LIBRO DE ROTACIONES, de Tomasz Różycki. por Xavier Farré

viernes, agosto 05, 2011

L’Espluga de Francolí, 1971 es poeta y traductor. Traduce del polaco y del esloveno. Cabe mencionar sus traducciones de Czesław Miłosz (Travessant fronteres. Antologia poètica 1945-2000, Proa, Barcelona), de Adam Zagajewski (Tierra del Fuego/Terra del Foc, Deseo, Antenas, todas en Acantilado, Barcelona) y los ensayos de Zbigniew Herbert; y del esloveno, las traducciones de Aleš Debeljak (La ciutat i el nen, Barcelona, Edicions la Guineu) y Lojze Kovačič (Los inmigrados, Siruela, Madrid).
Como poeta, ha publicado Llocs comuns (Lugares comunes) (2004); Retorns de l’Est (Tria de poemas 1990-2001) (Retornos del Este –Poemas escogidos, 1990-2001) (2005); Inventari de fronteres (Inventario de fronteras) (2006). En 2008 aparece su último libro de poemas: La disfressa dels arbres (El disfraz de los árboles). Algunos de sus poemas han sido traducidos al croata, esloveno, inglés, polaco y sueco.



LIBRO DE ROTACIONES, de Tomasz Różycki.

Un poeta sabe que escribe para hacer un homenaje a sus autores queridos del pasado, en su propia tradición, en su propia lengua, o en aquellos autores que han configurado, a lo largo de los años de lectura, su propia tradición personal de voces, de cadencias. El poeta cree que un poema puede pasar la prueba de lo que es óptimo si cree que los autores pretéritos que ha admirado pueden llegar a encontrar afinidades, pueden sentirse complacidos con los versos que les deja delante. Pero también se debe a su público, del todo contemporáneo. Así, empieza un viaje a través de la tradición y de la modernidad, como un río que sale de las fuentes y va acogiendo los sedimentos que encuentra en su circular. El mismo y diferente a la vez. La función del poeta se determina en la cuerda del equilibrio entre lo que ha recibido de otros poetas y lo que él lega a su contemporaneidad.
Tomasz Różycki encarna este ideal de poeta, afianzado dentro de su propia tradición, y arriesgado en la modernidad. Diestro en combinar los dos elementos que dan como resultado una poesía totalmente personal. Y éste es otro de los retos que se marca cualquier poeta, poder alcanzar una voz propia, distinguible. Różycki ya la había conseguido en sus libros de poemas anteriores, y se perfila de manera rotunda en su último libro publicado: Libro de las rotaciones. En este libro acentúa las características que definen su voz y que lo sitúan como uno de los poetas más importantes actualmente en Polonia, sin distinción de generaciones. Sin entrar en una enumeración exhaustiva de estas características, quisiera mencionar primero la capacidad de sorpresa que encierran muchos de los versos iniciales de sus poemas. Różycki tiene la capacidad de sumirnos en un mundo desde el primer verso, incluso el concepto de in media res no llega a expresar esta sensación. El poema, el lenguaje en el fondo, es una interrupción del devenir, una interrupción que, paradójicamente, nos acerca más a la realidad inasible por definición. Y los primeros versos de Różycki son esa interrupción que nos da la entrada a otro mundo de manera repentina. El lector se ve obligado a hacer un salto en el pensamiento, que no será el único a lo largo de la lectura del poema. Los versos con los que se inician los poemas se ven reforzados en muchas ocasiones por otra de las virtudes de la poesía de Różycki, la capacidad de captar un solo momento a través de sorprendentes imágenes. Como iluminaciones de retazos de realidad a través de una visión que parece descubrir una segunda piel del mundo, el forro del mundo (aunque en un sentido diferente al que utilizó Miłosz en esta feliz definición). Como en el poema 11: “Un tablero de ajedrez en el prado. Avanzan sombras de nubes”. Una imagen, una sorpresa, y después el sujeto que se desplaza como un caballo en el tablero. No es hasta el final de la primera octava que tenemos una concreción del tiempo, todo ocurre en noviembre, y el poema coge otros senderos de lectura. Estos inicios actúan como una dilación, Różycki espacia el tiempo de las afirmaciones. Aunque éstas sean contundentes, en el fondo representan la duda del hombre en el mundo contemporáneo.
Dos principales y obvias diferencias, en la superficie, aparecen en relación con el libro de poemas anterior de Tomasz Różycki, Colonias. Por una parte, la forma, del soneto muy personal en Colonias se pasa al conjunto de dos octavas en Libro de las rotaciones, que permite una mayor posibilidad de expandir el tema, y por otra, el ciclo de poemas intercalados a lo largo de todo el libro. En Colonias era una reflexión acerca del mismo proceso de la escritura: “Cuando empecé a escribir, aún no sabía”, en Libro de las rotaciones es una reflexión de carácter más social, siempre desde un punto de vista irónico: „El tío que compró el mundo”. En este segundo ciclo se acentúa la extrañeza ante el mundo contingente. En este sentido, tampoco es indisoluble de la poesía de Różycki el concepto de viaje. Tanto en un libro como en otro, la persona que nos habla de los poemas está siempre en movimiento, en un viaje. Mientras en Colonias el viaje era más exterior, en Libro de las rotaciones es más interior, junto con el palpable rotar de las estaciones. Y finalmente, los saltos de registro contribuyen a crear la atmósfera de extrañeza, de alteridad ante el paso de las acciones, en la calle, tras la ventana, en las ciudades, en el mundo interno y externo, en las múltiples realidades que configuran nuestra vida y que se superponen continuamente. En este último libro, el autor de Dwanaście stacji consigue combinar con maestría todos los elementos, superponerlos, ser que sean a la vez simultáneos, a pesar de que sepamos que la poesía es un arte durativa y no simultánea. Różycki consigue borrar esa sensación en sus poemas.
Si algún poeta de los que ha bebido Różycki escribiera hoy en día, seguro que escribiría como Różycki, poniendo al lector enfrente de los temores de la modernidad sin renunciar en ningún momento a recordarnos que somos hijos de más de una época.

Xavier Farré

0 Comentarios: