LA NAUSEA ESTUVO PRESENTE. DESCORTESÍA DEL SUICIDA DE CARLOS VITALE

viernes, enero 09, 2009

La dirección de La Nausea, junto con uno de sus colaboradores habituales, Beatriz Pérez, acompañamos a Carlos Vitale, también colaborador de la revista, en la presentación en Barcelona de Descortesía del Suicida, su último libro.


Deseamos invitar a todos nuestros lectores, a echar un vistazo retrospectivo tanto al autor, como a la obra, como al evento en sí mismo.

Bienvenidos, pasen y vean….


CARLOS VITALE
Descortesía del suicida


EL AUTOR

Carlos Vitale nació en 1953 en Buenos Aires, en el seno de una familia italiana. Desde 1981 reside en Barcelona, donde completó sus estudios de Filología hispánica con los de Filología italiana.

Poeta riguroso y exquisito, ha publicado Códigos (1981), Noción de realidad (1987), Confabulaciones (Premio de Poesía Ciudad de Zaragoza, 1992) y Autorretratos / Autoritratti (Premio de Poesía Venafro, prólogo de Gerardo Vacana, traducción de Teresa Albasini Legaz, 2001), todos ellos recogidos en Unidad de lugar 1981–1998 (Candaya 2005).

Es autor, asimismo, de Selección poética / Selected Poems (traducción de Verónica Miranda, 1998), Vistas al mar (2000) y Fuera de casa (2004).

Ha sido incluido en diferentes antologías, la más reciente Por vivir aquí. Antología de poetas catalanes en castellano (1980–2003), edición de Manuel Rico, prólogo de Manuel Vázquez Montalbán, Bartleby Editores, Madrid 2003.

Prestigioso traductor, ha introducido entre los hablantes de lengua castellana numerosos libros de poetas italianos y catalanes: Dino Campana, Pietro Civitareale, Giuseppe Napolitano, Emilio Paolo Taormina, Eugenio Montale, Giuseppe Ungaretti, Nicola Napolitano, Sergio Corazzini, Andrea Zanzotto, Rita Baldassarri, Gerardo Vacana, Umberto Saba, Sandro Penna, Amerigo Iannacone, Andrea Rompianesi, Francesco De Napoli, Antoni Clapés, Jesús Aumatell, Josep–Ramon Bach y Joan Brossa.

Su labor como traductor ha sido reconocida con numerosos premios internacionales, como el “Ultimo Novecento” (1986) por su versión al castellano de Cantos órficos de Dino Campana, del que posteriormente tradujo su obra completa; el Premio de Traducción del Ministerio Italiano de Relaciones Exteriores, 2003, por su traducción de El cáliz amargo de Sergio Corazzini, el Premio “Val di Comino” (2004), por su traducción de Casa y campo y Trieste y una mujer, de Umberto Saba, y en 2006, el pretisgiosísimo Premio de Traducción Ángel Crespo, por la traducció de Las ocasiones de Eugenio Montale. .

Pero la incansable contribución de Carlos Vitale a la difusión de la obra de poetas contemporáneos de las dos orillas, no se limita a sus traducciones. Hay que destacar además sus antologías críticas (entre otras, la del argentino Jacobo Fijman en Molino rojo y otros poemas, Plaza y Janés 2000) y su labor editorial al frente de las colecciones de poesía “Don de lenguas” “Viceversa”, “Poemas al paso”, “Mano de obra”, “Ciclos”, “Peccata minuta” o de la publicación digital de poesía italiana actual Porta d'Italia / Puerta de Italia (www.eldigoras.com).

LA OBRA: DESCORTESÍA DEL SUCIDA

La primera versión de Descortesía del suicida (1997) recibió el Premio de Narrativa Breve Villa de Chiva. Esta edición de Candaya, que incorpora 24 nuevos textos, recoge la narrativa de Carlos Vitale hasta la actualidad.

En Descortesía del suicida se alternan diferentes formatos todos ellos muy afines a la exquisita poética de Carlos Vitale, que siempre se inclina por la intensidad y la concentración expresiva y que tanto sorprende por su capacidad para extraer y filtrar lo esencial de la experiencia vivida o de las escenas que observa.

Las 99 minificciones de Descortesía del suicida sitúan a Carlos Vitale en la fértil tradición latinoamericana del relato hiperbreve en la que destacan maestros del género, como –por citar sólo a los más consagrados– Jorge Luis Borges, Adolfo Bioy Casares, Julio Cortázar, Juan José Arreola o Augusto Monterroso, y que fuera del mundo de habla hispana ha tenido cultivadores de la talla de Robert Walser, Franz Kafka o Thomas Bernhard.

ALGUNOS COMENTARIOS SOBRE DESCORTESÍA DEL SUICIDA:

En estas invenciones brevísimas de Carlos Vitale abunda el texto de una línea, pero también podemos encontrar un cuento de dos páginas, como demostración de la naturalidad con que, en el universo de los relatos menudos, conviven sin estridencia los diferentes volúmenes.

Creo que en el conjunto se alterna la sustancia narrativa con la reflexiva, los pequeños relatos y los chispazos aforísticos, como si el libro hubiese ido creciendo a lo largo del tiempo al hilo de la contemplación que el autor viene haciendo de lo que lo rodea. Esa contemplación está marcada por la ironía, un humor que no puedo calificar sino de instantáneo, que suele ser la energía misma del género, y que hace resaltar la extrañeza de las cosas: pero la iluminación del absurdo es seguramente el mejor destino de la literatura.

En estos textos de Carlos Vitale el suicida descortés, el náufrago que flota sobre una puerta, los nadadores que se entrenan para una travesía sin destino, la amistad basada en el mutuo desconocimiento, el entusiasta espectáculo callejero que a nadie interesa, el reductor de cabezas por sugestión, el hombre al que no le atrae contemplar lo que no puede captar con su cámara, el teléfono que solo suena cuando no estamos, el soñador para quien sueño y vida se entrelazan, el sabio de conocimientos desintegrados, la vigilancia constante de un espacio que creemos propio y que resulta ajeno… reflejan, o simbolizan, esa realidad sin sentido que solo ciertas rutinas laborales y comerciales se empeñan en ofrecernos como racionalmente ordenada.

En tal sentido, acaso “El tiempo detenido” sea uno de los textos más significativos del conjunto: ese reloj público, parado en una hora, que para el observador “a veces es demasiado temprano y a veces demasiado tarde”.

Del prólogo de José María Merino


Historias en la línea de Augusto Monterroso, por lo menos en cuanto a extensión y por su capacidad de trasladar al lector la continuación o reflexión sobre lo narrado. Sorprende, sobre todo, el espíritu del que están dotados estos relatos, el sentido que rigen estos episodios cargados de una mirada filosófica, de comprensión o testimonio de la existencia en su estado más ingenuo y con contundente al punto que, en ocasiones, Vitale convierte sus relatos en aforismos o en cuentos aforísticos. Y luego viene lo mejor, el hilo que une a estos relatos y los convierte en uno solo: el humor, el resquicio socarrón e inteligente por donde observa el autor la vida y la forma como obliga al lector a hacer lo mismo.

Winston Manrique (El País, “Babelia”)


Los relatos de Carlos Vitale aparecen impregnados de un punzante espíritu crítico, que practica la sátira y el humor negro. Vitale refuerza la deriva irónica del relato hiperbreve con su prosa limpia y corrosiva. En “Es curioso” nos dice: “Curiosamente todo imbécil tiene alguien que lo ama que, curiosamente, no siempre es imbécil”. Lo lírico recorre también las páginas de este libro delicioso porque los límites entre los géneros están, desde Baudelaire, saludablemente difuminados. El relato “Solo de sombra” –que es un endecasílabo– dice así: “La sombra de un pájaro, sin pájaro”
Eduardo Moga (Lateral).

PRESENTACIÓN EN BARCELONA
El evento se celebró el pasado 16 de octubre en la Librería Alibrí de Barcelona, donde la presentación corrió a cargo de Jorge Larrosa (Filósofo y Profesor de la UB) y Diómedes Cordero (Profesor de literatura de la Universidad de los Andes).
Os ofrecemos aquí las seis pistas que Diómedes Cordero nos sugiere para leer Descortesía del suicida.

PEQUEÑAS PISTAS PARA LEER DESCORTESÍA DEL SUICIDA

Diómedes Cordero


Pista uno De entrada, la apuesta de la Editorial Candaya por Descortesía del suicida como su octavo libro de narrativa publicado, coloca los noventa y nueve textos breves de Vitale en el género del relato. Veintinueve de una sola línea, veintitrés de dos, diez de tres, seis de cuatro, siete de cinco, cinco de seis, tres de siete, dos de ocho, cuatro de nueve, dos de diez, uno de once, dos de doce, tres de catorce y dos de dos páginas, así parece confirmarlo el tamaño de los textos. Pero como dice José María Merino en el prólogo, la brevedad textual cobija el género bajo muchas denominaciones: microrrelato, minificción, hiperbreve, ultracorto, textículo, cuántico; variedad de género que en el caso de Descortesía del suicida alternaría su naturaleza narrativa con la reflexiva, con los pequeños relatos y los chispazos aforísticos.

Pista dos David Lagmanovich, el reconocido teórico del microrrelato, le atribuye tres características básicas al género: la brevedad, la narratividad y la ficcionalidad. Considera que los textos que no cumplan con estos tres rasgos se colocan en otras categorías: el aforismo, la máxima, la anécdota, el chiste, el micropoema, la noticia periodística, etc. Sin negar la necesaria flexibilidad del género para aceptar por parte de los escritores la libertad de experimentación, los desvíos y las transgresiones, sostiene que sí es posible delimitar el territorio de los textos breves: de un lado los microrrelatos y del otro, la serie aludida de las otras convenciones microtextuales.


Pista tres Lo breve es consustancial a la escritura narrativa de Vitale, como a su poesía. Materia de la brevedad que en el caso de los noventa y nueve textos de Descortesía del suicida Vitale ficcionaliza mediante el recurso paratextual de los títulos. Como sabemos, desde Gerard Genette, el título es el primer umbral de la obra: paratexto editorial que Candaya usa en la colocación del libro en su colección de narrativa, y autorial, en el uso que Vitale hace de los títulos en los textos de Descortesía del suicida. Por un lado, en la función aproximadora al lector, y por el otro, el más importante, en la función ficcionalizadora, propia de las obras literarias, al conducir al lector desde el mundo real contenido en el horizonte de sus títulos hasta el mundo ficticio evocado, sugerido en el interior de los textos. De ahí la condición, que tienen los textos de Vitale, de pequeñas células radiactivas de sentido que se quedan rebotando en la memoria del lector y que reaparecen constantemente "como un sistema de señales que se prende ante ciertos estímulos provenientes de adentro y de afuera", como lo dijera magníficamente Nelson Rivera en su reseña en El Nacional de Caracas.

Pista cuatro De la complejidad de la narratividad en los textos de Descortesía del suicida. Al uso, la narratividad contempla la progresión del relato. No hay microrrelato si no se cuenta algo, afirma tajante Lagmanovich. La narratividad de Vitale, en sus textos de dos o más líneas, se sostiene y expresa en el pensamiento analógico, en la relación de dos o más series de acontecimientos, que al encontrarse producen el efecto de sentido designado y connotado en el respectivo título, según el modelo lógico del relato, a decir de Ricardo Piglia y su teoría de la dos historias del cuento.
Así, los microrrelatos de Vitale, aunque parecen algunos recordar al Cortázar de Historias de cronopios y de famas, se diferencian de éste en el uso de su lógica del sentido, distinta a la paralógica cortazariana. En Vitale el sentido literario del texto irrumpe del dispositivo textual de las series narrativas y no de una visión otra del mundo. Por eso, sus microrrelatos de dos o más líneas desprenden una visión irónica, reflexiva, del mundo ordinario. Mundo ordinario transfigurado por Vitale en su visión risueña, despojada de presunciones y vanidades y colmada de levedad y humor con que mira y observa los hechos objetivos de lo real.


Pista cinco Los veintinueve textos de una sola línea de Descortesía del suicida son los más complejos tanto por su naturaleza de género y por el mayor alcance poético de su sentido. Cercanos al aforismo por su concisión expresiva y condensación estética, los brevísimos textos de Vitale parecen diferenciarse del destello de sabiduría memorable que caracteriza la escritura aforística, por el citado recurso de la función ficcionalizadora de sus títulos y, en consecuencia, por la resonancia del sentido que, latente en el texto y posterior a la lectura, queda viva en la mente y en la memoria del lector, abierto a la pluralidad interpretativa del mundo. El efecto de sentido de los textos de una sola línea de Vitale los relaciona entonces unos con otros, no los niega entre sí ni los anula entre ellos, en un extraño fenómeno de correspondencias poéticas, generando un relato, una trama sobre el mundo, que según el mismísimo Vitale tiene un Final de trayecto: “De la periferia de las ciudades a la periferia de la vida", que ilustra el tránsito del viaje narrativo y vital del narrador perplejo y compasivo, risueño e irónico, leve y moderno de Descortesía del suicida.

Pista seis y última Quiero pensar con Marcelo Cohen que "el relato literario, si encuentra su método, dura: da perspectiva, inquieta, se deja relacionar con otros relatos, reevaluar o rebatir.
La literatura es virtual, latente; luego intempestiva". Quiero pensar que el método Vitale del microrrelato en Descortesía del suicida nos cuenta la deslumbrante incertidumbre y el afilado desasosiego con los que su narrador acota, interviene, fija, recorre con sus dispositivos de brevedad, ficcionalidad y narratividad la morosa porosidad de la monótona naturalidad del mundo, para devolvérnoslo transfigurado en una constelación irónica de invenciones, conjeturas e imaginaciones infraleves: pequeñas historias que vuelven irrisoria toda pretensión de identidades sustanciales y realidades inmodificables. Descortesía del suicida, noventa y nueve breves textos, la vastedad del mundo.


Por nuestra parte tan sólo añadir lo que ya apuntamos en su momento, el humor llano a veces, el sarcasmo inteligente y sutil, el toque irónico y abofeteante de los poemas y textos de Vitale, el juego íntegro entre título como tarjeta de visita y texto (como sucede por ejemplo en “Borrador”, en el que la interacción entre título y poema es casi como el guión del monólogo más corto del mundo), y la belleza extraordinaria de las imágenes hacen de este viaje una experiencia infinita que os recomendamos a todos, vivamente.

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