CUANDO LA PALABRA VUELA ...

viernes, diciembre 21, 2007


CUANDO LA PALABRA VUELA MUCHO MÁS LEJOS
DE LAS CEJAS Y SE AGOLPA EN LA SIEN,
ES NECESARIA UNA SIESTA SOBRE UN CAMPO
SEMBRADO DE OREJAS.


Yo no soy poeta full-time. Soy poeta de autobús,
caza-porterías donde la poesía duerme la última
borrachera antes de despertar a Dios.
Marian Ramentol.



I

El alma pederasta de este cielo
usa bolitas de alcanfor entre las nalgas.
Frota su hinchado estómago
contra las rechonchas caras que hacen de las catedrales
el lugar idóneo para esconder los hematomas de los años.

II
Los errores se sirven con dos de azúcar
en las pupilas de los santos.
Hace tiempo que descubrí que mi Dios no tiene orejas.


III
El infierno pasa sus vacaciones en el interior de las campanas.
Lo descubrí el último verano
cuando pusieron a mi nombre
las escrituras de una preciosa parcela
en la rivera del cielo,
por llorar la muerte
de un cuervo crucificado.


IV
Y quiero ser testigo de cómo el horizonte
desagua ácido sobre las sílabas
de un idioma tan antiguo, tan silencio,
que siempre se acuerda de nombrarnos.
Es amable a pesar de su dislexia.


V
Al fin y al cabo,
será trabajo del forense descubrir las marcas
que identifican al sol como un asesino en potencia.
Sé que el cortejo fúnebre venderá
pedacitos de mi muerte en cucuruchos de colores.


VI
Lo que aun queda de mi está muy cansado.

He contado uno a uno los agujeros de mi esófago
y el aire fugitivo repite siempre la misma letanía:
“No hay camisas de fuerza disponibles”.
Y por más que me empeñe,
la lista de espera sigue sin visitar al dietista.


VII
Nunca podré redimir los huesos
que nacieron con esta lengua tan hereje.

VII
Tan sólo me queda un minuto para seguir muriendo
antes de que el despertador derrote a mi suerte.


VIII
Me llaman loca desde que mi sudor es amante
de las balas que fornican a diario
con el aliento esperpéntico de Dios.


IX
Me pediste cuencos para recolectar la mies
y te ofrecí la imponente vacuidad de una calavera.

Ni siquiera te fijaste que, además, sonreía.

Imágenes obtenidas de "El Defecito".

Marian Ramentol.

2 Comentarios:

Anónimo dijo...

Dios... debés ser buena persona, pero ¿la náusea? ¿no será mucho? Por lo demás pensé que la palabra, cuando "vuela mucho más lejos", en vez de echarse a dormir se encarnaba, se hacía praxis, se volvía hacia los demás con la prepotencia del trabajo, como decía un señor abyecto. En fin, suerte y seguí leyendo mucho. Cristian.

Cesc Fortuny i Fabré dijo...

Por regla general, en LA NAUSEA, solemos eliminar todo comentario que no se ajuste a nuestra arbitraria y personal politica de conducta. Es decir, que aquello que consideramos ofensivo, agresivo, insultante o no vinculante con los artículos o con los colaboradores, lo eliminamos sin más. No pretendemos sentar cátedra, es una decisión unilateral y muy subjetiva.
En el caso de este comentario hemos hecho una excepción.
Y es que hay cosas, que resultan agresivas, ofensivas e insultantes, se las mire por donde se las mire.
Este anónimo de arriba, haría bien en identificarse si persiste en dar lecciones y en darlas con ese tono.
Como no sabemos si es macho o hembra, o a que club de golf pertenece hemos decidido llamarle Cristian, pues así ha firmado su comentario.
Llama especialmente la atención, la forma de empezar; "Dios... debés ser buena persona, pero ¿la náusea? ¿no será mucho?" hemos de suponer que el señor Cristian se cree con derecho a cuestionar si aquí somos o no buenas personas. En el comentario, también se observa una objeción al nombre de la revista, parece que tampoco le gusta. Con la pregunta "¿no será mucho?" hemos de entender que lo considera artificioso y excesivamente pretencioso. No contento con cuestionar la integridad moral de las personas que de forma altruista intervienen en este espacio, y denostar un nombre que etiqueta con exactitud la sensación que desprende su comentario, decide arremeter con el contenido del poema. Al señor Cristian, no le gusta que "la palabra, cuando vuela mucho más lejos" se eche a dormir, y decide contarnos como cree, en su infinita sabiduría, que debería tratar. Parece que al señor Cristian, "cuando la palabra vuela mucho más lejos" en vez de que se eche a dormir, prefiere que se encarne y se haga praxis, y nos aclara que desea que se vuelva hacia los demás con la prepotencia del trabajo. Nos queda claro.
Genial nos parece lo del señor abyecto, que resulta mucho mejor que rubricar sus palabras, citando a algún poeta famoso, o reproduciendo alguna cita de un personaje conocido. Esas citas dan prestigio, pero el señor Cristian es todo un intelectual y no necesita apoyarse en gente demasiado ponderada. En su lugar, nos muestra la figura de un señor abyecto. Bravo!
Pero lo que más nos ha parecido fuera de lugar, ha sido el comentario final, el que le sirve de despedida "En fin, suerte y seguí leyendo mucho."
Hemos de apreciar, que al decir suerte, nos comunica que a pesar de su desprecio, contamos con su simpatía, ¡Gracias! y con su consejo, nos insta a que continuemos con nuestra formación, ya que en realidad considera que nuestros errores, son fruto de la ignorancia.
En fin señor Cristian, como webmaster de la revista, sólo me queda decirle un par de cosillas:
Este es un sitio serio, donde personas serias colaboran a cambio de nada (de nada material, claro) en realidad colaboran a cambio de la satisfacción de compartir inquietudes, aficiones y conocimientos. Enseñamos y aprendemos, pero de forma responsable y seria. No se si usted será aquello que en Internet se llama una ameba, es decir, alguien que se dedica a dejar comentarios de forma descontrolada y arbitraria, pero sin ningún contenido ni intención clara. A mí me da que sí, que es usted uno de esos.
Lo siento por usted, pero no vuelva. Esas actitudes aquí, no son bien vistas. Queremos gente honrada, sincera, y sobretodo humilde, gente que se comprometa y sobretodo que de la cara. Las opiniones no importan, pero la manera de darlas, sí.
Le haremos caso, y seguiremos leyendo mucho, pero no serán sus inoportunos y pueriles comentarios. ¿Va usted de intelectual?, lo malo es que para ir de intelectual, hay que serlo, sobretodo si comenta usted en un sitio donde de intelectuales hay unos cuantos.
Para evitar excitar la vergüenza ajena y con tal de no insultar nuestras inteligencias, desaparezca y no vuelva.

Cesc Fortuny i Fabré

P.S.: Por cierto, aquí leemos mucho, bastante más que usted, a tenor de como se expresa.