MACIEJ WOŹNIAK. LA IDENTIDAD CUESTIONADA por Xavier Farré

viernes, noviembre 12, 2010

L’Espluga de Francolí, 1971 es poeta y traductor. Traduce del polaco y del esloveno. Cabe mencionar sus traducciones de Czesław Miłosz (Travessant fronteres. Antologia poètica 1945-2000, Proa, Barcelona), de Adam Zagajewski (Tierra del Fuego/Terra del Foc, Deseo, Antenas, todas en Acantilado, Barcelona) y los ensayos de Zbigniew Herbert; y del esloveno, las traducciones de Aleš Debeljak (La ciutat i el nen, Barcelona, Edicions la Guineu) y Lojze Kovačič (Los inmigrados, Siruela, Madrid).
Como poeta, ha publicado Llocs comuns (Lugares comunes) (2004); Retorns de l’Est (Tria de poemas 1990-2001) (Retornos del Este –Poemas escogidos, 1990-2001) (2005); Inventari de fronteres (Inventario de fronteras) (2006). En 2008 aparece su último libro de poemas: La disfressa dels arbres (El disfraz de los árboles). Algunos de sus poemas han sido traducidos al croata, esloveno, inglés, polaco y sueco.

MACIEJ WOŹNIAK. LA IDENTIDAD CUESTIONADA

El cuerpo es una embajada. Pero de nada sirven
los sutiles procedimientos […]

Pero cuando abres
un mapa gastado, no encontrarás tantos
lugares en los que quedan heridas abiertas,

sueños y vistas desde una ventana. El cuerpo es
una embajada que deniega asilo político.
Pero uno de los funcionarios está corrompido.

De camino a casa, entré en una librería y en el parco rincón de la poesía empecé a buscar libros. Entre la monotonía de los libros que podía encontrar en cualquier otro sitio, me llamó la atención que una editorial importante, Wydawnictwo Literackie, publicara a un autor que hasta entonces desconocía por completo: Maciej Woźniak. El título también entrañaba un cierto misterio: Iluzjon, la palabra que se utiliza para designar al cine en su primera época, y claro está, la raíz de ilusión en el sentido de espejismo, de figuración. No pasaron cinco minutos que ya había decidido llevarme aquel libro. Por si no fuera suficiente para corroborar esa idea, las imágenes como la que abre el presente artículo situaban ante mí a un poeta que, usando estrategias bastante “tradicionales”, era capaz de resolver sus retazos de realidad, el poema, a través de unas sorpresas hábilmente dosificadas.
Después, compré todos los libros de Woźniak que pude encontrar. En este caso, y debido a la dispersión del mercado editorial en Polonia, internet tuvo que ser el principal aliado. Finalmente, conseguí el corpus principal de este poeta. El tono en la mayoría de los libros se mantenía, si bien en Iluzjon, el último que había publicado, la concisión pasa a jugar un papel más importante que en los anteriores.


Maciej Woźniak nació en 1969, así que forma parte de la generación de poetas que cambió el rumbo de la poesía polaca contemporánea. A diferencia de muchos de sus compañeros, el postmodernismo que él practica es directamente un juego con la tradición, no hay tanto el abandono de un discurso lógico, de una sucesión de imágenes sin nexo común que ponen al lector entre las cuerdas del sentido (y de hacer sentido) sino que se encuentra más cercano a una concepción de simulacro de Baudrillard. Además, el uso de las formas que se han impuesto desde el modernismo (entendido desde el punto de vista del significado que adopta este concepto en la literatura anglosajona), como por ejemplo el disfraz del yo lírico, la máscara, Woźniak las reutiliza en un juego doble de espejos donde la identidad, tanto del yo que adopta en el poema como el del que surge del mismo texto hacia el exterior plantean la imposibilidad de llegar a un acuerdo, puesto que son los elementos externos los que delimitan la ubicación mental del individuo. Los poemas de Woźniak están continuamente habitados por personajes, algunos títulos de poemas dan fe de esto: “Abril de 1940. Josef Szigeti en Washington”, “Anne Sexton, una postal con dirección”, “Soy la princesa Diana”, “Un poema que imaginó Virginia Woolf”, “Pobre Klara Schumann”, “Berlín 1914. Georg Trakl se encuentra a Else Lasker-Schüler”, “Bonnie y Clyde”, “Marcel Duchamp pinta una pipa”, “Marina Tsvietáieva, electrocardiograma”, “Sylvia Plath, una postal sin vista para Ted Hughes”, “No tan sólo Truman Show”, “Ronaldinho, rueda de prensa”. Como se puede apreciar, hay una mezcla constante de la denominada cultura “alta” y la cultura “popular”, pero esto no quiere decir que el autor se sirva de esta última para banalizar el mundo, antes bien, los personajes que teóricamente pertenecen a la cultura ‘popular’ se sitúan realmente en el mismo nivel que los de la ‘alta’ cultura a fin de plantear el proceso de desentrañar la identidad (o de entrañarla para que no se llegue a saber hasta qué punto está condicionada, está construida).

MARZO, SALIDA A LA ORILLA
Nubes atezadas y niebla. Abajo, restos de nieve,
espuma de una ola que se retira. Pongo un disco
y corro las cortinas para que la penumbra se mezcle

con el oscuro oleaje en la habitación. Ramas ennegrecidas,
números de teléfono, los lomos de los libros en los estantes
como el esqueleto de un pez en la borda, facturas de la luz

y de la falta de luz, un ruido seco cuando los basureros
vacían los contenedores, y las trompetas en Mahler,
el péndulo gris acerado del océano que indiferente

da o quita a quien sea. On n’est pas qui on pense,
al sentarse por la mañana con la cara enarenada
y el agua salada en los pulmones. En la puerta,

antes de que te quites los zapatos, te levanto la blusa,
las puntas de los pechos me besan en la boca, el sabor
es primero vacilante, inseguro, hasta que descansa

en la lengua. Salgo tras ella hacia la orilla.



El observador que parece que actúa y que finalmente es actuado. Como salir del propio cuerpo para observarnos, y al final dejamos de saber cuál de los dos, o de los tres (si contamos también el espacio externo) realmente realiza la acción, actúa. Tal como expresa Woźniak en otro poema:
Esto es como un holograma. Una lámina ridícula
que vislumbra la boca en la penumbra, al fondo de charcos
que miran al cielo, en las plumas de urracas […]

Esto es como un holograma. Como si tuvieras una tirita
pegada a la piel. Arráncala, y verás una garganta
oscura, abierta con un tubo insertado en ella.



La realidad que reside en otro lugar, la identidad que se encuentra allende nosotros mismos. Woźniak bascula entre estos dos ejes e indica la posibilidad de que se pueden habitar varias habitaciones, varias casas, varias ciudades donde siempre el personaje (en la ficción del poema), la persona (en la ficción de la realidad) será a la vez la misma y diferente. Cambiarán las observaciones externas, y estas observaciones podrán llegar a construir constantemente otra identidad.
En un débil fulgor,
dejan de llenar el paisaje, como cacharros
en una casa o como el armazón del cuerpo

que se oxida lentamente. Un ligero temblor, azul,
del horizonte entre la orilla nebulosa y la orilla del prado,
como entre la piel y la piel, todo lo que encuentra
por el camino, lo transforma en un objet trouvé.



En algunas ocasiones, es el uso de la lengua lo que permite reflejar el mundo ficcionalizado, tamizado en el proceso de representación. Un uso que a veces recuerda a la extrañeza que provocaba la lengua poética de los poetas herméticos italianos de la primera época. El cambio de categorías gramaticales o la substantivación, como en el poema “Fuga”:

FUGA
Cada vez más en otro lugar. Le crecen las cifras
antes y después de las comas, señales liminales
entre fotogramas que ordenan querer más rápido

de lo que consigue el proyector. En las gotas de tinta,
en los impulsos, en los pixeles de las notas de una fuga,
una huida hacia un no aquí y un no ahora. Un gran globo

estalla sobre un cesto de mimbre y lo eleva
más allá del gorjeo de los pinzones por la mañana,
de los chorros beige de la lluvia en los bordillos, del olor

de panecillos para desayunar. Desde allí se ven las palmeras
y el océano alisado, el corte de los vestido
en Londres o una chica desnuda con quien

otros hacen lo que nosotros querríamos. Desde allí se ve
que se hace un silencio cercano y es burlón en otro lugar.
Crece la pared de un acuario, tras la cual nada solitario

el mundo, un pez mudo que da golpecitos al vidrio.




El mundo como un pez mudo, el deseo que se escurre, que encamina al hombre siempre hacia otro lugar, a una huida fuera del tiempo y del espacio, a una huida tal vez de sí mismo. Una identidad que estalla en mil pedazos y que si hay algún lugar que pudiera ser propio, éste se iría esparciendo a través de las palabras diseminadas en los poemas.

1 Comentarios:

Laura Dalmau dijo...

Felicito a la revista per aquest article. Benvinguda la poesia Marian!