FRANK ZAPPA por Francisco Javier Irazoki

viernes, julio 08, 2011

Francisco Javier Irazoki (Lesaka, Navarra, 1954) fue miembro del grupo surrealista CLOC. La Universidad del País Vasco editó en 1992 toda la obra poética que Irazoki había escrito hasta el año 1990. El volumen, titulado Cielos segados, comprende los libros Árgoma, Desiertos para Hades y La miniatura infinita. La editorial Hiperión le publicó en 2006 el libro de poemas en prosa Los hombres intermitentes. Desde 1993 reside en París, donde ha cursado diversos estudios musicales: Armonía y Composición, Historia de la Música, etc.











                            FRANK ZAPPA

         Bufón contra el puritanismo, de Frank Vincent Zappa (Baltimore, 1940 – Los Ángeles, 1993) se resalta su talento inclasificable. Una mezcla de Lenny Bruce, cómico de genio áspero, y Charlie Parker interesado por Anton Webern y la Escuela de Viena. Teddy Bautista amplía el retrato: «No he conocido a nadie tan inteligente en conceptos globales, no sólo en música».
        A los doce años, Frank Zappa, que ya toca la batería, queda fascinado por Ionisation, la obra que el francés Edgar Varèse compuso para treinta y cinco instrumentos de percusión. El segundo deslumbramiento se llama La consagración de la primavera, de Igor Stravinsky. Pero igualmente le interesan los ritmos de los negros y chicanos que frecuenta en el liceo, y sus primeros conjuntos musicales (Ramblers, The Blackouts) escogen el rhythm’n’blues. Pronto empieza a colaborar con un joven cantante y saxofonista californiano, Captain Beefheart, que con su voz de lobo (dicen que abarca cinco octavas) une el blues, el rock y el free-jazz. Van a compartir casi dos décadas de rencillas y reencuentros, hasta que por fin la caravana de Beefheart se pierde en el desierto de Mojave, donde se dedica a pintar.
         Frank Zappa deja de aporrear la batería y se hace guitarrista habilísimo. Algún agente del FBI, disfrazado de productor artístico -quizá uno de los camuflajes más usados por la policía-, le propone escribir una banda sonora erótica y lo conduce después a la cárcel. Se crea Soul Giants, transformado en The Mothers of Invention, su grupo decisivo. En 1965 graba su primer disco (el doble Freak Out) y desde el principio ofrece un universo concentrado y paródico donde caben las vanguardias estéticas, el teatro dadaísta y la provocación sexual. Edita álbumes memorables: Lumpy gravy, con una orquesta sinfónica, los  sorprendentes Uncle meat y Hot rats, los jazzísticos Waka-Jawaka y Grand Wazoo, el soberbio One size fits all, las cinco piezas agrupadas en Läther, etc. Todo ello bien salpimentado con un anecdotario que incluye querellas judiciales contra casas discográficas o la violencia de un espectador que arroja a Zappa al foso de la orquesta. La película  200 motels refleja esa vida trepidante.   
        A los cuarenta años publica, con el título genérico Shut up n’play your guitar, tres discos que prueban su virtuosismo como guitarrista, y ahí se le rinden, de un solo tiro, los reaccionarios y modernos. Tanto es así que, allá por 1983 y 1984, la Orquesta Sinfónica de Londres y Pierre Boulez y su Ensemble Intercontemporain se apresuran a interpretar, sin arrugarse el esmoquin, las creaciones de aquel abanderado de la contracultura. Él aprovecha la buena ola para difundir su mordacidad política, con Ronald Reagan y George Bush convertidos en muñecos de pim pam pum a los que lanza sus burlas, y, al igual que Coluche en Francia, es candidato a la presidencia en EE UU. Estamos en 1988, y creo recordar que durante un tiempo la Casa Blanca tiene cambiado el color, a causa del susto. Los pobres financieros consideran a Frank Zappa un émulo de Heliogábalo, el anarquista coronado.
         En 1993, cuando va a cumplir 53 años, Frank Zappa muere de cáncer de próstata. Pocas semanas antes, un periodista lo encuentra consumido por la enfermedad pero trabajando febrilmente ante las pantallas de varios ordenadores. Consigue terminar la ópera Civilization Phase. Las emisiones de radio de France Culture demuestran que los trabajos finales de Zappa tienen una calidad a la altura del más arriesgado György Ligeti.
        Deja una obra ingente, difícil de cuantificar. Incluso ultimaba, con su amigo Teddy Bautista, los detalles de un plan ambicioso para nuestro país. Lo cuenta con cierta amargura el presidente ejecutivo de la SGAE: «Queríamos crear una nueva Bauhaus musical en Madrid. Le presentamos el proyecto a Juan Barranco [alcalde socialista], que por supuesto no lo vio».

                                                                                           

                                                                                            

                                        FRANCISCO JAVIER IRAZOKI
                               (Del libro “La nota rota”; Hiperión, 2009)

1 Comentarios:

Anónimo dijo...

Como guitarrista, Zappa esconde su carencia de técnica con ese instrumento con imaginación y desparpajo. Su empleo de la pentatónica es de risa, pero él mismo es el que se ríe de sí mismo y Vai no dejará de apreciar lo que esa carencia obligaba a imaginar a Zappa.

Su música es una burla al sistema pop comercial. Lo fusionó todo antes de que Miles se atreviera a hacerlo con su álbum Bitches Brew. Todo lo mezcló, todo lo parodió: sobretodo a sí mismo como estrella del pop.

No es especular demasiado que su álbum Freak out (1965) fue el precedente que Paul McArtney tuvo en mente para su St. Peepers.

Gran Zappa..., gran freak out.