ELRINCÓN DEL RELATO: ESTOY JODIDO, PERO NO SÉ POR QUÉ, por Manuel Gris Lorente

viernes, junio 10, 2016

Manuel Gris Lorente lleva escribiendo desde que tiene uso de razón, quizá incluso antes, pero como no tiene recuerdos de esa parte de la vida prefiere no arriesgarse a la hora de hacer una afirmación tan tajante. Influenciado por autores como Chuck Palahniuk, Charles Bukowski, Bret Easton Ellis, Janne Teller, Amy Hempel o Craig Clevenger su escritura está caracterizada por un uso de la locura y la anarquía literaria con la que intenta no dar pistas de qué va a pasar a continuación en sus relatos y novelas. De cuál será el siguiente paso. La escritura es una forma de escapar del mundo y lo que hay en él, de todo lo que nos para a la hora de ser nosotros mismos, tan intensa y rica, tan grande, que no sabe expresar ese sentimiento con palabras, así que no lo hace. Solo sigue adelante, sin tenerle miedo a la página en blanco, y con la seguridad de que cada letra que usa solo le da algo más de libertad.



ESTOY JODIDO, PERO NO SÉ POR QUÉ

Mi nariz toca el suelo, mis brazos se retuercen de dolor por la presión que sobre ellos cae. Mis piernas son prisioneras del odio. Estoy jodido.
Se me olvidó cerrar la persiana y, como era de esperar, el sol entró y me quemó con la fuerza de Dios. Siempre está intentando demostrar que es mejor que la Luna, pero en belleza jamás la ganará. Su melancolía es contagiosa, y su compañía eterna. Decidí dejarle ganar y me levanté. El sudor estaba pegado entre mi cuerpo y las sabanas y mi pelo estaba grasiento, sudoroso y olía demasiado a vómito de pasta carbonara. No era nada nuevo, de nuevo. Una cojera me sorprendió de camino al wáter. Mi tobillo estaba un poco hinchado, mi rodilla pelada, y una de mis uñas presentaba un color oscuro nada normal en la gente sana. Al llegar al trono, me senté, apreté, y saqué el corta uñas de su cajón. Con la lima que nadie usa pero ahí está, decidí hurgar bajo la uña para ver si el torrente podía producirse. Y así fue. Comenzó a salir, con toda su belleza, un líquido rojo y amarillo que manchó sin perdón la alfombrilla de baño. Jamás la había lavado, y en parte me jodió verme en un futuro haciéndolo. Tiré el corta uñas, me limpié el culo con la mano desnuda, y me metí en la ducha. El agua fría ya no dolía, tras 3 meses sin agua caliente, mi piel había creado su propia defensa y ya no molestaba. El jabón hizo su trabajo y después salí. Decidí desayunar un poco, así que abrí la nevera y grité.
Una cabeza conocida estaba dentro de una bolsa, me miraba a los ojos, con uno de ellos fuera de órbita, y me sacaba la lengua. Hay gente que ni muerta tiene educación. Al tranquilizarme un poco acerté y dije su nombre. Jud. Me rechazaba siempre, y ya no lo haría más. No recordaba nada de eso, o no quería hacerlo, pero ahí estaba.
Decidí llamar a la policía, por romper la estética de película holliwodiense, y tardaron 13 minutos. Les enseñé la nevera y, lógicamente, sacaron el arma. Sin inmutarme, cosa que me sorprendió, les dije que no recordaba nada, que me llevaran donde fuera y que intentaran averiguar lo ocurrido.

Mi nariz tocaba el parque, mis brazos dolían por una fuerza intensa pero que no entendía nada, y mis piernas, desnudas y mojadas, se enredaban en mi toalla.

Estoy jodido, pero no sé por qué.