CORCHEAS Emilio Paolo Taormina, Traducción de Carlos Vitale

viernes, diciembre 19, 2008

Nuestro colaborador Carlos Vitale, escritor, poeta y traductor de numerosos autores italianos y catalanes, nos presenta a Emilio Paolo Taormina y su obra Corcheas.





Breve introducción del autor. Biografía.

Emilio Paolo Taormina nació en Palermo (Italia) en 1938.
Ha publicado libros de poesía y prosa: Il fonografo a colori - Deserti (1973), La stanza sul canale (1974, 1986²), Da capo (1985), Il giardino dell'elleboro (1986), Luoghi/Lugares (traducción al español de Carlos Vitale, 1988), Un fuoco d'artificio (1988), Elvira des Palmes (1991), Isole d'esilio (1992), La pioggia d'agosto (1993), Amoroso cantabile (1993), Madrigale d'inverno (1994), Passeggiata notturna (1994), Il rumore dipinto/Das gemalte Geräusch (traducción al alemán de Renato Vecellio, 1996), Colibrì/Kolibri (traducción al alemán de Renato Vecellio, 1997), Il dente dello zingaro/Der Zahn des Zigeuners (traducción al alemán de Angelika Moser, 1997), Arcipelago (1998), Il giusto peso dell'anima (1999), Il colore del vento /Die Farbe des Windes (traducción al alemán de Renato Vecellio, 2000), Handle with care (2000), Handle with care (traducción al alemán de Renato Vecellio, 2000), La campana d'oro/Die Glocke aus Gold (traducción al alemán de Manfreda Bendrien, 2001), Handle with care (traducción al español de Carlos Vitale, 2001), Il collezionista di lune/Der Mondesammler (traducción al alemán de Renato Vecellio, 2001), Archipiélago (traducción al español de Carlos Vitale, 2002), Crome (2002), Crome/Achtelnoten (traducción al alemán de Manfreda Bendrien, 2002), Crome/Croches (traducción al francés de Lila Widmer, 2003), La luna calva/Der glatzenkahle Mond (traducción al alemán de Manfreda Bendrien, 2003), Prima che parta il treno/Avant que le train ne parte (traducción al francés de Jean-Gaspard Pálenícek, 2003), La nuvola di miele/Die Honigwolke, traducción al alemán de Manfreda Bendrien y Renato Vecellio, 2003), Crome/Quavers, (traducción al inglés de Verónica Castagnini, 2004), Dopo la risacca/Après le ressac (traducción al francés de Lila Widmer, 2005), Il colore del vento (2007), Magnolie (2008), Nidi (2008) e Il colore del vento/El color del viento (traducción al español de Carlos Vitale, 2008).

CORCHEAS

Emilio Paolo Taormina

Traducción de Carlos Vitale




Tú que estás con los pies hundidos en las hojas - no pienses que eres un árbol.

Son fríos los viejos veranos; conservan un silbato de tren atrapado entre las ramas, un poco de arena en las sandalias.

El sol impertinente. El guapo soldado sentado en el banco del parque. - No le mientas a la estatua que tienes dentro, lo recuerda todo.

Quién podrá negar que nuestra nave era la más hermosa y la carga asegurada hasta el puerto más lejano. A veces la arena de las playas deslumbra como el oro.

Nubes grises como ratones aferradas a la ladera de las colinas.

Atardecer. Una cresta de gallo por bandera. Conversaciones sin pies ni cabeza. La hora colgada del péndulo.

El viejo marinero, como sal marina, se ha adormecido sobre la roca de la escollera; la noche no oye el grito de la sirena.

Ahora que la casa se ha incendiado, podemos decirnos que no nos amamos.

Llegado a la cima, en el infinito he vislumbrado la soledad.

El perro tumbado bajo la mesa del guardián. La sombra de la tarde. Silencio. La turista rubia sentada en el capitel. La brisa pone en los labios de la estatua un aroma de ciruelas silvestres.

En los enormes ojos del viento muchas ganas de charlar.

En el callejón, la luna - y el tiempo asomado a los balcones.

Escucha en el viento. Los limones se han puesto en las orejas campanillas de oro. Llena de la cuba de la luna una jarra de mosto.

No le regales la orquídea. No ve. Está encerrada en el espejo.

Las nubes negras como una manada de lobos en las colinas. ¡No se decide a llover!... Es extraño cómo al coger en la mano la carta de un desconocido sientes que lo conoces de toda la vida.

No se lo pediré a la ecuación de tus brazaletes, ni a la geografía de tus miradas - te buscaré al noroeste de las brumas de tu aliento.

Ha volado de mis labios el ruiseñor que canta en tu balcón.

Yo era luz de luna para verte desnuda.

El beso dejó en mis labios un campo de violetas y las notas de una canción.

Mira cómo se deslizan los renacuajos en el canto...

Desnudos. Bajo la lluvia. Nadie los vio antes de que subieran al pedestal.

El día de la vendimia tu racimo con millones de racimos acabará convirtiéndose en mosto. Nadie se tambaleará borracho por el sorbo de tu vino.

Brisa. Hojas de sol. Danza. Sombra. Las pestañas de tus ojos en torno a mi corazón.

Todos se han ido. La plaza está vacía. Pañuelos de papel, latas de cerveza abarquilladas bajo la luz de las farolas. La palabra, caída del bolsillo de la última canción, babea como un caracol.

No encierres las palabras en el silencio. Siempre encuentran la ventana para saltar.

Muda, secreta, eres la otra. Escóndeme en tus acentos.

El atardecer azul. La música. El frufrú de las faldas. Las palabras de amor en el fondo de los bolsillos, apretadas como piedras en las manos.

Tus ojos -hierba ondulante, arroyuelos; horizontes donde se reúnen bosques y nubes- niebla donde se pierden las ganas de huir.

Si no me encuentras, búscame entre las líneas.

El viento tiene en la barriga el aroma cálido de los nidos de lagartija. La estrella expande rayos silenciosos como el eco de una vieja canción.

Quisiera que toda mi alma entrara en tu dedo y mi cuerpo fuese el anillo que lo estrecha.

El día era grande como un animal prehistórico, devoraba en el heno ondulante insectos de oro y cigarras; una vela henchida de zumbidos avanzaba como un bajel de una antigua batalla.

El amor es transparente; nadie lo ve caminar por las calles, entrar y salir por las puertas; es como los bolsillos de los pantalones - sólo recuerdas que los tienes cuando debes coger algo.

El sereno atravesó la plaza con pasos lentos, luego las palmeras y las estatuas comenzaron a respirar. En torno a los muchachos abrazados, como si el mundo hubiera salido de escena, las cigarras empezaron a cepillar el escenario. El espacio se llenó de virutas sonoras.

La sal verde de tus ojos arde en mis labios como la ortiga gélida del alba.

Las mentiras a menudo olvidan las llaves de casa.

Las gallinas picoteaban entre los guijarros del corral. Las ramas de la higuera, desde la tapia, ofrecían en una mano los frutos partidos por el sol. Un grito agudo cortaba el cenit. La mujer vestida de negro atravesaba el barbecho como si fuera un océano. La poesía, tierra o mar, embalsama el tiempo en un pergamino.

Oye qué bien cantan los peces rojos en el estanque. El violín ha echado raíces sobre el cuello del silencio.

Has mentido tan bien que has dicho la verdad.

Por la casa abandonada del guardagujas merodean silbatos de trenes como fantasmas.

Los ladrones han olvidado llevarse la luna de oro de la ventana.

No pienses que el mar se encamina desde el fondo del horizonte para venir a besar tus pies.

Deja alguna astilla de tus ojos en los míos - como semillas que germinan en todas las estaciones.

La lejanía es arenisca que en su corazón conserva el rumor de un mar. Tu ausencia se hincha como luz lunar, gotea lentamente, me excava el pecho.

La manta de los sueños no cubre los pies.

Con la arena de la clepsidra haré un lago, con los instantes pitas, con los minutos palmeras, con las horas una isla, con la espera cadenas para tu prisión.

Mis manos te recuerdan.

La poesía tiene el cabello blanco y los ojos de un niño.

De tus labios he recogido un vino tinto que bebo en los momentos de nostalgia.

Es de idiotas besar tus cartas - pero en tu ausencia es como besar tus manos.

Déjate desvestir por las manos del viento como el almendro florido.

Sombrillas. Un mordisco de mar entre las casas. En el pulso me late el ritmo triste de la separación antes del encuentro.

Todo a medida; hasta la propina del barbero y el ataúd para el muerto.

Las nubes anudan lazos en las colinas. Las bayas de los pinos crujen incienso. Los olivos inmóviles -como solteronas- esperan que el viento inicie las danzas.

Cuando los párpados comienzan a cerrarse como cansados de viajar, se parten los huevos de las estrellas -aparecen los murciélagos... con vuelos sesgados entran en los sueños.

El cuaderno, el bolígrafo, el árbol de olivo, los gorriones. Era demasiado estrecha la puerta para meter el contrabajo, el piano y el universo.

1 Comentarios:

Beatriz Pérez dijo...

Extraordinario. Bello recorrido por espacios naturales y emocionales.

Me hubiera gustado también poderlo comparar con el ritmo en el idioma original.

Un abrazo,

Beatriz Pérez