RADOSŁAW KOBIERSKI OTRAS IDENTIDADES por Xavier Farré

viernes, septiembre 02, 2011

L’Espluga de Francolí, 1971 es poeta y traductor. Traduce del polaco y del esloveno. Cabe mencionar sus traducciones de Czesław Miłosz (Travessant fronteres. Antologia poètica 1945-2000, Proa, Barcelona), de Adam Zagajewski (Tierra del Fuego/Terra del Foc, Deseo, Antenas, todas en Acantilado, Barcelona) y los ensayos de Zbigniew Herbert; y del esloveno, las traducciones de Aleš Debeljak (La ciutat i el nen, Barcelona, Edicions la Guineu) y Lojze Kovačič (Los inmigrados, Siruela, Madrid).
Como poeta, ha publicado Llocs comuns (Lugares comunes) (2004); Retorns de l’Est (Tria de poemas 1990-2001) (Retornos del Este –Poemas escogidos, 1990-2001) (2005); Inventari de fronteres (Inventario de fronteras) (2006). En 2008 aparece su último libro de poemas: La disfressa dels arbres (El disfraz de los árboles). Algunos de sus poemas han sido traducidos al croata, esloveno, inglés, polaco y sueco.




RADOSŁAW KOBIERSKI. OTRAS IDENTIDADES.
En una de sus múltiples notas, el poeta francés Paul Valéry dejó dicho que “la poesía es el arte de representar, o de restituir, por los medios del lenguaje articulado, aquellas cosas o aquella cosa que intentan expresar oscuramente los gritos, las lágrimas, las caricias, los besos, los suspiros, etc., y que parecen querer expresar los objetos, dentro de los cuales tienen apariencia de vida, o de una supuesta intención”. En otra, dice “casi todos los libros que valoro y absolutamente todos aquellos que me han servido para alguna cosa, son libros bastante difíciles de leer”. La dificultad y lo inexpresable. La voluntad de tensar el sentido hasta un extremo, hasta la incomprensión; la voluntad de captar lo que nos envuelve y nos construye. En estas coordenadas se sitúan los poemas del libro Otro yo, del poeta polaco Radosław Kobierski.
Kobierski nace en 1971, es poeta, prosista y fotógrafo. Ha publicado 6 libros de poemas por los que ha recibido numerosos elogios y ha sido nominado a algunos de los premios poéticos más importantes del país. En Otro yo ahonda en algunas de las características que ya se perfilaban en sus libros anteriores. Kobierski pertenece a la línea de un tipo de poesía que en Polonia encarna a la perfección la figura de Andrzej Sosnowski. Una poesía creada a través de un fluir constante de imágenes que saltan inesperadamente a otras imágenes a través del lenguaje (los medios del lenguaje articulado). No presentan una coherencia en el sentido que se define claramente el mensaje del autor, y esto a veces conlleva a una cierta frustración por parte del lector ya que muchas veces carece de los elementos internos y de pensamiento que ha llevado al autor a un final inesperado. Sus poemas no son puzzles, donde aunque al principio todas las piezas están dispersas, poco a poco se pueden ir encajando para llegar a una imagen final, son más bien una especie de almazuela literaria, donde se van aprovechando fragmentos que, en un principio, deben su presencia a un cierto azar del pensamiento. Lo que queda es una sensación más que una imagen final, global, en la que hacer sentido del mundo. El sentido, si es que en el fondo existe un sentido definitivo, estalla en miles de pedazos, como un espejo cuyos fragmentos nos dan la visión fragmentada de la realidad. Y ésta nunca encaja con las imágenes de los otros fragmentos del espejo. Quizás, yendo más lejos, no es ni un espejo, porque entonces tendríamos que la realidad puede reflejarse. Sería una densa niebla por la noche, alumbrada por algunas farolas aquí y allá. Hay la presunción de que se puede dar un sentido de lo que vemos, del camino por el que pasamos cada día pero que entonces se revela completamente extraño. Y la realidad de lo que vemos es, en el fondo, la que le atribuimos con el pensamiento, al intuir lo que había en algún tramo de la calle, o lo que pensábamos que había. La poesía de Kobierski va denominando y moldeando la realidad a medida que se va escribiendo a sí misma.

EPÍLOGO

Aquí estaba la bolsa, especulaciones ruidosas y secretas,
Aquí una gran ciudad con calles numeradas,

Y ahora mana una fuente, crecen secuoyas y la cubre la yedra,
Todo crece, frondosamente, descomedido.

Los ríos vuelven a sus cauces, el cardo domina la fábrica,
Las algas entran en posesión de los diques y de todo el puerto.

Fue un breve sueño, que duró quizás medio eón,
Todavía se desmorona la herrumbre y el hormigón, nada perdura,

Se pudren los neumáticos, las redes metálicas,
Los únicos seres libres, sometidos sólo a las fuertes ráfagas,

Precisamente los ha sacado de la tierra una rata, de una hendidura
Un guante sin dos dedos, la cabeza de una muñeca,

Hojas de revistas a todo color; “Times” o “Playboy”,
Las hormigas lo llevan a un túmulo bajo un avellano,

De nuevo a las hojas de pinos. Las letras, de las que
Todo empezó (el meteoro era apenas un juego del destino).

El poema anterior, uno de los más comprensibles de Kobierski en este último libro, apunta el discurrir de imágenes. En algunas líneas de la poesía contemporánea ha desaparecido lo que se conoce como el correlato objetivo, en que un elemento evocaba una situación. Las imágenes permanecen, incluso aumentan, se elevan al cuadrado, pero se pierde el llegar a la fórmula de una emoción concreta, como decía T. S. Eliot. No presentan un objetivo al que llegar, un objetivo al que el lector le tiene que transferir el sentido.

UN TÍO LLEVA SU PEQUEÑA GUERRA PROPIA

Un tío lleva su pequeña guerra propia.
La mujer le espera en casa.
Le encantaría probarse el vestido nuevo
Y los zapatos con tacones. Con ellos llevaba

El ritmo de La Jalouisie de Heiner Goebbels,
Pero el tío lleva su pequeña guerra propia.
Pesca. Encola el modelo Heinkel 111.
Trabaja en soft para el IPhone.

Escribe una novela. Se bebe la séptima lata de cerveza
en el partido Real-FC Barcelona.
Pone su enérgica firma en la decisión
de “La solución final al problema
Judío” en Wansee.
Unas imágenes. Encuentra la diferencia.

La mujer compra un ramo de flores amarillas
Y sin saber por qué pasa por la calle Twerska.
Por la calle Twerska pasan miles de personas,
Pero ella tan sólo ve a uno.

“¿Le gustan, señor, mis flores?”

“No.”

En este poema, hasta la última estrofa, en que vuelve a aparecer la mujer, no plantea grandes dificultades para el lector, la sucesión de imágenes del hombre vienen a ser una amalgama de acciones. Algunas, con una connotación claramente cruel que introducen un elemento de discusión moral, puesto que se encuentran al mismo nivel que todas las otras. Como si la poesía también hubiese perdido la capacidad de mostrar una jerarquía de valores. O dicho de otro modo, como si la poesía se encontrara en la misma situación de una sociedad con pérdida de valores. Y sin la capacidad de poder discernir dónde se encuentra la dimensión ética de nuestros actos. La poesía, la creación, deja de ser un guía para asemejarse cada vez más a nosotros mismos, con nuestras desorientaciones. Y lo único que permanece es el lenguaje que va enlazando situaciones, imágenes, pensamientos cuyo nexo común se ha perdido desde los inicios. Evidentemente, los niveles de lectura del poema anterior pueden ser muchos, y se podría objetar que sí hay un sentido final, que sí hay una manera de mostrar la incomprensión o la incomunicabilidad entre los sexos, entre las personas. Tal vez, aunque sería una reducción demasiado fácil. Las referencias a elementos culturales (tanto de la alta cultura como de la cultura más popular, que van alternándose en el poema) y a elementos históricos exigen del lector mucho más. Exigen, tal vez, un posicionamiento ante esos actos. Y de esta manera, lo que decíamos anteriormente de que la poesía se asemeja más a nosotros debería ser modificado, porque también pide un análisis de las acciones ante las que nos situamos.

IN VITRO

No sé cómo terminará este poema,
Qué hará conmigo. Es una llanura
Llanamente cubierta de nieve, una sábana
En la cama, antes de que se refleje en ella
Cualquier forma. Cuántas versiones, cuántos embriones
Absorberá. “Escribe para los que no han nacido”,
Thomas Bernhard. ¿Para que no lamenten
que no estaban? Quizás lo lean en alguna parte,
En su Limbus puerorum, como la prensa matutina,
(Eso, si saben el alfabeto, las reglas gramaticales).
No sé cómo terminará. Qué hará.
En San Cristóbal Fisher of Soul pesca almas,
Él tampoco lo sabe.
Las estrellas están ocupadas con su grandeza, el sol
Y la luna. Sistemas dobles e individuales.
Parece que el resto pertenece a la materia oscura.
El autobús número 672, línea nocturna,
Calles en las que han cortado la electricidad.
Una pared desnuda como el 4,33 de John Cage.
Aquí está precisamente el final, aquí empieza el saber.
Pienso que es una de las variantes
Del poema que una vez fue creado,
O que será creado, no éste, no aquí y no ahora.

Saber qué se es, qué identidad tiene uno mismo, o a través del lenguaje, a través del poema que, igual que nosotros mismos, no sabe dónde terminará, a qué lugar nos llevará. Así, la identidad (no olvidemos el título del libro de Radosław Kobierski, muy significativo, Otro yo) se va buscando en los fragmentos de realidad, en los fragmentos del lenguaje, en una transformación constante, en saltos que obligan a ir construyendo sin saber al final dónde puede estar el punto de llegada. Porque tampoco está claro el punto de salida. Así es cómo se podría recibir la poesía del autor polaco. Donde no sólo la identidad se somete a los caminos que toma el lenguaje, sino también la historia, uno de los elementos que conforman precisamente la identidad. Como en el caso del siguiente poema:

K. u. K.

Mil novecientos catorce, otoño,
Trabajan los talleres madereros de Olomouc
En tres turnos. El capitán Broch recibe
7&5 coronas por cuerpo. Va por el cemento,

Las fundiciones, las piedras. Su amigo
Hans Hauptmann diseña una inscripción:
La patria común llama a todos los caídos
En despoblados. Ordnung muss sein,

Hay guerra, tienen que haber víctimas.
Las cruces del proyecto de Hans Mayr ganan
Un concurso interno para la cruz.
(Las multicopiamos en miles de ejemplares).

Esperarán en los almacenes, en las estaciones
A su Alexei, Johann, Piotr,
Ferenc, a la “mamá” declinada en varias
Lenguas. Ordnung muss sein. Es Nochebuena.

“He preparado la cena, había filete, carpa,
Por la impaciencia, se ha quemado el alforfón”.

El poema, hasta la última estrofa, trata de los cementerios de la Galitzia occidental en época del Imperio austrohúngaro (al que se refiere con el título K. u. K., la abreviación de kaiserlich und königlich). Y al final, hay un salto en la coda del poema, que desbarata cualquier interpretación de carácter racional. El pensamiento, el lenguaje, la construcción de la realidad vuelven a ser sorprendidos por ellos mismos. Kobierski indica que no hay nada estable, que lo ocurrido, en elementos tan detallados como el que relaciona en el poema mencionado, ejercen y a la vez no ejercen una influencia en el momento presente. Pueden quedar en el olvido, o pueden ser una realización más del lenguaje a través del que nos movemos para no poder llegar a relatar la realidad.
El libro de Radosław Kobierski no es fácil. Su lectura puede desorientar en un principio a un lector acostumbrado a las creaciones compactas, consistentes, “coherentes”, donde el poema tiene un principio y un final que pueden ser sometidos a una explicación racional. Pero esto no significa que en Kobierski los poemas no tienen coherencia. Todo lo contrario. Es una coherencia que se ha construido a sí misma por los meandros del lenguaje.