DAVID GILMOUR por Francisco Javier Irazoki

viernes, febrero 11, 2011

Francisco Javier Irazoki (Lesaka, Navarra, 1954) fue miembro del grupo surrealista CLOC. La Universidad del País Vasco editó en 1992 toda la obra poética que Irazoki había escrito hasta el año 1990. El volumen, titulado Cielos segados, comprende los libros Árgoma, Desiertos para Hades y La miniatura infinita. La editorial Hiperión le publicó en 2006 el libro de poemas en prosa Los hombres intermitentes. Desde 1993 reside en París, donde ha cursado diversos estudios musicales: Armonía y Composición, Historia de la Música, etc.






DAVID GILMOUR

    Pink Floyd nació en los años sesenta, y su nombre era un homenaje de Syd Barret, líder del grupo, a dos cantantes georgianos de blues: Pink Anderson y Floyd Council. Sus componentes estudiaban arquitectura en Cambridge.
    David Jon Gilmour (Cambridge, 1946), hijo de un profesor de Genética y de una editora, no participó en los primeros pasos de Pink Floyd, entonces llamado Sigma 6, Tea Set o Screaming Abdabs. Tampoco intervino en las largas improvisaciones que originaron el sonido psicodélico (1966-1967) en Round-house y otros locales del underground londinense, ni en la elaboración del álbum The piper at the gates of dawn, título extraído de un poema de William Blake. Él se incorporaría a la banda en febrero de 1968, cuando Syd Barret, su amigo de infancia, perdió el talento en los remolinos del LSD. Roger Waters empuñaba ya las riendas, pero desde el segundo disco (A saucerful of secrets) la guitarra inconfundible y las composiciones de David Gilmour fueron los complementos que Pink Floyd necesitaba para sus mejores obras: Atom heart mother, Meddle, Dark side of the moon, Wish you were here, The wall, etc. 



    Vi y escuché a David Gilmour en París. Fui uno más entre los cuatro mil que abarrotaron el Palacio de Congresos. El primer mérito del músico inglés consistió en reunir a tipos de todo pelo: adolescentes, ex ángeles del infierno, filósofos ricos, matrimonios que cumplen todos los mandamientos de la psicodelia, jubilados de melenas quemadas, industriales encorbatados que no han oído nunca la palabra droga. Esperábamos la aparición de alguien que se pareciese al guapo de los carteles, pero aquella imagen debía de ser obra del mismo genio de la fotografía que retoca los retratos electorales de Manuel Fraga Iribarne, porque salió un Gilmour envejecido, gordo, elegante y solitario. Arrancó, rodeado de guitarras, con Shine on you crazy diamond e impuso respeto. Siguió con Fat old sun. Sonido perfecto y una voz increíblemente fresca, indoblegable en su juventud, sin la ayuda de trucos tecnológicos. Poco a poco subieron al escenario los acompañantes, tan variados como el público: una violonchelista veinteañera y un contrabajista de la misma hornada, un saxofonista viejo, poderoso y desesperado, un baterista que ama el jazz, un coro que nos puso la carne de gallina y… Rick Wright (fundador de Pink Floyd), canoso, muy delgado, que vio recompensada con grandes ovaciones su discreción exquisita. A partir de ese momento, la noche fue una sucesión de canciones muy bellas. ¿Cabe poner alguna pega al David Gilmour actual? Se trata de un músico de excelente calidad, sí, pero de inspiración agotada. Apenas ofreció temas nuevos.

    Algunos meses más tarde, Roger Waters, anunciado como el hermano enemigo de David Gilmour, actuó en París. Al parecer, no se dirigen la palabra (salvo en los tribunales, y con cara de perro) tras veinte años de camaradería1. Un gamberro reclamaba a Gilmour, en su concierto, que cantara canciones firmadas por Waters, y el guitarrista respondía con un seco sorry.
    Recientemente, el altruismo de David Gilmour ha llenado páginas de periódicos. Vendió una de sus dos mansiones, valorada en más de mil millones de pesetas, y entregó el dinero a los sin techo. «Ningún hombre serio puede poseer dos casas», dice. Y pega un escobazo verbal a quienes desean canonizarlo: «Recibo, por derechos de autor, unas cantidades de dinero tan obscenas que, si quiero seguir mirándome en el espejo, todas las mañanas debo firmar varios cheques para obras benéficas».


1 En 2005, en el Hyde Park de Londres, David Gilmour, Roger Waters y los restantes ex miembros de Pink Floyd tocaron juntos cuatro canciones. Hubo abrazos de reconciliación.


FRANCISCO JAVIER IRAZOKI
(Del libro “La nota rota”; Hiperión, 2009)

4 Comentarios:

María Eleonor dijo...

Notable creativo, notable música y más notable aún su conciencia social.

Es por esto que Dios le da.

Salvador dijo...

Buena frma de comenzar el día,leyendo este texto sobre uno d elos componentes de Pink Floyd.
Mi felicitación Francisco Javier, soy un seguir nato de este grupo, mis temas preferios son: Money, Wish you were here, y The Wall, pero en relaidd todos los temas me apasionan.

José Antonio Fernández dijo...

Música perfecta a la que uno sucumbe de vez en cuando.
Gracias por reordarlo.

Leo Lobos dijo...

Gracias por compartir!

Grato encuentro-reencuentro saludos desde Santaigo de Chile,

Leo Lobos