LA CASA ECOLÓGICA, por Jesús Ávila Zapién.

viernes, mayo 02, 2014

Nació en Sahuayo, Michoacán en 1964. Biólogo, poeta y cuentista. Ha colaborado en columnas semanales de los periódicos: Provincia, Tribuna y Vox Pópuli; y en la sección poética de la revista Expresión Tecnológica, del Instituto Tecnológico de Jiquilpan. Poemas suyos aparecen en el libro “Follaje de palabras” (1996). Fue premiado con mención honorífica en el certamen de poesía de los Juegos Florales Villamar, 2004.
Tiene en prensa (para su próxima publicación) el libro de narrativa: “La vida imita al arte: personajes sin tiempo”.

Algunas publicaciones en la red:
El bote de Colón: “Metamorfosis”
RASABADÚ: ¿QUÉ HAY DETRÁS DEL BIOMBO? (Página de Edgar Omar Avilés, Premio Nacional de cuento San Luis Potosí 2008): “Lío Letal”Vox Pupuli: “¡Salvemos al Amigo Lore!”

ALGUNAS PUBLICACIONES SUYAS EN INTERNET:

El bote de Colón: “Metamorfosis”
http://www.elbotedecolon.blogspot.com/

RASABADÚ: ¿QUÉ HAY DETRÁS DEL BIOMBO? (Página de Edgar Omar Avilés, Premio Nacional de cuento San Luis Potosí 2008): “Lío Letal”
http://www.rasabadu.blogspot.com/2007_08_10_rasabadu_archive.html

Vox Pupuli: “¡Salvemos al Amigo Lore!”
http://www.voxpopulis.com.mx/2009/05/personajes-de-sahuayo/




LA CASA “ECOLÓGICA”





Era una casa construida al sol, le cubrían unas lonas venidas de un deseo hospitalario más que de la caridad. Estaba ahí, enclavada en la campiña, tras la cerca de alambre, a la mirada de todos y a la vez de nadie. Al acercarme, me recibió el ladrido de  siete perros rabiosos que asediaban cualquier intrusión. Era la casa más “ecológica” del mundo, construida con leños de los cerros, hojarascas, mecates, lonas y bolsas recicladas de algún basurero (irónicamente, para el resguardo de basuras o víveres). ¿Quién vive aquí? vociferé temeroso, escuchando cómo el eco se llevaba las últimas sílabas entre los matorrales, despertando la furia de los canes que desgarraban a mordiscos el aire, disuadiéndome de saltar la cerca. 




No tardó en emerger del interior su propietario, Manuel Cervantes Negrete,  a todas luces, exiliado de parientes o amigos por voluntad propia. Al cual, ni las condiciones insalubres de tan peculiar vivienda, ni los 75 años tras su curvada espalda parecían doblegar en absoluto. Cuando le pregunté su procedencia, dijo con una sonrisaser de todas partes. Era un férreo labrador que nació por accidente en el Pajacuarán vecino. Había trabajado en los cultivos de fresa de Jacona; por ahora, en cuanta labor le encomendaran. En estos rumbos “casangueaba” los ramales con la guadaña al puño, ganándose unas monedas muy de vez en cuando. Ante la obligada cuestión sobre la índole “paracaidista” de su casa, me aseguró que tenía permiso del dueño de la tierra para establecerse ahí. Insistí en las penurias del ruidoso aguaceral sobre los hules o las incontables goteras, pero objetó que no se mojaba en absoluto. Parecía vivir a gusto en esas precarias condiciones,  y le creí del todo (aunque no tardaría en enterarme que en la tormenta de la noche anterior se había resbalado entre los lodos, lastimándose el hombro). Su mirada, aún no contaminada por los convencionalismos de la “civilización”, trasmitía una pureza indescriptible; no obstante, una suerte de aspereza en su semblante, prorrogaba mensajes inconexos, incomodando al trato. Su condición adversa jamás le otorgó ventura alguna; su padre había muerto por la golpiza propinada por un yerno, cuando Manuel era menos que un niño (episodio que narra con los puños apretados y la rabia contenida, deformándole el rostro).  Este hombre de caminar truncado, desde siempre se aventuró a sortear la muerte en cada paso, como a las espinas de los huizachales del monte. Por extraño que parezca, ante mis indagaciones invariablemente esboza una sonrisa, soterrando su condición atroz con el ímpetu de la supervivencia. Al preguntarle si sabía trabajar en algo, sin titubeos, señaló hacia un lado de la choza, donde una parcelita de maíz ondeaba libres las espigas. Luego, moviendo a gran velocidad las manos, como si esgrimiera el aire, aseguró estar fuerte para cualquier faena. Y se lo creí.


Al día siguiente que volví a buscarlo emergió somnoliento, sin camisa, se notaba que los bravucones perros hacían inútil cualquier otro despertador. Los horarios o el paso del tiempo que a cualquiera nos ata, parecían a él tenerlo sin cuidado. Riendo, como de costumbre, consintió las bondades del papel moneda envuelto en una piedra, con el que esquivé la zanja de nuestra separación.  Entrado en la charla, de una cartera maltrecha extrajo unos papeles. Uno de los cuales, dijo atareado en demostrarlo era el acta de su nacimiento. Pareciera con ello querer constatarme su existencia, reducida en ese instante a un solo punto en la marginación más absoluta. Luego, quizás movido por la humana vanagloria, consintió unas fotografías. De repente, rompiendo un aparente regocijo, afrontándome con la severidad más impensada posible, me advirtió que ya no lo buscara ni revelara a otros la ubicación de su vivienda, puesto que él a nadie pedía ayuda, sin que por ello el trabajo o la comida le faltasen. Volví a creerle...
Absorto, me alejé de inmediato. Aún sigo alejándome, como todo el que se cruza en su camino, tildándolo de loco. Él lo soporta, porque sospecho que a ningún precio estaría dispuesto a revelar a nadie el enigma –tan íntimo– de su felicidad.
Por: J. Jesús Ávila Zapién
 

1 Comentarios:

María Esther dijo...

Hola Juan Jesús: soy Mª Esther de Moldeando La Luz.
Por fin he encontrado tu dirección que estaba en mis favoritos y he leído, de nuevo, La casa "ecológica" y un poema que me habías enviado hace tiempo: Travesías.
Las dos lecturas me han parecido maravillosas como las recordaba aunque hoy, estoy particularmente sensible y, aunque normalmente no soy llorona, hoy lloro al leer lo que escribes. Son tan profundos tus pensamientos y tan inusuales en este mundo en el que nos ha tocado vivir, que me emociona que haya gente pensando así.
Aunque tengo edad para ser tu madre, no me importaría ir a tus clases de lo que fuera y luego comentarlas contigo en algún rincón del campus. Envidio a tus alumnos y al mismo tiempo los felicito.
Un fuerte abrazo querido amigo.