LOS TINTES DE LO REAL. ARTILUGIO SUICIDA EN DUFOO JR. Y CUESTA

viernes, abril 22, 2011

Nació en Sahuayo, Michoacán en 1964. Biólogo, poeta y cuentista. Ha colaborado en columnas semanales de los periódicos: Provincia, Tribuna y Vox Pópuli; y en la sección poética de la revista Expresión Tecnológica, del Instituto Tecnológico de Jiquilpan. Poemas suyos aparecen en el libro “Follaje de palabras” (1996). Fue premiado con mención honorífica en el certamen de poesía de los Juegos Florales Villamar, 2004.
Tiene en prensa (para su próxima publicación) el libro de narrativa: “La vida imita al arte: personajes sin tiempo”.

Algunas publicaciones en la red:
El bote de Colón: “Metamorfosis”
RASABADÚ: ¿QUÉ HAY DETRÁS DEL BIOMBO? (Página de Edgar Omar Avilés, Premio Nacional de cuento San Luis Potosí 2008): “Lío Letal”Vox Pupuli: “¡Salvemos al Amigo Lore!”

ALGUNAS PUBLICACIONES SUYAS EN INTERNET:

El bote de Colón: “Metamorfosis”
http://www.elbotedecolon.blogspot.com/

RASABADÚ: ¿QUÉ HAY DETRÁS DEL BIOMBO? (Página de Edgar Omar Avilés, Premio Nacional de cuento San Luis Potosí 2008): “Lío Letal”
http://www.rasabadu.blogspot.com/2007_08_10_rasabadu_archive.html

Vox Pupuli: “¡Salvemos al Amigo Lore!”
http://www.voxpopulis.com.mx/2009/05/personajes-de-sahuayo/




LOS TINTES DE LO REAL. ARTILUGIO SUICIDA EN DUFOO JR. Y CUESTA

La realidad está dotada de una trama azarosa, con sesgos sorprendentes y enrarecidos, nunca igualada enteramente por la ficción. Se compone de fragmentariedades alternas a esa parsimonia cotidiana, que desbocan sin duda en el absurdo. Ese escueto y sucinto remedo que la ficción retuerce para agregar ingredientes de interés que arranquen del lector el asombro o la conmiseración por la escena, la realidad multiplica, refracta, y aún, dispersa, en un voraz desapego ante la lógica más lúcida, enmarañando el hilo de su propia trama; ese gérmen argumentístico que los brotes de la cavilación disforme del más enardecido novelista, no equipara, ni siquiera aproxima. Visto así, el tinte de la realidad se difumina en extractos desvaídos de una conformidad del todo comprensible, del todo asimilable. En consonancia, la muerte desgarra en la desprevenida carne ajena una concavidad incapaz de acompañarse con un simple pésame, ya que el componente del que fluye esa insanable herida, ostenta no ser siquiera aprehendido con palabras o expresiones de sintaxis hueca que sólo imitan burdas relaciones de noción diferida, o la adulteración de un acicalamiento de social retórica, cuya emoción accesoria desvirtúa lo pretendido, en un infructífero embozo por asumir la rala idea el dolor ajeno, el cuál a todas luces se denota impropio, ilegítimo.

Para André Gide, no hay obra de arte sin la colaboración del demonio, lo cual lleva implícito el retrato amoral de lo real, es decir, la manifestación del dogma prejuicial humano que corrompe la búsqueda del ángulo oculto de la fascinación, llámese naturaleza críptica o crueldad artística de la palabra, que el propio Baudelaire rescata desde abismos embriagantes que niegan otra acepción del arte que no se fragüe del dolor o el mal.


Los separos de la realidad son hacinamientos grises para el alma no atenta, pompas insustanciales cuyas relaciones inconexas extravían la operación mental, siempre dependiente del silogismo sistemático, del régimen experiencial de elucidaciones apegadas a los márgenes de lo analógico y sensible. El ser, dotado de una singularidad “capaz” de percibir su medio (y la noción de representación de su medio), resbala entre los acrobáticos deslíes que separan fenómenos inescrutables del todo; la falsa dogmatización del saberse poseedor de esa esencia especular, lo impele al producto de su truncado análisis. Asir la realidad semeja puntualizar un cosmos a una sola frase, reteniendo el elixir de un atributo inatributable, de un abrazo inabarcable. Visto así, lo real se nos presenta como una percepción errátil de nuestros sentidos, discernimiento de un compendio neuronal que fragua interpretaciones dependientes a su vez de significaciones y otros acervos fisioculturales que nos delimitan, excluyéndonos o repeliéndonos de una realidad que no vemos del todo, por ser parte de ella: Un ojo no se ve a sí mismo sino en el reflejo mismo de la superficie reflejante. Lo que cae en aquella elucubración incitante de: “¿Qué refleja un espejo cuando nadie lo mira?... no contando que se prescinde del órgano decodificador.
Carlos Díaz Dufoo Jr, depurado filósofo y escritor suicida, a decir de Julio Torri, “Poseía un espíritu al cual toda baja realidad hiere de modo punzante, por lo que terminó por aniquilarse, en su ansia vehementísima de infinito. “De sus libros valen los escritos con sangre, con bilis y con luz”. A consideración del propio Torri, Dufoo Jr. “Gastó largos años para hacer un estilo. Cuando lo tuvo, nada tuvo que decir con él”.

Típico ejemplo de evasión de una existencia enrarecida por la inaprehensión fatal de esa realidad inasible, que el mismo filósofo erudito plasmara en estos textos de su único libro, Epigramas (parís, 1927):

Inmortalidad. Sin apetitos, sin deseos, sin dudas, sin esperanzas, sin amor y sin odio, tirado a un lado del camino, mira pasar eternamente las horas vacías”.

-Yo vendí mi alma por un gran amor.
-Yo vendí mi alma por una actitud irreprochable.
-Yo vendí mi alma por no ser lo que otros eran.
-Yo vendí mi alma por no saber que tenía un alma.
-Yo vendí mi alma por saber si tenía alma.

En afín contexto que perfila esta indeterminación tintórea de lo real, Paul Eluard vierte:

“Lo que ha sido comprendido no existe luego más,
El pájaro se confunde con el viento,
El cielo con su verdad,
El hombre con su realidad”.

Otro escritor y ensayista inigualable, ingeniero químico brillante, de contribución alquimista insólita, que coqueteó con la bifurcación del absurdo en varios intentos hasta concretizar su muerte, fue el “Contemporáneo” Jorge Cuesta. Hombre nebulosamente brillante, cuya obra, a decir de Frank Dauster “Es la obra de un hombre cuya cruel inteligencia lo llevó a un extremo inalcanzable en la búsqueda de la perfección. Absoluta supresión de las emociones: he aquí su meta: he aquí la fuerza y la debilidad de su obra”.
De Cuesta, poeta brillante, (a quién Jorge Volpi retratara de manera magistral en su agudo y delicioso libro “A pesar del oscuro silencio”), rescato un poema de la última fase de su breve, pero fecunda vida literaria, versos que fueron una especie de premonición a su propia muerte:

Soñaba hallarme en el placer que aflora;
vive el placer sin mí, pues pronto pasa.
Soy el que ocultamente se retrasa
y se substrae a lo que se devora.

Dividido de mí quién se enamora
Y cuyo amor midió la vida escasa,
Soy el residuo estéril de su brasa
y me gana la muerte desde ahora.

Pasa por mí lo que no habré igualado
después que pasa y que ya no “parece”
su ausencia sólo soy, que permanece.

Y, oh muerte, vasta para lo pasado,
me entregarás, más cuando esté vencido
el defecto que soy de lo que he sido.

(“Soneto”. Revista Los contemporáneos. No. 4, 1931).

Descompensaciones, espíritus renuentes a fuerzas cuya magnitud rebaten en franca oposición con sus lúcidas dotes, las cuales fenecen ante el sutil matiz tintóreo de lo real, como una franca dejación por no abarcar lo inabarcable. Ambos trances son sólo una mínima muestra de los deslices de una razón delirante, ante el del fugaz relampagueo de un instante de renunciamiento. Destello letal que en Cuesta y Dufoo Jr. cobra factura, en los lindes de un intelecto que deviene hacia el vacío, planteando esa anormal desaprehensión, como una paradoja que niega la sutil y armónica coexistencia del absurdo, con la inconmensurable, y, no pocas veces, peripatética gnosis humana.
J. Jesús Ávila Zapién. Michoacán, México, Julio del 2007


Sobre Dufoo Jr.
Nace en la ciudad de México en 1888. (Hijo del célebremente olvidado periodista y dramaturgo homónimo). Estudia en la Escuela Nacional] Preparatoria. Su producción literaria consta de un ensayo; la reseña de un libro de Antonio Caso; cuatro diálogos dedicados a Julio Torri, a Reyes, a Pedro Henríquez Ureña; una oración fúnebre y dos breves piezas teatrales: Temis municipal y El Barco, publicadas en la revista Contemporáneos. Esta última, representada en 1934 bajo la dirección de Celestino Gorostiza.
“Escritor portátil y escritor que no escribe”, lo llamaría Alfonso Reyes. “Díaz Dufoo se adapta bien al temperamento del nuevo siglo. Un nietzscheano del tipo más agradable: seco y al grano, ajeno a la estridencia. Un nietzscheano rebajado por el escepticismo, como el Paul Valéry de los últimos años, el de Tel Quel (1941–1943), que Díaz Dufoo quizá ya no leyó. Castro leal lo recuerda como un dandy perfecto, quién es también, por nervioso y por suicida, una anticipación de Jorge Cuesta; pero Díaz Dufoo fue esencialmente un esteta: su crítica de lo natural viene de Oscar Wilde y su principal nutriente fue Walter Pater”1.
Al respecto, Domínguez2 apunta: “Es forzoso agregar que Borges y Díaz Dufoo comparten el arrobo ante Aquiles y la Tortuga y que tuvieron los mismos maestros: Berkeley y Hume, Samuel Butler y Alfonso Reyes. Da la impresión que los muertos jóvenes se vuelven niños: Díaz Dufoo aparece a veces como un niño travieso que se le fue a Reyes de la mano”.
Beatriz Espejo3 revela sobre Díaz Dufoo: “No era sociable. Se mantenía reacio a los honores, a los intereses económicos y al aplauso público”. Coincidiendo en ello con Lemus4, quien así lo describe: “Lee a los presocráticos –subraya a Nietzsche– colabora alguna vez en Contemporáneos –viste trajes de casimir inglés, lleva guantes, lleva sombrero, lleva corbata– se fuga, siempre, antes de ser fotografiado, se suicida el 30 de abril de 1932”.
Sobre las influencias de Dufoo, el propio Lemus remarca: “Nos hace volver a Cioran: Escribir un libro, publicarlo, es ser esclavo de él, pues todo libro es un vínculo que nos ata al mundo, una cadena que hemos forjado para nosotros mismos”.
Aludiendo a uno de sus Epigramas que anticipa el colofón del meollo, sentenciamos esta página:
Pero ahora ¿qué importa un año más en el tiempo de un muerto? Quisiera morir silenciosamente, sin dejar una huella, como muere una música lejana en un oído inatento”.
Jesús Ávila Zapién. Verano del 2010
REFERENCIAS EN INTERNET:

0 Comentarios: