CICLO DE CINE AFRICANO: CINE EN GUERRA, por Samuel Sebastian

viernes, junio 26, 2015

Samuel Sebastian es un escritor y cineasta valenciano. Hijo de la pintora Ester Rodríguez Ro. Licenciado en Historia del Arte, obtuvo el premio extraordinario de licenciatura y después inició su tesis sobre los documentales de la guerra civil española y la memoria histórica. Igualmente, ha realizado el Máster de Guiones de la UIMP - Valencia.
Su trabajo como cineasta comenzó en 2005 con el rodaje de la película experimental El primer silencio (2006). Desde entonces ha alternado el rodaje de películas de ficción y documentales sociales con la realización videocreaciones y videoclips.
Sus películas han sido exhibidas en festivales de todo el mundo como, entre otros, el de Cusco (Perú); San Diego (Estados Unidos); La Paz (Bolivia); Rosario y Buenos Aires (Argentina); Lisboa (Portugal); Bilbao, Madrid, Sevilla, Córdoba, Barcelona y Valencia (España); Bolonia, Milán y Turín (Italia); París (Francia); Johannesburgo (Sudáfrica); Melbourne (Australia) o Daklah (Marruecos). Ha obtenido diversos reconocimientos como el de mejor documental español en el Festival de Madrid por La Moma (2007) o el de mejor documental valenciano de 2009 por Las migrantes (2009). También, obras como El primer silencio (2006), La Moma (2007), Las migrantes (2009) y varias de sus videocreaciones han sido proyectadas por diferentes canales de televisión.
En la actualidad, su documental La pausa dels morts (2011) ha sido proyectado en diferentes festivales internacionales y prepara un nuevo largometraje de ficción para 2012.
Como escritor ha obtenido diversos reconocimientos: finalista del premio internacional Pablo Rido por La ciudad de la luz (2005), segundo premio en el certamen La Nau - Universitat de València por Un invierno sin Vera (2006) y finalista del premio Isabel Cerdà de narrativa breve por Les cartes de Lilit. Ganó el XXXVII Premio Octubre de Teatro por Les habitacions tancades (2008).


CINE EN GUERRA

Thomas Hobbes venía a decir que el estado natural de los seres humanos es el de la guerra ya que por un lado la falta de leyes y por otro la ambición sin límites del ser humano hacen que la guerra se prolongue hasta convertirse en interminable mientras no se impongan unos límites a la barbarie humana. Ese estado natural es el que él definía como Leviatán, un enorme monstruo marino procedente del imaginario judeocristiano y que para Hobbes es la metáfora del estado absoluto, descontrolado, intrínsecamente violento, que engulle a todos los que pertenecen a él.

El Leviatán en principio debería haber sido desterrado de muchas naciones así llamadas como "civilizadas", gobernadas bajo leyes aparentemente democráticas y que sin embargo lo que hacen es aprovecharse de la gente para el beneficio de los gobernantes. Y estos razonamientos que nos parecen tan de actualidad fueron formulados en el siglo XVII. Lo sorprendente es que desde entonces no solo no se ha hecho nada para mejorar la situación sino que, más bien al contrario, se ha empeorado. Los gobiernos han construido una coraza que los protege de cualquier alegato ciudadano: la justicia, la libertad y la democracia acaban indefectiblemente sepultadas. Y en un paso más de la involución humana, se ha extendido la violencia y la guerra como la forma habitual de solucionar los conflictos. El estado de la guerra se impone hoy en día en tantos países que parece que el estado de paz sea. Así, en África casi ningún país se escapa del conflicto bélico, en mayor o en menor medida, de una forma directa o indirecta, todo el continente participa en una serie de conflictos que se encuentran enquistados en la población y que no tienen ningún viso de resolverse, desde auténticas guerras civiles como las de Somalia o Sudán del Sur hasta la acción de grupos terroristas como Al Shabaab o Boko Haram (que cuentan sus víctimas en decenas de miles) o conflictos a menor escala como la lucha fronteriza entre las tribus del Congo y Uganda que provoca al año unos centenares de muertos, todo el continente parece impregnado por la sangre de la violencia, muchas veces espoleada desde occidente, interesado en mantener la violencia para dar salida a sus armas u obtener materias primas más baratas.


El cine en estado de guerra es casi inexistente ya que es imposible desarrollar las infraestructuras necesarias que requiere una película en un país en guerra, sin embargo varias películas han hablado y reflexionado sobre la guerra de forma muy cruda como La nuit de la vérité (2004) de Fanta Régina Nacro, realizada en Burkina Faso y que se inspira libremente en el genocidio de Ruanda. Detrás de la película hay una visión cruda de la guerra, una visión del conflicto desde dentro, con sus dramas y contradicciones, a diferencia de Hotel Ruanda (Hotel Rwanda, 2004) de Terry George que, sin restar méritos a su buen resultado, que plantea la película a partir de ciertos estereotipos propios del cine comercial. Por otro lado, en la más reciente War Witch (Rebelle) de Kim Nguyen, cuya acción transcurre en un país imaginario africano pero que fue rodada en la selva del Congo, cuyos conflictos tienen un paralelismo evidente con los que narra la trama, la guerra actúa como una sombra amenazante que cuando irrumpe destroza por completo las vidas de los personajes, dado que la protagonista es considerada como una bruja y el protagonista masculino un albino, algo que en muchas tribus es considerado como símbolo de mala suerte y aún hoy muchos albinos son asesinados y descuartizados por su tribu o incluso por sus propios familiares. En War Witch se produce una interesante dicotomía ya que a pesar del asfixiante ambiente bélico que atenaza a la protagonista, ella conserva una visión mágica del mundo, una percepción sensible que nada tiene que ver con la brutalidad de la gente que la rodea, como si reafirmara que la imaginación está por encima de cualquier coerción violenta.

Sin duda el cine africano necesita reflexionar sobre la violencia de su continente. Hasta ahora no ha habido ninguna Roma città aperta (1945) que abra los ojos sobre el sentido de perpetuar la violencia en África. El cuestionamiento de la guerra, además del señalamiento de los múltiples actores que conforman los conflictos sin duda sería una razón muy poderosa para que muchos conflictos dejaran de ser invisibles en el continente y naciera un interés por conocerlos fuera del país, sin embargo el miedo a las represalias hace que muchas de las historias africanas se expliquen de forma abstracta (en lugares o países indeterminados, o expliquen conflictos imaginarios, etcétera), lo que muchas veces resta fuerza al resultado final de la película. Pero la guerra siempre permanecerá ahí, como un estado casi consustancial a la naturaleza humana.

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