Los orígenes del Japan Noise en las tradiciones niponas y en el Budismo Zen, la antimúsica del siglo XXI

viernes, octubre 16, 2009

Nace en Barcelona en 1971. Artista polifacético, de espíritu inquieto, asume la poesía como un taller de experimentación, donde los seres con oficio (como diría Espriu) pueden invocar y provocar el mundo afectivo de los otros.
Su obra, brusca a veces, lírica otras, irreverente y transgresora la mayoría, gusta de la provocación y de la reflexión existencial a partes iguales.
Ha participado en varios talleres de narrativa y de poesía y realizado diversos cursos de literatura. Bilingüe en su educación, su obra se desarrolla tanto en catalán como en castellano, y además de la poesía, escribe relatos así como ensayos sobre música y cine, publicados en diversos medios como La Citara China (revista de “amigos del gu qin”, ensayo musical), La Nausea (ensayo y crítica de cine), Babab (ensayo en castellano), Alfabet (literatura en catalán), Jo Escric (literatura en catalán), Relats en Català (literatura en catalán), Paper de Vidre (literatura en catalán) o Àgora (ensayo musical en la revista del colectivo Artilleria Pesada) entre otros. Ha publicado en España y Puerto Rico, con Ediciones Atenas y con Isla Negra editores. Ha ganado o resultado finalista en diversos concursos de literatura desde el año 1988 hasta el año 1995.
Es músico de metal extremo y música experimental en los grupos, Entropía (como guitarrista y voz), O.D.I. Orquestracions Dissonants Internes (con diversos instrumentos y tecnologías) y Zé Pekeño (un proyecto de Harsh Noise experimental). En su haber cuenta con una larga experiencia en el ámbito musical, ha tocado en los grupos; La Sentencia d’Herodes, Tavaskan, El Cantó fosc, Paradigma, El Club, Les Flors del Mal, Syd Barretina, Pleistocene Mammals y Akollonizer. Y ha participado en varias ediciones del Festival de Jazz de Ciutat Vella, en el festival de música experimental Stripart, en el festival de arte extremo Porno Gore Garrí Extreme Fest en el festival anual de música electrónica de Mipanas, el fesival de otras músicas (((gargall))) de la ciudad de Manresa, el VIII Festival Internacional de poesía Moncayo, y algunos otros.
Su inmersión en las artes plásticas le ha llevado a exponer en Barcelona, Monistrol de Montserrat, Collbató , o El Bruc entre otros.


Ancestros:

No en pocas ocasiones se tiende a considerar al Noise como a un hijo legítimo del hardcore o del metal más extremo, haciendo un vínculo entre aquellos Sonic Youth de los 80 y grupos como Meltz Banana en la escena japonesa. Pero si bien eso tiene algo de cierto en tanto que muchos músicos de Noise han adoptado giros estéticos e incluso influencias formales del pop experimental de los 80, el sustrato que alimenta al denominado Japan Noise, reside en referencias culturales mucho más antiguas y tradicionales.

En cuanto a técnica musical, cabe destacar que en Japón las influencias históricas han ido de la mano de la mística y de las religiones. Instrumentos como el shakuhachi o la biwa, son un claro ejemplo de ello. El shakuhachi es una flauta japonesa que se sujeta verticalmente como una flauta dulce pero que carece de “pico” en la embocadura, en su lugar se realiza un corte en la caña de bambú. Era utilizada por los monjes de la secta Fuke Zen, seguidores del budismo Zen, en su práctica ritual del Suizen (meditación mediante el soplado).
El shakuhachi se toca soplando el aire como si fuera el borde del cuello de una botella, pero en su otro extremo, el shakuhachi termina en un borde afilado, que permite al intérprete un control sustancial sobre el tono. Lo más interesante de todo esto, es que la anatomía del instrumento permite ejecutar un sinfín de sobretonos y armónicos, que son en realidad el efecto más buscado en detrimento de la melodía del interprete. Muchas de las prácticas rituales, consistían en la emisión de aire acompañado de un sonido casi imperceptible y con gran cantidad de armónicos que producían mayores disonancias.

El ejecutante, entraba en estado de meditación, a base de acompasar su respiración con la ejecución del shakuhachi y de improvisar esos sobretonos y disonancias con el instrumento. En este sentido es destacable la sutileza de la música oriental en general, que suele ensalzar los silencios, las repeticiones, el uso del drone o las disonancias, a modo de objetos sonoros de gran belleza. Debemos entender aquí por drone, una nota grave mantenida durante toda la ejecución de la melodía. Oír una pieza de shakuhachi es transportarse a un universo de delicados ruidos imposibles, un oxímoron que contrapone a la belleza y al caos a partes iguales. Caso muy parecido es el de la biwa, un laúd de mástil corto con trastes, variante del instrumento tradicional chino denominado pipa. La biwa es el instrumento escogido por Benzaite, la diosa serpiente blanca de la religión sintoista.



De los muchos modos en que se puede ejecutar la biwa, destaca el percutir violento y desaforado de una enorme púa contra las cuerdas, provocando un sinfín de sonidos armónicos totalmente descontrolados. Este punto, la hermana con el ya nombrado shakuhachi, que al ser soplado de una determinada forma como decíamos, emite sobretonos. Estos, lejos de considerarse indeseables como en occidente, se tornan inestimables, paradigma de la expresión misma del instrumento, mucho más allá de la melodía que los sustentan. Así, el simbolismo del aire pasando por el instrumento para dar forma al mundo, cobra una nueva vida en esos sonidos, o bien podríamos decir ruidos.

No son pocos los casos en la música oriental, en que un sonido monótono y sin matices melódicos, es utilizado como medio para apartar la atención de la conciencia, y así centrarse en los procesos inconscientes de la mente. Debemos referirnos aquí a los sadhus de la India, ascetas también llamados renunciantes, que vagan por el mundo sin más propósito que alcanzar la iluminación. Y precisamente uno de los métodos más usados por estos, consiste en la repetición ad nauseam de una frase o palabra, a lo que llaman Mantra, o sonido sagrado. Estos Mantra, pueden acompañarse de sonidos monótonos, tanto agudos como graves, por ejemplo, producidos al soplar una caracola de mar o percutir insistentemente un gran timbal de piel.

Budismo Zen:

De todas las formas de Budismo, es el Zen, la que hace mayor hincapié en el aquí y ahora, y en la búsqueda de la iluminación, a través de la actividad mundana y totalmente material. Es quizás, el que insiste en relacionar la materia y la acción (desinteresada y sin pasión) con el estado de Samadhi o consecución del Nirvana.
Como se relata en “ENSAYOS SOBRE BUDISMO ZEN” de Daisetz Teitaro Suzuki Doctor en Literatura y Ex Profesor de Filosofía Budista en la Universidad Otani. Kyotor, el Zen, en su esencia, es el arte de ver dentro de la naturaleza del propio ser, y señala el camino de la esclavitud hacia la libertad. Al hacer beber directamente en la fuente de la vida, libera de todos los yugos que los seres finitos sufrimos comúnmente en este mundo. Podemos decir que el libera todas las energías apropiada y naturalmente almacenadas en cada uno de nosotros, que, en circunstancias ordinarias, se hallan trabadas y distorsionadas de modo que no encuentran un cauce adecuado para entrar en actividad. Nuestro cuerpo se parece a una batería eléctrica en la que yace, en forma latente, un poder misterioso. Cuando este poder no se pone convenientemente en funcionamiento, se enmohece y marchita, o se desvía y expresa anormalmente. Por tanto, el objeto del Zen es salvarnos de enloquecer o quedar disminuidos.
En este sentido, el Zen insiste en la experiencia personal, y no en el relato de otros, como único método válido para la vida.


Con la experiencia personal se significa llegar al hecho de primera mano y no a través de intermediarios, cualesquiera sean éstos. Su analogía favorita es: se necesita un dedo para señalar la luna, pero ¡ay de quienes confunden al dedo con la luna! Es bienvenida una canasta para llevar nuestro pescado a casa, pero cuando el pescado está seguro sobre la mesa ¿para qué preocuparnos eternamente por la canasta? He aquí el hecho, agarrémoslo con las manos desnudas no sea que se nos escape; esto es lo que el Zen propone que hagamos. Según el Zen no hay pugna en el hecho mismo tal como entre lo finito y lo infinito, entre la carne y el espíritu. Estas son distinciones ociosas, ideadas por el intelecto para sus propios intereses. Quienes las toman demasiado en serio o quienes tratan de leerlas dentro del hecho mismo de la vida son los que confunden al dedo con la luna. Cuando tenemos hambre, comemos; cuando tenemos sueño, nos acostamos; ¿y dónde encaja aquí lo infinito y lo finito? ¿No somos completos en nosotros mismos, y cada cual en sí mismo? Basta la vida como se la vive. Sólo cuando el intelecto perturbador ingresa y procura asesinarla, dejamos de vivir y nos imaginamos carentes de algo. Dejemos en paz al intelecto; tiene su utilidad en su propia esfera, y no interfiramos con el fluir de la corriente vital. Si estamos tentados a mirar en ella, hagámoslo mientras la dejamos fluir. El fluir, bajo ninguna circunstancia debe ser interferido ni detenido puesto que por el momento, nuestras manos están sumergidas en esa corriente, su transparencia se altera, cesa de reflejar nuestras imágenes propias desde el inicio, y que así lo seguirán siendo hasta el fin del tiempo.
Es aquí, donde encaja la comprensión del vacío desde la perspectiva oriental, es necesario vaciarse de contenido, para que los hechos limpios de interpretación, fluyan, o dicho de otra manera, resulta imprescindible librarse de todo prejuicio y de todo análisis, para poder vivir la experiencia en todo su esplendor.






Wabi-Sabi:

En este contexto, se enmarca el Wabi-Sabi, término estético japonés que describe a objetos o ambientes caracterizados por su simpleza rústica. El Wabi-Sabi combina la atención a la composición del minimalismo, con la calidez de los objetos provenientes de la naturaleza.
Las palabras wabi y sabi no se traducen fácilmente. Wabi inicialmente refería la soledad de vivir en la naturaleza, lejos de la sociedad, mientras que sabi significaba "frío", "flaco" o "marchitado". Hacia el siglo XIV estos términos comenzaron a cambiar, adquiriendo connotaciones más positivas. Wabi ahora connota simpleza rústica, frescura o quietud, siendo aplicable tanto a objetos naturales como hechos por el hombre, o elegancia subestimada. También se puede referir a peculiaridades o anomalías que surgen durante el proceso de construcción y dotan de elegancia y unicidad al objeto. Sabi es la belleza o serenidad que aparece con la edad, cuando la vida del objeto y su impermanencia se evidencian en su pátina y desgaste, o en cualquier arreglo visible.
Ambos conceptos, wabi y sabi, sugieren sentimientos de desconsuelo y soledad. Según la perspectiva budista Mahayana, estas son características positivas, al representar la liberación del mundo material y la trascendencia hacia una vida más sencilla. La propia filosofía Mahayana, sin embargo, advierte de que la comprensión verdadera no puede alcanzarse mediante palabras o lenguajes, por lo que aceptar el Wabi-Sabi en términos no verbales sería el enfoque más adecuado.
Es decir, que el uso del lenguaje estructurado y de la intelectualización de las ideas, representa una traba para comprender el Wabi-Sabi.
Numerosas artes japonesas durante los últimos milenios se han visto influidas por el Zen y la filosofía Mahayana, especialmente en cuanto a la aceptación y contemplación de la imperfección, el fluir constante y la impermanencia de todas las cosas.


Dichas artes ejemplificarían la estética Wabi-Sabi, como son el Honkyoku (música tradicional para shakuhachi de los monjes Zen), Ikebana (arreglos florales), Jardines japoneses, Zen y bonsáis, Poesía japonesa (especialmente el haiku), Alfarería japonesa (Hagi ware), o incluso la Ceremonia del té japonesa. Como podemos ver, la cultura japonesa, está imbuida de este concepto de rechazo a una estética estructurada y artificiosa, como ejemplo, quizás uno de los más espectaculares y relativamente reciente, tenemos la danza Butoh.
Así pues, el Wabi-Sabi es la estética de los objetos que envejecen, hechos con materiales orgánicos y que con el paso del tiempo tienen vida propia. El Wabi-Sabi es el metal oxidado, el cáñamo, la cerámica, la madera y todo aquello que muestra el paso del tiempo, la pátina de los tiempos. Por tanto, aquello que resulta deteriorado y sucio, lo que en muchos casos en occidente, podría resultar desagradable.

Noise:

Nos se nos escapa que la cultura nipona, ha sufrido a tenor de la segunda guerra mundial, una fuerte colonización cultural por parte de EEUU. Desde hace ya bastantes años, se puede encontrar en el mercado nipón, todo tipo de manifestaciones culturales y de entretenimiento, no muy distintas de las que se podrían encontrar en Nueva York o Los Ángeles. Grupos de rock, metal extremo, pop, cine de aventuras, boxeo, y un largo etcétera, son sólo algunos ejemplos de esta invasión cultural.



Pero precisamente en el Japan Noise, que parecería heredero directo de todas las manifestaciones de vanguardia occidentales, es donde encontramos elementos tradicionales de la cultura nipona con una fortísima participación, y que resultan fundamentales para comprender esta nueva música o no música.
El Noise, es generalmente definido como un sonido no deseado o no intencional y por ende, como lo opuesto a la música. Vendría a ser un género musical que utiliza música compuesta sin la convencional estructura de armonía y ritmo. Puede incorporar cualquier elemento que le parezca oportuno al artista, en un disco de este estilo, nos podemos encontrar con gritos distorsionados, silbidos o acoples de amplificadores, grabaciones manipuladas por efectos digitales, ruidos de motores u otras maquinarias, ruidos que desechan de otras grabaciones, elementos vocales no musicales, etc. En él, encontramos al igual que en el Wabi-Sabi, el rechazo por las estructuras elaboradas, y sin embargo, un gusto exquisito por todo aquello que puede introducir elementos dramáticos, que nos recuerden la impermanencia y la fealdad. Es pues también un arte sucio y desagradable para occidente, aunque no esta tan alejado como parece de las tradiciones religiosas niponas, y naturalmente, representa un rechazo total, al conjunto de valores aportados por la cultura invasora norteamericana.


Masami Akita:

Uno de los músicos más importantes del Noise, el japonés Masami Akita (conocido por su seudónimo artístico Merzbow) declaró que «Si por ruido (noise) nos referimos a un sonido incómodo, entonces la música pop es ruido para mí».
Masami Akita representa al talento en la escena japonesa y muy posiblemente, en la escena vanguardista del arte en general, comenzando su carrera musical en la década de los 80. Nacido en 1956 en Tökyö (Japón) se graduó en pintura y teoría del arte en la Universidad Tamagawa. Tras trabajar como escritor freelance para diversas editoriales decide crear en 1979, Merzbow influenciado por las vanguardias artísticas que nacieron en las primeras décadas del siglo XX en Europa. Denomina a su proyecto MERZBOW tras ver la obra “Merzbou” creada por el genio dadaísta del collage Kurt Schwitters, obra que, como la mayor parte de las creaciones de Schwitters, lleva el prefijo Merz- como identidad. Su trabajo, excesivo y desaforado, simboliza la sublimación de la luz y la santificación del placer y el asombro. Es el murmullo de un riachuelo amplificado hasta hacerlo insoportable, la desesperación contenida en decibelios de sonido fuera de contexto.
Bebiendo del dadaísmo, del surrealismo y su dirección constante hacia el mundo del inconsciente, termina de dar forma a un modo de expresión que se caracteriza por situarse en contra de cualquier concepto ortodoxo de arte, o de música académica. Así pues, el trabajo de tiene el privilegio de reproducir de forma espiritual un conjunto de formas creativas, teniendo por expresión el ruido, no es la imaginación en sí, sino la imaginación artística, la que hace poética la música de Merzbow.

Merzbow basa su frente de ataque en el uso del ruido extremo, desagradable y totalmente envolvente, sobre las bases de un estudio filosófico-social que hace de sus creaciones algo más que mero “ruido” molesto o sin sentido. A este respecto, es muy recomendable la visita a su web oficial http://www.merzbow.net para poder apreciar su interés por la ecología o el vegetarianismo entre otras muchas inquietudes sociales, morales y éticas, a la par de leer sus artículos, numerosas publicaciones y sus múltiples libros.
La imagen, la intuición, la sensación, los silencios etc. son las formas específicas con las cuales Masami Akita trata el tema, lo concibe y representa. Puede haber mayor potencial subversivo i/o violento en los trabajos de Gerogerigegege, Meltz Banana, Nikudorei, o tantos otros abanderados del denominado “Japan Noise” que en las obras de Merzbow, pero con la afirmación de la intimidad, de lo subjetivo, de la insinuación y del vacío representado en el silencio, o en el ruido más extremo e insoportable, Masami Akita obliga al oyente a dar un paso fuera del sistema musical, que es casi como afirmar, del sistema en general.



La carrera de M. Akita, marcada por el desarrollo constante de su arte durante más de veinte años, ha materializado un número de trabajos editados en los sellos más importantes del underground mundial (Tzadic, Warp, Mego, RRRecords,…) realizando bandas sonoras para performances de Boundage, uno de los puntos principales de su estudio sobre la sociedad, el sexo, el tabú, materializado en múltiples ensayos o la edición limitada de una caja (Merzbox) con 50 cds, libros, afiches, artículos y libros de ensayo sobre su filosofía.



Masami Akita no es sólo el compositor de ruidos más o menos provocadores, por el contrario, representa al artista comprometido con su obra y con el mundo que le rodea, con un fuerte mensaje de esperanza, que pasa a través de la desesperación de un mundo post industrial y totalmente convulso Es muy poco o nada lo que se conoce sobre la mística de Merzbow, lo cual posiblemente se deba a las deformaciones de clichés o simplemente a la ignorancia que se tiene sobre la cultura Noise, incluso por los que se dicen seguidores de la misma. No son pocos los que siguen pensando que tales muestras de expresión artística, están estrechamente vinculadas con el Punk de los 70, o con los movimientos industriales de los 80, y por tanto, se empeñan en ver en el ruidismo un mero ejercicio de provocación más o menos adolescente.
Así, ha caído en el pozo de “lo alternativo” un artista innovador y agitador de reflexiones. Sacerdote de unos valores musicales producto de la iluminación amorosa y no de las amenazas del castigo.

La etiqueta impuesta a la música noise, ha deformado su verdad, su realidad expresada en este universo de sonidos, porque su potencialidad radical se basa precisamente en su carácter ideológico. El pesimismo del arte de Masami Akita no representa una mera postura estética provocadora y soez, sino una herramienta para contrarrestar la conciencia acomodada de las formas más violentas del ruido.
Carrera Marcada también por una multitud increíble de colaboraciones con artistas de relevancia en la vanguardia como Alec Empire, Massona, , Scanner, Karkowski, Kim Cascone, Francisco López, Sun o))), Boris y un largo etc que incluye discos de remezclas de sus obras realizados por artistas que le rinden homenaje.
Cuando un hombre como Masami Akita compone música, cuando inventa una melodía, o la improvisa, saltándose a la torera toda convención, incluida la del ensayo y el esfuerzo que ha de resultar en un producto, en un resultado, en un opus, tal invención es quizás el “ultimum mysterium” de la existencia humana; tal invención es un rito de libertad como ningún otro, puesto que la improvisación, se presenta como un puente directo entre el artista y su obra, es más, enlaza a la perfección el artista y su obra, llegando un punto en el que ya no hay ninguna diferencia entre ambos. El artista es su obra, y la obra es el mismo autor. Ese rito es la definición de la música de Merzbow. Es aquello que hace a la música algo que no puede reducirse al lenguaje estructurado.

Butoh:

Con el propósito de recobrar el cuerpo primigenio "el cuerpo que nos ha sido robado" según palabras textuales del propio Tatsumi Hijikata, en 1959 este singular artista, escandaliza a toda la comunidad artística de Japón, con un espectáculo llamado “Kinjiki” (Colores Prohibidos). En él exploraba el tema de la homosexualidad y terminaba con la muerte por asfixia de un pollo vivo entre las piernas del actor Yoshito Ohno, y Hijikata persiguiéndole en la oscuridad. La obra indignó a la audiencia y provocó la expulsión de Hijikata del festival en que la obra se estrenó.
Tras Colores prohibidos Hijikata continuó alterando las formas tradicionales de la danza. Inspirándose en Yukio Mishima, Lautréamont, Artaud, Genet y en el Marqués de Sade, profundizó en lo grotesco, lo oscuro y lo decadente. Paralelamente, exploró la transmutación del cuerpo en otras formas como humo, polvo, fantasmas o animales.
Una vez más, debemos referirnos a las tradiciones niponas más antiguas, para comprender la verdadera naturaleza de esta danza de vanguardia. Los bailarines del Butoh, completamente desnudos salvo por un tanga o pequeño slip, suelen pintar sus cuerpos de blanco y rapar sus cabezas, con lo que su estética se asemeja a la de un muñeco cuyos rasgos se desdibujan. Sus movimientos exageradamente lentos en contraposición con otros totalmente precipitados y violentos, crean una atmósfera angustiante y altamente desagradable. Sin embargo, al conseguir entrar en su mundo, al permitir que su lenguaje nos invada, percibimos el mismo tipo de belleza que transpira un jardín Zen o una ejecución de shakuhachi. No son pocos los artistas de Butoh, que colaboran con músicos ruidistas, creando paisajes y performances llenas de angustia y de desesperación, donde lo humano se denuncia una y otra vez, en un discurso de sensaciones y de experiencias directas.
En muchas ocasiones la danza ocurre dentro del bailarín, casi una danza más imaginaria que real. En otras, parece un cuerpo más propicio a escuchar que a hablar; un cuerpo buscando escuchar dónde debiera dirigirse el próximo movimiento.


El Butoh es un gesto de introspección, dolor y muerte, aunque a nadie se le escaparan las coincidencias con disciplinas como el Tai Chi, o el Choi Li Fat. Particular expresión de la danza japonesa nacida hace 50 años de la devastación colectiva. Las aterradoras imágenes de seres sobrevivientes del desastre nuclear, con los ojos colgando fuera de sus órbitas, bagando tras la explosión, agonizando sin remedio como marionetas sin hilos, permanecen todavía a través de un código rigurosamente interiorizado y depurado en el tiempo, convertidas en expresión escénica de valoraciones universales.
De la crispación existencial, emerge su concepto doloroso y del regodeo estético de lo grotesco, la esencia de su forma controvertida. El lento y quejumbroso movimiento del bailarín Butoh reta a la danza artística occidental. Su sentido intrínsecamente ritual contradice cualquier sentido lúdico de celebración banal a partir del cuerpo humano.
La danza Butoh trascendió su tragedia originaria y su contexto social y político, para intentar pertenecer al hombre de cualquier raza, nacionalidad o credo. Las experiencias en este sentido son crecientes más allá de Japón.





Conclusiones:


Son las tradiciones niponas y su particular forma de percibir el mundo, las que han posibilitado un concepto musical que aunque parece totalmente experimental, mantiene una serie de rasgos anclados en la mística y la mitología más tradicional. Los conceptos filosóficos y morales que subyacen en esa disciplina artística, son conservadores, puesto que defienden ideas que pertenecen a la preindustrialización del Japón, y que enlazan con el Budismo, el Taoísmo, el Sintonismo y con todas y cada una de las formas de arte milenario que han conformado el espíritu nipón.
La recreación del horror y la barbarie en el arte, son elementos introducidos en Japón a partir de la explosión de la bomba atómica, pero el gusto por lo que se degrada, por la fealdad, por lo austero, son rasgos culturales que deben buscarse en las raíces más antiguas de las tradiciones niponas.
Aplicando los principios estéticos del Wabi-Sabi al Japan Noise, obtenemos un ángulo mucho más abierto y menos críptico de esta disciplina musical, o como a muchos les gusta llamar, antimusical.


Referencias:

Bibliografía
ENSAYOS SOBRE BUDISMO ZEN de DAISETZ TEITARO SUZUKI
LA ESENCIA DEL ZEN de Thomas Cleary
The Tree of Enlightenment - Dr Peter D. Santina
La Filosofía del Vacío de Albert Ribas
En la red
http://www.purojazz.com/comentaristas/sadhu/articulos/merzbow.html
http://www.eurielec.etsit.upm.es/~zenzei/index.php?numero=8&tipo=musica&arch=3Merzbow
http://merzbow.net/
http://www.wikipedia.net
http://www.elpais.com/articulo/arte/Sankai/Juku/grito/sordo/elpepuculbab/20081101elpbabart_9/Tes



Cesc Fortuny i Fabré Monistrol de Montserrat Junio 2009

2 Comentarios:

Ada dijo...

Me gustó muchísimo su artículo, hay conceptos que no llego a comprender bien, pero sí he sido capaz de entender. El instrumento que menciona me parece que descubre uno de los más bellos sonidos que yo conozco. Adoro toda esa cultura y me apasiona empaparme de todo aquello que me la haga más conocedora, pero al mismo tiempo soy una gran ignorante de muchos conceptos, rituales, silencios, miradas y movimientos que revierten sobre ella.
Un placer leerle.
Saludos

Cesc Fortuny i Fabré dijo...

Muy agradecido Ada, imagino que se refiere al shakuhachi. Efectivamente, a mi también me parece delicioso.
Muchas gracias por su atención, hay mucho de nosotros en las culturas vecinas, mucho más de lo que pensamos.

Saludos.