SUPERNIETZSCHE

viernes, abril 03, 2009

Ricardo Desola Mediavilla

Licenciado en Filosofía por la Universidad de Barcelona.

Obra Publicada:
  • Causas Perdidas (1º Premio Águila de Poesía de Aguilar de Campoo, 2005)
  • Geoda (Seleccionada Certámen Ciudad de Zaragoza 2007)
  • Versos Diversos (antología), Ed. Atenas 2007.
  • Experimento poético (antología), Educarte, 2007.
  • Sabadell Nord, Ca n'Oriach, Can deu, Can puiggener…, (estudio sobre la historia de las migraciones en la zona norte de Sabadell), Museu d'Història de Sabadell, 2008.




Otros premios:

  • Hermanos Caba 2008, por Concretamente tú.
  • Asociación literaria Verbo Azul, 2008, por El animal que nombra.
  • 2º premio Amanecer de la Casa de Andalucía en Barcelona 2008 por Yo te imagino.
  • Accesit Premio Luys Santamarina 2006.

SUPERNIETZSCHE

Podría pensarse que el giro artístico de la estética se completa con Hegel, ya que en su obra se defiende abiertamente la superioridad de lo bello artístico respecto a lo bello natural. Sin embargo, siguiendo el hilo argumental mediante el cual vinculamos el nacimiento y desarrollo de la ciencia empírica con el declive de la metafísica y sus repercusiones filosóficas, la estética hegeliana resulta sospechosa en su abandono de la belleza natural, como si se librara, por decirlo así, de un peso muerto para poder seguir avanzando.
El giro artístico de la estética culmina en la obra de Nietzsche, hasta tal punto que filosofía y arte llegan a confundirse. Cierto es que el pensamiento de Nietzsche tiene múltiples interpretaciones (de hecho, es tan rico y variado que puede tener tantas interpretaciones como lectores, lo cual viene a reforzar nuestra argumentación según la cual la obra nietzscheana es tan filosófica como literaria). Aparentemente, la figura de Nietzsche se opone radicalmente a la figura de Kant. Aunque, como hemos afirmado anteriormente, en la obra kantiana la forma es fundamental, ya que viste a la filosofía con un ropaje serio y académico, y desde este punto de vista, podría ser considerada como esencialmente estética, lo cierto es que el estilo literario de Kant deja mucho que desear. El talento poético de Nietzsche resulta, por el contrario, evidente en cada una de sus páginas. Es curioso que el estilo y el vocabulario nietzscheano se aparten conscientemente y en la medida de lo posible de la farragosa terminología filosófica que Kant puso de moda. Aunque Nietzsche parezca, a primera vista, la antítesis de un filósofo como Kant, lo cierto es que en su obra la influencia kantiana se halla siempre presente, así como la influencia del idealismo y la de Shopenhauer. El pensamiento de Nietzsche nace en un momento en el cual el mundo físico ya no existe para la filosofía, y el sujeto de Fitche, o la Voluntad de Shopenhauer pueden campar a sus anchas sin que los enojosos y persistentes objetos de la realidad les incomoden en lo más mínimo. Así, la Voluntad de Poder de Nietzsche se abre paso, con su estilo descarado y retador, hasta las puertas del siglo XX.
Lo que la filosofía de Nietzsche pone en cuestión es nada menos que el concepto de verdad.
Qué significa el concepto de verdad es, para la filosofía, todavía un gran misterio. La ciencia empírica presupone la existencia de un mundo exterior y considera que son verdaderas aquellas representaciones que se adecúan a éste. La verdad es, desde el punto de vista de la ciencia, una representación adecuada del mundo. Pero ¿qué es la verdad para la filosofía?
Kant definía la verdad como una adecuación del pensamiento al ser, pero ¿de qué ser hablaba? ¿Del nóumeno? El nóumeno es, como sabemos, incognoscible. Según los idealistas, el sujeto constituye la realidad, pero entonces cualquier cosa que pudiera pensar el sujeto sería verdad inmediatamente, o la verdad no tendría más valor que las ensoñaciones del sujeto en un momento determinado. En los albores del siglo XX, no existe para la filosofía una diferencia clara entre conocimiento, verdad y sujeto.
No sabemos, por lo tanto, lo que significa la verdad para los filósofos, y eso es un grave problema, porque entonces tampoco sabemos lo que cuestiona Nietzsche cuando cuestiona la verdad. No sabemos muy bien si la verdad es un invento del sujeto o si, por el contrario, existe un mundo físico o nouménico o de cualquier otra clase susceptible de ser representado de una manera adecuada.
En su texto Sobre verdad y mentira en sentido extramoral (un corto ensayo redactado en 1873 pero que no vio la luz hasta 1903 como escrito póstumo) Nietzsche muestra ya las directrices en las que se basará toda su obra posterior. Véase el siguiente párrafo:

¿Qué es entonces la verdad? Una hueste en movimiento de metáforas, metonimias, antropomorfismos, en resumidas cuentas, una suma de relaciones humanas que han sido realzadas, extrapoladas y adornadas poética y retóricamente y que, después de un prolongado uso, un pueblo considera firmes, canónicas y vinculantes; las verdades son ilusiones de las que se ha olvidado que lo son; metáforas que se han vuelto gastadas y sin fuerza sensible, monedas que han perdido su troquelado y no son ahora ya consideradas como monedas, sino como metal.

Como ya habían señalado los empiristas, en el conocimiento mediado por los sentidos se abre un abismo insalvable, ya que la representación obtenida a partir del material suministrado por los sentidos, aunque causada por el objeto real, es distinta a él. Nietzsche señala la existencia de otros abismos abiertos entre el objeto y el sujeto que intenta conocerlo: los datos de los sentidos son ordenados por el entendimiento, de tal forma que el entendimiento re-construye la realidad a partir de la experiencia sensible, unifica objetos diversos bajo un solo concepto, acota y pone límites en la diversidad caótica del material sensible, y estructura un mundo inteligible con el fin de poder desenvolverse en él.
Según la visión nietzscheana, el pensamiento es constitutivo de la realidad o, por decirlo de otro modo, creamos la realidad al pensarla, y en este punto Nietzsche bebe directamente de las fuentes del idealismo.
Si la verdad no existe (o es inaccesible), toda forma de conocimiento será, por lo tanto, metafórica, por eso dice Nietzsche que el arte tiene más valor que la verdad. La ciencia queda de este modo reducida a simple discurso literario, sin más pretensiones de conocimiento que la poesía, la música o la pintura. Volvemos, una vez más, a la negación del mundo, y por ende, a la negación de la ciencia. Si el sujeto constituye la realidad, el concepto de verdad pierde todo su sentido. No existen sueños verdaderos y sueños falsos.
Las interpretaciones que la mayoría de los filósofos (como Heidegger) extraen del pensamiento nietzscheano van, sin embargo, en sentido contrario: no es que la filosofía pierda su sentido al carecer de una verdad, es que el arte queda revalorizado como nueva forma de acceso a ella. Dicho de otro modo: si la verdad es mentira, entonces la mentira debe de ser verdad. No queda muy claro cómo puede accederse a algo que, o bien es inaccesible, o bien no existe, y esta es una de las principales contradicciones de la estética del siglo XX, ya que el arte se postula como forma de acceso a la verdad y en cambio la verdad se concibe como un simple discurso más, como una moneda que ha perdido su troquelado. Si el arte es una forma de acceso a la verdad, y la verdad ya no tiene valor ¿qué valor tiene entonces el arte?
Es posible que los filósofos hablen de dos verdades distintas (y utilicen el concepto de verdad en dos sentidos distintos, según convenga): la verdad de la ciencia y la Verdad de la filosofía. Lo curioso de ambas verdades es que ninguna de ellas parece ser verdadera.
Nietzsche predica con el ejemplo (y eso hay que decirlo en su defensa). Y es que Nietzsche no es un filósofo que habla de arte, sino un artista que habla de filosofía. El giro estético queda, de este modo, completo.
Recordemos cómo, en tiempos de Platón, la filosofía abominaba del arte y lo despreciaba, ubicándolo en el territorio de la mentira. Han sido precisos dos mil quinientos años de desencantos metafísicos, desenmascarados finalmente por la ciencia empírica, para que la filosofía regrese al arte y llame a su puerta.

Ricard Desola

1 Comentarios:

Anónimo dijo...

"Si te arrepientes de tu pasado, te arrepientes de tu presente y futuro"