POEMAS DEL MISTERIO y Hiperestesia, por TERESA ITURRIAGA OSA

viernes, agosto 28, 2009

TERESA ITURRIAGA OSA

Palma de Mallorca, 1961. Doctora en Traducción e Interpretación, ha colaborado en proyectos de investigación de la ULPGC, el CSIC y el Instituto Cervantes. Publica en prensa y revistas digitales. En 2004 es directora, coordinadora y autora de entrevistas en el libro Mi playa de las Canteras. Traduce el ensayo Modou Modou, sobre la inmigración africana. En 2005 publica “Hurto blanco” en Orillas Ajenas; en 2006, “Namoe” en Hilvanes; en 2007, “El violín y el oboe” en Fricciones; y “Tu nombre es Véronique” en Que suenen las olas, colección de relatos de mujeres marroquíes y canarias, que dirige y coordina. Ganadora en 2008 del III Certamen Internacional de Poesía “El verso digital” y del III Certamen de Poesía “Encuentros por la Paz”. Se publica Juego astral en versión digital. Desde 1985, reside en la isla de Gran Canaria (España).


POEMAS DEL MISTERIO


I


Sombras de amapola


La maravilla y media que tú ves en mí
se levantó poco a poco del barro
cuando una luz tenue, apartada del mundo,
estremeció su tez oscura
y las manos tantearon el espacio de ceguera
donde se encontraban solas.
Las sombras se mutaron en amapolas, las sombras
descendieron al abismo,
allí se quedaron dormidas sobre el vientre del misterio, tan rojas
como esa realidad de ternura
que es y está
en todo lo que es.


II


Pegada al cristal



Tu cerebro, contenedor de peces,
se agujereó en el momento mismo en que aparecí
por sorpresa
ante tus retinas
acostumbradas al desasosiego marino…
Al instante, se clavaron en mí,
fue un paro de silencio,
una huelga de brazos y piernas
y tú perplejo de todo
hasta de ti mismo…

Esa mirada fue acercándose
ciegamente hasta la boca
del pez más procaz
para indagar con sus lentes sobre mis raros dibujos
y ya quedarse pegada al cristal
para siempre,
derretida en un bloque de agua,
como decían y dicen los viejos manuscritos,
combatiendo en aras de su senda,
delirio y eternidad.


III


La Gran Puerta


Leerte es
zambullirse
en el mar de tus sueños, siguiendo
la estela plateada de los sargos,
como una hebra de luz, hacia
el recinto de cristal.

Por tu mirada, he entrado
en la risa de tu piel,
en el guiño de tus labios,
en el beso de tus párpados.
Y, ahora, volando voy hacia
el tacto de tu aroma.

Porque leerte es
jugar a trastear, descubrir
el enigma de las fuentes,
viajar en el tren de los abrazos nunca vistos,
es pactar con otros sabios la infinitud de la belleza.
Ésa que te vio nacer.

La alegría de tu infancia
nunca muerta,
la frescura de tu ser,
cal y arena de la vida de rey que tú llevas, siempre
te acompañará por la vereda verde.
La que lleva a la Gran Puerta.

Leerte es
entrar
en la morada donde habita tu corazón
entre astillas de azulejos arco iris
y redondas almenas con ecos de caracolas marinas,
en el Castillo de Oz de nuestra playa.

Mírame desde allí, entonces, oh, Neptuno,
tú que reinas sobre todos los confines del orbe teatral.
Y mándame con un delfín
un abrazo envuelto en tu toalla,
unas sandalias aladas y hiedras dulces.
Me protegerán del mal viento de este amanecer.


Nota de la redacción: Todas las ilustraciones son de Sira Ascanio.


Hiperestesia

La poesía es una suerte de enfermedad,
una suerte de dolor de placer de oración.
Súplica a la palabra que nos rescata del desorden
y atrae sonidos aromatizados
en platos orientales
de canela y azafrán.

La poesía es sabor a muerte y nacimiento...
nacimiento y muerte...
muerte y nacimiento…

Mientras llegan los sabores entre miles de arco iris encerrados
en laberintos donde los conceptos bajan resbalando
la pendiente sin ancla ni asidero…
yo te rezo poesía primigenia
teñida de velos bailas tu danza de fuego
al chocar con las papilas de mi lengua
que-se-deleitan-en-el-placer-de-tenerte-por-un-momento,
como los dioses toman a las amantes,
por sorpresa y sin nombrarse.



Olas, olas, olas...



Desde las playas de la memoria
golpean incesantes los guijarros.
Blancos, verdes, rojos, oscuros.
Como espectros alados
excavan los surcos
que mi alma va dejando
entre poro y poro, cabellos, huesos.
¿De qué quieres que me componga?
Te gritaré tan alto que
todo el mundo podrá oírme
porque la voz se me escapa,
delatora de verdad.
Los poemas van y vienen.
Yo no ceso de escuchar los tientos.
El perfume es una sirena que va a estallarme la piel.
Mudo como un animal devorador de desiertos,
con una simple hoja sobrevivo en espacios infinitos.
Hojas de un árbol ígneo cubren
mi patio de los Campos Elíseos.
Y allí, en el césped rojo de lágrimas bañado,
reposan las cartas que escribí a la belleza,
hermana, virgen y esposa
de la vida desnuda,
sin tu disfraz de poeta.

3 Comentarios:

Glòria Recarey dijo...

Muy buena poesía...!
Un placer adentrarse en ella.

glòria

Amando Carabias María dijo...

Qué gran verdad:
la poesía es una suerte de enfermedad
una suerte de dolor de placer de oración.
Qué gran verdad, repito.
Y como sucede con las enfermedades del cuerpo, sólo quien padece o ha padecido la misma, puede comprender a otro enfermo.

Anónimo dijo...

Me resulta muy curioso cómo, aún en los poemas que no tienen tema marinero, casi siempre aparece el mar como referencia.

Saludos

Emilio González Déniz