CICLO DE CINE AFRICANO: LOS NEGROS DE..., por Samuel Sebastian

viernes, abril 24, 2015

Samuel Sebastian es un escritor y cineasta valenciano. Hijo de la pintora Ester Rodríguez Ro. Licenciado en Historia del Arte, obtuvo el premio extraordinario de licenciatura y después inició su tesis sobre los documentales de la guerra civil española y la memoria histórica. Igualmente, ha realizado el Máster de Guiones de la UIMP - Valencia.
Su trabajo como cineasta comenzó en 2005 con el rodaje de la película experimental El primer silencio (2006). Desde entonces ha alternado el rodaje de películas de ficción y documentales sociales con la realización videocreaciones y videoclips.
Sus películas han sido exhibidas en festivales de todo el mundo como, entre otros, el de Cusco (Perú); San Diego (Estados Unidos); La Paz (Bolivia); Rosario y Buenos Aires (Argentina); Lisboa (Portugal); Bilbao, Madrid, Sevilla, Córdoba, Barcelona y Valencia (España); Bolonia, Milán y Turín (Italia); París (Francia); Johannesburgo (Sudáfrica); Melbourne (Australia) o Daklah (Marruecos). Ha obtenido diversos reconocimientos como el de mejor documental español en el Festival de Madrid por La Moma (2007) o el de mejor documental valenciano de 2009 por Las migrantes (2009). También, obras como El primer silencio (2006), La Moma (2007), Las migrantes (2009) y varias de sus videocreaciones han sido proyectadas por diferentes canales de televisión.
En la actualidad, su documental La pausa dels morts (2011) ha sido proyectado en diferentes festivales internacionales y prepara un nuevo largometraje de ficción para 2012.
Como escritor ha obtenido diversos reconocimientos: finalista del premio internacional Pablo Rido por La ciudad de la luz (2005), segundo premio en el certamen La Nau - Universitat de València por Un invierno sin Vera (2006) y finalista del premio Isabel Cerdà de narrativa breve por Les cartes de Lilit. Ganó el XXXVII Premio Octubre de Teatro por Les habitacions tancades (2008).


LOS NEGROS DE...
 
Dicen de Ousmane Sembene que fue el primer patriarca del cine africano, un lugar que hoy en cierta medida se considera vacante. Yo prefiero decir que era un sabio y que supo traducir su sabiduría visual y narrativa en una serie de películas que muestran muy bien la evolución de África durante la segunda mitad del siglo XX, desde el nacimiento de las primeras voces individuales africanas hasta la consagración por todo el mundo del panafricanismo pasando por la creación de las entidades nacionales, en principio ajenas a la cultura africana, que está basada en los vínculos con el clan y la tribu. Y aunque todas sus películas poseen un enorme interés y más de una merece un puesto importante en la historia del cine, pienso que su primer largometraje, La negra de... (La noire de..., 1966) rompió numerosos arquetipos y, sobre todo, consiguió que por primera vez se hablara de un verdadero cine africano.
Lo que impactó a la sociedad blanca de los años sesenta, en especial la francesa, a la cual dedicaba Sembene la parte más afilada de la película, era la profundidad de los pensamientos de la protagonista, una mujer senegalesa, Diouna, que busca trabajo y que acaba sirviendo a un matrimonio blanco de clase media-alta en París, una especie de bobos (bourgeoises bohémiens, pero sí, tiene el sentido despectivo que podemos imaginar). Lo que vertebra la historia no son solo las actividades cotidianas a las que la protagonista debe enfrentarse y en las que sufrirá diferentes menosprecios y humillaciones, la historia en realidad está conducida a través de la voz interior de Diouna, cuyos pensamientos rigen las imágenes del filme ya que ella misma, al no saber francés, no puede comunicarse con los señores de la casa. La metáfora es simple pero efectiva y en algunos momentos aterradora: Diouna, el continente africano, sojuzgado por los amos blancos, sometido a su voluntad y sin posibilidad de escaparse. Para los amos, la sirviente no tiene más que un carácter utilitario y servil y el hecho de que no hable la lengua colonial refuerza su carácter de ser inferior: como es incapaz de utilizar el idioma de la casa, los señores no harán nunca ningún esfuerzo por entenderla. A partir de ahí el universo interior de Diouna irá creciendo al mismo tiempo que el exterior se irá reduciendo hasta asfixiarla. La muerte será la única forma de liberación, el peso del símbolo entonces acabará con su propia existencia.