CARLO GESUALDO por Francisco Javier Irazoki

viernes, agosto 12, 2011

Francisco Javier Irazoki (Lesaka, Navarra, 1954) fue miembro del grupo surrealista CLOC. La Universidad del País Vasco editó en 1992 toda la obra poética que Irazoki había escrito hasta el año 1990. El volumen, titulado Cielos segados, comprende los libros Árgoma, Desiertos para Hades y La miniatura infinita. La editorial Hiperión le publicó en 2006 el libro de poemas en prosa Los hombres intermitentes. Desde 1993 reside en París, donde ha cursado diversos estudios musicales: Armonía y Composición, Historia de la Música, etc.









CARLO GESUALDO

          Se sabe que el final, en 1453, de la Guerra de los Cien Años inaugura el Renacimiento, y que éste entierra en Europa las estructuras feudales, sacude supersticiones y propicia la libertad del individuo. En el dominio de la música, es un período de innovaciones audaces, se desecha la complejidad del Ars Nova, y la polifonía vocal llega a su momento de apogeo cuando termina el siglo XV. Mercaderes y armadores compiten con los nobles en el conocimiento y la protección del arte; se considera zafio a quien no logra descifrar los madrigales. De entre los grandes compositores del Renacimiento (los flamencos Gillaume Dufay, Joannes Okeghem y Josquin Desprez, el italiano Giovanni Palestrina, los ingleses  Thomas Tallis y William Byrd, o los españoles Cristóbal de Morales y Tomás Luis de Victoria) despunta lentamente una personalidad que, por su rareza biográfica y artística, estuvo eclipsada  durante siglos: Carlo Gesualdo.
          Carlo Gesualdo, príncipe de Venosa, era sobrino de san Carlo Borromeo y de Alfonso Gesualdo, cardenal arzobispo de Nápoles. Nació en esta ciudad de la Italia meridional, sin que los historiadores puedan fijar la fecha exacta. Leemos que vino al mundo «hacia 1560». El resto de sus datos está acreditado con documentos: los privilegios económicos del padre, Fabrizio, permiten a Carlo ser el único músico independiente del Renacimiento; toca el laúd; Pomponio Nenna lo instruye en los rudimentos de la composición musical. En 1586 se casa con su prima María d’Avalos d’Aragona, mujer de gran belleza que, con apenas 20 años, ya había enviudado dos veces. La vida de Gesualdo discurre con rutina lujosa que de repente se trunca en 1590. Loco de celos, asesina a su mujer y al amante de ésta y, según algunos investigadores, también mata a un hijo que considera ilegítimo. Tuve un profesor de Historia de la Música que describía minuciosamente el episodio; a su juicio, varios clérigos de mitra y palio participan en maniobras de sadismo. En cualquier caso, es una tragedia que origina copiosa literatura. Torcuato Tasso, poeta importante y hombre de crisis casi tan sombrías como las del príncipe amigo, le dedica tres sonetos. Pierre de Brantôme, memorialista cortesano, se refiere al suceso en su Vies des dames galantes. Anatole France se inspira en el mismo hecho para escribir su Puits de sainte Claire.
          Por su rango social, Carlo Gesualdo se libra de la cárcel. Se encierra en un castillo y compone su música extraña. Como los artistas del Renacimiento procuran recuperar el pasado clásico, y los modos griegos contenían muchos cromatismos, el príncipe homicida usa el elemento que mejor expresa su tortura. Está admitido que Roland de Lassus, Luca Marenzio y Claudio Monteverdi se sirven del cromatismo con especial talento para reflejar la intensidad dramática, pero nadie alcanza la maestría oscura del napolitano. Gesualdo es, además, autor de algunos de los versos de sus madrigales. Textos pesimistas, a veces duros, hilvanados con brillo nervioso. Pasa por ser uno de los modelos de la llamada seconda prattica: la palabra gobierna la música, lo que explica esas abundantes disonancias que nos inquietan. El atrevimiento formal del autor italiano sorprende a cualquier hombre del siglo XXI que ame la vanguardia contemporánea.
          La segunda parte de la biografía de Carlo Gesualdo no es tampoco un conjunto de gozos. Se apaga entre desavenencias conyugales (vuelve a casarse, en esta ocasión con Leonora d’Este, hija del duque de Ferrara) y depresiones. Muere en 1613.
          Siempre con un lenguaje armónico y un estilo que entreabren la puerta al Barroco, su obra comprende siete libros de madrigales, dos volúmenes de canciones sacras y la enigmática Responsoria et Alia ad Officium Hebdomadae Sanctae spectantia. Todo ello de una modernidad directamente dictada por el dolor.
  

                                                                                           

                                                                                           

                                        FRANCISCO JAVIER IRAZOKI
                               (Del libro “La nota rota”; Hiperión, 2009)

2 Comentarios:

Albert Lázaro-Tinaut dijo...

Un personaje interesántisimo y muy poco conocido -lamentablemente, como muchos otros- Gesualdo. Hay que agradecer a Irazoki que nos lo haya presentado tan bien.

Liliana Lucki dijo...

Gracias por dar a conocer !!!

Desde Argentina, Liliana.