CICLO DE CINE AFRICANO: EL HOMBRE BLANCO VUELVE A RODAR, por Samuel Sebastian

viernes, septiembre 25, 2015

Samuel Sebastian es un escritor y cineasta valenciano. Hijo de la pintora Ester Rodríguez Ro. Licenciado en Historia del Arte, obtuvo el premio extraordinario de licenciatura y después inició su tesis sobre los documentales de la guerra civil española y la memoria histórica. Igualmente, ha realizado el Máster de Guiones de la UIMP - Valencia.
Su trabajo como cineasta comenzó en 2005 con el rodaje de la película experimental El primer silencio (2006). Desde entonces ha alternado el rodaje de películas de ficción y documentales sociales con la realización videocreaciones y videoclips.
Sus películas han sido exhibidas en festivales de todo el mundo como, entre otros, el de Cusco (Perú); San Diego (Estados Unidos); La Paz (Bolivia); Rosario y Buenos Aires (Argentina); Lisboa (Portugal); Bilbao, Madrid, Sevilla, Córdoba, Barcelona y Valencia (España); Bolonia, Milán y Turín (Italia); París (Francia); Johannesburgo (Sudáfrica); Melbourne (Australia) o Daklah (Marruecos). Ha obtenido diversos reconocimientos como el de mejor documental español en el Festival de Madrid por La Moma (2007) o el de mejor documental valenciano de 2009 por Las migrantes (2009). También, obras como El primer silencio (2006), La Moma (2007), Las migrantes (2009) y varias de sus videocreaciones han sido proyectadas por diferentes canales de televisión.
En la actualidad, su documental La pausa dels morts (2011) ha sido proyectado en diferentes festivales internacionales y prepara un nuevo largometraje de ficción para 2012.
Como escritor ha obtenido diversos reconocimientos: finalista del premio internacional Pablo Rido por La ciudad de la luz (2005), segundo premio en el certamen La Nau - Universitat de València por Un invierno sin Vera (2006) y finalista del premio Isabel Cerdà de narrativa breve por Les cartes de Lilit. Ganó el XXXVII Premio Octubre de Teatro por Les habitacions tancades (2008).


EL HOMBRE BLANCO VUELVE A RODAR


De alguna manera, el hombre blanco no ha dejado nunca de rodar en África. Al principio era un motivo exótico para desarrollar una historia, normalmente una película dramática o de aventuras.

Así, el "cine colonial" o "de safaris", tenía un gran éxito de público ya que permitía a los espectadores viajar a lugares muy lejanos y mostrar lugares que de otra manera no podrían conocer. Sin duda, fueron estas películas también las causantes de la expansión de una serie de tópicos sobre el continente negro que ya existían y se habían difundido en el siglo XIX y que cristalizaron a través de los medios de masas en el siglo XX como el de la consideración de la raza negra como una raza violenta, analfabeta, sin ningún interés por la cultura y cuyas prácticas oscuras y rituales eran peligrosas para el hombre blanco.


La liberación de los países africanos dio lugar a una nueva forma de mostrar África en las películas. Hatari! de Howard Hawks supuso el canto de cisne de un tipo de cine colonial en el que los nativos africanos eran más un objeto que un sujeto narrativo sin que importara demasiado su psicología ya que habitualmente Hollywood mostraba a los africanos o bien como ingenuos y bondadosos, siempre dispuestos a sacrificarse por su amo, o bien como crueles y despiadados. A partir de entonces la visión de África viró en torno a cierta idealización romántica como en Memorias de África de Sydney Pollack o Cazador blanco, corazón negro de Clint Eastwood o mostrando con un cierto crudo realismo la situación actual de los países, tal y como sucede en Diamantes de sangre de Edward Zwick o El señor de la guerra de Andrew Niccol. África continúa siendo la excusa, el telón de fondo para el espectáculo, pero el valor que se le da ahora es radicalmente diferente: la interacción entre personajes blancos y africanos es mayor así como la profundidad psicológica que se les da y, en particular, existe una mayor preocupación por mostrar la realidad africana, lejos de lo que sucedía en las eurocentristas películas coloniales.

No obstante, el hecho de que África continúe siendo un mero telón de fondo en las historias de Hollywood lo muestran películas como Origen de Christopher Nolan, cuyo segmento en Mombasa (Kenia, aunque en realidad fue rodado en Marruecos), no es más que un espectáculo pirotécnico realizado con la intención de impactar en el espectador al describir un país exótico en el que la gente se comporta de forma imprevisible, muchas veces reforzando esa tópica idea de que el país es tan hostil como sus propios habitantes. La vuelta del hombre blanco tras la colonización, pues, continúa manteniendo ciertas ideas que nunca desaparecerán.

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