SALIF KEITA por Francisco Javier Irazoki

viernes, marzo 11, 2011

Francisco Javier Irazoki (Lesaka, Navarra, 1954) fue miembro del grupo surrealista CLOC. La Universidad del País Vasco editó en 1992 toda la obra poética que Irazoki había escrito hasta el año 1990. El volumen, titulado Cielos segados, comprende los libros Árgoma, Desiertos para Hades y La miniatura infinita. La editorial Hiperión le publicó en 2006 el libro de poemas en prosa Los hombres intermitentes. Desde 1993 reside en París, donde ha cursado diversos estudios musicales: Armonía y Composición, Historia de la Música, etc.










SALIF KEITA

   El principal músico africano tiene una biografía tan emocionante como sus canciones.
   Salif Keita (Djoliba, Malí, 1949) es descendiente directo de Sundjiata Keita, fundador del imperio mandinga en el siglo XIII, y de joven elige dedicarse a la enseñanza. Aunque pertenece a la familia real, lo expulsan del colegio. Ningún pretexto disimula la verdadera razón de ese trato: Salif es albino y se le discrimina por ello. Decide, pues, convertirse en griot (en el África negra, una suerte de poeta y músico ambulante, al que a menudo se le atribuyen poderes sobrenaturales, y que en tiempos remotos tocaba algún instrumento para envalentonar a los guerreros en las batallas), lo que desencadena la ira del padre y la orden de abandonar su casa. Descendido de golpe al escalafón más bajo de la sociedad, Salif Keita mendiga, pasa las noches en los puestos del mercado, o en fondas de mala muerte, y canta en los cafetines. Conoce la pobreza extrema. Después crea un trío musical con su hermano y otro rebelde y actúa en las discotecas de Bamako.
   A los veintiún años ingresa en Rail Band, mítica orquesta financiada por el gobierno, y colabora con Mory Kanté, el vocalista guineano nacido precisamente en una familia de griots, que ha sido enviado a Malí para que aprenda la tradición oral de quienes guardan la memoria de los mandingas, etnia diseminada entre Sierra Leona, Senegal, Gambia, Malí, Guinea, Alto Volta y Costa de Marfil. La banda triunfa en giras africanas y europeas con un repertorio que fusiona temas del percusionista y director de orquesta Ray Barretto, folklore maliense y canciones francesas. Al cabo de tres años, Salif Keita deja una posición demasiado cómoda, acompaña a su amigo Ousmane Dia y funda el grupo Les Ambassadeurs (cuyos miembros provienen de distintos países), dispuesto a la osadía de mezclar las tradiciones de Malí y los ritmos afrocubanos con el rhythm’n’blues. El éxito llega a oídos del presidente de Guinea, Sekou Touré, quien condecora al joven que sale de la aristocracia, se hunde en la indigencia y se levanta mediante la creación artística. Keita lo agradece, en 1978, con la composición de Mandjou, himno mandinga; y desde Abidjan contribuye a modernizar la música africana. Su grupo, ahora llamado Les Abassadeurs Internationaux, graba en EE UU el disco Wassolon-Foli, donde une temas populares de su país y el reggae eléctrico. A continuación da el paso para su reconocimiento en Francia: instalado en Montreuil-sous-Bois, ciudad del suburbio parisiense, organiza conciertos nocturnos que ofrece a los trabajadores, y sorprende con su manera vibrante de cantar. Les Ambassadeurs Internationaux editan dos nuevos álbumes, Tounka y Mandjou, y disuelven el conjunto en 1986.
   Soro, disco grabado en París con la ayuda del productor senegalés Ibrahima Sylla, es la primera obra individual de Salif Keita, y aún conserva la gracia que nos atrajo en 1987. No se olvida el desgarro inicial de Sina (soumbouya), tampoco la melancolía de Cono. Su fama llega a todo el mundo, pero el cantautor no va a dormirse en la complacencia y ensaya nuevas fórmulas: en el álbum Kô-Yan se incluye una dosis selecta de funk; en Amen se aproxima, con el buen guía Joe Zawinul, al jazz-rock. También es el momento en que da su apoyo político a Nelson Mandela y cumple el sueño de interpretar el papel de griot en una película. A finales de 2001, a los cincuenta y dos años, edita su trabajo más hondo: Moffou, diez canciones sin desperdicio. A veces sólo necesita la guitarra acústica (instrumento que toca con destreza notable) y la voz para cautivarnos. Iniagige, Souvent y Ana Naming son los ejemplos.
   Antes de este regalo de madurez, Salif Keita cierra un ciclo importante de su vida: vuelve a Malí, rinde homenaje a los albinos en el disco Folon y lucha en favor de unos derechos que a él le fueron negados.


FRANCISCO JAVIER IRAZOKI
(Del libro “La nota rota”; Hiperión, 2009)

2 Comentarios:

Amando Carabias María dijo...

Tuve la oportunidad de escuchar y ver un vídeo de este cantante gracias a otro blog, y me gustó muchísimo. Ahora al leer este artículo, mi estima por él aumenta.
aquí os dejo un enlace para quien no haya tenido el gusto de escucharlo

Salvador dijo...

Gracias por esta artículo que me hace descrubrir un antautor que no conocía.
Felicitaciones