DOCE POETAS LATINOAMERICANAS PARA EL SIGLO XXI, por Carlos Vitale

viernes, septiembre 08, 2017

Fotografía de Ana Portnoy
Carlos Vitale (Buenos Aires, 1953) es Licenciado en Filología hispánica y Filología italiana. Ha publicado "Unidad de lugar" (Candaya, Barcelona, 2004), "Descortesía del suicida" (Candaya, Barcelona, 2008), "Cuaderno de l'Escala / Quadern de l'Escala" (fotografías de Jaume Salvat, ilustraciones de Marc Vicens y prólogo de Carles Duarte, Vitel·la, Bellcaire d'Empordà, 2013), "Fuera de casa" (La Garúa, Barcelona, 2014) y "El poeta más crítico y otros poetas italianos" (Emboscall Editorial, Barcelona, 2014). Asimismo ha traducido numerosos libros de poetas italianos y catalanes: Dino Campana (Premio de Traducción “Ultimo Novecento”, 1986), Eugenio Montale (Premio de Traducción “Ángel Crespo”, 2006), Giuseppe Ungaretti, Gerardo Vacana, Sergio Corazzini (Premio de Traducción del Ministerio Italiano de Relaciones Exteriores, 2003), Amerigo Iannacone, Umberto Saba (Premio de Traducción “Val di Comino”, 2004), Giuseppe Napolitano, Sandro Penna, Antoni Clapés, Joan Brossa, Josep-Ramon Bach, etc. Ha participado en festivales, lecturas y encuentros de poesía en Argentina, España, Venezuela, Armenia, Italia, Suiza, Rumania, Estonia, Grecia, Bulgaria y Francia. Reside en Barcelona desde 1981.





DOCE POETAS LATINOAMERICANAS PARA EL SIGLO XXI (presentación de Edda ARMAS)
Dedicar un espacio a la poesía escrita por poetas latinoamericanas nacidas a partir de 1976 es el propósito. Publicadas a razón de una al mes, conformaremos así un Árbol de voces vivas en la revista digital La Náusea entre febrero de 2017 y enero de 2018, coordinado por el poeta y traductor Carlos Vitale. El apropiado verso del ‘árbol de voces vivas’ es de la poeta venezolana Enriqueta Arvelo Larriva (1886-1962), el que tomo prestado al encontrar esta imagen vegetal acorde al proyecto de Vitale, como también por la decisión mutua de referenciar poetas pilares y/o influencias para estas nuevas generaciones. Así y en consecuencia a esta idea, sumamos entonces nombres fundacionales amén de  incuestionables: Sor Juana Inés de la Cruz (México, 1651 – 1695), Delmira Agustini (Uruguay, 1886 – 1914), Lucila Godoy/Gabriela Mistral  (Chile, 1889 - 1957) , Alfonsina Storni (Argentina, 1892 – 1938), Juana de Ibarbourou (Uruguay, 1892-1979), Josefina Plá (Paraguay, 1909 – 1999), Olga Orozco (Argentina, 1920 – 1999), Ana Enriqueta Terán (Venezuela. 1918), Ida Vilariño (Uruguay, 1920- 2009), Ida Vitale (Uruguay, 1923), Fina García Marruz (Cuba, 1923), Claribel Alegría (Nicaragua, 1924), Ida Gramcko (Venezuela, 1924- 1994), Rosario Castellanos (México, 1925-1974), Blanca Varela (Perú, 1926 – 2009), Marosa di Giorgio (Uruguay, 1932-2004) y Alejandra Pizarnik  (Argentina, 1936-1972), entre otras más.

Con iniciativas como la que ahora proponemos surge la inevitable cuestión del porqué separar antológicamente por géneros a los autores literarios, no tratándose de la perturbadora, y cada vez más absurda, pregunta de si existe o no una poesía femenina. No. Más bien, vamos en dirección al reconocimiento genuino de la poesía escrita por mujeres, interesados en darle mayor visibilidad y atención crítica a su obra poética. En este sentido, creemos que aún es necesario antologarlas separadamente, entendiéndolo a modo de balance compensatorio. Pues sigue siendo evidente que, al repasar las antologías de poesía de todos los tiempos, éstas suelen privilegiar en número de inclusión a los poetas, aún en nuestros días. Tal vez, y ojalá, cambie esta situación en el porvenir, mas entretanto y muy deliberadamente hacemos foco en autoras que emergen con poderío en el hacer poético latinoamericano reciente, cuyas obras bien vale la pena difundir y proyectar como aquí y ahora lo hacemos. 
 
Edda ARMAS.

Retrato Edda Armas © Ricardo Armas
Caracas, 1955. Poeta. Editora. Psicóloga social especialista en producción cultural. Autora de 15 poemarios publicados entre 1975 y 2016,  algunos: Roto todo silencio con ilustraciones del artista rumano Daniel Medvedov (2016), Sin negativo y estaciones (2012), Corona mar (2011), Toma lo simple por el tallo (2009), Casa y arcángel (NY, 2008), Armadura de piedra (2005), Sable (1994, Premio Municipal de Poesía 1995, Alcaldía de Caracas), En bicicleta (2003, Premio internacional de Poesía XIV Bienal  Literaria J.A. Ramos Sucre) y la antología personal Dagas y otras flores en Monte Ávila Editores (2007). Ha representado a su país en Encuentros de poesía en España, México, E.E.U.U, El Salvador, República Dominicana, Perú, Ecuador y Colombia. Presidió el P.E.N. venezolano (2005-2009). Desde 2005 facilita talleres de creación poética. Asociada con los artistas visuales Carlos Cruz-Diez y Annella Armas, desde 2015, edita la colección de poesía venezolana Dcir ediciones.


MICAELA PAREDES
Micaela Paredes nació en Santiago de Chile (Chile) en 1993.
Ha publicado: Nocturnal.



NOCHE ADENTRO

Escucho una estampida de pájaros nocturnos,
el eco que repiten las piedras sin memoria.
Las hojas empozadas se sueñan en su rama
mientras las aguas callan el curso de las horas.

Solo he vivido un día y todo ha sido noche.

Herida de ceniza mi frente aún espera.
Oscuras mariposas en mis manos escampan.
Sus alas rotas cargan la errancia de otro entonces,
las esquirlas de un tiempo que en ofrenda se alza.

Vivir es soñar días sabiendo que es de noche.



FÁBULA DEL SILENCIO


Solo la noche sabe cuánta noche
cría un cuerpo atizado por la pena.
Los dos ojos vaciados buscan cielo
a la espera de un nombre y solo el eco
de su voz y del llanto de las horas
ven arder sin memoria entre la sombra.

La luz del día solo engendra sombra
y no es más que el augurio de la noche.
Sin nombre ni concierto van las horas.
Desierta es la humedad cuando la pena
no encuentra ya su origen, cuando el eco
nacido del olvido inunda el cielo.

Si toda claridad viene del cielo
y solo somos cuerpos dando sombra;
si somos solo el eco de otro eco
y nuestras aguas siempre están de noche
llorando sin saber de quién la pena
ni a dónde el cauce lento de las horas

¿a qué seguir llenando instantes, horas,
y con la voz quebrada hablar al cielo
para que extinga el rayo de esta pena
si el cielo se ha tornado un mar de sombra
y no es más que el reflejo de otra noche,
la noche en que Dios quiso oír su eco?

Quizás fuera más fácil, siendo eco,
dejar de preguntar por qué las horas
laceran en silencio día y noche
la verdad que creímos en el cielo…
Y ser en el abrazo de la sombra
y darse en el oficio de la pena.

Dios hizo a semejanza de su pena
la voz del hombre: las palabras eco
son del llanto vertido entre la sombra,
alzado para dar nombre a las horas.
No existen las distancias en el cielo:
sin tiempo todo empieza hacia la noche.

Quizás las horas muertas en la sombra
un día el cielo abran con su eco.
Y tanta noche nos valdrá la pena.



MEMORIAS  DEL POZO

I

No quieres soñar más con ese pozo.
Te asomas a las aguas y el abismo
sus ojos sin ayer posa en tus ojos.
Es otro el que hoy observa.
                                             Siempre el mismo.


II

De sudores la noche dilatada,
la luz devora y calla como un pozo.
Ya no hay cielo ni tierra: todo es agua
en que la luna ansía ungir su rostro.


III

Y entonces rememoras otro pozo:
Revives, espesura adentro, el golpe
del cuerpo, peso muerto, con el fondo,
sabiéndote, hoy igual que ayer, tan torpe.


IV

La noche, sutil cuerpo hecho contorno,
retorna con su voz suave y severa,
de padre enfermo de dolores sordos
que ni perdón ni gracia alguna espera.



V

Se derraman el sueño y la memoria.
Horizonte posible solo el pozo
que hoy en plena vigilia se desdobla,
esta vez, desbordando un par de ojos.


VI

En oscuras mareas empeñados,
un instante de lumbre cegó el pozo
en que nace y acaba nuestro llanto:
breve tregua, ¿de qué ribera esbozo?


VII

Hoy la visión insiste… ¿Y hasta dónde
                           su oscura geografía
        y desde cuándo
en pampas de monótonos rumores
moramos a la espera del milagro?


VIII

Un cansancio remoto nos arrastra
acumulando edades hasta el borde
de esta sima sin tiempo, sola causa
del estigma que llevan nuestros nombres.



VÍA



Caminas bajo un cielo que arde y llama.
Todo hoy es lejanía y cada paso
es tránsito al comienzo de otro fin.

Con tanta muerte a cuestas se consuma
la hora, condensada en un presente
erguido sobre tumbas de memoria.

La estrella que devana noche y día
te arrastra y tú, obediente, vuelto barro
recorres el camino de la sangre.

Las piedras todas lloran en silencio:
testigos indulgentes que en tu marcha
la voluntad del polvo ven cumplirse.

La tierra anochecida espera abierta
y todos tus finales hoy convergen
para iniciar el último comienzo.



DEL OTRO

Asirme cada día en el espejo
al rostro siempre extraño que me acecha.
Entre él y yo la eterna y sutil brecha:
es otro el que se muestra en el reflejo.

La edad misma del polvo su entrecejo;
fatiga original en mí deshecha,
hastío precedente a toda fecha,
mirada en que adivino un dolor viejo.

Entonces otro nombre me suplanta:
la voz de esa otra voz no diferencio;
habitan otras sombras en mi sombra,

otro decir anega mi garganta.
Palabras disfrazadas de silencio:
las cosas que me callo el otro nombra.



EN MIS MANOS


I

A veces, cuando olvido estas dos manos
y en paréntesis del día
 —tiempo hendido—
vuelvo a ellas, por azar,
y las miro,
las descubro tejiendo en el silencio
signos claros, transparentes
con un hilo
diferente al del tiempo, diferente
a la lúgubre luz que me limita
y sostiene el contorno de mi rostro.

Otra luz más liviana las envuelve;
las ocupa, se hace cuerpo en ellas,
brota.

¿Quién trabaja, aquí, en mis manos,
me suplanta y desovilla?
Lo que fue zurciendo el día
lo deshacen estas manos
que me miran y despojan
y rezuman una herida.

II

Como si por vez primera:
desnudos, limpios, vacíos,
los ojos abiertos, mudos,
al tacto del aire heridos.
Acuden mis palmas, velan
el mundo recién nacido.
Descanso en ellas y el rostro
se desmorona hecho río.



PASIÓN

Y sin embargo, en medio de la amarga
mansedumbre del día que aguarda coronado
de rodillas el tránsito a la noche,
algo estalla en el aire —¿cuerpo o luz?—
flota y bate alas finas anhelando la sangre,
el bálsamo secreto de la espina.

Con la fija paciencia de los astros
se camufla en la frente del día
en la actitud de quien ama y espera
inconfesadamente el milagro.

ARTE DE LAMENTARSE

Si pudiera escribir un solo verso
sin la cruz de mi nombre malogrado,
sin culpa —único don que me ha otorgado
un dios en que no creo por perverso—

Si pudiera dar cauce a ese disperso
traqueteo a propósito olvidado
que en esta hora insiste —¿acaso el Hado,
acaso de tu sueño, dios, reverso?—

Dejar de revolcarme ¡ay, si pudiera!
y redimirme un día de este oficio
de llorar versos truncos por servicio

y el absurdo admitir de esta quimera
y gozarme en el barro del presente:
sueño enfermo de un dios incompetente.


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