Utilidad de la poesía en tiempos de crisis, por Ángel Guinda

viernes, enero 29, 2010

ÁNGEL GUINDA (Zaragoza, 1948), reside en Madrid desde 1988. Es autor de los manifiestos “Poesía y subversión”, “Antimanifiesto” , “Poesía útil” y del ensayo El mundo del poeta, el poeta en el mundo.
Ha publicado los libros de poemas Vida ávida, El almendro amargo, Conocimiento del medio, La voz de la mirada, La llegada del mal tiempo, Biografía de la muerte, Toda la luz del mundo y Claro interior. Traductor de Cecco Angolieri, Teixeira de Pascoaes, Florbela Espanca, José Manuel Capêlo, Àlex Susanna y Ana Cristina Cesar.
Su poesía (traducida a las lenguas de la Unión Europea) aparece estudiada en trabajos como Ángel Guinda: pus esplendoroso del cielo (Manuel Martínez Forega) o Letras arrebatadas: poesía y química en la transición española (Germán Labrador Méndez); y está representada en diversas antologías, las más recientes: Metalingüísticos y sentimentales: Antología de la poesía española 1966-2000: 50 poetas hacia el nuevo siglo (edición de Marta Sanz Pastor, Biblioteca Nueva, 2007), 4 gatos: Otras voces fundamentales en y para la poesía española del siglo XXI (edición de Agustín Porras, Huerga y Fierro, 2009) y Avanti: Poetas españoles de entresiglos XX-XXI (edición de Pablo Luque Pinilla, Olifante, 2009).


UTILIDAD DE LA POESÍA EN TIEMPOS DE CRISIS.

Conferencia pronunciada en el Conservatorio de Música de Tarazona (Zaragoza), el 21 de agosto de 2009, a las 19 horas.


Esta charla (extracto del proyecto de ensayo “Utilidad de la poesía en tiempos de crisis”) ha sido programada dentro del Festival Homenaje a Miguel Hernández (Orihuela, 1910 – Alicante, 1942), en vísperas del Centenario de su nacimiento.

Por ello el apartado final de la misma, ´Utilidad persuasiva de la poesía`, recoge un punto dedicado al gran poeta del pueblo, nuestro homenajeado, que vivió y escribió en tiempos de crisis. Me refiero a la gran crisis económica, ideológica y política española durante los dos últimos años de la II República, la Guerra Civil del 36, la imposición de la Dictadura y el primer trienio de posguerra.


*



Alguien me enseñó, cuando era niño, que las cosas tienen utilidad y las personas tenemos dignidad.
Una distancia separa las cosas de las personas. Las cosas son utilizadas por las personas para provecho y bienestar de éstas, pero las personas no deben ser utilizadas por otras personas y menos aún esclavizadas por las cosas.

Hay cosas que están en el camino de las personas hasta el punto de no ser nada o no tener sentido sin éstas.

Llegamos así a una realidad o cosa muy especial llamada arte, que definiré como ente material con proyección y efecto espiritualizantes. Hablamos de arte musical, arte literario de la palabra, de la traducción, del movimiento, del canto, de la interpretación, arte plástico de la pintura, de la escultura, de la imagen, arte de la moda, del diseño, de la publicidad, etc.

A excepción de Luis García Montero quien, en la presentación de su libro Confesiones poéticas, declara: “La poesía es un género útil”, a lo largo de mi vida he oído hablar de la inutilidad del arte y, sobre todo, de la inutilidad de la poesía, considerada como “un producto perfectamente inútil” o, en el mejor de los casos, inútil pero necesario.

Mi personal y profunda relación teórica y práctica con la poesía me llevaba a defender su utilidad, porque siempre leí algunos poemas verdaderos que resultaban enormemente útiles para mi espíritu.

Unos me servían para fundarme como persona, otros me ayudaban a interpretar el mundo y mi propio mundo, no pocos venían a perfeccionar en intensidad y trascendencia el catálogo de mis sentimientos (el amor, la soledad, el paso del tiempo, la ausencia, el olvido, la muerte), y los había que pintaban con palabras paisajes para mis ojos.

Hasta que un día de 1993 decidí escribir y publicar el manifiesto Poesía útil, uno de cuyos pasajes dice: “Defendemos una poesía que, además de objeto de belleza, sea sujeto de conducta. [Una poesía] que sirva al ser humano: moralmente, para vivir; culturalmente, para ensanchar y afianzar su saber; y estéticamente, para gozar.”

Si me preguntáis ¿para qué sirve una silla?, contestaré: para sentarse. Si me preguntáis para qué sirve un cuadro, un poema o una sinfonía, responderé: para sobrevivir. Sí, el arte ayuda a sobrevivir, el arte sirve para sobrevivir contra la aplastante realidad que nos vacía de horizonte, de infinito.

I


Reflexionemos sobre los componentes del título de la charla: utilidad, poesía, tiempos, crisis. Es decir, planteémonos: ¿Qué es la utilidad? ¿Qué es la poesía? ¿Qué son los tiempos? ¿Qué entendemos por crisis?

Asocio la palabra utilidad al efecto eficaz de una cosa, hecho o acción que consigue un resultado favorable respecto a algo: fuego-calentar, hielo-enfriar, coche-viajar.

Relaciono la poesía -su actitud ante la vida, su escritura y lectura- con lo esencial intenso, con el recogimiento y la concreción interiorizada del exterior disperso.

Siento los tiempos como las sucesivas épocas históricas, pero también como las diferentes etapas del viaje de nuestra vida.

Y en la palabra crisis veo la confluencia de dos mundos:

- Uno negativo, de agitada confusión por una determinada situación adversa
- Otro positivo, de expectación hacia un cambio a mejor que se desea y cuya llegada, aunque a lo lejos, se intuye.

Escuchamos: crisis de Occidente, nuestra sociedad está en crisis, el mundo de las ideas y de las ideologías está en crisis, la política está en crisis, la Religión está en crisis, la economía está en crisis, crisis de poder, el fútbol está en crisis… Nosotros mismos, a veces, estamos en crisis.

Por otra parte supongo que –aunque sólo sea por reducción al momento actual- desde que leísteis o escuchasteis el título de esta exposición habéis pensado exclusivamente en la utilidad de la poesía en tiempos de crisis económica. Puedo comprenderlo, pero no puedo compartir esa asociación excluyente, pues en la actualidad y en cada uno de nosotros no hay una única crisis de tipo monetario o laboral, sino que puede haber, para distintas personas, crisis diferentes.

- Crisis existencial: de identidad, de afectividad, de angustiosas reflexiones sobre la vida, el peso de la edad, la muerte
- Crisis de valores
- Crisis de conciencia por problemas tan graves como las guerras en el mundo (pensemos en Irak, Irán, Afganistán o en el permanente conflicto palestino-israelí…), el hambre, la inmigración, el desempleo.

Para los momentos puntuales o para los tiempos en que esas crisis se manifiestan y afectan a cualquiera de nosotros, la poesía debe tener y de hecho tiene una respuesta, una utilidad que ayude a sobrellevarlas. Lo que no tiene para ellas, lamentablemente, es una solución definitiva.
Y al igual que unas crisis se distinguen de otras, también será diferente la utilidad de la poesía para cada una de ellas.

Ajustaré al limitado tiempo de que dispongo el tratamiento de unas pocas utilidades de la poesía:

- Utilidad ahorrativa y remuneradora
- Utilidad catártica
- Utilidad didáctica
- Utilidad aplicada
- Utilidad persuasiva


Utilidad ahorrativa y remuneradora de la poesía

Es la que más conviene a los tiempos de crisis económica.

Distingo dos clases de tiempo: tiempo estéril y tiempo fértil.

El tiempo estéril es un tiempo vacío que poco o nada nos aporta. Es el tiempo que pasamos al volante de nuestro coche, mínimamente enriquecido por el pensamiento, la radio o la música que escuchamos. Pero también es el tiempo aparentemente perdido en nuestros desplazamientos en autobús, tren, avión, Metro…, durante los cuales podemos hablar con el compañero de viaje, una comunicación pocas veces asequible. Más fácil resulta leer y, entonces, la poesía se convierte en alternativa interesante de lectura, por el carácter fragmentario pero intenso de su contenido, exento de la continuidad que la extensión narrativa -por más que interrumpible- reclama.

Tiempo fértil es aquel que nos habita mientras nosotros lo habitamos, un tiempo enriquecedor humana y culturalmente.

Cuando hay que apretarse el cinturón, la lectura es una forma de ocio barato contra el agresivo negocio con el ocio. Algunos me dirán que los libros cuestan dinero y entonces les recordaré que existen Bibliotecas públicas donde leer es gratis y que, además, dichas Bibliotecas disponen de un servicio de préstamo gratuito de libros para ser leídos en nuestra propia casa durante un período de tiempo renovable.

La poesía tiene incluso, en tiempos de crisis económica, una utilidad remunerativa, sirve para ganarse la vida, y de hecho así sucede. Por las terrazas de las grandes ciudades vemos a poetas populares y espontáneos depositar sobre las mesas de los concurrentes una octavilla con pequeños poemas originales o prestados que seguidamente regalan a cambio de la voluntad o recogen para continuar ofreciéndolos a otras personas.

Utilidad catártica de la poesía

La creación poética tiene cierta capacidad terapéutica, de exorcismo, de sofronización de conflictos. Ayuda al poeta a liberarse de sus demonios, a superar o al menos encauzar sus fantasmas –de los que se alimenta su escritura-. En este sentido alguna vez he dicho que el poeta, lejos de obsesionarse con la cultura, debe convertir en cultura sus propias obsesiones. Pero también ayuda, en la misma medida, al lector.

Son innumerables las citas poéticas que podemos aportar a esta utilidad.

Aludiré a algunas de ellas.

  • Respecto al carácter adverso de la condición humana, y más concretamente a nuestra dramática sensación doble de soledad en el mundo y brevedad de la vida, resulta reconfortante recordar el poema “Ed è subito sera”, de Salvatore Quasimodo:

Ognuno sta solo sul cuor della terra
trafitto da un raggio di sole:
ed è subito sera.

Cada uno está solo sobre el corazón de la tierra
atravesado por un rayo de sol:
y de pronto anochece.


  • Con relación a la crisis de identidad, Miguel Labordeta, en el primer poema de su libro primero, se coloca ante la escritura como ante un espejo o ante el mismo psicólogo o psiquiatra para abordar un ejercicio de psicoanálisis, de buceo interior, en un intento de afrontar y solucionar un problema de reconocimiento personal:


Dime, Miguel ¿quién eres tú?
…………………………………
¿adónde has ido?
¿qué dioses hermanaron tu conducta de nadie?
¿y tus sueños hacia qué lejanos ojos
han conseguido hondos de fracasadas copas
donde sorbiste el trance de la culpa?
¿has llegado al límite de la luz
donde el último nombre se dispone a nacer?
…………………………………..

Miguel ¿quién eres? ¡dime!


  • Pedro Salinas, en un momento delicado de su sentimentalidad junto a su amante Katherine Whitmore, en La voz a ti debida nombra el dolor, lo evoca, lo retiene en su poetizar precisamente para espantarlo y, en definitiva, superarlo:

No quiero que te vayas,
dolor, última forma
de amar.
…………………………


  • En cuanto a las angustiosas reflexiones sobre la vida, la belleza efímera, la muerte, el más allá, recomendaré la conveniencia de releer de vez en cuando, y especialmente en momentos graves del existir, las Coplas a la muerte de su padre, de Jorge Manrique, toda una síntesis de serena meditación, lúcida y consoladora, acerca de las principales preocupaciones que nos acechan:

Recuerde el alma dormida,
avive el seso y despierte,
contemplando
como se pasa la vida,
cómo se viene la muerte
tan callando;
cuán presto se va el placer,
cómo después de acordado,
da dolor,
cómo, a nuestro parecer,
cualquiera tiempo pasado
fue mejor.

Pues si vemos lo presente
cómo en un punto se es ido
y acabado,
si juzgamos sabiamente,
daremos lo no venido
por pasado.
No se engañe nadie, no,
pensando que ha de durar
lo que espera
más que duró lo que vio,
pues que todo ha de pasar
por tal manera.

Nuestra vida son los ríos
que van a dar en la mar,
que es el morir;
allí van los señoríos
derechos a se acabar
y consumir;
………………………………

Decidme: la hermosura,
la gentil frescura y tez
de la cara,
la color y la blancura,
cuando viene la vejez,
¿cuál se para?
Las mañas y ligereza
y la fuerza corporal
de juventud,
todo se torna graveza
cuando llega el arrabal
de senectud.
…………………………………


Utilidad didáctica de la poesía

Durante el ejercicio de la docencia, la poesía me ha resultado de gran utilidad como estrategia didáctica para captar, en determinadas ocasiones, la atención y el interés de mis alumnos de Lengua y Literatura españolas.

Contaré, como ejemplo, dos anécdotas:

- El primer día de curso escribía en la pizarra estos versos de Ramón Irigoyen:

Desde que besé a mi primer amor
adoro todas las lenguas.

Y entre paréntesis añadía: “(incluso las lenguas muertas)”.
Como podéis imaginar, tras el consiguiente revuelo de ascos, risitas y comentarios, me apresuraba a aclarar que las lenguas muertas a las que me refería eran el Latín y el Griego.

- En momentos de necesaria amonestación a algún alumno como consecuencia de su escasa motivación por la asignatura o de sus deficientes hábitos de trabajo y estudio, en lugar de enfadarme con exaltación, guardaba un irónico minuto de silencio y les invitaba a copiar y aprender el siguiente poema de Jaime Gil de Biedma:


NO VOLVERÉ A SER JOVEN

Que la vida iba en serio
uno lo empieza a comprender más tarde
- como todos los jóvenes, yo vine
a llevarme la vida por delante.

Dejar huella quería
y marcharme entre aplausos
- envejecer, morir, eran tan sólo
las dimensiones del teatro.

Pero ha pasado el tiempo
y la verdad desagradable asoma:
envejecer, morir,
es el único argumento de la obra.


Utilidad aplicada de la poesía

Los creadores artísticos y los creativos publicitarios, como profesionales de la imaginación, están en continuo estado de crisis vigilante, atentos al descubrimiento de la sorpresa mediante la expresividad y la fuerza comunicativa de su arte, ya sea visual, musical o mediante la palabra.

En este sentido resulta evidente la aplicación de la poesía a la publicidad, a las artes plásticas (sobre todo en grafitis y pintadas), a las artes musicales y cinematográficas, a las manifestaciones callejeras en leyendas de pancartas, etc.

Muchos lemas publicitarios comerciales [“La primavera en punto” (con doble guiño al género textil y a la estación del año), “Es otoño en el Corte Inglés”, o “Colhogar, color de hogar”]; lemas sociales reivindicativos [“Todos los sin techo caben en mi pecho”, “Ven con nosotros a cambiar la vida”, “Ven con nosotros a matar la muerte” , “Somos mujeres, no enseres”] buscan su efecto apoyándose en recursos del lenguaje poético tales la rima, la asociación de imágenes, la hipérbole o exageración.

Músicos como Theodorakis, juglares históricos como Paco Ibáñez y Amancio Prada y cantautores de la talla de Joan Manuel Serrat, Lluis Llach, María del Mar Bonet o Adolfo Celdrán, entre tantos, han recurrido a poetas clásicos y contemporáneos (Jorge Manrique, Quevedo, Rosalía de Castro, Iriarte, Samaniego, Antonio Machado, Pablo Neruda, Miguel Hernández, Bartomeu Rosselló-Pòrcel,…) para fundamentar su repertorio.

Y grandes directores de cine (pienso en el portugués Manuel de Oliveira o en el griego Theo Angelopoulos) utilizan atmósferas de marcado lirismo para significar el estilo de sus películas.


Utilidad persuasiva de la poesía

La utilidad persuasiva del poema es la que más interesa a cualquier mensaje destinado a conseguir un fin concreto.

La poesía emplea el lenguaje persuasivo con fines muy variados: de conquista amorosa, de solidaridad social, de propaganda turística, religiosa, política, bélica, pacifista; o con intención laudatoria de personas y artes.


- Pensemos en lo que sentiría la amada de Bécquer al leer y escuchar estos versos del poeta romántico:

Podrá nublarse el sol eternamente,
podrá secarse en un instante el mar,
podrá romperse el eje de la tierra
como un débil cristal.

¡Todo sucederá! Podrá la muerte
cubrirme con su fúnebre crespón;
pero jamás en mí podrá apagarse
la llama de tu amor.


- E imaginemos lo que sentiría el amado de Luis Cernuda (o cualquiera de nosotros en tiempos de crisis afectiva o de vacío sentimental) ante esta declaración de amor del autor de La realidad o el deseo titulada, sin ningún pudor, “Te quiero”:


Te quiero.

Te lo he dicho con el viento,
jugueteando como animalillo en la arena
o iracundo como órgano tempestuoso;
………………………………………
te lo he dicho con el sol
………………………………………
Te lo he dicho con las nubes
………………………………………
Te lo he dicho con las plantas
………………………………………
Te lo he dicho con el agua
………………………………………
te lo he dicho con el miedo,
te lo he dicho con la alegría,
con el hastío, con las terribles palabras.

Pero así no me basta:
más allá de la vida
quiero decírtelo con la muerte;
más allá del amor
quiero decírtelo con el olvido.


- La pequeña y recatada ciudad de Soria es un claro ejemplo de utilidad persuasiva de la poesía como propaganda de atracción turística. El “Romance del Duero”, de Gerardo Diego, o tantos poemas de Campos de Castilla, de Antonio Machado; así como la atmósfera mítica que ha dejado la estancia de estos poetas en la ciudad de San Saturio son un imán que acerca a un gran número de visitantes a esta ciudad castellana.

Dice Gerardo Diego en su famoso romance:


Rio Duero, río Duero,
nadie a acompañarte baja,
nadie se detiene a oír
tu eterna estrofa de agua.
Indiferente o cobarde,
la ciudad vuelve la espalda.
No quiere ver en tu espejo
su muralla desdentada.
Tú, viejo Duero, sonríes
entre tus barbas de plata,
moliendo con tus romances
las cosechas mal logradas.
Y entre los santos de piedra
y los álamos de magia
pasas llevando en tus ondas
palabras de amor, palabras.
Quién pudiera como tú,
a la vez quieto y en marcha,
cantar siempre el mismo verso,
pero con distinta agua.
Río Duero, río Duero,
nadie a estar contigo baja,
ya nadie quiere atender
tu eterna estrofa olvidada,
sino los enamorados
que preguntan por sus almas
y siembran en tus espumas
palabras de amor, palabras.


Antonio Machado, en uno de sus poemas que se dirían instantáneas del paisaje soriano, escribe:


Allá en las tierras altas,
por donde traza el Duero
su curva de ballesta
en torno a Soria, entre plomizos cerros
y manchas de raídos encinares,
mi corazón está vagando, en sueños…
¿No ves, Leonor, los álamos del río
con sus ramajes yertos?
Mira el Moncayo azul y blanco; dame
tu mano y paseemos.
Por estos campos de la tierra mía,
bordados de olivares polvorientos,
voy caminando solo,
triste, cansado, pensativo y viejo.


Es patente la utilidad persuasiva de la poesía en tiempos de crisis revolucionaria.

Ejemplo de ello es el poema que sirve de letra al mejor himno nacional entre los compuestos a lo largo de la Historia, pese a que hoy algunos de sus versos puedan parecernos políticamente incorrectos.

Me refiero a “La Marsellesa”, modelo de enardecimiento e imprecación al pueblo para convencerle de que se movilice a la llamada de la Patria en defensa de ésta. Reproduzco sus dos primeras estrofas que en castellano dicen:


¡Vamos, hijos de la patria,
que ha llegado el día glorioso!
¡El sangriento estandarte de la tiranía
se ha levantado contra nosotros! (bis)

¿No oís bramar por los campos
a esos feroces soldados?
Vienen a degollar
a nuestros hijos y a nuestras esposas.

¡A las armas, ciudadanos!
¡Formad vuestros batallones!
Avancemos, avancemos,
que una sangre impura
empapa nuestros surcos. [La traducción es mía]
…………………………………….

Allons, enfants de la patrie,
le jour de gloire est arrivé!
Contre nous de la tyrannie,
l´étendard sanglant est levé! (bis)

Entendez-vous dans les campagnes
mugir ces féroces soldats?
Ils viennent jusque dans vos bras
ecorger nos fils et nos compagnes?

Aux armes, citoyens!
Formez vos bataillons!
Marchons, marchons,
qu´un sang impur abreuve nos sillons!
……………………………………….


Me acerco ya al final de esta charla para referirme a la utilidad persuasiva de la poesía aplicada por Miguel Hernández a sus composiciones escritas durante la guerra.

La fuerza de convicción de sus versos a favor de la causa republicana, y la exaltación de los mismos animando a la acción para conseguir la victoria del ejército rojo del pueblo, se pueden constatar en buena parte de su producción entre mediados de 1936 y 1939.

Unos son poemas belicistas de proselitismo y militancia comunista, recogidos en sus libros Viento del pueblo y El hombre acecha.

Así, en “Canción del esposo soldado” hay un verso tremendo, emblemática justificación del terror para superar el complejo de culpa, y declaración de principios para todo el que tiene que tomar partido en un conflicto bélico hasta llegar a empuñar un arma. El verso dice:

“Es preciso matar para seguir viviendo.”


En “Sentado sobre los muertos” la intención propagandística es clarísima:

……………………………….
Acércate a mi clamor,
pueblo de mi misma leche,
árbol que con tus raíces
encarcelado me tienes,
que aquí estoy yo para amarte
y estoy para defenderte
con la sangre y con la boca
como dos fusiles fieles.
…………………………………

Aquí estoy para vivir
mientras el alma me suene,
y aquí estoy para morir,
cuando la hora me llegue,
en los veneros del pueblo
desde ahora y desde siempre.
Varios tragos es la vida
y un solo trago es la muerte.


Sin embargo, otros poemas, surgidos en los últimos meses del citado período de tiempo y recogidos en el libro Cancionero y romancero de ausencias, reflejan el desaliento y desengaño por la derrota que se avecina, hasta lamentar, cuestionar y rechazar la existencia de guerras en el mundo; como el titulado “Tristes guerras”, cuyo fondo contiene un profundo aliento persuasivo de raíz pacifista:


TRISTES GUERRAS

Tristes guerras
si no es amor la empresa.
Tristes. Tristes.

Tristes armas
si no son las palabras.
Tristes. Tristes.

Tristes hombres
si no mueren de amores.
Tristes. Tristes.


Ya me callo.

Si mis palabras os sirven mínimamente para confiar en la utilidad de la poesía con relación a vuestra vida me sentiré un poeta algo menos inútil.


Ángel Guinda.

2 Comentarios:

Amando Carabias María dijo...

GRACIAS, GRACIAS, GRACIAS, GRACIAS...

Gracias a Angel Guinda por su clarividencia, por su habilidad, por su capacidad didáctica. Y gracias a La Náusea por hacernos llegar este texto.

José Antonio dijo...

Vaya, una excelente clase magistral. Como el comentario anterior, gracias.