“SESGO FICCIONAL EN UN CUENTO DE LUIS GIRARTE MARTINEZ: LA CITA”

viernes, febrero 26, 2010

J. JESÚS ÁVILA ZAPIÉN

Nació en Sahuayo, Michoacán en 1964. Biólogo, poeta y cuentista. Sus inquietudes literarias las ha encausado a través de cursos y talleres en Morelia, Michoacán. Ha colaborado en columnas semanales de los periódicos: Provincia, Tribuna y Vox Pópuli; y en la sección poética de la revista Expresión Tecnológica, del Instituto Tecnológico de Jiquilpan. Publica textos en medios electrónicos como EL BOTE DE COLÓN; RASABADÚ: ¿QUÉ HAY DETRÁS DEL BIOMBO? (Blog del ganador del Premio Nacional de Cuento, San Luis Potosí 2008, Edgar Omar Avilés). Poemas suyos aparecen en el libro “Follaje de palabras” (1996). Fue premiado con mención honorífica en el certamen de poesía de los primeros Juegos Florales Villamar, 2004.
Tiene en prensa (para su próxima publicación) el libro de narrativa: “La vida imita al arte: personajes sin tiempo”.

Algunas publicaciones en la red:

El bote de Colón: “Metamorfosis”
RASABADÚ: ¿QUÉ HAY DETRÁS DEL BIOMBO? (Página de Edgar Omar Avilés, Premio Nacional de cuento San Luis Potosí 2008): “Lío Letal”
Vox Pupuli: “¡Salvemos al Amigo Lore!”


“SESGO FICCIONAL EN UN CUENTO DE LUIS GIRARTE MARTINEZ: LA CITA”



En agosto del año anterior tuve el privilegio de ser invitado por el Profesor Luis Girarte Martínez, a la presentación de su libro de cuentos: Tortuga. Título con el que homenajea a su tierra natal Sahuayo. (Del náhuatl: Tzacoatl-Ayotl, que significa “tortuga sobre piedra”). Ciudad que hace unos ayeres fue un añejo pueblo, próspero y a la vez violento como la génesis de México. Caleidoscopio mítico a partir del cual el autor decanta el germen para tramar historias excluidas del tiempo como sueños. La portada ostenta una trepidante imagen pueblerina, ungida en rojos de cólera y destierro, extraída de una pintura al oleo (La visita) del pintor sahuayense universal, Luis Sahagún.

Girarte es un inspirado poeta natural y hábil cuentista que ha sido merecedor de infinidad de galardones nacionales e internacionales (1). Enraizado en la región de La Ciénaga de Chapala, es un hombre modesto que no tuvo que recurrir a un puesto de cancillería para explayar su arte, y aunque le pese a grupos centralísticos, traslada el epicentro de su “otra propuesta”, al vórtice de una abrupta provincia al noroeste de Michoacán, que colinda tanto histórica como geográficamente con la zona sur de los altos de Jalisco: tierra de Arreolas y de Rulfos. Pese a Laborar en el sector educativo de nivel secundaria, Luis es ese autor prolífico que desafía la letra con empeño, porque puede entender que el reconocimiento literario pleno, suele –no pocas veces– rebasar lo efímero de la existencia; y saber ese principio (asimilado cabalmente por pocos) de que la verdadera obra trasciende a su creador, transmutada hacia el acervo cultural del pueblo, cual si un canto popular. Poesías suyas (caso de “El niño que no pudo nacer”) llevan generaciones circulando de la boca al oído con asonante acento, o clonadas en la red cibernética con autoría anónima, remando contra la corriente del versolibrismo.
Del análisis de sus cuentos, se devela una visión totalizadora en el manejo de los mecanismos narrativos más característicos del género, llámese barroco, realista, fantástico... Tras la aparente sencillez de su lenguaje, la estructura o trama que silencia el “Iceberg” de la historia subterránea, parece descollar de lo profundo la verdad invisible, con abruptos embragues subconscientes en el receptor. El imperceptible hilo negro Rulfiano que ha enmarañado a tantos seguidores apócrifos del creador de Pedro Páramo, se le revela en sí como un recurso más que la intuición aporta. Al ser un asiduo y sistemático lector, la honda naturalidad de su lirismo, blinda resonancias de un Ángel Gonzales o un Francisco Rojas, en el cuento. Porque, como bien reconociera el propio Arreola: “Yo no he escrito una línea que no haya sido escrita antes que yo. Soy un eco. Y Juan (Rulfo) es un eco prodigioso también de una serie de escritores”. Para Girarte, como para Rojas, Azuela, Guzmán o Yáñez… el secreto de una literatura particular está en ese sesgo que trasluce el eco fonético para preponderar sobre el mensaje mismo, atrayendo significados alternos; plasticidad semántica en potencia, que refuerza el tono del regionalismo por su fraseo elíptico, detonando esa enorme capacidad alusiva para trasgredir las expectativas del lector, abriéndole, de súbito, las arcas de una realidad propuesta. De tal forma que, por ejemplo, la revelación (y, a posteri, praxis) del sentido metafórico que encierra el verbalismo de un “No estaba en mis cabales”, sacude con más fuerza que un “No supe lo que hacía”. Luis Girarte nos lo dice muy claro en este soberbio cuento, breve y certero como flecha; hecho, conforme a los cánones de la bisutería artística de Poe, pero ataviado de una soberbia síntesis nacionalista, a lo Ricardo Garibay o a lo Revueltas, y que, igualmente, hubiesen degustado con placer, Quiroga o Rulfo.





LA CITA
Luis Girarte Martínez
El no quería venir. Estoy seguro. Cuando llegué a su casa tenía la puerta cerrada y mandó a su mujer a que me dijera que lo esperara. Se tardó mucho rato, como si presintiera. Por eso pienso que no quería venir. Pudo tener una de esas corazonadas que tenemos todos cuando nos va a pasar algo. Quisiera imaginarlo cuando estaba en su casa: triste y pensativo, como quien quiere algo más que asimismo y sabe irremediablemente que lo va a perder.
Yo nunca había sentido tan cerca el olor de los naranjos ni había podido comprender tan hondo la incertidumbre de la espera.
¡Tardaste mucho carajo! Le dije cuando apareció en la puerta con su gabán blanco, su rostro moreno y reseco, duro como la tierra pisoteada por los caballos. Entonces sentí más hondo y más inmenso el páramo de la noche. Nuestros pasos sonaron como guajes viejos echados a rodar sobre las piedras.

Ni una guitarra triste. Ni un grillo poeta. Sólo escuchábamos nuestros propios resuellos, nuestros latidos, el acento repetido de los pasos. Todo estaba solo y oscuro. Nomás nosotros parecíamos cañas verticales en aquel abandono.
No sé si ustedes han notado cómo se pega el tiempo a las angustias cuando se tiene algo importante que hacer y el reloj no avanza. Así sentía yo cómo se prolongaban los instantes. Y él parecía tan firme y tan seguro, siempre con las manos debajo del gabán.
En aquella esquina nos están esperando. Le dije con el pretexto de romper el silencio. Él no contestó. Iba seguro. Yo sentía que los pasos se hundían en la tierra, profundos…
¡Cómo tardaste tanto! ¡Ya casi va a amanecer!
Ya pasaron los primeros lecheros por el rumbo de Matas verdes.
Hace tanto rato que pasó Ramoncillo; yo creo que ya va llegando a la Calzonuda o tal vez esté dando los primeros azadonazos a la tierra.
¡Es muy tarde ya!
Aquí estoy pues. Habló con su voz clara y lenta, como si se empeñara en retener los sonidos. Así era siempre.
Vine porque ya había quedado con ustedes.
Yo sentí que la sangre se cortaba de pronto. Vino a pagar, a lo hombre, lo que quizá no debía. Parecía tan resignado, tan leal, tan noble, tan buena persona, que casi nos sorprendió a todos.
Eso que ustedes dicen, no es cierto. Volvió a sonar su voz.
Vayan y díganle a maría Quirino que esas cosas las tuve siempre a las buenas y que siempre me sobraron. Lo que pasó fue porque ella quiso. Yo no la forcé a nada. Ella vino brincándose las cercas hasta que se metió en la cama, la noche que mi mujer no estaba. Vayan díganle que lo recuerde. Además las deudas con las mujeres no se pagan así.
Ninguno de nosotros se preocupó en comprobar si aquello era cierto. Estábamos aferrados a la idea como los árboles al suelo. María Quirino no valía la pena para matar a un hombre, pero queríamos hacerlo. El acero que marca las ausencias cobró luz en nuestras manos y empezamos a jugar, a meterle navajazos por todo el cuerpo. Pero no se quedó quieto el carajo. Sacó las manos de debajo del gabán empuñando la daga que ha de haber estado afilando durante toda la tarde porque la hundía re fácil.
Y se defendió como los perros.
Manchas húmedas aparecían en su gabán por todos lados.
Y nosotros… yo soy el que tengo menos porque no quise acercarme tanto y siento la panza abierta de lado a lado; los demás, ni siquiera se mueven.
Y él… todavía se arrastra. Oigo cómo se arrastra a la vuelta de la esquina. Ustedes tal vez lo encuentren antes de que salga el sol.


(De: Tortuga. 2008. Secretaría de Cultura de Michoacán. Morelia, Michoacán, México; pp. 117)



BREVE SEMBLANZA DE LA CIUDAD DE LOS CUENTOS DE GIRARTE


Sahuayo, ciudad fascinante por la tesitura histórica de su papel pre-revolucionario y de efigie cristera, fue el abrevadero estratégico donde rufián y héroe se saciaron en la lucha armada. Escenario idóneo para matizar la patria de prosperidad y empuje, de celo y colorido. Su ayer fluyó tensado en la conflagración de fuerzas, que, de modo imperceptible pero constante, perfilaran la franqueza de sus gentes hacendosas. Comarca asolada por hordas de cuatreros y mercantes, granero donde la idiosincrasia toma el rostro que la supervivencia le concede. El célebre escritor de La vida inútil de Pito Pérez, José Rubén Romero, quien aquí vivió a principios del siglo pasado, no pudo sino ceder ante el encanto de esta noble tierra de inspiración y sorpresa, como lo manifiesta en uno de sus mejores libros,Apuntes de un lugareño”: “Sahuayo es el pueblo más rico de la zona; pueblo de rancheros mal vestidos, pero nobles y dadivosos, capaces en un arranque, de cualquier hombrada”. Es de este rescoldo de la Revolución, captado en la flor de su infancia, del cual se nutre Luis Girarte para plasmar sus “historias hechas cuento”. La piel de sus personajes, encarnaba alguna vez a seres impetuosos, cuyo pecho explotara por la irrupción de una bala o el latido de un bravo corazón. No dejo de pasmarme ante la sensación que me produce el saber que el protagonista de su cuento de corte fantástico: “El hombre de la ardilla”, Manuel Villaseñor, haya sido de carne y hueso. Pero así es, y también así es Girarte –con olfato de portentoso cuentista-, un gran revelador del germen que sazona la vida, y que irónicamente nos conmueve o nos deslumbra.

Templo del Beato José Sánchez del Río. Cortesía de Salvador García

NOTAS:

(1) Luis Girarte Martínez nace en Sahuayo, Michoacán el 16 de julio de 1945. Es profesor de lengua y literatura españolas. Escribe poesía, narrativa y teatro.
Ha ganado 205 premios de poesía y cuento, entre los que se cuentan los siguientes:
El Clemencia Isaura de Mazatlán, Sinaloa; Ciudad del Carmen Campeche. (poesía y cuento); Fundación Álica de Nayarit. (cuento); Juegos Florales de Guamúchil, Sinaloa; Premio de cuento infantil convocado por el DIF CULIACAN; Juegos Florales Universitarios de San Luis Potosí; Premio Nacional de Literatura Efraín Huerta, 1983 (poesía); Premio López Velarde de Zacatecas de poesía y de cuento; Los Juegos Florales de: “Anita Pompa de Trujillo”; Papantla, Veracruz; San Román. Campeche. (Cuento); Taxco, Guerrero; Iguala, Gro; Morelia, Michoacán; Fresnillo, Zacatecas; Santiago Ixcuintla; Villa Hidalgo, Nayarit; Acaponeta, Nayarit; San Juan del Río, Querétaro; Jerez Zacatecas (poesía y cuento); Lagos de Moreno, Jalisco (poesía y cuento); Ciudad Guzmán, Jal.; Poncitlán, Jal.; Poza Rica, Veracruz; Los Juegos Florales de la Revolución Mexicana 2008; El Premio Nacional de Cuentos Campiranos de la Universidad de Chapingo 2008, 2009; El Premio Nacional de Poesía “Ramón Iván Suárez Caamal” 2008, en Campeche. Y a nivel internacional: El premio de la Fundación Givré de Buenos Aires Argentina. (Poesía y cuento); Las Justas Poéticas de Dueñas, Palencia España; Finalista del Premio Internacional de cuentos Gabriel Miró en Alicante, España; Primer Finalista en el concurso internacional de cuentos LA FELGUERA, ESPAÑA 2008; Premio Rafael Alberti 2009, Casa de Andalucía, Prat Llobregat, Barcelona. 3er. Lugar; entre otros…
Ha publicado los siguientes textos:
Poesía: Para Incendiar la Tierra, Vaticinios del amor desterrado, Silencios Personales, Voces Clandestinas, Palabras Ofensivas (poemario ganador de los juegos florales Arcadio Pagaza, 1992, compartiendo créditos en la publicación, con Juegos de Artificio, de Guadalupe Nettel); Torre de Voces Altas, Huellas en el Polvo. (Tiene en prensa una antología de su poesía reunida).
En cuento: Crónica del Inesperado, Cuentos del Abuelo, Rencillas, Tortuga, El Negro de Poche y Voces Fatuas. Un momento con el amigo/ poesía y cuento/ 2009/ edición privada.
Teatro: La Aldaba.


Publicaciones y referencias sobre el autor en Internet:

2 Comentarios:

juan carlos magaña dijo...

Mi estimado amigo Jesús.
Muy cierto que las muestras de texto que incluyes son del estilo de Rulfo.
Ojalá algún día dejemos de imitar y encontremos nuestros estilos.
Recibe un abrazo.

jcarlos magaña.

Anónimo dijo...

hay escritores eminentemente locales, otros que poseen en sus letras cierto grado de cosmopolitismo.