NATALIA DE BARBARO. UN MUNDO IDENTIFICABLE (II) por Xavier Farré

viernes, febrero 04, 2011

L’Espluga de Francolí, 1971 es poeta y traductor. Traduce del polaco y del esloveno. Cabe mencionar sus traducciones de Czesław Miłosz (Travessant fronteres. Antologia poètica 1945-2000, Proa, Barcelona), de Adam Zagajewski (Tierra del Fuego/Terra del Foc, Deseo, Antenas, todas en Acantilado, Barcelona) y los ensayos de Zbigniew Herbert; y del esloveno, las traducciones de Aleš Debeljak (La ciutat i el nen, Barcelona, Edicions la Guineu) y Lojze Kovačič (Los inmigrados, Siruela, Madrid).
Como poeta, ha publicado Llocs comuns (Lugares comunes) (2004); Retorns de l’Est (Tria de poemas 1990-2001) (Retornos del Este –Poemas escogidos, 1990-2001) (2005); Inventari de fronteres (Inventario de fronteras) (2006). En 2008 aparece su último libro de poemas: La disfressa dels arbres (El disfraz de los árboles). Algunos de sus poemas han sido traducidos al croata, esloveno, inglés, polaco y sueco.


NATALIA DE BARBARO. UN MUNDO IDENTIFICABLE (II)
Hay poetas que en su mundo particular creado vuelven una y otra vez en diferentes libros o también dentro del mismo poemario. Intentan presentarlo desde diferentes puntos de vista aunque en el contexto de una voz siempre constante. Otros poetas pretenden variar a cada nuevo libro, e incluso en el recorrido de un mismo libro con poemas de diferente factura. De esta manera, su mundo calidoscopio puede llegar a tener una visión de conjunto que desentraña el lector. Evidentemente, no es ésta una clasificación categórica, puesto que tales clasificaciones no existen en el mundo de la literatura. Pueden servir de punto de apoyo o de partida para poder explicar diferentes creaciones, pero siempre cualquier poeta se escapará a cualquier clasificación de este tipo. Y no obstante, Natalia de Barbaro, con el primer libro anunciado y presentado en mi último artículo estaría en el primer grupo. La autora polaca escribe toda una serie de poemas que tienen la misma estructura, que anuncian ya el final, que comparten las mismas ausencias y presencias que son las angustias que transmite la autora. Al no ser un ciclo, la sensación de repetición se vuelve más acusada.

***
Antes ya estuviste aquí: en este lugar el aire
no quiere cicatrizarse. Se siembra el silencio y vuelve tras la siega.

Una manta en vacaciones: tú la movías hacia ti
siempre en la sombra; y yo hacia mí, al sol.
Sólo tu elección podía cumplirse.

Sigues apareciéndote bajo la forma de la carencia.
Negociamos en sueños, tan poco vives:
últimamente cedo. Por la mañana derramo cenizas.

Dile a esta mano que sigue teniendo a mi cabeza
bajo el agua: sé que así debe ser.
La poesía de Natalia de Barbaro primero atrapa con estas imágenes insólitas, con esos substantivos abstractos que actúan, personalizados. El aire no quiere cicatrizarse, toda una sensación que llega de manera directa, el silencio se siembra, y notamos esta multiplicación, el florecimiento en el silencio. Natalia de Barbaro consigue fusionar elementos que en la realidad se pueden considerar como imposible. Es lo imposible hecho realidad a través de las palabras. Por desgracia, esta estrategia está condenada a apagarse rápidamente, a dejar de ser funcional. Es como una demostración de fuegos artificiales, nos impresionan las imágenes, las figuras que crean en el fondo de la tela negra del cielo, los colores rutilantes que nos iluminan por un instante. Y después su disolución en aquellas partículas, para volver a empezar con el siguiente impacto. Pero el juego de los fuegos artificiales termina pasado un tiempo, y el espectador vuelve a la realidad. Porque, ¿quién se imagina un espectáculo de fuegos artificiales que dure una hora? Después de las primeras sensaciones de sorpresa, de belleza, de ruptura con la realidad, de compartir un mundo fantástico, el espectador se acostumbra y ya no le producen efecto las nuevas figuras. Espera el final. La esencia de los fuegos artificiales es la brevedad. La esencia de la estrategia de Natalia de Barbaro en sus poemas es la fugacidad. En un par de poemas, se pierde la sorpresa y aparece la previsibilidad, y esto obligaría a buscar figuras, imágenes cada vez más arriesgadas.

***
Le cuesta cicatrizar. Sueña sin descanso en un médico,
al salir, encorvado, de una habitación asfixiante.
La herida es bella. La belleza de esta herida
no la tienen los llamados primeros efluvios de la primavera,
la luz en el río u otras intervenciones
que funcionaron en situaciones semejantes.
Aquí la herida domina: ella hablará,
tú escucharás su áspero rojo,
hasta que no se cierre por propia voluntad.
Como en medio de la noche se despierta un bebé,
y en la duermevela comprueba si hay alguien cerca,
así tú ahora pasas el dedo por la piel,
para asegurarte que la herida sigue ahí.

Sin ella seguro que seré rechazada

La abstracción es otro de los pilares de la poesía de Natalia de Barbaro, a través de la cual crea un mundo etéreo, el lector no sabe si está en la realidad o en el sueño, o en el sueño de la realidad o en la realidad del sueño. A la vez que se enfrenta a los clichés de los temas de la poesía, de la belleza. Como en el poema anterior, en el que una herida le parece mucho más bella que lo que se ha convenido como belleza. Pero no a la manera de un Baudelaire, sino desde un punto de vista diferente. Es lo que consigue con el mundo etéreo que presenta la poeta, que le posibilita el acercamiento a la belleza/no belleza de una manera natural. El contraste entre la realidad y el sueño se manifiesta de manera clara en el siguiente poema:

***
Oscuros son los sueños, casi siempre. Además: mueres
en la luz, en medio del bosque, una cama entre pinos.
La claridad avanza lenta: por las agujas, hacia abajo del aire,
al final te toca. Todos estamos alrededor,
entrelazados, nos vengamos en la realidad.
Muchas veces, la ausencia de un actante, de un sujeto que realice la acción, o la imposibilidad de poder definirlo, representa un obstáculo para poder interpretar algunos de los poemas de Natalia de Barbaro. Es más una poesía de sensaciones que de concreciones. Aunque, en el fondo, consiga un difícil equilibrio entre ambas. Es muy notable el procedimiento que realiza la autora para introducir en la mayoría de los poemas una imagen concreta que contrasta con las imágenes que antes comentábamos en las que fundía elementos muy diferentes y que sólo la lengua del poeta llega a materializar en la mente del lector. Muchas de estas imágenes concretas son las únicas que dejan un espacio para poder asirse a algún elemento y poder configurar el mundo del poema. Sin estas imágenes, lo etéreo, lo abstracto llegaría a puntos de incomprensibilidad:

***
Llevo con cautela [este dolor]. A él no le gusta
que escriba sobre él. No quiere ser mirado.
Éste es el acuerdo: no hablamos.
Éste es el acuerdo: no fingimos
que no nos conocemos. Y si él
quiere estar conmigo, ya se sabe:
rara vez, sin testigos, sin pruebas de culpabilidad.

Una vez, como si no quisiera, puse
una mano en su cuerpo [un cuerpo cálido
que esperaba aquello]. No sentí
nada en los dedos. Él no se movió.
“¡No hubo nada, nada!” Como un hincha
parece ser que aquella noche grité en sueños.
Pero igualmente me perseguían
y en negrita untaban denuncias
[ni tan sólo sabían declinar los nombres]

Este poema es una muestra de a dónde puede llegar la abstracción de la autora. Cuando se traspasa la línea de la concreción al lector se le hace difícil seguir el discurso. Sí, pero las bases de la poesía de Natalia de Barbaro son otras. Consigue que el lector llegue a experimentar la misma sensación de angustia, de ansiedad que puede tener el sujeto lírico, una angustia que en muchos casos es ante lo innombrable, ante lo desconocido. No hay un origen de las heridas en los poemas de Natalia de Barbaro, no hay un final, lo que se mantiene es un proceso. Y ese proceso es la poesía que ofrece, para que la sintamos, para que la experimentemos en propia piel. Como una herida.

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