzada a casarse como la persona a la cual se le niega la palabra, mostrando el silencio terrorífico de la sociedad ante este tipo de prácticas y como a través de esta tolerancia, esta práctica se perpetúa.

Pero sin duda la sublimación del silencio por parte de Kim Ki–Duk ha llegado con su última película, Moebius (2013), en la cual no aparece en su casi hora y media de duración ni siquiera una palabra. Una historia de sexo descarnado y violencia explícita en la cual el director optó por dejar que las imágenes fluyeran por sí mismas, a través de los sonidos y una música hipnótica. El tabú del incesto, la castración, la violencia sexual y familiar están continuamente presentes en una historia hechizadora, retorcida y descarnada, pero también rebosante de pureza y brutal realismo, al estilo Kim Ki-Duk, eso sí.