ROSARIO CASTELLANOS EN CARTAS A RICARDO:UCRONÍA DE UN AMOR IMPOSIBLE, por Jesús Ávila Zapién.

viernes, enero 08, 2010

J. JESÚS ÁVILA ZAPIÉN

Nació en Sahuayo, Michoacán en 1964. Biólogo, poeta y cuentista. Sus inquietudes literarias las ha encausado a través de cursos y talleres en Morelia, Michoacán. Ha colaborado en columnas semanales de los periódicos: Provincia, Tribuna y Vox Pópuli; y en la sección poética de la revista Expresión Tecnológica, del Instituto Tecnológico de Jiquilpan. Publica textos en medios electrónicos como EL BOTE DE COLÓN; RASABADÚ: ¿QUÉ HAY DETRÁS DEL BIOMBO? (Blog del ganador del Premio Nacional de Cuento, San Luis Potosí 2008, Edgar Omar Avilés). Poemas suyos aparecen en el libro “Follaje de palabras” (1996). Fue premiado con mención honorífica en el certamen de poesía de los primeros Juegos Florales Villamar, 2004.
Tiene en prensa (para su próxima publicación) el libro de narrativa: “La vida imita al arte: personajes sin tiempo”.

Algunas publicaciones en la red:

El bote de Colón: “Metamorfosis”
RASABADÚ: ¿QUÉ HAY DETRÁS DEL BIOMBO? (Página de Edgar Omar Avilés, Premio Nacional de cuento San Luis Potosí 2008): “Lío Letal”
Vox Pupuli: “¡Salvemos al Amigo Lore!”


ROSARIO CASTELLANOS EN CARTAS A RICARDO:UCRONÍA DE UN AMOR IMPOSIBLE


Rosario Castellanos (1) es una de las escritoras hispanoamericanas más trascendentales para entender el avance de la tradición literaria mexicana gestada a partir de Sor Juana Inés de la Cruz. Autora en búsqueda incesante del reconocimiento femenino, de la lucha contra la emancipación de los roles de la mujer, convertida milenariamente en objeto de lujuria o cuasi depositaria exclusiva de la maternidad. Sabe romper los moldes de la fisonomía de hembra que asiste a estudios superiores sólo para conseguir marido o ser objeto de lujo. Rosario es la poeta que empieza en las aulas de Letras pero, insatisfecha, termina en las de Filosofía, queriendo hallar en los designios metafísicos de la poesía las categorías que le resuelvan las incógnitas del mundo (entre éstas las de fe):


“Es que con este problema religioso yo no sé en qué voy a parar. La religión es algo que jamás me ha sido indiferente y mucho menos ahora. Con mi corazón tengo un hambre horrible de ella, pero cuando trato de acercarme a saciarla se me oponen una serie de objeciones de tipo (¡!) intelectual. […] Ahora estoy empezando a sospechar que estoy usando para entenderla unas categorías equivocadas. Porque no es con la razón, así en frío, como se puede llegar a ella. Por otra parte esa relación con Dios que jamás ha cesado de hecho me parecía que estaba lo suficientemente mantenida con la actitud poética. Por una confusión en la que caí por falta de reflexión y análisis me parecía que si uno captaba poéticamente el mundo estaba tan próximo a Dios como si fuera santa”. (Madrid, 8 de abril de 1951).


Al respecto, Claudia Vergara (2) cita que Rosario afirma durante una entrevista en 1964: “Si la filosofía tiene su principio de identidad, la poesía también lo tiene: es la metáfora. Para mí la poesía es un ejercicio de ascetismo, un intento de llegar a la raíz de los objetos, intento que, por otros caminos, es la preocupación de la filosofía”.

Castellanos escribe 77 cartas a Ricardo Guerra de julio de 1950 a diciembre de 1967, con una interrupción de 1958 a 1966; año en que la escritora, como refugio ante una situación sentimental crítica, acepta una plaza de profesora visitante en Madison, Wisconsin. Estas cartas fueran publicadas póstumamente en 1994 -veinte años después de su fallecimiento- a voluntad de la escritora; como un homenaje de Ricardo, el destinatario y Gabriel, su hijo, quienes autorizarían su publicación. Cartas traslúcidas del vívido sentir que se enraíza en cada letra:


“El jueves en la mañana empecé una carta para ti; la rompí, volvía hacer otra, volví a romperla. No me atrevía yo a escribirte porque me asaltó una duda terrible: ¿era cierto lo que había sucedido entre nosotros? ¿Habíamos, de verdad, estado juntos? ¿No era todo producto de mi imaginación? ¿No lo había yo soñado? Seguramente sí; la prueba era esa falta de noticias tuyas”. (Comitán, Chiapas, 5 de agosto de 1950)

“Me siento tu mujer y soy feliz de serlo, de estar marcada por ti para siempre; y no me arrepiento y no me avergüenzo y no niego ante nadie, ni ante mí misma, que soy tuya. Te amo Ricardo, te amo mucho, todo lo que soy ahora capaz de amar. Aunque yo no hubiera sido para ti más que una niñita, aunque me hubieras visto como una aventura, como un juego o como un experimento”. (S. s. Argentina, octubre de 1950)

“La nostalgia de la patria son mentiras. Es la nostalgia de usted siempre porque usted es lo único que yo tengo en México y en el mundo. ¿Se da cuenta? ¿No se siente un poco incómodo de significar tanto para una gente? Porque todo lo significa usted para mí”.
(S. s. Argentina, octubre de 1950)

Amor perpetuo como una dulce e incesante muerte que da vida al parasitario sentimiento en las criptas del sufrimiento, al grado de recrear una y otra vez la exhumación del sacrificio vuelto carne por la entrega…

“Lo amo, lo amo. ¿Por qué no hay otra palabra para decirlo? ¿Por qué las palabras son tan pobres y tan insuficientes y tan inútiles? Si supiera en qué forma tan absoluta y tan radical me ha modificado; usted descubrió en qué parte de mi ser estaba la ternura y se ha apoderado de ella sin violencia, totalmente”.

“Sé que lo que tenga que venir de tus manos será lo que yo reciba; que en vano se lucha contra lo que es nuestro destino. Y que si tengo que vivir será porque tú quieres. Y ahora ya no me da miedo morir, porque he vivido. Un momento, como el que nosotros tuvimos, basta. En un momento así se alcanza la revelación de todo lo que ha permanecido oculto, atormentándonos”.

“Me entregué a usted: nunca me he puesto a considerar si fue sólo un momento. Sé que antes de conocerlo era yo una persona completamente distinta de la que soy ahora y que tal como me ha hecho le pertenezco. El que usted me sea fiel o no, no me hace variar de actitud. Yo le seré fiel siempre, a toda costa. No me interesa coquetear con nadie. Lo amo a usted. Si usted me falla, si por cualquier motivo nuestro amor no puede realizarse, yo no quiero volver a saber nada de amor con nadie, yo quiero vivir completamente sola y sin que nadie me hable de estas cosas. A usted no puedo substituirlo con nadie. Lo amo a usted, con exclusión del resto del mundo. Lo amo a usted aunque tenga niñitas y aunque las ame a ellas y aunque no me ame a mí. Lo amo y lo amo. Y estoy furiosa. Grrrr. Claro que si usted me dice que no quiere saber nada de mí no voy a andar detrás de usted dándole la lata”. (Madrid, 6 de noviembre de 1950).

Ricardo y Rosario se conocen en la facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, a fines de 1949. Desde su primera carta del 28 de julio de 1950, los términos son de entrega absoluta. A decir de Elena Poniatowska (3), le habla de “usted” antes del matrimonio (efectuado en Coyoacán en enero de 1958, cuando Rosario rondaba los 33 años) se mira débil, dispersa, antisocial o a veces encantadora, y uno de los rasgos más conmovedores de su personalidad es la conciencia que tiene de su vocación literaria: “Voy a matarme de trabajo, pero seré escritora” ”; el otro es su fidelidad amorosa.

En 1950, gracias a una beca del instituto hispánico, se embarca en Veracruz con Dolores Castro, su mejor amiga, y permanece en España de 1951 a 1952. Regresa a México a fines de 1952, pero aún no se concreta su relación con Ricardo porque ella se queda con su hermano Raúl en su rancho de Chapatengo Chiapas. Por su parte, Ricardo –reconocido catedrático– se había casado en 1951 con Lidia carrillo; de los tres años de unión nacerían “Ricky” y Juan Pablo (vástagos que más tarde Rosario trataría como propios).


Mediante el análisis del espíritu de esta correspondencia se infieren tanto los métodos y hábitos disciplinares que la llevarían a las escabrosas cumbres literarias, como aquellas pasiones propias del género humano que representaba: la ternura desplegada en dócil cesión hacia el amado, el rictus posesivo de quien, sintiéndose no agraciado del todo, pretende reglamentar la convivencia en pareja con desentendida apertura, basada quizás en unos principios de libertad que jamás aceptara de manera consciente:

“¿Ya regresó a México? Cuando me escriba cuénteme todo lo que ha hecho; y vea a muchas niñitas y esté con muchas niñitas, pero nunca con una sola. Y recuerde que de toda clase de niñitas yo soy quien más lo ama”.
“Quiero ser para usted, lo mejor que yo pueda, lo que más se aproxime a lo que usted quiera”. (S. s. Argentina, octubre de 1950)

“Lo amo a usted, como lo conocí; a usted como es; a usted como se porta con todas las otras niñitas. Así satisfago mis pretensiones poliándricas, con un hombre polifacético y total”. (Madrid, 18 de enero de 1951)

Tránsito libre al ser amado que terminaría por revertirse en desconfianza y duda, en tumultuosas escenas de incipientes celos; preludio a los ápices del vórtice de “guerra” conyugal que les depararía lo asimétrico de la infructuosa unión:

“Usted va a quedar un poco solo mi vida. Aunque ya me imagino que arreglará inmediatamente esta soledad, grrrrrr. Ah, y cuando le escribí mis cartas anteriores, yo estaba de un furioso contra usted que me lo quería comer vivo. Había recibido, como le decía, cantidades locas de noticias indiscretas donde me contaban grandes orgías y desenfrenos. Y además toda clase de infidelidades. […] ¿Me amará todavía? Porque ahora estoy igual a un gato recién nacido de flaca, de débil, de torpe. ¿Ama usted a los gatos recién nacidos? Si me dice que no, seré pronto un gato recién muerto.
Lo abraza, su niñita que no lo olvida.
Y lo besa, qué caray”. Su Rosario (Madrid, 22 de febrero de 1951)

Porque iban a ser una constante de su vida esos rumores e intrigas que acecharían irremisiblemente el ocre estridente de la endeble felicidad:

“¿Se da cuenta, mi vida? Usted no lo sabe, y yo no se lo quiero decir porque se va a poner muy presumido y a encarecerse, pero es usted un niño muy suave y nos sabe manejar con mucho talento a las mujeres y por eso lo amamos”.
“¿Para qué indisponernos con personas a quienes a la mejor estima y que no por hacerle a usted mala obra, sino por hacérmela buena a mí, me han escrito diciendo cosas? Ellos suponen entre nosotros una relación muy distinta a la que sostenemos: suponen que usted me engaña en una forma vil y baja y que está todos los días mandándome una hermosa carta llena de juramentos de amor y por otra parte se aprovecha de mi ausencia para decir de viva voz esos juramentos a jovencitas más próximas”. (Madrid, 2 de abril de 1951)

Al ser amado… ni todo el amor ni todo el dinero, reza el adagio popular. Pero no para Rosario, entregada sin reservas a merced de un amor rendido hasta el tope de la humillación y el solapamiento, y para quien Ricardo Guerra habría de ser el único y más grande sueño, a la vez que la mayor pesadilla:

“Soy suya de cualquiera de los modos que usted quiera. A usted le toca decidir y elegir”. (Madrid, 15 de mayo de 1951)

“Yo lo amo por encima de todo lo que digamos usted o yo, las palabras no tienen ninguna fuerza. El amor tiene su propia certidumbre.
Escríbame pronto. Ámeme también un poco”.
Rosario
(Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, 12 de diciembre de 1951)

“Todo mi alrededor es una barrera en la que no penetran ni tu voz ni tus actos. Yo te invento para mantenerte a distancia, no te veo, no te escucho. Y en vez de admitir este hecho tan evidente y de desatarme en interjecciones contra mí, me vuelvo, con una lógica muy femenina, en contra tuya. Empiezo a hacerte reproches para justificar de alguna manera mis fallas. Que según tú se reducen a una sola: no te amo lo suficiente”.

“No es que yo me esté escatimando. Todo lo que soy capaz de amar, te amo. Todo lo que una persona puede gustarme, me gustas”.

“Considera si te resulto o no satisfactoria. Si no, prefiero que me lo digas ahora. […] Estoy llena de preguntas. Tu respuesta debe ser universal”.
(Chapatengo, 22 de diciembre de 1951)

En 1966, Rosario acepta la cátedra en Madison, Wisconsin. Viene de ser jefa de prensa de la UNAM, pero los altibajos y su tragedia personal la enfilan hacia un hospital psiquiátrico, a intentos de suicidio, a recurrir a los tranquilizantes:



Y deletreas el nombre del Caos. Y no puedes
dormir si no destapas
el frasco de pastillas y si no tragas una
en la que se condensa,
químicamente pura, la ordenación del mundo.

(Válium 10. En la tierra de en medio. Poesía no eres tú)


Sin embargo en las cartas nada dice de la vida en común, de la muerte de la primera hija, los abortos, los intentos de suicidio, el nacimiento de Gabriel, su hijo. Es de suponerse que entonces Rosario escribe cuentos, poesía, novela, ensayos…

Habrían de sucederse en cascada los desmoronamientos, los giros “previstos” con la antelación que da el amor no correspondido. Al respecto, Poniatowska señala: “La vida de Rosario es una tragedia porque es trágico no obtener respuesta y empecinarse, revolcarse en la esperanza nunca realizada. Rosario vive esa tragedia cotidiana y sin embargo escribe. Su cerebro dividido en dos lóbulos frontales está en realidad habitado por dos propósitos: uno para escribir, otro para sufrir”.

“Yo no te dejaré de querer en ninguna circunstancia y procuraré hacerlo de la manera más adecuada. Pero tú sabes que yo tengo una capacidad de sufrimiento bastante exagerada. Si ya no me quieres tú, si has adquirido otros compromisos más serios y más urgentes, no vaciles en comunicármelo. Creo que sería menos doloroso saberlo aquí y a tiempo y no encontrarme con esa sorpresa al volver a México”.
(Madison, Wisconsin, 26 de octubre de 1966)

“He releído sus cartas anteriores, donde habla de sus temores acerca de mi libertad y me han parecido cada vez más infundados. ¿Es que soy menos libre cuando me ligo a usted? ¿Es que completarse es una frustración? No, mi vida, no piense eso jamás. Usted es precisamente “el ala que me falta”. (Madrid, 8 de abril de 1951)

“El martes vengo a la Universidad y las clases me absorben de tal manera que no me doy cuenta de nada, sino hasta que han acabado. Entonces otra vez la angustia, una angustia absolutamente sin nombre, sin un objeto al cual referirla”. (Madison, Wisconsin, 18 de octubre de 1966)

“En la comida surgieron un poco las confidencias. Yo le dije a mi amiga que tenía problemas porque era una mujer muy violenta, muy irritable, muy celosa y muy posesiva y que eso hacía muy difícil el entendimiento contigo que eras un hombre muy independiente y con una idea muy distinta de la mía de la fidelidad”.

“Yo estoy haciendo muchos esfuerzos en el sentido de enfocar, desde otra perspectiva el matrimonio, en colocar bajo otro signo los acontecimientos para evaluarlos de una manera diferente. En cambiar, de raíz, mi concepción de las cosas. No me quiero hacer ninguna ilusión respecto a un cambio de conducta de los demás, sino un cambio de actitud mía”.

“¿Qué sentido tiene entonces todo lo que estoy haciendo? ¿Qué sentido este dolor, esta soledad si no es más que otra forma del sufrimiento? Ni siquiera tener la esperanza de que esto tendrá un término, de que es provisional, sino tener el temor de que esto se acabe porque se va a reanudar un infierno compartido. Porque aquí siquiera lo que me pase no tiene consecuencias, no se proyecta en nadie, no le amarga la vida a nadie, no le estorba a nadie, no obliga a nadie a actuar ni como verdugo ni como víctima”.

No es difícil imaginar, aún en medio de sus quehaceres académicos, el desamparo de un alma sensible ni las “proezas” que hubo de sobrellevar su cuerpo para redimirle:

“Cuando regresé a casa a pesar de que estaba haciendo un frío enorme y un gran viento me lancé otra vez a la calle porque no podía soportar quedarme allí. Caminé como una imbécil, bajo la llovizna, helándome con el viento y de nada me valió tomar Valium porque no me hacía ningún efecto. Dormí muy mal y el domingo amanecí con la evidencia resplandeciendo delante de mí de que no había nada de lo cual agarrarse. ¿La muerte? Ni siquiera para eso tengo valor después de la preciosa experiencia de la diálisis”. “Me desperté a la una de la mañana sin saber qué hacer conmigo. No creas que en este tiempo yo imaginaba cosas o formulaba nada. Era el sufrimiento en su estado puro, sin palabras, sin definición, sin expresión más que la elemental del llanto. Un sufrimiento cuyo principio no podía yo descubrir y que no parecía tener fin”. “Anoche ya dormí. Me pregunto: ¿no tiene sentido lo que hago, está fatalmente condenado al fracaso? No lo sé, no lo puedo saber”.
(Madison, Wisconsin, 18 de octubre de 1966)

“Ahora estamos lejos, nos escondemos. Pero nos encontraremos otra vez… Lo erróneo ha sido querer encauzar algo tan fluido, tan impreciso como nuestra relación, dentro de un molde tan rígido como es el matrimonio, las costumbres, la seguridad, la posesión. Yo escribí alguna vez: “sólo como de viaje, como en sueños… como quien ama un río… como quien hace casa para el viento”. Así debe ser, pero, como de costumbre, se me olvidó porque nunca acabo por entender que lo que se me revela en la literatura es lo que hay que aplicar a la vida y no los cartabones de los demás y no los sentimientos de los demás y no las reglas de juego de los demás”.
(Madison, Wisconsin, 20 de octubre de 1966)

De la correspondencia se deduce que Ricardo Guerra no la quería, ni mostró disponibilidad alguna para amarla, enredado en sus continuas infidelidades. Ante el rechazo y: “Selma”, la nueva pareja de Ricardo, Rosario opta por culpabilizarse; pero, siete años antes de morir, en un acto final de autoestima y revaloración habría de separarse, pidiéndole el divorcio:

“Espero, sin sobresaltos de ninguna clase, tu resolución al respecto. Si optas por el divorcio, es una opción que acepto, respeto y acato la opción contraria. Mi papel es absolutamente pasivo porque no es mi problema. Colócate un momento en mi lugar, desde mi punto de vista y dime si objetivamente un cambio de estado civil podría alterarme. ¿Me sería siquiera perceptible? ¿El acta de un juez me dejaría más sola de lo que estoy? ¿Más a la merced de mis propios medios? ¿Menos querida? ¿Menos respetada? ¿Menos protegida? ¿Más despreciada y ridiculizada públicamente? Creo de la manera más honrada, que no. Es más, ni siquiera modificaría las relaciones personales nuestras. Por Gabriel continuaríamos viéndonos con frecuencia y con cordialidad porque no hay ningún motivo para que las visitas no fueran cordiales. Coquetearíamos, porque somos así, y ocasionalmente acabaríamos por ponerle cuernos a tu mujer de la misma manera que me has puesto cuernos con otras mujeres”.
(Cuernavaca, 20 de noviembre de 1967)

Al conocer la insólita noticia de su muerte, el mismo poeta Jaime Sabines le dedicó estas sentidas letras:

“Ella pagó muy caro dedicarse a la literatura, era francamente rechazada. Su muerte todo lo cambió; ahora cuando paso por Comitán y veo que hay un parque, un centro cultural, una cancha de futbol y una calle que se llaman “Rosario Castellanos” me da risa. Aquella mujer ingenua, limpia, sencilla, fue víctima de todo el mundo. No pudieron salvarla sus grandes cualidades: su inteligencia, o su infinito sentido del humor, su excelente poesía”. (Jaime Sabines, citado por Vergara. Op. Cit.)



















RECADO A ROSARIO CASTELLANOS

Sólo una tonta podía dedicar su vida a la soledad y
al amor.
Sólo una tonta podía morirse al tocar una lámpara,
si lámpara encendida,
desperdiciada lámpara de día eras tú.
Retonta por desvalida, por inerme,
por estar ofreciendo tu canasta de frutas a los árboles,
tu agua al manantial,
tu calor al desierto,
tus alas a los pájaros.
Retonta, rechayito, remadre de tu hijo y de ti misma.
Húerfana y sola como en las novelas,
presumiendo de tigre, ratoncito,
no dejándote ver por tu sonrisa,
poniéndote corazas transparentes,
colchas de terciopelo y de palabras
sobre tu desnudez estremecida.

¡Cómo te quiero, Chayo, cómo duele
Pensar que traen tu cuerpo! –así se dice–
(¿Dónde dejaron tu alma? ¿No es posible
rasparla de la lámpara,
recogerla del piso con una escoba?
¿Qué no tiene escoba la embajada?)
¡Cómo duele, te digo, que te traigan,
te pongan, te coloquen, te manejen,
te lleven de honra en honra funerarias!
(¡No me vayan a hacer a mí esa cosa
de los Hombres Ilustres, con una chingada!)
¡Cómo duele Chayito! ¿Y esto es todo?
¡Claro que es todo, es todo!
Lo bueno es que hablan bien en el Excélsior
y estoy seguro de que algunos lloran,
te van a dedicar tus suplementos,
poemas mejores que éste, estudios, glosas,
¡Qué gran publicidad tienes ahora!
La próxima vez que platiquemos
te diré todo el resto.

Ya no estoy enojado.
Hace mucho calor en Sinaloa.
Voy a irme a la alberca a echarme un trago.

(De: Tierra adentro, mayo 2004. No. 127)





Notas:
(1) Rosario Castellanos Figueroa nace el 25 de mayo de 1925, en la ciudad de México, y muere en Tel Aviv, Israel el 7 de agosto de 1974; irónicamente, mientras cambiaba una bombilla doméstica. Cursa la licenciatura y maestría en filosofía en la Universidad Nacional Autónoma de México, y estudios de estética en la Universidad de Madrid. Obtiene el premio Chiapas (1958), el premio Javier Villaurrutia (1961), el premio Sor Juana Inés de la Cruz (1962), el premio Carlos Troyer de letras (1967), y el premio Elías Sourasky (1972). Escribe los libros de cuentos Ciudad Real (1960), Los convidados de agosto (1964), y Álbum de familia (1971); las novelas: Balún Canaán (1957), Oficio de tinieblas (1962), y Rito de iniciación (obra póstuma, en 1996); los libros de poesía Trayectoria del polvo (1948), El rescate del mundo, y Presentación en el templo (1952), Poemas 1953-1955 (1957), Al pie de la letra (1959),Lívida luz (1960), Poesía no eres tú. Obra poética 1948-1971 (obra póstuma, 1974); y las obras de teatro: Salomé; Judith (1959), y El eterno femenino (publicada en 1975 y estrenada en 1976).

(2) Vergara Claudia. 2007. Identidad y memoria en las poetas mexicanas del siglo XX. Universidad Iberoamericana. México. 221 pp.

(3) Elena Poniatowska (prólogo). Cartas a Ricardo. Rosario Castellanos. 1994. Consejo nacional para la cultura y las artes, México. 336 pp.

3 Comentarios:

alicia dijo...

Maravillosa Rosario, tan mujer de carne y hueso. Golondrina enamorada.

Raúl Axel Mayorga Molina dijo...

Siempre he admirado a esta gran mujer. Me identifico con su poesía y me parece muy trágica su vida y el final tan soso que tuvo esta gran figura.
Ojalá se acuerden que este año se cumplen 40 de que falleció y le rindan un homenaje

marbe casve dijo...

quiero conseguir el libro de "Cartas a Ricardo", podría ayudarme?