12 HORAS NOCTURNAS IV por Samuel Sebastian

viernes, mayo 18, 2012

Samuel Sebastian es un escritor y cineasta valenciano. Hijo de la pintora Ester Rodríguez Ro. Licenciado en Historia del Arte, obtuvo el premio extraordinario de licenciatura y después inició su tesis sobre los documentales de la guerra civil española y la memoria histórica. Igualmente, ha realizado el Máster de Guiones de la UIMP - Valencia.
Su trabajo como cineasta comenzó en 2005 con el rodaje de la película experimental El primer silencio (2006). Desde entonces ha alternado el rodaje de películas de ficción y documentales sociales con la realización videocreaciones y videoclips.
Sus películas han sido exhibidas en festivales de todo el mundo como, entre otros, el de Cusco (Perú); San Diego (Estados Unidos); La Paz (Bolivia); Rosario y Buenos Aires (Argentina); Lisboa (Portugal); Bilbao, Madrid, Sevilla, Córdoba, Barcelona y Valencia (España); Bolonia, Milán y Turín (Italia); París (Francia); Johannesburgo (Sudáfrica); Melbourne (Australia) o Daklah (Marruecos). Ha obtenido diversos reconocimientos como el de mejor documental español en el Festival de Madrid por La Moma (2007) o el de mejor documental valenciano de 2009 por Las migrantes (2009). También, obras como El primer silencio (2006), La Moma (2007), Las migrantes (2009) y varias de sus videocreaciones han sido proyectadas por diferentes canales de televisión.
En la actualidad, su documental La pausa dels morts (2011) ha sido proyectado en diferentes festivales internacionales y prepara un nuevo largometraje de ficción para 2012.
Como escritor ha obtenido diversos reconocimientos: finalista del premio internacional Pablo Rido por La ciudad de la luz (2005), segundo premio en el certamen La Nau - Universitat de València por Un invierno sin Vera (2006) y finalista del premio Isabel Cerdà de narrativa breve por Les cartes de Lilit. Ganó el XXXVII Premio Octubre de Teatro por Les habitacions tancades (2008). 

12 HORAS NOCTURNAS


V




Déjame explicarte. El deseo no es tan sencillo como parece, más bien al contrario. Es un intangible, una extraña forma gaseosa que se mete en tu cabeza sin que tú lo sepas y entonces se va expandiendo por las paredes de tu mente hasta llegar a poseerla del todo. Es un sueño, una imagen que te ha pasado desapercibida pero que ha entrado en la casa del inconsciente antes de que cerraras la puerta. No sé si me entiendes, cuando desarrollas tu vida con normalidad no piensas en ello, pero sucede que cuando vuelves a casa en el coche, la imagen te asalta, te penetra, sí, en efecto, te sientes violado por ella, y no puedes descansar hasta hacerla realidad. Es algo que alguien me ha dicho o tal vez lo leí en algún sitio, no importa, pero el deseo crece y crece y cada vez estaría dispuesto a hacer más cosas para satisfacerla y no permitiría que nadie se entrometiera. Dicen que esta es la ley del deseo y que nosotros no somos más que sus siervos. ¿Qué es más elevado? ¿Formar parte del rebaño de siervos del Señor? ¿O ser un siervo entregado en cuerpo y alma al deseo más puro de la consciencia humana? Hablo del sexo, claro está. Sé que es un poco simple, pero no concibo otro deseo con tanta fuerza como ese, porque cuando surge no encuentro la forma de calmarlo y cuando lo hago, me siento tranquilo, momentáneamente tranquilo, sé que la paz no será muy duradera y los vientos de guerra volverán enseguida pero adoro ese momento único en el que no me siento presionado por nada y sé que se lo debo al deseo. Las drogas también son deseo, lo sé, y también las necesito, pero me las tomo como un pequeño vicio privado. Pero todo deseo tiene su culpa, igual que cada pecado tiene su virtud. Nos lo han enseñado así, todo se tiene que ver de dos maneras, el deseo es en color, la culpa en blanco y negro. No sé si me entenderás o si solo pensarás en follar de nuevo e ignorarás todo lo que te he dicho. Después de todo, no es lo mismo desear algo o desear a alguien, porque cuando deseamos a una persona, en realidad lo que deseamos es lo que esa persona nos da y no a la persona en sí. Por esa razón ninguno de los dos sabe quién es el otro.



Eyes Wide Shut (1999) de Stanley Kubrick

1 Comentarios:

Salvador dijo...

Desear una cosa o a una persona, es bien diferente, es cierto, el deseo muchas veces se vuelve contra nosotros porque tenemos ciertas limitaciones a la hora de poder alcanzar lo deseado, sea persona o cosa, en el caso de que sea cosa es menor la limitación que podemos encontrar a la hora de alcanzarlo, pero si es una persona lo que se desea la dificultad crece, porque el objeto del deseo tiene voluntad natural de decidir como persona ejerciendo su derecho al libre albedrío, por tanto, si deseamos a una persona no siempre alcanzamos la meta, con lo que el objeto de nuestro deseo se convierte en la razón de nuestros desvelos.