SIETE POETAS ITALIANAS ACTUALES, por Carlos Vitale

viernes, septiembre 25, 2009

Carlos Vitale


Carlos Vitale nació en 1953 en Buenos Aires (Argentina). Es Licenciado en Filología hispánica y Filología italiana. Entre otros libros, ha publicado Unidad de lugar (Editorial Candaya, Barcelona, 2004), Fuera de casa (Emboscall Editorial, Vic, 2004) y Descortesía del suicida (Editorial Candaya, Barcelona, 2008). Asimismo ha traducido numerosos libros de poetas italianos y catalanes: Dino Campana (Premio de Traducción “Ultimo Novecento”, 1986), Eugenio Montale (Premio de Traducción “Ángel Crespo”, 2006), Giuseppe Ungaretti, Gerardo Vacana, Sergio Corazzini (Premio de Traducción del Ministerio Italiano de Relaciones Exteriores, 2003), Amerigo Iannacone, Umberto Saba (Premio de Traducción “Val di Comino”, 2004), Giuseppe Napolitano, Sandro Penna, Emilio Paolo Taormina, Antoni Clapés, Joan Brossa, etc. Reside en Barcelona desde 1981.


SIETE POETAS ITALIANAS ACTUALES

Esta recopilación reúne algunas traducciones realizadas en los últimos años, muchas de ellas publicadas, con ligeras variantes, de manera dispersa, en revistas de Europa y América. No quiere, por tanto, ser una antología en el sentido estricto de la palabra, sino una muestra, un poco al azar, de la poesía italiana contemporánea. Nada azaroso, en cambio, es el hecho de que se hayan elegido sólo poemas escritos por mujeres: se debe, sencillamente, a que suelen ser, a igual calidad, las grandes ausentes o las menos representadas en todas las selecciones. Vaya este trabajo, pues, a modo de simbólica compensación.


ALBERTA BIGAGLI

Alberta Bigagli nació en 1928 en Sesto Fiorentino y reside en Florencia. Entre otros libros, ha publicado: L'amore e altro, L'arca di Noè, In mezzo al cerchio y Tre voci e una mano.


1

Fuera tejidos verdes y floridos
primavera como regreso cadenciado.
Fuera era abril de manera insistente
como una marcha roja asimilada al sol.


2

De sutil alabastro
sobre el suelo
crepitante de olas
van velas altaneras.


3

Cierto nadie se pertenece
un baño de aire
tres pasos en el tiempo
aprendemos a regalarnos las mañanas
a adivinarnos bajo la piel.


4

Ríen al sol
en los sueños los adormece la lluvia.
Entre las pequeñas manos aún mojadas
juegan el polvo y la piedra.


5

Sobre el blanco asfalto
el azul opaco.
La poda de las ramas verdes
última fiesta del otoño.
Gris nevisca en el horizonte
donde danzan figuras
cubiertas con pieles y ligeras.


RENATA GIAMBENE

Renata Giambene nació en Lucca en 1934 y murió en Pisa en 2004. Entre otros libros, ha publicado: Passi di piedi nudi, L'età finí dei gridi, Sosta al fiume, Città senza memoria, I semi delle cose, Bimbo, Profumo d'abelmosco, Antico vasellaio, Letti etruschi, Tempo di sinopia, L'occhio della mosca y Le albe i venti.


LOS ANTEPASADOS

Cada día la astuta contrabandista
alza el látigo y azota
verdades apenas relampagueantes.

Los antepasados sintieron el mal y el bien
aún húmedos en verdes envoltorios
y cada uno
confió al otro el mensaje
creación, amor, violencia
resistencia —
recomencemos de donde en el pinar los antepasados
descubrieron blandas huellas
de liebres y de pájaros
y cada uno
confió al otro la historia
de su origen.


ANTIGUO ALFARERO

Mi hijo tiene ojos grandes de pueblos
y en las manos las semillas de las cosas
huelen a mares y suaves vientos
mientras habla de siglos por venir
en ánforas de antiguo alfarero.

Yo me despierto ante esta luz nueva
con un sabor de hierbas nacidas en la boca.


PITA
(en Punta Ala)

Allá cuerpo de pita en el sol
esculpida trama de nombres
para nosotros madura vendimias
de otros regresos más vastos.
Palabras aún se niegan
sobre este mirador del tiempo,
se desliza cálido silencio
lava de orgullo por la roca.

Ángel, permanece guardián
de nuestro dulce candor,
mantén suspendida la mano
sobre la hoja, corazón mío.


CAÑA EN EL VIENTO

(a Gabriella)

Conozco el infinito estanque
donde escondías tus semillas de amor,
pero en el baño de sangre
no encuentro nombre de venganza o perdón.
Sólo una niña tiembla
caña en el viento de voces
que te adelgazan.
Permanece viva una hendidura de risa
por una pelota en la red
y el vestido turquesa colgado
de la sombrilla en agosto del 76.

MARIA PIA ARGENTIERI

Maria Pia Argentieri nació en 1935 en Roma. Entre otros libros, ha publicado: La ballerina di Lipchitz, Su abusate rovine, Così sia, La piuma del canarino y Aporia.


PRÓLOGO

1

Si coges los numerosos cabos
de cualquier hilo
e intentas contarlos
entre los dedos te quedan
deshilachados
vuelven al origen
de la madeja informe.


2

Estrecha el viento
recoge el agua
bebe el silencio.
No te preguntes
cuál el hidrógeno
dónde el oxígeno
por qué la oscuridad.


3

¡Alto! Donde comienza
esta juntura de la red
laberinto predilecto
de pensamientos
un gesto, una palabra
es la catástrofe
meteoro
que parte en dos
un cometa.


LA PLUMA DEL CANARIO

No es tuyo el alarido
cuando el viento golpea
la punta de los limones
o pliega la albahaca
entre maceta y maceta
de pronto en la noche...
no es tuyo el epitafio
para el torbellino
dilatado en aventuras
o la mano que borra
los velos del frío
entre ozono y asfalto.

Tuya es la pluma del canario
filtro de la gata
que espía tras la lámpara
tu dolor.


TU NOMBRE

No conozco tu nombre
sólo este hechizo
me obliga
rigurosamente
a este vagar perpetuo
en una misma galaxia
satélite
condenado entre las estrellas.


NIDO DE AVISPAS

Las flores, el mar
infinito indiferente,
nadie que te siga
ni siquiera el viento
en el petrificado verano,
sino nido de avispas
espectro de intrusión
semejante al tuyo
desde desconocidos planetas
plomo
de un día polar.


PARA NOSOTROS

Estábamos muy cerca
la mano inmóvil
en los cabellos aún negros
frío el aliento
en la insólita expoliación,
ofrecida
sin incienso ni mirra
quizás arena
que se desliza rápida
entre nacimiento y clepsidra.

Desaparecida Place Fûrstemberg
con los bancos verdes
las luces amarillas
entre las brumas de Dalí...
En el inútil vaivén
este estar
chorro que vuelve
a las fauces del tritón
en el circuito de las aguas.

ANNA VENTURA

Anna Ventura nació en 1936 en Roma y reside en L'Aquila. Entre otros libros, ha publicado: Brillanti di bottiglia, La diligenza dei Santi, Aria sulla quarta corda y Le case di terra.


LOS ESPOSOS DE PIEDRA

Quizá la tortuga de Volterra
hable con los sarcófagos sumergidos
en la tierra mullida del jardín del museo.
Son siempre dos,
los esposos etruscos de ninguna belleza,
estrechos en una caja de piedra,
que no se aburren y ríen
con una sonrisa inexplicable y burlona.
El misterio etrusco no es la escritura,
ni su remota procedencia,
sino la terca tenacidad de sus matrimonios eternos.
Contra la dureza cuadrada
de estas cajas de piedra
se quiebra
y se vuelve serrín
lo rubio del oro sibarita.
Sumergido en la tierra, minúsculo,
el último sarcófago espera sobrevivir
al día del Juicio.
Tiene a los esposos comidos por el tiempo,
caídas las narices de piedra,
suspendida la sonrisa en sus bocas,
el hilo de plata de una solitaria babosa
los recorre y hacen guiños
en la sombra del matorral más escondido,
donde está el misterio del misterio,
la madriguera de la tortuga de Volterra.


LOS ESPEJOS

Del vientre de la tierra sale el espejo
etrusco,
verde, opaco, con los sutiles esgrafiados
que aún hablan de vanidades,
el mango consumido
por una mano que estuvo viva.
Absurdos, los espejos imperiales
devuelven la apacible imagen
del turista acalorado,
atónito huésped de tanto esplendor.
Es bello el pequeño espejo del saloncito,
en la garganta roja de los terciopelos, ávido
del centelleo de las gemas,
de la belleza dorada de la gente fútil.
Pero el espejo de los espejos
es el agua,
cuando refleja a las bestias
que abrevan
y la hierba que crece.
Espejo del alma es la palabra.


LOS 4 LACRIMATORIOS

Cuatro lacrimatorios
sustraídos al polvo
de antiguas excavaciones,
agrietados por el tiempo,
el más pequeño
para el recién nacido sustraído a los mimos
de su joven madre,
el más grande para el fulgor del héroe,
los dos intermedios, gemelos,
para condensar las lágrimas
de dos amantes perdidos
por senderos de arena fina
y briznas de hierba, al fondo
bastidores de montañas
que se persiguen
pero no se encuentran,
sin fin.


LA ESCUDILLA DEL SIERVO NECIO

Hay quien impulsado por el amor a los objetos
revuelve en el fondo
de los viejos pozos de las casas, donde,
en la noche de los tiempos,
se arrojaban las vasijas rotas.
Yo quiero imaginar el milagro
de encontrar una vasija casi entera,
una loza color ocre, redonda,
con dibujos marrones,
la escudilla del siervo necio,
que la arrojó, sana,
en el alféizar del pozo,
en un momento de grandeza.

ROSITA COPIOLI

Rosita Copioli nació en 1948 en Riccione y reside en Rimini. Entre otros libros, ha publicado: Splendida lumina solis y Furore delle rose.


UN CÁNDIDO ABISMO

En las más pequeñas plumas del más pequeño
pájaro, en lo sagrado del corazón y en su nido de
fuego, en el viaje intranquilo y allí donde
continúan floreciendo los Celestiales, allí donde el
deseo marchito evoca el pasado, fuera
de los ojos de la sombra, en el sol de la hora
diurna, más allá del paso de las estrellas,
más allá del azul de los dioses,
vive un soplo de
cándido abismo.


LEJOS VIVEN

Lejos de las huellas del destino, lejos
del giro oscuro de los años, en la gloria
de cantos a nosotros desconocidos un aliento
feliz, exigido por la voluptuosidad, os
genera sueños en una única sonrisa. ¿Cuál,
la parte que disteis al pueblo purpúreo
de los hombres, a su necesidad?
En la luz y en el aire perdidas
palabras, retazos de sueños, restos de
comidas, miserables y escasas, huesos
calcinados, rodar de dientes y vergüenza,
no últimos, la espuma en la cual
todo se resuelve, la lenta niebla
de la pérdida, el dolor de los años
de olvido.


TÚ, HIJA DEL AIRE


I

Oh tú hija del Éter — resplandeces entonces
desde los jardines de tu Padre, y me ofreces
en el vacío, en el triunfo
de las ausencias, en las leyes no otorgadas, en los ojos
vacíos de Mnemosine, cálices de luz.


II

Devuélveme esta cuenta de los años, restitúyeme,
y resplandece desde los jardines del Padre,
los actos desmesurados que habría querido
ofréceme otro corazón.


III

En las riberas de mis años, hija
del Éter segura,
tú que no cabalgas tempestades, sobre
prados radiantes en cambio ciñes coronas,
tú dame el agua no contaminada.


IV

Desde las Horas más puras, recuerda
desde los cálices de sombra, arrójame tu
rocío, viérteme tus ojos, señala
el rostro que te miró tendido, creyendo
en el azul.


V

Viérteme, hija del Éter, el jugo más
oscuro, el fluido cristalino, el humor
que rápido desciende de los picos y
se disuelve tras de ti, para anunciar
tu voz.

ANTONELLA LA MONICA

Antonella La Monica nació en Santa Caterina Villarmosa en 1952. Entre otros libros, ha publicado: Pelle di luna y L’ocra del salice.


ALAS

Perfuma el silencio
el aire esta mañana.

Un halcón peregrino
le roba al sol
su luz.
Alas desplegadas
doran
espacios.


EL ALBA

Manos
azules
de cielo
apartan
suspendidos
velos
de noches.

La luz
cosquillea
nubes
embriagadas
del alba
naciente.


ALBORADA

Somnoliento buey
rumia algarroba.
Suspendido halcón
inmóvil espera.
Amapolas
abren corolas.

Un laguito
recoge el cielo,
álamos se sumergen.
Y yo con ellos.


PRADOS DE ABRIL

Hierba de sol
— los prados de abril
piel de luna —
el plateado grano
ondulando con los suspiros
del libre viento.


ENCUENTRO

Perlas
negras
de
largo
collar
sobre los
rayos
del
sol
las
golondrinas
llamadas
al
encuentro.

DANIELA LUCATTI

Daniela Lucatti nació en 1953 en Pisa. Entre otros libros, ha publicado: Percorrendo i sentieri del silenzio y Statua del gesto.


1

¿Vinieron luego las nieblas

al fin?
sílabas disueltas dentro de humores
pequeñas y grandes fuentes
agua de nuevo
y viento

y tú
de trashumaciones
transposición mínima


2

Se abren en el viento
las palabras
anclas de papel

polvo
cuerdas y ladridos
emblemas de pausas
¿en ese contexto
tañes
entonces las voces de la tarde?

QUIZÁ

yo dentro de mí

aúllo ahora yo

y no se oyen campanas
de otros campanarios


3

Ser al fin
una cosa que pasa
algo que rueda despacio y
deslizándose se engrosa
de tierra de restos
despojos de vida
el peso que vence al viento
ligerezas clavadas
y la lluvia caída que baña las
alas de una carrera ya cansada

más abajo del cielo
persiguen gusanos
leones sin selva


4

Haber
sido
una vez
sendero
la torre del heno
que abría
alturas en el viento
y serpientes de cascabeles
en danzas refugio de piedra

luego insidias de tierra
agonía de raíces


5

¿En los confines el regreso
de probables ausencias
las puertas traspuestas
del este
estucos de huellas
interferencias rojas?


LATITUDES

los trozos desprendidos de ayer
dilataciones

Selección, traducción y notas de Carlos Vitale

5 Comentarios:

salvador moreno valencia dijo...

Mis felicitaciones por esa labor tan grande que llevas a cabo Carlos, y por las traducciones, y una muy merecida compensación a esas poetas italianas.
un abrazo

Beatriz Perez dijo...

Me encantaron Lucati, Argentieri y Ventura... pero, como en otra ocasíón comenté, he encontrado a faltar los versos en italiano para poder escuchar el ritmo y el sonido del lenguaje original.

De todas formas, un trabajo metódico, original y visibilizador de las mujeres poetas italianas.

Un abrazo,

Beatriz Pérez

Anónimo dijo...

Hermosos poemas de poetas italianos gracias al profesor Vitale, tuvimos acceso a su lectura muy agradecida Mirta

doble visión dijo...

Gracias por la info y las traducciones, pero me gustaria saber si hay un lugar donde leer estas autoras en la lengua original... :D

Giac Giac dijo...

Efectivamente, concuerdo con Beatriz Pérez, habría que publicar los escritos originales para ir más allá en la intención de las escritoras y corroborar al mismo tiempo la traducción que se hace de los poemas.