CONCLUSIONES

viernes, agosto 07, 2009

Ricardo Desola Mediavilla
Licenciado en Filosofía por la Universidad de Barcelona.

Obra Publicada:
  • Causas Perdidas (1º Premio Águila de Poesía de Aguilar de Campoo, 2005)
  • Geoda (Seleccionada Certámen Ciudad de Zaragoza 2007)
  • Versos Diversos (antología), Ed. Atenas 2007.
  • Experimento poético (antología), Educarte, 2007.
  • Sabadell Nord, Ca n'Oriach, Can deu, Can puiggener…, (estudio sobre la historia de las migraciones en la zona norte de Sabadell), Museu d'Història de Sabadell, 2008.




Otros premios:

  • Hermanos Caba 2008, por Concretamente tú.
  • Asociación literaria Verbo Azul, 2008, por El animal que nombra.
  • 2º premio Amanecer de la Casa de Andalucía en Barcelona 2008 por Yo te imagino.
  • Accesit Premio Luys Santamarina 2006.




La primera pregunta que cabe formularse después de nuestro apresurado recorrido histórico es la siguiente: ¿de qué demonios hablan los filósofos cuando hablan de arte? Porque, a primera vista, parece que siguieran hablando de si mismos.
La definición del arte en el siglo XXI (100 años después de la época de su reproductibilidad técnica) resulta hoy doblemente problemática. Hay muchas formas de arte que ya eran reproducibles en la antigüedad (la poesía gracias a la escritura, la música gracias a la notación). Pero las actuales formas de reproducción hacen posible que el arte llegue a todas partes con una facilidad absoluta: el arte llega a nuestras casas como el agua corriente o la luz eléctrica, como decía Valéry.
Por otra parte, el fenómeno artístico es tan vasto y variado que las reflexiones filosóficas sobre el arte resultan pobres, parciales e insuficientes. Parece como si la filosofía no lograra abrazar el arte en toda su extensión. Hallamos un buen ejemplo de ello en el libro de Danto, que afirma en su introducción:

Los problemas a los que este libro se enfrenta se presentaron más vívidamente en lo que se podría llamar pintura-y-escultura. Y por eso muchísimos ejemplos míos provienen de tal género del arte. Sin embargo se pueden plantear en todos los ámbitos y ramificaciones del arte: en literatura y arquitectura, en música y danza. (23)

Lo que Danto afirma a modo de justificación dista mucho de ser cierto cuando uno avanza en la lectura de su libro. Cuando apela al arte como mimesis, ¿qué ocurre con la música o la arquitectura? ¿Qué intentan mimetizar una sinfonía o una catedral? ¿Y un poema? ¿Qué ocurre con los indiscernibles en éste caso?
El análisis de Danto se centra especialmente en la pintura y la escultura, y de modo paradigmático, en la obra de Warhool. Pero tomar la Brillo-box de Warhool como ejemplo para un análisis de la totalidad de las obras de arte en todos los tiempos y lugares resulta inadecuado; resultaría igualmente inadecuado tomar la Brillo-box como ejemplo paradigmático del arte del siglo XX, aún reduciéndolo a sus formas de pintura y escultura.
Podríamos afirmar incluso que la pintura y la escultura no son artes representativas del siglo XX, o por lo menos de su segunda mitad; la fotografía y, sobretodo, el cine cumplirían mucho mejor esa función, como Benjamin señala acertadamente. Por eso los museos están vacíos y las salas de cine están llenas. Siguiendo la reflexión de Benjamin, las nuevas formas artísticas sustentadas en nuevos soportes tecnológicos (y de modo especial el cine) suponen, no ya sólo un cambio radical en la concepción contemporánea del arte, sino una mutación de los modos de percepción del ser humano. Frente a la serena contemplación de un cuadro, la visualización de una película obliga al espectador a enfrentarse a una continua sucesión de imágenes en movimiento, a un continuo y vertiginoso cambio de punto de vista.
Pero hoy en día (en pleno siglo XXI) el desarrollo de la informática y las telecomunicaciones abre la puerta a formas artísticas tan alejadas de los viejos soportes que podrían conducirnos a formas de creación que, en este momento, apenas nos atrevemos a soñar.
Es posible en la actualidad crear mundos virtuales cada vez más perfectos, auténticos universos paralelos que podemos visitar sin necesidad de movernos de nuestras casas. Los videojuegos son un buen ejemplo de ello, y sin duda llegará un día (no muy lejano) en que los videojuegos serán considerados un arte con el mismo derecho que cualquier otro.
Después de todo, hoy en día existen infinidad de disciplinas que reclaman un estatus artístico. La moda pretende ser un arte, la gastronomía pretende ser un arte, el diseño pretende ser un arte. Prestaremos seguidamente una atención especial al mundo del diseño.
Se dice que el arte sufre una mutación en su época de reproductibilidad técnica, pero dicha mutación ocurre también en sentido contrario. No es sólo que el arte pueda actualmente reproducirse de forma industrial, es que todo aquello que se reproduce de forma industrial lleva en si mismo, necesariamente, un componente artístico, esto es, el diseño. A los teóricos del arte tal vez les parezca frívolo que el diseño adquiera un estatus artístico; pero la realidad (siempre ajena a los intereses de los filósofos) se empeña en afirmar lo contrario. Hoy en día existen ferias, certámetes, concursos, congresos y revistas especializadas dedicadas al mundo del diseño. Los diseñadores (por lo menos los más destacados) gozan de un prestigio social comparable al de los artistas tradicionales.
En la época pre-industrial, los carpinteros fabricaban las sillas de una en una. Aunque siguieran un mismo patrón, todas las sillas eran distintas. En la actualidad, cuando un diseñador de muebles diseña una silla, sabe que su diseño será ejemplificado en miles de sillas distintas; el diseño como forma (en sentido platónico) adquiere una importancia capital, ya que estará presente en todas y cada una de las sillas particulares. El antiguo carpintero corría el peligro de hacer una silla fea; el diseñador de muebles corre el peligro de hacer mil, diez mil o cien mil sillas feas de una sola vez; eso implica una responsabilidad mucho mayor. Además, el diseño de la silla post-industrial debe competir en el mercado con otros muchos diseños de sillas y debe superarlas en belleza para que la fábrica de muebles obtenga beneficios. La distinción heideggeriana entre ser-cosa, ser-utensilio y ser-obra (postulada en El origen de la obra de arte) pierde también su sentido. La silla post-industrial es utensilio y obra de arte al mismo tiempo.
Lo mismo que ocurre con las sillas, ocurre con los teléfonos, los automóviles, los sacacorchos o las camisas. Todos los productos de la sociedad industrial deben ser hermosos o atractivos si quieren sobrevivir en el mercado; incluso las escobillas para limpiar el retrete tienen un diseño cuidado y exclusivo que las convierte en objetos bellos. Se dice que vivimos en una sociedad estetizada, una estetización que va más allá de la política, incluso más allá de la ética (también la violencia, el sufrimiento o la maldad son estetizados en la actualidad).
El problema de los indiscernibles se disuelve en el mundo del diseño; la belleza de los objetos industriales se halla presente en cada uno de ellos por igual; todos son copias y por lo tanto, todos son originales (ya que ninguna copia tiene más valor estético o artístico que otra). Los que anunciaban (y anuncian) la muerte del arte no pueden estar más equivocados; lejos de morir, el arte jamás ha gozado de tan buena salud.
En el presente trabajo hemos analizado la relación histórica entre la estética (o filosofía en general) y dos esferas tan aparentemente distintas como el arte y la ciencia. Hemos visto que la relación de la filosofía con el arte y la ciencia es y ha sido problemática desde el principio, pero ¿cuál es la relación entre la ciencia y el arte?
Parece que arte y ciencia gozan de una magnífica relación: la ciencia muestra un gran respeto por los asuntos artísticos y el arte, cada vez más, usa las nuevas aplicaciones tecnológicas que los científicos hacen posibles para buscar nuevas formas de expresión. Dichas aplicaciones tecnológicas (los productos de la tecnología) aparecen en el mercado con un diseño determinado, es decir, el arte embellece los productos de la ciencia.
En el triángulo que tiene como vértices a la filosofía, la ciencia y el arte, es precisamente la filosofía la que no termina de encajar. Tal vez ésa sea su principal virtud. Tal vez la misión última de la filosofía no consista en solucionar problemas, sino en crearlos; quizá la filosofía no deba buscar las respuestas, sino (con renovado espíritu socrático) seguir formulando las preguntas.


Notas:

1 – Platón, La República.
2 – María Zambrano, Filosofía y poesía.
3 - María Zambrano, Filosofía y poesía.
4 – Aristóteles, Poética.
5 – Aristóteles, Poética.
6 – Plotino, Enéadas
7 - Plotino, Enéadas
8 - San Agustín, Confesiones
9 – Descartes, Discurso del método
10 – Descartes, Discurso del método
11 – Descartes, Principios de Filosofía
12 – Hume, Investigaciones sobre el conocimiento humano
13 – Hume, Investigaciones sobre el conocimiento humano
14 – Hume, Investigaciones sobre el conocimiento humano
15 – Hume, Investigaciones sobre el conocimiento humano
16 – Hume, La norma del gusto
17 – Kant, La crítica del juicio
18 – Kant, La crítica del juicio
19 - Fichte, El destino del hombre
20 – Hegel, Lecciones sobre estética
21 – Heidegger, El origen de la obra de arte
22 – Heidegger, El origen de la obra de arte
23 – Danto, La transfiguración del lugar común




La causa por la que el filósofo se asemeja al poeta es que los dos tienen que habérselas con lo maravilloso.

Tomás de Aquino

1 Comentarios:

Thomas dijo...

Luego te leo al completo, pues me interesa muchíiiiisimo. Saludos.