12 HORAS NOCTURNAS III por Samuel Sebastian

viernes, marzo 16, 2012

Samuel Sebastian es un escritor y cineasta valenciano. Hijo de la pintora Ester Rodríguez Ro. Licenciado en Historia del Arte, obtuvo el premio extraordinario de licenciatura y después inició su tesis sobre los documentales de la guerra civil española y la memoria histórica. Igualmente, ha realizado el Máster de Guiones de la UIMP - Valencia.
Su trabajo como cineasta comenzó en 2005 con el rodaje de la película experimental El primer silencio (2006). Desde entonces ha alternado el rodaje de películas de ficción y documentales sociales con la realización videocreaciones y videoclips.
Sus películas han sido exhibidas en festivales de todo el mundo como, entre otros, el de Cusco (Perú); San Diego (Estados Unidos); La Paz (Bolivia); Rosario y Buenos Aires (Argentina); Lisboa (Portugal); Bilbao, Madrid, Sevilla, Córdoba, Barcelona y Valencia (España); Bolonia, Milán y Turín (Italia); París (Francia); Johannesburgo (Sudáfrica); Melbourne (Australia) o Daklah (Marruecos). Ha obtenido diversos reconocimientos como el de mejor documental español en el Festival de Madrid por La Moma (2007) o el de mejor documental valenciano de 2009 por Las migrantes (2009). También, obras como El primer silencio (2006), La Moma (2007), Las migrantes (2009) y varias de sus videocreaciones han sido proyectadas por diferentes canales de televisión.
En la actualidad, su documental La pausa dels morts (2011) ha sido proyectado en diferentes festivales internacionales y prepara un nuevo largometraje de ficción para 2012.
Como escritor ha obtenido diversos reconocimientos: finalista del premio internacional Pablo Rido por La ciudad de la luz (2005), segundo premio en el certamen La Nau - Universitat de València por Un invierno sin Vera (2006) y finalista del premio Isabel Cerdà de narrativa breve por Les cartes de Lilit. Ganó el XXXVII Premio Octubre de Teatro por Les habitacions tancades (2008). 

12 HORAS NOCTURNAS


II




Me recuesto en la cama. Dejo, como siempre, la ventana entreabierta para que entre algo de la luz exterior en el dormitorio y cierro los ojos pero, por alguna razón, no puedo distinguir si tengo los ojos cerrados o abiertos. El techo se acerca a mí al mismo tiempo que yo despego de la cama. Nunca lo he visto tan cerca. La vida se ve diferente cuando pierdes la noción del tiempo, cuando puedes pasarte horas y horas sin otra cosa que hacer que mirar el techo, observar los cambios de luz que se producen en él y sentir como transpira. Aferrado al techo, mi cuerpo es el contrapeso del cielo, si me muevo, se hunde, hasta que una araña entra por la pernera del pantalón, una araña que se va haciendo cada vez más grande en mis pantorrillas y deposita sus cientos de huevos en mis ingles. Las larvas comienzan a devorar mi carne, con una voracidad depredadora, puedo sentirlas en mi entrepierna pero no puedo hacer nada porque si lo hiciera, el techo caería sobre mí. Me pregunto por qué en ese momento se me ocurren tantas cosas absurdas, por qué me viene a la mente el recuerdo de la primera bofetada de mi padre o la primera vez que follé con una prostituta en la cama del dormitorio. ¿Iba borracho entonces? ¿Lo estoy ahora?

Cuando las larvas han consumido ya todos mis genitales, me dejo caer y siento que un trozo del techo cae sobre mí. Levanto la vista mientras caigo y observo la negra bóveda celeste detrás del techo destrozado. A mi alrededor todo son trozos de escayola, de ladrillos, de cantos rodados, estrellas, cometas y agujeros cayendo a mi alrededor mientras yo me dejo llevar por la ley de la gravedad. Todo se mueve a una velocidad tan infinitamente rápida que yo no soy más que un viejo y torpe mortal a punto de ser reducido a un pequeño punto de polvo de cósmico en cuanto llegue al suelo.
Al fin, puedo cerrar los ojos.

Une nuit terrible (1896) de Georges Méliès


ROBERT WYATT por Francisco Javier Irazoki

viernes, marzo 09, 2012

Francisco Javier Irazoki (Lesaka, Navarra, 1954) fue miembro del grupo surrealista CLOC. La Universidad del País Vasco editó en 1992 toda la obra poética que Irazoki había escrito hasta el año 1990. El volumen, titulado Cielos segados, comprende los libros Árgoma, Desiertos para Hades y La miniatura infinita. La editorial Hiperión le publicó en 2006 el libro de poemas en prosa Los hombres intermitentes. Desde 1993 reside en París, donde ha cursado diversos estudios musicales: Armonía y Composición, Historia de la Música, etc.










                  ROBERT WYATT

           Es hijo del escritor Honor Wyatt, que sabía de memoria las partituras de varias obras de Béla Bartók y Dimitri Shostakovich. Dicen que tuvo una infancia feliz. En el tramo final de su adolescencia, Robert Ellidge Wyatt (Bristol, 1945) aparece fotografiado con indumentaria hippy; lo vemos rubio, pequeño y guapo, en medio de artistas altos que esconden los ojos detrás de unas gafas negras.
           En los años sesenta, Mallorca y Canterbury son dos lugares donde se fundan bastantes de los más vanguardistas grupos ingleses de free-jazz. Joven pintor y dibujante, Robert Wyatt, que ya domina la trompeta, los teclados y la batería, viaja a la isla española. Allí conoce al guitarrista australiano Daevid Allen, que lo inicia en la poesía beat. Al regresar a Inglaterrra, su primer conjunto musical se llama Wilde Flowers, y pronto crea la banda Soft Machine con el citado Daevid Allen, el pianista Mike Ratledge y el bajista Kevin Ayers, después sustituido por Hugh Hopper. Ensayan en la enorme vivienda de los Wyatt, que se convierte en la prolongación divertida del liceo, aquí con sexo, literatura americana y páginas de jazz o música aleatoria. He escuchado un disco, Anthology 1963-1970, que recoge el fruto sorprendente de aquellos días[W9S1] . Algunos temas (Belsize parked, Man in a Deaf Corner) conservan la frescura. Con sólo dieciocho años, Robert Wyatt tiene la categoría de los jazzmen mejor inspirados.
          Wyatt participa como baterista y cantante en los cuatro primeros álbumes de Soft Machine, colabora con Pablo Picasso y, en 1970, edita un disco en solitario (The end of an ear). Debe abandonar el grupo tras tensas disputas con Ratledge y Hooper, que imponen un frío jazz-rock instrumental, y durante mucho tiempo rumia las humillaciones padecidas. Su revancha consiste en inventarse Matching Mole. La burla del nombre («molle» significa blanda en francés) esconde una música atrevida. Electric piano solo, del teclista Dave McRae, o Instant pussy, de Robert Wyatt, transmiten una audacia que para sí quisieran ciertos santones de la batuta.
           Y en junio de 1973, el drama. Borracho, Robert Wyatt se arroja a una fiesta desde la ventana de un cuarto piso. Se rompe la columna vertebral, pasa ocho meses de convalecencia en el hospital y queda definitivamente condenado a una silla de ruedas. La experiencia dolorosa y el matrimonio con la pintora Alfreda Benge influyen en su manera de componer. Lo comprobamos en 1974, cuando sale su Rock bottom, álbum de melodías bellas producido por Nick Mason, de Pink Floyd, con la ayuda de Mike Oldfield, Hugh Hooper o el clarinetista galáctico Gary Windo. Wyatt ha dejado de ser vanguardista, pero casi ninguna de sus canciones cae en lo previsible. Siempre hay una nota inesperada. A partir de esas fechas, se aleja de Londres, ingresa en el Partido Comunista inglés y da un puntapié a las modas. Es un buscador solitario: «Creo que he desarrollado una suerte de anatomía mutante, un poco como esas especies de las islas Galápagos que no han seguido la misma evolución que las otras, porque estaban separadas del resto del mundo […] Jamás he tenido miedo de crecer ni de envejecer. Lo que por el contrario me aterra es hundirme como músico en una rutina cotidiana. A mi juicio, existe ahí una forma de sacrilegio. Escribir una canción es como pintar la bóveda de una capilla: en los dos casos intentamos la mayor magia posible. Me gusta Van Gogh, por ejemplo, porque es capaz de ver la belleza imperiosa de una vieja silla o de un tazón de patatas, de pintarlos como si él viniera de otro planeta y viese esos objetos por primera vez», confiesa al periodista Richard Robert.
           Vive en Louth, compone lentamente y publica con cuentagotas. Ruth is stranger than Richard, Old Rottenhat, Dondestan, A short break, el excelente Shleep y Cuckooland son obras de un creador minucioso. De tarde en tarde, Brian Eno y Phil Manzanera consiguen que cante con su voz de rara belleza, pero nunca en público.    
                                                                                            

FRANCISCO JAVIER IRAZOKI
(Del libro “La nota rota”; Hiperión, 2009)


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