LUCHAR CONTRA EL TIEMPO EN BUSCA DE LA LUZ, LA POESÍA DE MIROSŁAW DZIEŃ

viernes, septiembre 10, 2010

L’Espluga de Francolí, 1971 es poeta y traductor. Traduce del polaco y del esloveno. Cabe mencionar sus traducciones de Czesław Miłosz (Travessant fronteres. Antologia poètica 1945-2000, Proa, Barcelona), de Adam Zagajewski (Tierra del Fuego/Terra del Foc, Deseo, Antenas, todas en Acantilado, Barcelona) y los ensayos de Zbigniew Herbert; y del esloveno, las traducciones de Aleš Debeljak (La ciutat i el nen, Barcelona, Edicions la Guineu) y Lojze Kovačič (Los inmigrados, Siruela, Madrid).
Como poeta, ha publicado Llocs comuns (Lugares comunes) (2004); Retorns de l’Est (Tria de poemas 1990-2001) (Retornos del Este –Poemas escogidos, 1990-2001) (2005); Inventari de fronteres (Inventario de fronteras) (2006). En 2008 aparece su último libro de poemas: La disfressa dels arbres (El disfraz de los árboles). Algunos de sus poemas han sido traducidos al croata, esloveno, inglés, polaco y sueco.




¿Cuál es el proceso que tiene lugar en las diferentes literaturas para que algunos autores pasen a ocupar lugares preeminentes y otros no, teniendo en cuenta que en algunas ocasiones el valor de la obra literaria de estos últimos es más alto que en los primeros? Evidentemente, entran muchos factores, entre los cuales, publicar un libro en un momento determinado y no en otro puede ser de capital importancia. También hay que tener en cuenta la función de la crítica y la manera cómo funciona en cada lengua, en cada tradición. Y ya en el campo de la poesía, la inclusión o no de un autor en una antología que ponga los cimientos de una generación, de un movimiento o del objetivo que persiga.
No obstante, siempre hay poetas cuya obra es de un gran valor literario y que pasan por una especie de purgatorio que se va extendiendo a lo largo de los años sin que su obra obtenga el lugar de referencia que le correspondería. Son hechos que ocurren en todos sitios y nadie tendría que rasgarse las vestiduras ante tal situación.
Estas afirmaciones, que en boca de un poeta joven podrían sonar a pataleta, se me plantean cada vez que descubro a un gran poeta de las lindes, a uno de esos poetas que tiene una gran obra, que ha escrito un gran libro y que sigue siendo silenciado en los medios de su país, los amigos poetas no saben a veces dar razón de ese autor. Si el poeta sigue siendo tenaz, seguramente no interrumpirá ni la escritura (el poeta escribe incluso si no tiene público, no busca la fama sino que está atrapado en la red del lenguaje que, como un pez, le obliga a moverse continuamente, a buscar nuevos medios de expresión) ni tampoco dejará de publicar, aunque sea en ediciones minoritarias, más minoritarias ya, si cabe.
Uno de los casos en los que pienso con más frecuencia, ya desde unos hace diez años, cuando lo descubrí por primera vez, es el del poeta polaco Mirosław Dzień. En un país que se ha desdeñado buena parte de la poesía escrita por una generación irrepetible que ha puesto a Polonia en el centro de la poesía mundial, conrear un tipo de poesía cercana a las estéticas y a las preocupaciones metafísicas de estos autores parece estar de entrada condenada al ostracismo. En una época de un país en que la nueva poesía se ocupa de los aspectos más banales de la existencia humana, de la cotidianidad comprendida como la sordidez de hacer pasar las veinticuatro horas del día, preguntarse sobre la conexión del mundo material con el mundo espiritual y la contradicción que de ella resulta representa adentrarse por unos caminos que ya no se quiere transitar. Si, además, entre el último libro publicado y el anterior han pasado diez años, la desmemoria de los círculos literarios actúa con una eficiencia digna de consideración.
Pero Mirosław Dzień no es un autor del todo desconocido en su país, al menos dentro de un grupo restringido que intenta buscar algo más allá de lo que es la corriente principal de creación. En la década efervescente de los 90 publicó un libro, Círculo de círculos interiores, en la editorial del poeta Ryszard Krynicki, a5, actualmente una de las más prestigiosas del país, pero que en aquella época iniciaba su andadura. Eso fue en 1997. Un año después publicó otro libro, Paciencia, y no fue hasta al cabo de 10 años que publicó su último libro, el excelente Luz en un vaso de agua.

Siempre se trata de lo mismo:
de una metáfora adecuada, de una huella
perfectamente reconocible, de un acontecimiento
descrito con todo detalle. Pero es así que te engaña
el demonio cartesiano, en secreto
y con malicia. Siempre estás preparado
a librarte, de conformidad incluso entregas
el sueño que juguetea en los oscuros y húmedos
rincones del cerebro. En una depresión constante
de impotencia, con la señal del espíritu escondido
bajo el edredón de la conciencia.

La alta metaforización del texto, cuyo tema parece ser al principio la metapoesía, o en un ámbito más general, la creación sobre la creación, se convierte después en un poema acerca de la realidad, de nuestra manera de enfrentarnos a la misma y de cómo la percepción que tenemos de las cosas, de los fenómenos, determina nuestra vida. Como decíamos hace un momento, hay un alto grado de un lenguaje metafórico en este texto que posibilita la múltiple interpretación y variación del tema. Con todo, aparecen algunos elementos, el demonio cartesiano, la conciencia, los objetos particulares que determinan nuestra percepción que podrían enlazar con los temas de autores muy anteriores a Mirosław Dzień. En este caso, y salvando todas las distancias, con Czesław Miłosz, el gran autor de la conciencia, del peso del dolor humano llevado a cuestas en la individualidad. Las diferencias están en el uso del lenguaje, mucho más críptico en algunos poemas de Dzień, y también en el manejo de los conceptos, aunque esta segunda característica se debería también al hecho de que la sociedad y la historia van modificando las valoraciones y nuestra mirada sobre el mundo que nos rodea.

EL ARTE DE COPIAR LLAVES

Ahora nos divertimos copiando llaves:
para el mundo, la vida, las cálidas manos.

Nuestros labios se convierten en ojos, miran
y siguen a un pinzón, dedos del viento en cabellos
de hojas, una sombra que desaparece.

No sabemos nada acerca de la muerte.
Seguimos apartando los rayos cálidos
del día, y así pasamos a la otra
cara, como pequeños delincuentes
con una ganzúa en las sudadas manos.

La fuerza de muchos poemas de Dzień está en el contraste entre los dos mundos, el más objetivo, físico, con el más espiritual, metafísico. Establecer relaciones sorprendentes entre ambos para revelarnos lo que Miłosz decía como el forro del mundo, una revelación acerca del propio individuo.
En el último libro de este autor polaco nacido en 1965 en Bielsko-Biała arroja luz sobre los objetos que nos rodean pero sin presentarlos de manera directa, a través de descripciones, sino a través de una individualización y de una presentación bajo otro prisma. Muchos de los poemas siguen el lema que el mismo poeta ha elegido para encabezar una de las partes en las que se divide el libro, un lema de Paul Evdomikov: “El espacio puede existir tan sólo gracias a la luz que hace de él la cuna de cualquier tipo de vida. En este sentido, la vida y la luz se identifican mutuamente”. Unos postulados muy cercanos a poetas de estirpe contemplativa como Adam Zagajewski. Pero lo que en este último autor es celebración, es canto (aunque siempre con la nota presente del horror, de la conciencia -otra vez- de que asistimos a un mundo no desprovisto de dolor) en el autor más joven es una aproximación a lo inefable, también un camino de comprensión hacia la muerte. Lo etéreo, lo inasible rilkeano aporta una visión particular a la poesía de Mirosław Dzień. 

Hay un afán insaciable hacia la contemplación:
Dominar este fuego, estas brasas de las palabras
(aunque no se muevan en absoluto los labios).
Acumular pensamientos, como se acumula el polvo
en estantes con libros que nunca han sido leídos.
Pensar que en ellos está la receta para la claridad,
con la ilusión de comer hasta saciarse,
hasta volver a tener hambre.

La receta para la claridad, que el autor va componiendo y experimentado en cada nuevo poema, entregando ora en un verso ora en otro verso destellos. Pues, en el fondo, los ingredientes, en el momento de combinarlos refulgen para poder acceder a la comprensión de un orden superior. Un camino emprendido que es ajeno a las tendencias imperantes en la poesía de poetas de la misma generación de Mirosław Dzień, y que resistirá mucho mejor los embates del tiempo.

http://www.topos.iq.pl/ksiazki/ksiazka.php?id=30

1 Comentarios:

tino dijo...

Genial. Brillante todo lo que he leido. me ha encantado. un consuelo ver estas cosas en medio de tanto desastre ambiental. Un abrazote