jueves, mayo 15, 2008

CERTAMEN LITERARIO "VERBO AZUL"


Primer premio: Ricardo Desola Mediavilla, con el poemario "El animal que nombra"
Primer accésit: Juliana Mediavilla Pablo, con el poemario "Color sepia"


el animal que nombra

Somos quienes ponemos los nombres a las cosas,
el animal que nombra.
Armados de palabras solamente,
como dardos de luz que atravesaran
corazones de piedra,
o escucharan
una voz en el fondo del silencio.
Somos quienes decimos a la rosa
ése será tu nombre desde ahora.
Y así te llamará siempre el rocío.
Y así te llamará siempre la aurora.
Somos quienes preguntan quiénes somos
y el mundo es porque lo hemos enunciado
desde la más remota de sus sílabas.
Somos quienes contamos esta historia.
Somos quienes hacemos cada día
del olvido, memoria.

Ricardo Desola Mediavilla


color sepia

Del carnet de familia numerosa
en la foto, color sepia,
apenas si cabemos,
agrupados en torno a las figuras
secas del padre y de la madre,
detrás, la puerta vieja de la Iglesia.
Los chicos junto al padre:
una mano recia apenas roza
el frágil hombro de Felisín
-aquel que se nos fuera
un mal invierno.
Las chicas con la madre:
junto al regazo, la pequeña,
en su pelo azabache, blanquea el lazo
-mariposa quieta-
y no sonríe su carita asombrada de muñeca.
Abrigos viejos no sé de qué colores
desvaídos, quizá
dados la vuelta.
Está la madre como avejentada
y hay en el padre una expresión muy seria.
Del carnet de familia numerosa
en la foto, color sepia,
los padres, con una guerra a cuestas,
tienen cansada la mirada
y en el gesto, la digna dignidad
de la pobreza.
Es una foto triste, nunca supe
por qué sale en las fotos la tristeza.

principio

Hubo un tiempo sin dioses ni palabras
donde el mundo esperaba
ser dicho entre tinieblas, y las cosas,
desprovistas de nombre, simplemente
aparecían ante la mirada.
Entonces no existían,
del modo en que ahora existen, los fenómenos,
las verdades, las causas. El olvido
regaba su jardín con nuestras lágrimas
sin que pudieran escribirse crónicas,
poemas o epopeyas. Resultaba
tan sencillo vivir que ni siquiera
era preciso contemplar la muerte,
porque nada era nada. Solamente
un devenir desnudo y perezoso
que no dejaba huellas en el alma.
Quién sabe en qué lugar de aquel remoto
yermo sin esperanza quiso el hombre
trazar en el oráculo sus signos,
romper el yugo ciego del silencio
y edificar su casa.


bautismo

Su origen fue confuso;
engendrada en el útero de una tormenta airada
y gestada en el vientre de una bestia sin nombre.
Como una maldición, su nacimiento
tuvo lugar al fin,
mientras el alba se desperezaba.
Criatura vulnerable como una herida abierta,
abrió sus ojos a la luz arcana.
Pronto quiso aprender todas las cosas:
¿a qué se debe el don de la mirada?
¿cuantos secretos no dice el silencio?
¿dónde guarda el dolor todas sus lágrimas?
Y enumeró la lista interminable
de los objetos y las circunstancias:
viento, piedra, trabajo, lluvia, casa,
tristeza, perro, corazón, olvido,
árbol, camino, círculo, esperanza.
Después (así lo cuentan
las crónicas atávicas),
cuando hubo bautizado el mundo entero,
pensó en sí misma
y se llamó Palabra.



ya se habían marchado las cigüeñas

Los viejos compartían la caricia
de aquel sol fugitivo de la tarde
en las paredes del poniente.
Ya se habían marchado las cigüeñas
-barruntaban el frío-
y en la calle
-patria compartida-
jugaban los chavales:
a rayuela, al escondite, a las canicas...,
arañando minutos a la luz,
hasta que el día
se moría de viejo y tras las ascuas
dejaba su ceniza.
A las puertas del temprano tardío
la dejaste sola
con sus baratijas:
muñecas recortables con vestidos
de quita y pon,
cuentos de hadas,
Azucenas y Floritas.
Sola, con los primeros fríos.
Sola,
como si te avergonzaran de pronto
sus pecas insolentes
y sus ridículos calcetines cortos.
Allí está todavía,
en el umbral lejano del recuerdo
del temprano tardío
de aquel año
(suele venir si sales a su encuentro),
aún lleva calcetines
y se abriga
con el manto raído de los sueños.

olores

A veces trae el aire en sus delgados dedos
el perfume sutil de los olores viejos;
el alma se abre entonces como una novia en celo
a la memoria viva y olorosa del tiempo:
siempre van de la mano el olor y el recuerdo.

Hoy me ha llegado nítido, no sé por qué sendero
un olor a mañana tibia y dulce de enero:
un olor a cocina, junto al cálido fuego,
a las sopas de leche, al café de recuelo...
Aleteo cercano de pájaros inquietos,
las manos de la madre, si paraban el vuelo
olían a jabón, a pan y a caramelo.

Juliana Mediavilla Pablo

viernes, mayo 09, 2008

INGRESO Sergi Aguilera


Sergi Aguilera. Nacido en Barcelona en 1973. Autodidacta y multidisciplinar. Inspiraciones: Cartier Bresson, Lars Von Trier, Radiohead.

El ingreso. Serie de fotografias realizadas en el Hospital Germans Tries i Pujol, Badalona, que recogen el ambiente incierto e íntimo del ingreso de Andrea (10 meses) por episodio agudo de bronquiolitis. La inocencia que transmite la mirada de la niña contrasta con el silencio y el desasosiego propio de las instalaciones hospitalarias.



Sergi Aguilera

miércoles, abril 30, 2008

ENTREVISTA A PERE PUIGGRÒS


Pere Puiggròs, Barcelona 1942. Licenciado en Bellas Artes, alterna pintura y grabado. En los años setenta efectúa diversas exposiciones individuales; Barcelona, Madrid, Castellón, Segovia, New York, Londres, Ámsterdam, México, etc. además de múltiples colectivas. A partir de los ochenta dedica su tiempo al estudio de filosofías y técnicas esotéricas, hasta mediados de los noventa que se retira a vivir en un minúsculo pueblo de montaña. Ha publicado algunos libros sobre astrología. Profesor de pintura de la Facultad de Bellas Artes de Barcelona durante mas de 25 años. Se jubila este año. Actualmente navega entre la prosa y la poesía.
Háblanos un poquito de ti, dónde naciste, dónde has vivido, cómo te defines…
Nací un poquito en el año 1942, en Barcelona, luego he seguido renaciendo aquí y allá, un poco en todo el planeta, y aun me falta terminar de nacer, siento que aun no estoy entero.

ENTREVISTA AL PINTOR:

¿Cómo decides el motivo de un cuadro?
Hay que diferenciar entre el tema y el motivo; el tema siempre es uno mismo expresándose a través de sus limitaciones, y el motivo es la excusa para expresar el tema, así tema sólo hay uno y motivos muchos y son puramente circunstanciales.

¿Tus trabajos, se basan en la realidad o en tu mundo personal?
No creo que exista una “realidad” al margen de la percepción, mas o menos convencional, de cada individuo, creo que todo lo existente es subjetivo, o como tu dices “personal”.

¿Cómo empezaste y porqué?
Lo probé, por casualidad, (o por causalidad), me gustó y continué.

¿Qué sientes cuándo pintas?
Que estoy “hablando” en un lenguaje supraracional que sólo sirve para contar cosas supraracionales.

¿Trabajas en diversos proyectos a la vez o te concentras en uno?
Me concentro en una sola idea, pero realizo series o variaciones sobre ese proyecto único.

¿Tienes obras preferidas, obras malditas o que no te gusten?
Hay cosas que me han salido mejor y otras peor, en cuanto a lo de gustar depende mucho del punto de vista y éste ha variado bastante con los años.

¿Guardas todo lo que haces o tiras lo que no te gusta?
Al principio guardaba lo que mas me gustaba y tiraba el resto, mas adelante aprendí a tirarlo todo, especialmente aquellas cosas de las cuales estaba mas satisfecho.

¿Tienes proyectos de futuro?
Tengo efímeros proyectos de presente, justo los necesarios para generar dudas, como ¿Que voy a hacer esta noche para cenar?

¿Qué le dirías a alguien que empieza?
Que siempre haga solo aquello que le guste.

¿Qué dificultades crees que tiene un artista en España para darse a
conocer?
Depende de la clase de artista, de su cualidad, del género que cultiva, de su clase social, etc.

¿Has pensado en tener presencia en la red?
No.

¿te gustaría añadir algo más?
A pesar de todo pintar tiene sentido y con un poco de suerte te ayuda a ser libre.



ENTREVISTA AL POETA

¿Cuál es tu relación con la poesía?
Soy primerizo.

¿Por qué has escogido este género en vez de narrativa o prosa?
No he sido yo, ha sido ella la que me ha escogido,...¡Aun me tiemblan las piernas!

¿A la hora de escribir a qué ingrediente poético otorgas mayor protagonismo?
Aquel sonido que deviene realidad o, a la inversa, aquella imagen que me lleva de regreso al punto cero.

¿Cuáles son tus primeros recuerdos poéticos?
Cuando era adolescente, en las anchuras de Castilla, un primo lejano, andando de noche, regresando de la fiesta mayor de algún pueblo, me recitaba poemas a la luz de la Luna.

¿Para quién escribes?
Para todos y para nadie, aunque destacaría a los que les gusta leer.

Háblame de tu forma de escribir, el espacio que escoges, si necesitas silencio, tus preferencias…
Prefiero el silencio interior, el exterior también ayuda pero no es tan importante, y me gusta escribir bajo presión, cuando algo empuja para expresarse, entonces yo no intervengo, sólo contemplo el fluir,... y a veces le doy forma.

Tu estilo…¿Por qué usas la poesía libre, es un proceso consciente, una herramienta sin más, o bien ha sido un poco el azar?
El estilo de una persona está directamente relacionado a sus defectos, que es lo mas personal que tenemos, ... y no quiero hablar de mis defectos.

Hasta dónde llega tu compromiso con la poesía? Me refiero a si la vives de manera tranquila para ti y los tuyos o si por el contrario te consideras un activista de lo poético.
Soy un esporádico activista de mi mismo y esa manera de ser la aplico a todo lo que hago, y también a la poesía, claro.



AL POETA Y AL PINTOR

Crees que un cuadro puede considerarse un poema?
El pintor puede tener una visión poética del mundo, o no, pero una pintura es una pintura y un poema es un poema.

Crees que un poema puede ser tan visual como un cuadro?
Un poema puede recrear un espacio visual pero una pintura es ese espacio visual en directo, sin que nadie tenga que contarlo.


Si tuvieras que expresar hoy en día alguna emoción que te hubiera marcado profundamente, cual de las dos disciplinas escogerías?
La mas adecuada al tipo de emoción.

¿Te gustaría añadir algo más?
Claro, la “moraleja final”, pero como no está de moda mejor que no saque conclusiones de lo que he vivido, además es mejor que cada uno mastique su propia experiencia y encuentre su propio sabor.

viernes, abril 25, 2008

Domicilio de Nadie

Acaba de aparecer en San Juan de Puerto Rico "Domicilio de Nadie. Muestra de Nueva Poesía Barcelonesa", antología editada por Isla Negra y coordinada por Andreu Navarra.

La muestra incluye poemas de Carlos Vitale, Sergio Gaspar, Eduardo Moga, Francisco Javier Cubero, Marian Raméntol, Francesc Fortuny, Rubén Sáez, Irene Jové, Rafael Mammos y Mónica González Caldeiro.

El libro puede adquirirse escribiendo a: editor@islanegra.com

Más información:

viernes, abril 18, 2008

LAS DENOSTADAS NECESIDADES NATURALES DEL SER HUMANO


El ser humano está lleno de prejuicios, que le conducen irremisiblemente a crear a su alrededor una serie de tabúes que delimitan su existencia a mesuras incomprensibles.

Sobradamente conocemos que todo ser racional está dotado de un cuerpo, el cual responde a los dictados de la naturaleza, y lo que se denomina alma, que constituye la parte esencial de su comportamiento humano, que está regido por la razón, la cual se nutre del conocimiento y del raciocinio.

Son funciones esenciales de la naturaleza, las que tienen como misión primordial el mantenimiento y conservación de la estructura corporal: comer, beber, digerir, defecar, orinar, fornicar. Si paramos mientes en ello, enseguida nos damos cuenta que la sociedad humana recusa tratar de todas ellas de una forma abierta y sincera. Tal vez el comer y beber, se alejen un tanto de ese repudio. Pero se considera de muy mal tono el introducir en la conversación cualquiera de los otros temas. Y entra dentro del ultraje, el realizar alguno de dichos actos ante la presencia ajena.

Se puede afirmar con rotundidad que ese sentimiento ominoso que para el ser humano supone el tratar de los actos de su propia naturaleza, surge inmanente de lo que se denomina civilización, que cabría definir como el resultado de aprehender una serie de conocimientos, unos empíricos y otros epistemológicos, que se transmiten de generación en generación, y que regulan, rigen, marcan y obligan a todos los seres denominados civilizados.

El ser humano nace desnudo. Pero desde la cuna se cubre su desnudez, diferenciándose desde ese momento la forma de vestir del varón de la hembra. A partir de esa edad van aprendiendo una serie de tabúes que regirán su vida entera: que los genitales, tanto de uno como de otro sexo son sagrados, y el mostrarlos sin más ni más representa un acto de incivilidad que en determinadas épocas ha sido corregido carcelariamente; que al momento de comer, hay que hacerlo bajo normas que marcan con exactitud el uso de cada uno de los artilugios: cuchara, tenedor, cuchillo, vaso que se emplean para ese menester; que debe cuidarse la higiene corporal; vestir de acuerdo con las distintas estaciones del año; no vulnerar las normas cívicas que rigen en cada caso. En definitiva, ser una copia cabal y exacta de los demás miembros que forman la sociedad donde uno vive.

Hoy en día se nota una relajación de determinadas costumbres, hábitos y tabúes. Puede ser debido al distanciamiento que el ser humano va sintiendo cada día más de las doctrinas religiosas, que durante siglos han trazado las normas de conducta. Ya no solo, en según que playas, se practica el desnudismo integral, sino que, de vez en cuando, se advierte por la vía pública a personas completamente desnudas, sin que nadie se oponga a ello, ni tampoco creen un rechazo contundente y visceral. El tabú que durante siglos ha supuesto la relación intersexual fuera de determinadas situaciones, como el matrimonio o la prostitución, de un tiempo a esta parte se ha ido relajando, de tal modo, que los abortos en niñas casi en edad de la menarquia se repiten de forma alarmante. También en la manera de vestir se va notando una cierta vulneración de las antiguas costumbres, de tal modo que aquella uniformidad en el traje que fue norma de conducta hace pocos años, ahora cada uno viste a su modo y manera, observándose, sin embargo, en la juventud femenina, una marcada tendencia a enseñar sus carnes sin velos ni tapujos.

Ello, no obstante, no supone para nada que los actos que responden de forma inmediata a la naturaleza, vayan a tener un distinto trato del que desde siglos ha venido marcando su desenvolvimiento. Es natural y comprensible, que alguno de ellos, por la repugnancia y asco que supondría su presencia, sigan manteniéndose en la más estricta intimidad.

Ángel F. FÉLIX TORRES

viernes, abril 11, 2008

LA OTRA SEÑORITA JULIA

Julia no se parecía, afortunadamente, a la del ilustre dramaturgo de nombre
impronunciable, porque si a su corta edad el Destino la hubiese enlutado
con tan tremendos dramas, no hubiera resultado la deliciosa e
inocente compañera de viaje con quien me topé cuando el hastío de
la vuelta a la gris rutina se erigía, aquella mañana, como mi único compañero de
viaje.

Era frágil y menuda, con ese aspecto de musa de pintor
romántico que conmueve y te vuelve aterciopelada y te obliga a abandonar
esa dureza a plazo fijo que refleja tu rostro de mujer triunfadora. Sus ojos de color
indefinido, estaban velados por algunos mechones de cabello castaño que se
desmayaban sobre la casi transparente piel de sus mejillas.
Su palidez hacia presagiar que, pese a sus pocos años, había incubado ya
el mal de la heroínas del siglo XXVIII.

A primera vista, cuando alguien a pie de anden me confió la labor de cuidarla,
fui incapaz de sospechar la Master Class que aquel metro sesenta de fragilidad iba a darme. En ese momento sólo pensé en que mis nervios y mal humor de aquella mañana no eran los más idóneos para aguantar las impertinencias de una adolescente con la que nada tenia que ver y que me habían encomendado en honor a una amistad con su tía ,que yo no recordaba.

Como era natural el silencio se instaló entre nosotras nada más poner un pie en el vagón. Menos mal que la suerte parecía estar de mi parte.
Teníamos coches distintos, ella viajaría en clase Turista y yo en Preferente, así que lo máximo que tendría que hacer sería darme un paseo rápido para controlar, tal y como le había prometido a Vicenta, que todo estuviese en orden. Sería una mujer libre durante las seis horas que duraba el viaje. Podría acomodarme en mis dos plazas y no tener que hacer nada si no me daba la real gana. Eso hubiera sido lo lógico pero el estúpido revisor nos salió al paso nada más subir para pedirnos los billetes, así que no me quedó más remedio que obedecer su petición. Saqué mis dos billetes, sí dos, sé que puede sonar a ramalazo esquizofrénico pero es una costumbre que adquirí hace algunos años después de sufrir viajes interminables en los que un pelma te cuenta su vida, como si su vida fuera la única vida interesante de la Historia. Nunca imaginé que aquel gesto se prestaría a un equivoco, lo había ejecutado mil veces antes con personas igual de cerca que ahora lo estaba Julia y ningún revisor había atado cabos por su cuenta, sin preguntar, pero éste no hizo preguntas, directamente me adjudicó un papel que no me pertenecía.

Bien, acompáñenme por favor, su vagón es el primero de la derecha.- aluciné, aunque esa palabra y esa sensación no fueran la más adecuadas para alojarse en la boca de una ejecutiva de mi proyección, pero no pude sacarle de su error. Julia se había apresurado a cogerse de mi mano y me vi incapaz de deshacer aquel equivoco.

No sentamos, juntas pero sin decir palabra. El único sonido que lo monopolizaba todo era el de aquel tren abandonando la estación. Una vez que el tren se puso en marcha me levanté para quitarme el abrigo. Si aquel inoportuno revisor no hubiese modificado mis planes podría haberlo dejado en el asiento libre, pero claro, todos conocemos ese refrán que dice : “Hoy es un día estupendo verás como viene un descerebrado y te lo arruina”, pues bien yo ya había disfrutado de mi ración de descerebrado diaria. Me quité el abrigo y levante los brazos para dejarlo sobre la bandeja portaequipajes. No sé porque miré a Julia, pero la miré y le pregunté si quería que le subiera algo.

Sí, por favor, podría subirme la mochila.— mientras decía aquellas palabras me pregunté si habría alguien capaz de negarle algo a aquella criatura.


Se tomo su tiempo y antes de dármela cogió algo brillante de su interior, no pude verlo con claridad. Puse la mochila y el abrigo. Después de aquella frase de cortesía parecía que el silencio volvería a imponerse, pero no fue así, le robó su hegemonía el crujido el papel de plata que envolvía un pequeño bocadillo. Comenzó a comérselo arrancando pequeños pedazos, despacio, imitando con el movimiento de sus mandíbulas el cadencioso ritmo con que el tren se alejaba de los paisajes de mi casi olvidada infancia. Su actitud, callada y respetuosa me hizo pensar que tal vez todo podría discurrir como lo había planeado antes de que mi vieja amiga me pidiera aquel favor. Parapetada por mis inseparable gafas de sol, cerré los
ojos con intención de dormir durante el resto del camino. Mis
párpados se unieron con fuerza, exhaustos por los excesos nocturnos,
vencidos, como yo lo estaba. Los ojos agradecieron mi gesto acelerando la llegada de un reparador duerme vela.
De pronto sentí la leve presión de una mano sobre la mía y la voz de Julia.

-Disculpe señora, el tren se ha detenido.

Me quité las gafas y toda la violencia del sol se acurrucó en mis
retinas. Nadie había anunciado nada, o igual sí y yo no me había enterado, así que no tenía ni idea de lo que podía haber ocurrido.
Enseguida una voz impersonal anunció como si todos los viajeros acabáramos de despertar de un larguísimo sueño, que el tren se había detenido, pero no ofreció información alguna sobre la naturaleza de aquel inesperado parón.

Saqué el teléfono para avisar a Pablo del retraso, si la parada se
dilataba mucho no llegaría a tiempo de asistir a su estúpida cena.
¡Ojalá el tren no volviera a ponerse en marcha!
Marqué el número pero no contestó, le deje un mensaje en el contestador automático.
Trate de hablar en voz muy baja, pero no puede evitar que Julia escuchara lo que le decía a mi triunfador marido.

—Hola Pablo, soy yo, voy de camino a casa pero el tren se ha detenido de manera inesperada en medio de ninguna parte. No sabemos a que se debe ni cuanto se dilatará la parada, si no llegó a tiempo vete sin mí.—Quise acabar mi mensaje enviándole un beso pero no lo hice. Aquella omisión me hizo sentir mal.

-No se preocupe, seguro que no es nada, enseguida estará usted en casa.

Lo que me faltaba por oír. Aquello comenzaba a convertirse en un disparate porque sino que hacia una mocosa como Julia tratando de tranquilizarme a mí,
a una alimaña de los negocios curtida en mil batallas.

-No lo estoy, bonita, es que tengo una cena importante para mi
marido y si seguimos aquí no llegaré. Por cierto, no tendrías que
avisar a tu familia del posible retraso

- No, estoy acostumbrada a viajar sola.

Después de pronunciar aquella frase, aparentemente inofensiva, se abrió la caja de las sorpresas.
El tren seguía sin arrancar y Julia comenzó a relatarme un montón de episodios de sus viajes por el mundo, supongo que con el ánimo de mitigar la espera.
Su último viaje se había desarrollado por Italia. Comenzó a relatar
con la osadía y la impudicia que sólo se tiene a los quince años, su
primer escarceo amoroso al abrigo de la complicidad de la Isla
Tiberina, el deseo pedido en La Fontana de Trevi.
Lo contaba todo de manera minuciosa, con entusiasmo pero sin vehemencia, de manera ordenada, como si fuese una eficaz guía turística que se afana porque la persona que tiene a su cargo no vuelva a casa defraudada. Roma es la ciudad que pone fin a su viaje de fin de curso. La ciudad les recibe con una inhóspita mañana.
Una llovizna incómoda les sale al paso y desluce su paseo final.
Desoyendo las advertencias de los profesores abandonan la ruta turística. Su joven enamorado recela de abandonar el sendero marcado, pero Julia le convence con un beso
largo y cálido. Comienza la huida y a ella no le gusta lo que ve.
Miseria y dolor en el rostro de un anciano desdentado. Julia quiere
ser pintora y la escena le recuerda un lienzo del gran Caravaggio,
penumbra y dolor. Saca del bolso un pequeño monedero, botín de otro
viaje, y deposita todo el dinero que le queda sobre la mojada mano
del mendigo. Está entusiasmada mucha belleza
para sus audaces ojos y mucha conciencia social para los tiempos
que corren, pienso yo absorta mientras sigo escuchándola.
Daniel le da un codazo cómplice para advertirle de que
aquello es una locura, pero no dará marcha atrás. Se alejan de allí
y cuando presiente que el anciano ya no puede verles, se sienta
sobre la húmeda calzada romana y saca de su bandolera el
carboncillo y su cuaderno de bocetos. Comienza a dibujar. La gente
se agolpa junto a ella. Cada pliegue de vida del modelo lo retratan con precisión
sus manos. Cuando cree haber sido capaz de captar toda la esencia de
aquel hombre le ofrece su trabajo a los transeúntes. Un trajeado
ejecutivo deposita un generoso billete sobre su empapada mano, Julia
no quiere aceptarlo, detesta los mercantilismos a los que esta
sometido el arte, pero tiene que volver a casa.






Estoy tan subyugada por lo que cuenta, por como lo cuenta y por el regalo que está suponiendo su presencia, que hasta he olvidado la avería
del tren y de mi cena con los insoportables amigos de Pablo.
Me siento perdida en la profundidad de sus ojos de niña-mujer.
La veo mover los labios pero he dejado de escuchar lo que dices,
su voz parece haberse apagado.

No entiendo nada. Llega de nuevo el silencio y con él alguien ajeno a nuestra escena,
que repite mi nombre con insistencia.
No puedo moverme y siento un enorme calor que me
aprisiona todo el cuerpo. Abro los ojos, tratando de contestar a la
llamada, y veo la intensa claridad de un cielo más azul que nunca
hiriéndome a su paso. Un rostro anónimo me mira fijamente. Consigo
que un hilo de voz se derrame por mi garganta seca y pregunto dónde estoy.
La desconocida voz que me hizo abrir los ojos, me da la noticia,
mi coche se salió de la calzada y he sufrido un gravísimo accidente.
Llevo más de una hora inconsciente...¿Coche?, pero si yo viajaba en tren.

Enseguida pregunto por la niña y me dicen que viajaba sola. No puede ser, me intranquilizo e intento incorporarme pero una nueva voz me dice:
"Tranquila Julia, soy médico, vamos a llevarla al
hospital, tiene muchas roturas"
Ahora le encuentro sentido a todo.

Mi vida pasada, la que me hacia feliz, la que olvidé para
acomodarme en mi privilegiada existencia me ha dado un toque de
atención. Hay muchos cambios por hacer pero sonrío, tengo una nueva
misión por delante, volver a ser la señorita Julia.

viernes, abril 04, 2008

Poemario ganador del XII Premio Internacional de Poesía Luys de Santamarina


EL LIBRO DE LAS EXCUSAS, de José María Pinilla
Poemario ganador del XII Premio Internacional de Poesía Luys de Santamarina, Ciudad de Cieza (Murcia) y presentado en Barcelona el día 28 de marzo de 2008 por Juliana Mediavilla y Ignacio Bellido.

"Éste es mi séptimo libro, editado por Ediciones Vitruvio, de Madrid.
Aunque corresponde al 12º libro escrito.
Fue escrito entre Perú, Montevideo y Barcelona, entre 2006 y 2007.
Obtuvo el I Premio Luys de Santamarina, 2007 de Ciudad de Cieza, y será presentado el 21 de noviembre en la Universidad de Murcia.
Este libro fue galardonado con el XI Premio Internacional de Poesía Luys Santamarina-Ciudad de Cieza, 2006 en lengua castellana, con la colaboración de la Concejalía de Cultura del Excmo. Ayuntamiento de Cieza, y la Obra Cultural de Caja Murcia, según consta en el acta del Jurado transcrita íntegramente en sus páginas. (José María Pinilla)"
“El libro de las excusas” aparece en una etapa de plenitud del poeta José María Pinilla. Con él obtuvo el prestigioso Premio Internacional de poesía Luys Santamarina-Ciudad de Cieza, 2007, que ha venido a engrosar una larga lista de trofeos literarios en diferentes certámenes.
Este poemario confirma su voz poética, en la que cabe destacar el uso exquisito del lenguaje: ágil y cercano, capaz de poetizar la realidad cotidiana sin caer en el coloquialismo, sin abandonar el tono lírico, aunque a veces introduzca términos del mundo de la técnica o de la ciencia, creando nuevas imágenes poéticas:
“…Es como configurar un nuevo software
que anunciara primaveras
y programara inviernos…”
Los poemas son polimétricos y mezcla armoniosamente versos de arte menor, con fuerte presencia del pentasílabo y el heptasílabo, y versos de arte mayor entre los que abunda el endecasílabo. A veces quiebra los versos largos para destacar algún sintagma y es notable la disposición espacial por la subjetiva forma de construir estrofas irregulares o aislar un verso para intensificar el sentido global del poema.
Aunque conoce muy bien las reglas del juego, en el “Libro de las excusas” el autor se reafirma como cultivador del verso libre: evita y persigue la presencia de las asonancias. No descuida, sin embargo, el ritmo, muy cuidado en todos y cada uno de los poemas. La cadencia la consigue también mediante la frecuencia de recursos de tipo fónico, como anáforas o paralelismos:
“…Hemos escuchado los vientos
y la piel de los vientos,
y la anticipación del aire y su existencia…”

“…Ya nada queda en el silencio
ni en la respiración de los pájaros
ni en las nubes de esquemas marginales
salvo un ramo de delirios sin palabras…”
Puede parecer una poesía críptica cuando las imágenes alcanzan un valor simbólico dentro de su propio universo poético, que no excluye a veces la incursión surrealista, pero la capacidad evocativa y el poder sugeridor de las metáforas permiten que los poemas alcancen diferentes dimensiones y diversas complicidades con el lector.
Encontramos en el libro bastantes poemas dedicados a la poesía, o más concretamente a la palabra –ese material resbaladizo del que se sirve el poeta-, en ellos manifiesta su pasión por la poesía, por su magia y su misterio. Poesía-oficio, poesía-necesidad o poesía-consolación (como diría Antonio Pereira). Así en el poema “Sobre alguna forma equívoca de leer versos” el poeta demuestra cómo la poesía no se deja someter a una explicación lógica: (leer poema página 22)
“Sobre los nombres de las cosas” es un bello homenaje al poder del lenguaje, a la luz de los nombres y la imposibilidad de vivir en un mundo no nombrado:
Nos quedan los nombres de las cosas.

Y los nombres tienen alas, bordes
que dentellean como una máscara o una urgencia,
como un viejo buscar del agua sobre la piedra,
un pájaro,
el vuelo de una alondra
o la maleza que arde.

Los nombres son sonidos que conducen al viento,
llegan como un corazón ajeno
y se quedan para amarnos.

Como un color.
Como la transparencia de no saber cuándo.




En el poema “Sobre como leo a los poetas con decoro”, el poeta manifiesta la importancia de la poesía, su trascendencia y ese anhelo de pervivencia en la palabra:
“…Y alimento el cauce y el desgranar de los relojes.
Mi ámbito es el tiempo
y ese poema inacabado que nos queda,
la promesa renovada de no morir en el silencio…”
Otros poemas giran en torno a la poesía y la visión poética del autor. Así en “Sobre cómo mi editor me sobreestima”, “Desde la propia inmensidad” y “Todo mi sacrificio es la palabra” se nos habla de la falta de libertad del autor y de esa insalvable diferencia entre las ansias del poeta y el gusto de la demanda –en el improbable supuesto de que la poesía tenga demanda. Vemos también esa búsqueda de la perfección, aun sabiendo que no existe el poema perfecto, puesto que de existir ya habrían desaparecido los poetas.
Es frecuente a lo largo de todo el poemario la presencia del “yo” lírico. La utilización de esa primera persona da un toque de sinceridad a los poemas y establece un clima de cercanía con el lector. Aunque podemos hablar de una voz muy personal, rebelde a las clasificaciones y muy difícil de etiquetar. Tiene como referentes más inmediatos a los autores de la llamada Poesía de la experiencia, pero el autor busca el resultado estético, la perfección formal, mediante esa inquietud constante por el lenguaje y la palabra, mencionada más arriba.
“El libro de las excusas” es también un viaje introspectivo hacia el propio conocimiento en el que afloran los problemas del hombre, sus miedos y su incertidumbre: el amor, la soledad, la muerte, el retorno a la infancia, el desencanto o la nostalgia serán temas recurrentes que atrapan al lector por la conexión e identificación que se establece cuando la poesía cumple, como en este caso, su función comunicativa:
“…No podemos renovar ni el canon ni el criterio.
Desde el comienzo,
los cálculos previos conducen al fracaso
como si un vía crucis de cordura
atracara en un puerto plagado de deudores…”

Podríamos hablar también de crítica social en diferentes poemas como “Sobre el secreto de las canas” o “Sobre la mensajera navideña”. En este sentido “El libro de las excusas” va más allá de un lirismo aséptico: José María Pinilla une a su poesía intimista su compromiso con la realidad circundante y puede considerarse una poesía, si no de denuncia, sí testimonial. Porque la poesía no puede ni debe renunciar a sus principios estéticos pero, como cualquier manifestación artística, debe dejar testimonio de su tiempo. En este sentido “El libro de las excusas” no deja indiferente nuestra conciencia de lectores y –frente a una sociedad que tiende a la deshumanización- despierta en nosotros ese pesimismo humano tan acorde con la época que nos ha tocado vivir.

por Juliana Mediavilla

Para más información consultad el enlace al blog de
José María Pinilla

lunes, marzo 17, 2008

MANIFIESTO A FAVOR DE QUE UNA CALLE O PLAZA DE VALENCIA LLEVE EL NOMBRE DEL PINTOR Y ESCRITOR VALENCIANO JOSE MANAUT




En efecto, José Manaut merece una calle en Valencia. Alumno predilecto de Sorolla, de él y de su tierra aprendió a impregnar sus paisajes de luz mediterránea. Nacido en Lliria, en el año 1898, pronto desarrolló toda la impronta artística heredada de su padre. Ya en los cuadros pintados en plena juventud, vemos la importancia de su trazo y el buen entender del color. Defendió la titulación de profesor de dibujo –no reconocida hasta bien entrado el siglo XX- y también defendió sus ideales, trabajando incesantemente por y para la República –fue, junto con la poetisa Concha Zardoya y su esposa, Angeles Roca, el creador de Cultura Popular en Valencia, un organismo que, durante la guerra, se encargó de recoger libros aquí y allá y de distribuirlos entre los soldados que luchaban en el frente. El ideal de Manaut siempre fue defender la paz a través de la cultura. Represaliado por sus ideas, se vio separado de su familia durante tres largos años, dos de cautiverio en las cárceles de Porlier y Carabanchel de Madrid, y otro de destierro en Durango. De este triste periodo nos queda una colección de dibujos que salieron mezclados entre la ropa sucia que entregaba a su esposa y que, sin duda alguna, son el documento gráfico más completo del interior de las cárceles franquistas. Su cátedra de profesor de dibujo le fue arrebatada y, en aquellos años difíciles para todos hubo de luchar para sacar adelante a su familia –como base, un pequeño sueldo del Liceo francés de Madrid, donde ejerció como profesor de plástica durante 20 años- Tras su jubilación, volvió a su tierra valenciana, que tanto quería. En ella vivió los últimos años de su vida, aunque moriría en Madrid, a donde había viajado para pasar las navidades con su familia, el 5 de Enero de 1971. Ahora, sus herederos, han creado en Valencia una asociación que lleva su nombre: ASOCIACIÓN DE AMIGOS DEL PINTOR MANAUT, calle Santa Amalia, 2 – sótano (edificio torres del Turia) donde, además de recoger sus objetos más queridos y presentar de vez en cuando su obra, se da paso a otros pintores para que se muestren en la capital de reino. Poco a poco su nombre va saliendo del anonimato donde tan injustamente se le había relegado. En el año 2004 y en el Museo San Pio V, se realizó una interesante exposición antológica de su obra, que después pasaría al Museo Gravina de Alicante y que, ahora, el 26 de Mayo de este año, se presentará en Madrid, patrocinada por su Ayuntamiento y por la Universidad Carlos III, en el Museo de la Ciudad.

Por todo lo expuesto consideramos que debe ser un honor y ¿por qué no? una obligación como valencianos y como ciudadanos del mundo, el apoyar la idea de que una importante calle o plaza de Valencia lleve el nombre de JOSE MANAUT, pintor y escritor. Gracias por firmar este manifiesto.

Su hijos, Ariel y Stella Manaut
Manda, debidamente cumplimentado, el adjunto impreso de adhesión a través del siguiente correo electrónico: stellamanaut@hotmail.com

EXCMO. AYUNTAMIENTO DE VALENCIA


Vistos los méritos que confluyen en la figura de Don José MANAUT VIGLIETTI,

pintor y escritor valenciano, me uno a la petición de que sea rotulada una calle o

plaza de Valencia con el nombre del mencionado artista, como muestra de

agradecimiento de la ciudad a su obra:




Don/ña …………………………………………………. D.N.I. ……………………….

con domicilio en la calle o plaza ……………………………………………………….

………………………nº ……… piso ……….. pta. ……… Código postal…………….

en …………………………………………….. Provincia de ………………………….

Tfno. …………………………………………. Fax …………………………………….

Dirección electrónica ……………………………………………………………………

LOS CIMIENTOS DE LA ILUSTRACIÓN


Ajenos a las especulaciones metafísicas de Descartes, los científicos siguieron con lo suyo.
El método recién adoptado por los científicos, basado en la observación y en los datos empíricos, responde a un presupuesto inicial de la ciencia que no puede ser compartido en modo alguno por la filosofía; la confianza en la existencia de un mundo exterior real, independiente de los seres humanos, estable y sometido a leyes. La ciencia es, por lo tanto, realista. La filosofía, después de adoptar como criterio de verdad la noción cartesiana de certeza, empieza a cuestionar la existencia de un mundo exterior y a recorrer un camino que la llevará a la total negación del mundo físico, es decir, al idealismo.
A finales del siglo XVII, concretamente en 1687, Newton publica sus Principia. Los nuevos descubrimientos de la física traen consigo la sensación general de que la naturaleza puede ser comprendida, e incluso dominada. El hombre se siente fuerte frente a un mundo cuyos misterios está empezando, por fin, a desentrañar.
Todo el siglo XVIII está atravesado por un sentimiento de optimismo, por una sensación de estar viviendo en los albores de una nueva época. A eso se le llama generalmente la ilustración. Pero ese sentimiento de optimismo, esa esperanza en un progreso de la humanidad, tienen su origen en la promesa que la ciencia llevaba implícita desde su nacimiento: liberar al ser humano de la ignorancia y del sufrimiento. Si la filosofía estaba supeditada a una noción de verdad que la obligaba a rechazar como falsa cualquier hipótesis que pudiera ser puesta en duda, llegando a negar incluso la existencia de los objetos que se nos presentan ante las narices, la ciencia poseía una noción de verdad más práctica y positiva. Todo descubrimiento científico era considerado una conquista de la humanidad.
El joven árbol de la ciencia expandió sus ramas en todas direcciones, como si intentara abrazar el mundo; química, geología, astronomía, medicina, botánica, el más mínimo detalle de la naturaleza era observado con fascinación. Las academias y las sociedades científicas florecieron por todas partes, se realizó un gran esfuerzo por medir la tierra, por dibujar un mapa detallado y completo de su superficie, lo que conllevó un gran desarrollo de la cartografía y la topografía.
También los filósofos fueron poseídos por el entusiasmo general de la época y no tardaron en subirse al carro de la “razón ilustrada”. A mediados de siglo, parecía realmente que la filosofía vivía una nueva edad de oro. Hume, Voltaire o Rosseau escriben sus obras en ese período. Sin embargo, a pesar de su aspecto saludable, la filosofía empezaba a marchitarse por dentro. La metafísica, el corazón que la había animado durante dos mil años, latía cada vez más cansado y decrépito. Si la ciencia prosperaba, a la metafísica le ocurría exactamente lo contrario. La noción cartesiana de certeza cambió las cosas de tal modo que la filosofía ya ni siquiera podía preguntarse qué es el mundo. Ahora, a lo sumo, se preguntaba: ¿puedo yo saber algo sobre el mundo? La noción cartesiana de certeza metió a la filosofía en una intrincada maraña epistemológica de la que no parece haber salido todavía.
El empirismo británico revisó concienzudamente los viejos conceptos, y ninguno de ellos superó el examen. Las percepciones que nos llegan a través de los sentidos no son fiables: son tan sólo una representación presuntamente causada por objetos exteriores, algo así como una huella. Pero entre el objeto y la representación existe un abismo infranqueable, o dicho de otro modo, jamás podemos estar seguros de que nuestras representaciones concuerdan verdaderamente con los objetos del mundo real; ni siquiera podemos estar seguros de que exista un mundo real independiente de nuestras representaciones. Los filósofos, que siempre habían intentado escapar de este mundo de apariencias, intentaban ahora regresar desesperadamente a él, y hallaban todas las puertas cerradas.
A medida que el campo de investigación de la ciencia iba creciendo, el campo de investigación de la filosofía iba menguando.
Alguien podría argumentar que es exagerado vincular el auge de la ciencia empírica con el declive de la metafísica. Incluso podría afirmarse que científicos y filósofos no eran personajes enfrentados. Es cierto que muchos científicos se interesaron por cuestiones filosóficas y viceversa. Sabido es que Kant se interesó vivamente por los descubrimientos de Newton y por la astronomía, y el propio Newton había titulado su obra Philosophiae naturalis principia matemática. Todavía en los tiempos de Newton se usaba la expresión filosofía natural para designar lo que actualmente conocemos como física o, en un sentido más amplio, estudio de la naturaleza. Además, el hecho de que muchos científicos se interesaran (y se sigan interesando hoy en día) por cuestiones filosóficas no tiene nada de extraño. De hecho, las cuestiones filosóficas deberían interesar a todo el mundo, ya que tratan de responder a preguntas que el ser humano se ha planteado desde la noche de los tiempos. Pero la ciencia como tal, independientemente de las inquietudes o dudas existenciales de los científicos que la llevan a cabo, conoce muy bien los límites de su método de investigación y el dominio donde debe aplicarlo.
Han sido precisas todas estas consideraciones para llegar al punto que nos interesa tratar en el presente trabajo; el giro estético de la filosofía. Dicho giro no puede entenderse, como veremos a continuación, sin tener en cuenta el surgimiento y desarrollo de la ciencia.
El llamado giro estético de la filosofía comienza a producirse en una época concreta (la ilustración), cuando la ciencia empírica ha arrebatado a la filosofía la mayor parte de su objeto de estudio y la filosofía debe buscar nuevos campos de acción para asegurar su supervivencia.
El giro estético de la filosofía se produce cuando los filósofos dejan de mirar al mundo, porque el mundo ya pertenece por completo a los científicos.
La ilustración se presenta como una época de grandes esperanzas para la humanidad. Es la época de las luces, de la ciencia, de la razón. El hombre vuelve a ser el centro del universo, la iglesia (cuyo poder absoluto comienza a declinar después de siglos) comienza a ser seriamente cuestionada por los nuevos descubrimientos, aparecen las utopías políticas, florecen las artes y la cultura, se escriben enciclopedias y se construyen escuelas, universidades, bibliotecas y museos por todas partes. Las especies animales y vegetales son exhaustivamente estudiadas y clasificadas con el máximo rigor. Muchas creencias que en el pasado habían sido firmes y sólidas comienzan a tambalearse. Cierto es que el conocimiento de la naturaleza vino acompañado del dominio sobre ella, y en muchos casos, del dominio de unos hombres sobre otros. Pero culpar a la ciencia de las consecuencias negativas de la tecnología resulta tan injusto como ingenuo. Sabiduría y justicia no tienen por qué ser, como creían los antiguos griegos, la misma cosa.
Los avances científicos podían usarse para matar, pero también para sanar enfermedades o mejorar las condiciones de vida, y el riesgo que supone el mal uso de la tecnología es algo que la mayoría de la gente está dispuesta a asumir a cambio de una existencia más agradable. Hoy en día nadie renunciaría a su ordenador, a su aparato de televisión o a su teléfono móvil. Sólo los integristas religiosos y los filósofos tienen una visión absolutamente negativa de la tecnología.
Es preciso señalar que el motor que impulsa el movimiento de la ilustración no es filosófico, sino científico. Es la ciencia empírica la que, con sus sorprendentes descubrimientos, rompe con el pasado dogmático y crea el clima de optimismo propicio para que florezca el movimiento ilustrado. Trataremos de apoyar éste argumento con dos ejemplos: la adopción del sistema métrico decimal y el proyecto de la enciclopedia.



La adopción del sistema métrico decimal cumple una función puramente práctica, ya que unifica las unidades de peso y medida de diversos países y regiones con el fin de facilitar el intercambio, pero también responde a la voluntad de la ciencia de poseer un sistema de mediadas universal que le permita cuantificar los fenómenos de la naturaleza. Por descontado, a ningún filósofo se le hubiera ocurrido tal cosa: puesto que los sentidos nos engañan ¿para qué molestarse en medir los datos que los sentidos nos aportan? El sistema métrico es un instrumento genuinamente científico, y está basado en simples observaciones empíricas. El cuadrante del meridiano terrestre dividido por 10.000.000 nos proporciona una unidad de medida que llamaremos (como no podía ser de otro modo) metro. La décima parte de un metro es un decímetro, y un decímetro cúbico de agua pesa una cantidad determinada a la que llamamos kilo. Por otra parte, el agua se congela a una cierta temperatura y hierve a otra temperatura distinta; si dividimos por cien la diferencia entre ambas temperaturas obtendremos una unidad de medida térmica a la que llamamos grado centígrado. Y así sucesivamente. El sistema métrico decimal (paradigma de la ilustración) no tiene ninguna utilidad filosófica; los nóumenos, las mónadas o los imperativos categóricos no se pueden medir.
Otro ejemplo de la inspiración científica de la ilustración es el proyecto de la enciclopedia. De manera plenamente consciente, los primeros enciclopedistas estaban dando la espalda tanto a la religión como a la metafísica como fuentes de conocimiento. La enciclopedia (la compilación de todo el saber humano en una sola obra) responde no sólo a los intereses científicos, sino a la propia metodología de la ciencia, cuyo primer paso es el de recopilar tantos datos como sea posible, y ordenarlos de una manera racional con el fin de poder utilizarlos posteriormente.
Ciencia e ilustración son dos conceptos indisolubles, tanto es así que algunos pensadores del siglo XX (como Adorno o Horkheimer) han criticado a la ciencia para criticar a la ilustración y viceversa, considerando que el movimiento ilustrado tiene como consecuencia el imperio de la “razón instrumental”, es decir, una forma de conocimiento que es, al mismo tiempo, una forma de dominio. Hablaremos sobre ello más adelante, baste decir por ahora que incluso los filósofos más críticos con la ilustración creen que el conocimiento científico (y su inmediato derivado, es decir la tecnología) son inherentes a ella.
Volvamos a los tiempos de la Ilustración; mientras la ciencia crece saludable y vigorosamente., ¿qué ocurre con la filosofía?
Desprovista de una columna vertebral sólida, la filosofía empieza a desplazar su atención desde la metafísica hacia otros horizontes. Pero ¿qué horizontes le quedan?
Uno de ellos es, como no podía ser de otro modo, la ética.
La ética siempre ha formado parte de la filosofía y constituye, además, una disciplina invulnerable a los asaltos de la ciencia empírica. La ciencia intenta describir el mundo, la ética (como señalara Hume astutamente) no pretende decirnos cómo es el mundo, sino cómo debería ser. De un juicio de es no puede deducirse un juicio de debe ser, en eso consiste la falacia naturalista. La ciencia empírica, por tanto, nada tiene que decir en el terreno de la ética.
Pero a lo largo de la historia, la mayoría de las propuestas éticas se habían sustentado en sistemas metafísicos previos; ¿cómo fundamentar una ética sin recurrir a la metafísica y sin caer en el relativismo?
Era preciso que la ética descendiera del cielo platónico a la tierra y habitara entre los hombres, tanto más en una época marcadamente antropocéntrica como la que nos ocupa. Era precisa una ética práctica que pudiera ser aplicada en las comunidades humanas, que sirviera, incluso, como fundamento de dichas comunidades o, por decirlo de otro modo, era precisa una ética política. Muchos pensadores ilustrados, como Hobbes, Voltaire o Rosseau, liberados ya de los viejos y oxidados sistemas metafísicos, empiezan a centrar su atención en el ser humano, en su historia, en sus comunidades, en sus valores. La filosofía política no era un invento reciente, se remontaba a los tiempos de Platón. Pero la eclosión de la reflexión política durante el período ilustrado es tan espectacular que no tiene precedentes en la historia del pensamiento, y ejemplifica perfectamente el cambio de rumbo que experimenta la filosofía.
Lejos de buscar fundamentaciones metafísicas, la filosofía de la ilustración no concibe el orden político como reflejo de un orden superior, de naturaleza divina; es el hombre quien construye su propia sociedad y quien decide el modo en que ha de ser gobernada. La sociedad es contemplada como un pacto entre iguales, como un contrato mediante el cual todos los hombres han de salir beneficiados. La idea de un orden social como pacto tampoco era especialmente novedosa (Epicuro, por ejemplo, defiende algo parecido en sus Máximas Capitales), pero retomada y defendida con vehemencia por los pensadores ilustrados, constituía todo un desafío al orden político y filosófico que había imperado durante más de mil años.
Por supuesto, existen otras causas que explican el auge del pensamiento político durante la ilustración; nos hallamos en los albores de la revolución industrial, asistimos al nacimiento de la burguesía y el proletariado, y ya empiezan a notarse los cambios sociales, demográficos y tecnológicos que obligarán a replantearse las formas de organización del antiguo régimen. Todo ello culminará en la revolución francesa. Pero también es cierto que todos estos cambios están directamente influidos por el progreso de la ciencia empírica y, sobretodo, por sus aplicaciones técnicas, sin las cuales no hubiera sido posible la industrialización.
La ética y la política, sin embargo, no son suficientes. El giro de la filosofía pretende abarcar todo aquello que escapa al dominio de la ciencia empírica, todo aquello que no pertenece al mundo objetivo.
Es en este contexto donde aparecen los primeros pensadores que abordan temas cuestiones de estética, como Sahftesbury o Hutcheson, preocupados por hallar una definición de la belleza, en la naturaleza o en el arte. Como dijimos más arriba, la noción de belleza (no de arte) fue el primer objeto de estudio de la estética. Cuando, en 1752, Baumgarten usó por vez primera la palabra estética, la definió como “ciencia de lo bello, a la que se agrega un estudio de la esencia del arte, de las relaciones de éste con la belleza y los demás valores”.
La palabra estética deriva del griego aisthesis que viene a significar sensación. La belleza es, por lo tanto, concebida como sensación, es decir, como algo relativo a la experiencia sensible. El término estética alude, incluso en su etimología, a los sentidos y al mundo físico, y sin embargo su principal objeto de estudio (la belleza) se hallaba más cerca de ser un concepto metafísico que una propiedad de la naturaleza. La estética de Baumgarten surge, por así decirlo, con una contradicción bajo el brazo.
Semejante contradicción era, sin embargo, necesaria.
La filosofía no podía centrar su atención directamente en el arte después de siglos de palaia diaphora. Era preciso un concepto (todavía con vinculaciones metafísicas) que mediara en la vieja disputa entre filósofos y artistas, y ese concepto no podía ser otro que la belleza.
La noción de belleza sirvió a los filósofos como caballo de Troya para entrar en el mundo del arte con el máximo disimulo posible. Más adelante volveremos sobre éste asunto.

viernes, marzo 14, 2008

CLARIBEL ALEGRÍA PRESENTE EN BARCELONA

El Grupo poético METÁFORA, surgido de un Taller de poesía del Aula de Poesía de la Universidad de Barcelona, y con sede en la Biblioteca Mercè Rodoreda de El Guinardó, celebró el pasado Martes 26 de Febrero una tertulia dedicada a la poeta nicaragüense CLARIBEL ALEGRÍA.


La tertulia se preparó en contacto directo con la poeta, por lo que podemos decir que ella estuvo ese día en Barcelona, en la Biblioteca Mercè Rodoreda, que es, entre la Red de Bibliotecas de la Diputación de Barcelona, la especializada en poesía, siendo el Grupo METÁFORA su grupo oficial.

CLARIBEL ALEGRÍA nació en Estelí (Nicaragua en 1924 y pasó su infancia en El Salvador. Es licenciada en Filosofía y Letras por la Universidad George Washington, EE.UU. y se casó con el escritor norteamericano Darwin J. Flakoll, que murió en 1995 en Managua. Con él escribió hasta once libros y tradujo con su cooperación otras seis obras. Fue discípula de Juan Ramón Jiménez en los años 1944 al 47 y fue él quien le animó y ayudó en la publicación de su primer libro de poesía en 1948 (Anillo de silencio). Desde entonces ha publicado 27 libros de poesía, entre ellos nueve antologías. Para este año 2008 está prevista la publicación de su más reciente creación, Mitos y Delitos (Visor) Junto a su marido residió hasta en nueve países, entre ellos España, según propia expresión,”… viví muchos años en Mallorca e iba a Barcelona a menudo. Es una ciudad que me fascina”. Su obra ha sido traducida a catorce idiomas en incluida en numerosas antologías tanto de prosa como de poesía. Desde 1964 ha recibido multitud de premios y reconocimientos, siendo el más reciente el Premio Internacional Neustad para la Literatura, en EE.UU. (2006). Actualmente es, entre otras cosas, Co-fundadora y Presidenta Honoraria de la Asociación Nicaragüense de Escritoras (ANIDE) Y Presidenta Honoraria del PEN Club Internacional (Capítulo nicaragüense). La tertulia del Grupo METÁFORA estuvo muy animada y gustaron bastante los más de veinte poemas leídos y comentados. Fueron más de dos horas de gozo permanente en el encuentro y descubrimiento de su poesía, poniéndose de relieve las siguientes características de la voz de CLARIBEL ALEGRÍA: Usa en general un lenguaje sencillo, nada retórico, muy cercano y con esa naturalidad de los grandes poetas. Gustan especialmente tantas expresiones intimistas que emplea casi de forma permanente. Sus poéticas tienen una fuerza expresiva poco usual, tal como: "...el poema que todos escribimos/con lágrimas/y uñas/y carbón." Su "Ars poética", uno de los poemas que más gustó a todos, es una orgullosa afirmación de la mujer-poeta. Utiliza multitud de imágenes llenas de sensualidad y con un profundo arraigo, perfectamente identificables en cualquier lugar y por cualquier lector, por tener connotaciones universales. CLARIBEL vive continuamente en sus versos entre el gozo de ser y estar y el dolor que conlleva la existencia. El amor y el desamor siempre en equilibrio. La piedad es un sentimiento permanente en su obra, aunque a veces trata de mantener la distancia para que no te dañe. Esto se ve muy bien en "Soy espejo", poema en el que nos detuvimos especialmente porque muestra, con la singularidad de su voz, cómo la convivencia con la crudeza de una realidad deshumanizada nos deshumaniza y nos hace impermeables al dolor. En este sentido la imagen del espejo plano se puede trasladar a cualquier ciudadano de cualquier lugar del mundo. Se aprecia constantemente una voz muy femenina, como p. ej. en la Carta a un Desterrado (carta de Penélope a Odiseo, extraviado tras la guerra de Troya) cuando dice: "...preferible, Odiseo/que no vuelvas/los hombres son más débiles/no soportan la afrenta". Llama poderosamente la atención la fuerza expresiva de su género epistolar, en dos poemas-carta leídos: Uno el citado de Pénelope a Odiseo (Ulises) y el otro una “Carta al tiempo”. Usa abundantes recursos, como en el poema "Creí pasar mi tiempo", (que incluimos al final) donde despedaza la palabra para explicitar el concepto. En fin, que CLARIBEL ALEGRÍA tuvo un Martes de Febrero una presencia virtual en Barcelona para otorgar a sus lectores dos horas gozosas.
Algunos de sus poemas:



SOY ESPEJO

Brilla el agua
en mi piel
y no la siento
corre a chorros el agua
por mi espalda
no la siento
me froto con la toalla
me pellizco en un brazo
no me siento
comienzo a vestirme
a tropezones
de los rincones brotan
relámpagos de gritos
ojos desorbitados
ratas que corren
dientes
aún no siento nada
me extravío en las calles:
niños con caras sucias
pidiéndome limosna
muchachas prostitutas
que no tienen quince años
todo es llaga en las calles
tanques que se aproximan
bayonetas alzadas
cuerpos que caen
llanto
por fin siento mi brazo
dejé de ser fantasma
me duele
luego existo
vuelvo a mirar la escena:
muchachos que corren
desangrados
mujeres con pánico
en el rostro
esta vez duele menos
me pellizco de nuevo y ya no siento nada
simplemente reflejo
lo que pasa a mi lado
los tanques
no son tanques
ni los gritos
son gritos
soy un espejo plano
en que nada penetra
mi superficie
es dura
es brillante
es pulida
me convertí en espejo
y estoy descarnada
apenas si conservo
una memoria vaga
del dolor.


CREÍ PASAR MI TIEMPO

Creí pasar mi tiempo
amando
y siendo amada
comienzo a darme cuenta
que lo pasé despedazando
mientras era a mi vez
des
pe
da
za
da.




ARS POÉTICA

Yo,
poeta de oficio,
condenada tantas veces
a ser cuervo
jamás me cambiaría
por la Venus de Milo:
mientras reina en el Louvre
y se muere de tedio
y junta polvo
yo descubro el sol
todos los días
y entre valles
volcanes
y despojos de guerra
avizoro la tierra prometida.


Juan Pablo Martínez,
Miembro Fundador del Grupo Poético METÁFORA

viernes, marzo 07, 2008

H2O



H2O, no admite conjetura.
Un número y dos letras -bien preciso-.
¡Mas el agua seguro que no quiso
ser solamente fórmula tan pura!

El agua derrochada, ¡grave hondura
su llaga de sequía, cuyo liso
espectro de desierto será piso
donde la sed nos lleve a la locura!

Tierra y agua -¡bendito maridaje!-
germinar las semillas han logrado,
en un coito de mágico proceso.

Pero el agua se agota en el paraje,
y el hombre, sin creer, ha cuestionado
que al Planeta le pueda pasar eso.

*
Escéptico y gregario se adocena
en masa de indolencia y consumismo,
arguyendo que a él le da lo mismo
tragedia tan remota, tan ajena.

Y no atiende la alarma que ya suena;
embridado de atávico egoísmo
se hace el sordo, no escucha el cataclismo,
y el agua se nos va…,¡esa es la pena!.

¡Cuánto erial dejaremos a los hijos,
sin el jugo que avive el alimento…!
¿No nos pesa tal cargo de conciencia?

Pandemias poblarán los entresijos.
La memoria tendrá remordimiento.
Y perderá la Tierra su apariencia.

*
Se acuesta el “primer mundo” indiferente
por la falta del líquido elemento.
Y al “segundo” le aborda el sentimiento
de tener un problema bien urgente.

Pero existe un “tercero” con su gente
que no sabe de grifos -¡rudimento!-,
y serán los que en un primer momento
padezcan el estiaje más de frente.

Bramarán las cornetas de batalla
en pos de defender el riachuelo,
heredado de aquel último río

Será la convivencia una gran falla
la sequía tendrá regusto a duelo…
¿Anegará la sangre el regadío?

Julia Gallo Sanz

viernes, febrero 29, 2008

ELUCUBRACIONES DE UN PIE EN APUROS EN EL DÍA DE SU CUMPLEAÑOS


Vaya día que ha ido a escoger la vida para dictar mi subida al paredón, hoy precisamente. Desesperación en la garganta y poco más, eso es lo que al parecer piensa regalarme, la muy jodida.

Cuando he abierto los ojos, la mañana me esperaba en camisón, apoyada en el dintel de la ventana, me miraba provocativa, sinuosa y casi insultante, con toda la luz entre los dientes, si hubiera pretendido venderme un billete hacia la felicidad a cambio de mis favores hubiera aceptado de inmediato. Debo confesarlo, mi caché para ese tipo de transacciones nunca ha sido demasiado alto, en fin, todos tenemos un precio,¿ no?.

Hoy prometía ser un día especial, tenía que serlo, pero un repentino dolor me ha obligado a cerrar los ojos mientras un fuerte hedor me advertía de que esa especie de humedad que navegaba por toda la extensión de mis perfiles no era un mero sueño. No han pasado ni dos minutos antes de que la realidad ovalada del espejo certificase una realidad que pregonaba a voz en grito todo un manifiesto sangrante. ¿Puede medirse el dolor apostado en las encías de un grito?

Una espantosa sonrisa desdentada, de un color cerúleo intenso, extendía sus brazos amenazadores como un manto, ramificándose codiciosamente por todos mis rincones, aprovechando cualquier pliegue de la piel para emplazar un nuevo campamento base desde donde instalar una arriesgada línea de minas letales prestas a eclosionar , sin ningún tipo de piedad, rebosantes de munición blanca y espesa, con tintes de epidemia y naufragio.

Y yo que pensaba enfundarme esas medias de seda que guardo celosamente para ocasiones solemnes…, sí… definitivamente es un mal día para morir.

¡Si hasta tenía una cita importante!, Nicanor Parra me esperaba en el Café de la Opera para desanudar la palabra. Me prometió reírnos juntos mientras, probablemente, un Grecco de ojos envasados al vacío, tomaría café en la mesa de al lado. Yo iba a proponerle fumarnos la vida ante un periódico al revés, sin que nos importasen las dimensiones de un salón repleto de medio-cadáveres, y provocar a los cuervos.
Parecía un buen plan, reírnos juntos de las negras pupilas, de todos esos bustos fotocopiados por el insomnio, que revelan una y otra vez, que para ser imbécil basta la fuerza de voluntad. Era un buen plan, os lo aseguro.

En ocasiones así, uno ha de estar presentable, así que había planeado cortarme las uñas y aplicarles una finísima película de ese negro elegante que tanto suelen envidiarme las farolas cuando hacen la calle después de haberse bebido la noche entera; dejar huella , demostrarle a las aceras que a pesar de la edad todavía tengo la potestad de ser salvaje, de lucir sandalias de Chanel de un rojo más obsceno aún que el de la rosa, y pisar bien fuerte por esta ciudad, mi ciudad, donde las ventanas de los archivadores verticales para viudas y colegialas se ponen sus mejores ropas siempre que quieren acudir al baile y vivir con nosotros la tragedia de no saber si moriremos cuando la vida nos devuelva la llamada.

Pero en el extrarradio se prepara ya la artillería que va a fusilarme, lo sé porque ahora tengo cuatro de los cinco dedos amoratados, un espolón prominente se está dejando llevar por la histeria mientras el empeine empieza a curvarse más de lo debido, y la sudoración densa y siempre impertinente huele más que nunca a miedo.

Mucho me temo que no habrá masajes ni circuito de Spa, ni baños de barro en el Mar Muerto.

Nicanor tendrá que esperar, aunque seguro que el sería de los que opinan que uno no puede abandonarse en su cuadragésimo segundo aniversario, y yo casi estaría de acuerdo con ese postulado si no fuera porque me estoy pudriendo y sigo siendo pobre,
he perdido mi capacidad de ventosear el cerebro, de llevar la venganza autosatisfecha que nos mira desde su butaca con vistas a la oscuridad, a su mayor esplendor.
Ya no soy capaz de provocar una pelea entre las sombras, y esperar el suicidio bajo las ruedas del autobús para luego salir ileso, ya no soy capaz.

La máxima de esta ausencia es el peso del resto del cuerpo sobre los talones, sólo me queda resignarme a empezar el día con vendajes esterilizados cubriéndome de arriba a abajo, embutir mi alma hinchada en una zapatilla vieja y seguir soportando, un día más, un montón de quilos de carne ajenos por completo a mi limitada realidad.

Marian Raméntol Serratosa

viernes, febrero 22, 2008

Sylvia Plath “Sobre tu cuerpo las nubes pasan altas, altas y heladas…”




Introducción.

El presente trabajo trata de enmarcar la obra de Sylvia Plath en los movimientos poéticos en Estados Unidos e Inglaterra en los años 50 y 60, países en los que vivió la poetisa. También se ha dado especial importancia a su obra como transgresión de los cánones de época. La óptica que orienta esta investigación se desmarca del morbo que la vida y muerte de la autora suscita.

Contexto Cultural y movimientos poéticos de época.

A partir de 1950, en Estados Unidos, se produce una liberación del canon modernista en la poesía cuyos referentes fueron Pound, Eliot, Stevens o Williams. Se crearon una especie de reacciones y tensiones en cadena entre diversos movimientos opuestos que se manifestaron como liberadoras y originaron la revisión poética. Entre estos grupos encontramos a los poetas de Black Mountain Collage (Robert Duncan, Robert Creely, Charles Olson, etc.),
Poetas confesionales (Robert Lowell, Sylvia Plath, Ane Sexton, etc.), poetas beat (Ginsberg, Snider, Ferlinghetti), Poetas de imagen profunda ( Robert Bly, James Wright, etc.) y el grupo de Nueva York (John Ashbery, James Schuyler, Kenethe Kock).

A Sylvia Plath, con sus matices, se la ha clasificado dentro de los poetas confesionales (Robert Lowell, Ane Sexton, etc.). Estos intentaban extraer las máscaras sociales y formales del sujeto poético a través del acto creativo aún tratándose de una experiencia violenta, franca o dolorosa.

Por otro lado, la poesía inglesa de los años cincuenta y sesenta interesa a un público restringido, más bien intelectual, que tiene que hacer un esfuerzo para descifrar su contenido. Los años cincuenta fueron monopolizados por la emergencia del Movimiento, que se caracterizaba por el rechazo de las influencias extranjeras en la poesía inglesa, su urbanidad, decoro y un uso restringido de emoción.

En oposición al Movimiento se organizó el Grupo por Philip Hosbsbaum y Edgard Lucie-Smith en 1952. Los poetas leían sus trabajos y se organizaban talleres de escritura populares funcionando como un forum abierto.

Algunos poetas como Donald Davie, Charles Tomlinson y Tom Gunn mostraban gran interés por la poesía norteamericana. Para ellos esta poesía parecía mucho más en contacto con el ritmo violento de la vida contemporánea que la poesía urbana del Movimiento.

En los sesenta la poesía inglesa estaba claramente influenciada por poetas estadounidenses (especialmente Robert Lowell y Sylvia Plath) que dramatizaban mejor la desintegración individual en el mundo de la posguerra.
Las mujeres poetas desde principios de siglo XX a Sylvia Plath

Las mujeres poetas de principio de siglo no contaban con una tradición literaria propia. Sus escritos se refugiaban en un universo de formas intentando alcanzar la claridad intelectual mediante la contención y distancia de sus emociones. Estaban atrapadas en el mito romántico de la unión de las mujeres a la naturaleza, lo que constituyó un verdadero obstáculo para el acceso a la cultura y el alcance de una identidad poética. Durante la época modernista las mujeres escritoras tuvieron que afrontar el rechazo al triunfo del sufragismo, por un lado, y, por otro, reconocer los esfuerzos de sus antecesoras que comenzaban a ser rescatadas del pasado. Poco a poco, la conciencia de las poetas de su situación precaria en el mundo combinada con el poder subversivo de la imaginación y la creatividad, da lugar a las imágenes y los temas peculiares de los años 50 y 60. El intento de encontrar “una voz propia” se tradujo en el esfuerzo por resolver el dilema de la existencia, reconciliando la complejidad de su experiencia interna con la multiplicidad de experiencias del mundo que las rodea, como ejemplos tenemos a Sylvia Plath o Anne Sexton.

Sylvia Plath, su biografía enlazada a la literatura

Sylvia Plath nace en Jamaica Plain, Massachussets, el 27 de Octubre de 1932. Su padre de origen polaco, Otto Plath, era Profesor de Biología en la Universidad de Boston. Es especialista en pájaros, insectos y peces. Su muerte, cuando Plath contaba con 8 años, supuso una falta importante para ésta. Su madre Aurelia Schober es una bostoniana de origen austriaco.

Como estudiante fue brillante y activa. Trabajó en Nueva York, como becaria para la revista Mademoiselle, cuya experiencia negativa la conduce a un intento de suicidio. Tras su curación física, es sometida a un duro tratamiento psiquiátrico. En 1955 presentó, en el Smith Collage, su tesis sobre el doble en la obra de Dostoyevsky obteniendo un cum laude y una beca Fulbright para ampliar sus estudios en la universidad inglesa de Cambridge. Un año más tarde conoce al poeta Ted Hughes con quién se casa y traslada a Estados Unidos.

En 1960 la pareja decide tener sus hijos en Inglaterra y regresan a Londres. Tienen dos hijos, Frieda y Nicholas. Después de seis años de convivencia, el matrimonio fracasa. Tras su separación en octubre de 1962, inicia un periodo de intensa producción literaria. Plath pasa estrecheces económicas y es el invierno más frío de Londres desde 1947. El 11 de febrero de 1963 tiene el teléfono desinstalado. No logra hablar con su psicoterapeuta. Se levanta a las 6 de la mañana y mete la cabeza en el horno tras preparar el desayuno a sus hijos.
Sus obras
Sylvia únicamente vio publicada una parte de su obra, The Colossus and other poems, el resto sería póstuma. Ted Hugues realizó una colección de poemas que dio lugar a Ariel en 1965. En 1971 se publicó Crossing the Water y Winter Trees. En esta última edición aparece Tres Mujeres, una obra creada para la BBC. En 1981 se publicó The Collected Poems of Sylvia Plath, obra que ganó el Premio Pulitzer.
Ariel y Winter Trees son las obras en las que se reconoce mejor a la escritora ya que, como ella misma indicaba en su diario en 1959, pretendía utilizar cada vez más su propia experiencia de lo vivido como tema central de su poesía.
Escribió una única novela, The Bell Jar, de inspiración autobiográfica que relata la vida de una estudiante de Boston que entra a trabajar en una revista femenina de Nueva York. La novela refleja los roles asignados a las mujeres de los años 50.
Sylvia Plath y su estilo
En febrero de 2006 Pep Paré, profesor de literatura y crítico literario, ofreció en la Fundación “La Caixa” la conferencia “Diane Arbus, Sylvia Plath y Janis Joplin: el vacío de la cuerda”. En ella se comparaba a las tres artistas norteamericanas unidas por dos deseos: el de muerte y el de transformar los cánones de la época como mujeres. Janis Joplin introdujo la voz rota en el blues y se enfrentó a los prejuicios sobre negros y blancos. Diane Arbus se atrevió a fotografiar a personajes del submundo o los monstruos que nos habitan. Sylvia Plath escribía poemas de aliento helado. Es decir, se trataba de una experiencia artística de ir más allá de los límites y de los monstruos que nos habitan.
Sylvia Plath era una escritora extremadamente disciplinada y dura consigo misma. Estaba totalmente volcada en ser hija, madre, esposa eficaz. Y su escritura realiza una transformación impresionante tras la separación de su marido, ya que entonces cambia la compensación familiar por la escritura. Su poesía se caracteriza por el verso vigoroso, la sensibilidad y destreza técnica, la seguridad del tono, la firmeza del estilo y pureza léxica. Era muy obsesiva con las personas y las cosas, así que repetía en su poesía las imágenes y temas que la preocupaban: amor, desamor y muerte. Este último domina su poesía. Sus influencias fueron Dickinson, Rosetti, Moore, Sexton y Rich, a las que llamaba “rivales”. En prosa admiraba a Virginia Woolf.

El tema del amor

Martín Catillejos en Mujeres Identidades y Poesía señala que excepto unos cuantos poemas de exaltación de la pasión amorosa, el resto de la poesía es crítica respecto a los problemas que el amor plantea. Los temas que trata son: la violencia de la pasión amorosa, la imposibilidad de vivir un amor romántico en la realidad cotidiana; la supremacía de la vida sensual, asociada a la vitalidad y fertilidad de la mujer; sobre la vida intelectual, asociada a la pobreza y la esterilidad, el efecto disturbador de la pasión amorosa sobre la vida ordenada y apacible; el conflicto ocasionado en la mujer al tener que elegir entre su vida afectiva y su carrera profesional, etc.

La relación con Ted Hugues influyó de forma impresionante en la visión sobre el amor que tenía Plath. Ella misma escribió en su diario que “se sentía
tragada” por su marido. Lo que se inició como profundo amor y admiración se convirtió en una dependencia total, hasta el punto que no podía emitir ni juicios sobre su propia obra.

La visión del amor que ofrece la escritora es cada vez más amarga y negativa. En Ariel su incredulidad hacia la relación matrimonial está expresada a veces con ira como en “Lady Lazarus” y en otras con profunda ironía como “The Applicant”, de gran contenido social por la reducción de la mujer como objeto. Y aún va más allá en “The Jailer” donde habla del sadomasoquismo relacional entre carcelero y encarcelado, ambos dependientes de dicho dolor. En estos últimos poemas que escribió se observa la incredulidad del amor entre adultos, ya que esta relación de amor aún es posible con sus hijos. Lo muestran poemas como “Child”.

El tema de la muerte

El tema de la muerte es el que identifica la obra de la autora. Es, sobre todo, en su última etapa cuando éste alcanza mayor desarrollo y complejidad. En los principios en “All the Dead Dears” la muerte es concebida como algo natural, como un ciclo de la vida. Más tarde la desarrolla de forma diferente.

En las críticas a su obra, existen dos puntos de vista al respecto. Un grupo de analistas literarios piensa que utiliza la poesía de forma “confesional” como instrumento para abordar su propio sufrimiento. Los que van más allá de las explicaciones biográficas consideran que Plath escribe de forma simbólica y mística, siendo así la vida algo superior a la muerte para la escritora. Evidentemente que el primer grupo tiene razón en que la poeta escribía desde su propia experiencia y, en gran número de casos, es difícil saber si los juegos y manipulaciones del lenguaje son verdad o simplemente imágenes creadas.

Kroll, que es del segundo grupo de críticos, clasifica el tema de la muerte en tres categorías de rituales: exorcismo, muerte y renacimiento. Los rituales de exorcismo hacia el padre y el marido, a los que amaba, pero que le causaron grandes sufrimientos. Poemas como “Daddy” “Man in Black” “Lament”, “The Colossus”, etc. Los “rituales de muerte” aluden a ésta de forma real, aunque siempre sin un pesimismo total y dejando abierta un lugar a la esperanza. Aquí estarían poemas como “Edge” “A Birthday Present”. Los “rituales de renacimiento” fueron escritos en un período muy creativo de varias semanas que tuvo Plath en octubre de 1962. Son poemas trascendentes tras la separación de Ted Hugues. En esta categoría se encontrarían poemas como “Contusion” “Words” “Tótem”.

A modo de conclusión sobre el tema de la muerte, no se puede categorizar un pesimismo absoluto de la autora, ya que incluso en sus poemas más duros existe esperanza de superación de las dificultades, coincidiendo así con la visión de los críticos como Kroll.

Sylvia Plath, su mundo poético

La lucha de Plath era múltiple, en mi opinión infinitamente dividida: ser mujer, ser poeta, mujer de poeta famoso, ser madre, ser hija, etc. Plath escribe de forma trascendete, desmarcándose del lugar de víctima, intentando conciliar su experiencia interna y externa mediante las emociones. Sylvia Plath tiene un lugar activo sobre aquello que escribe. Por ejemplo en “Lady Lazarus” señala a los hombres como dominadores que excluyen a las mujeres de los espacios político-sociales. Un aborto es un renacimiento poético en “Morning Song”. El odio a su padre genera múltiples poemas sobre abejas como “Picaduras”. Se atreve a verbalizar el amor, el odio y la no preparación a la maternidad en “Three Women”. Su poesía es helada, pero repleta de saltos imaginativos, palabras que captan la atención y juegos lingüísticos marean simpáticamente. Es atrevida y sabe transgredir inteligentemente, sin quedar atrapada en el sufrimiento completo.


Bibliografía utilizada

VVAA. De mujeres, identidades y poesía. Poetas contemporáneas de Estados Unidos y Canadá. Horas y Horas editorial. Madrid, 1999.
Martín, F. Literatura de los Estados Unidos. Lectura crítica. Alianza. Madrid, 2003.
Monnickendam, A. Introduction to English Literature. UOC. Barcelona, 1998.
Hérou, J. Historia de la Literatura Inglesa. Acento Editorial. Madrid, 1996.
Plath, S. Árboles en invierno. Hiperión. Madrid, 2006.
Plath, S. Ariel. Hiperión. Madrid, 2007.
Plath, S. La campana de vidre. Proa. Barcelona, 1999.
Pep Paré “Ciclo Diane Arbus, Sylvia Plath, Janis Joplin: el vacío de la cuerda”. Conferencia presentada en Caixa Forum Barcelona el 22 de febrero de 2006.


Beatriz Pérez Sánchez
Presentació