DOCE POETAS ITALIANAS PARA EL SIGLO XXI, por Carlos Vitale

viernes, octubre 21, 2016

Fotografía de Ana Portnoy
Carlos Vitale (Buenos Aires, 1953) es Licenciado en Filología hispánica y Filología italiana. Ha publicado "Unidad de lugar" (Candaya, Barcelona, 2004), "Descortesía del suicida" (Candaya, Barcelona, 2008), "Cuaderno de l'Escala / Quadern de l'Escala" (fotografías de Jaume Salvat, ilustraciones de Marc Vicens y prólogo de Carles Duarte, Vitel·la, Bellcaire d'Empordà, 2013), "Fuera de casa" (La Garúa, Barcelona, 2014) y "El poeta más crítico y otros poetas italianos" (Emboscall Editorial, Barcelona, 2014). Asimismo ha traducido numerosos libros de poetas italianos y catalanes: Dino Campana (Premio de Traducción “Ultimo Novecento”, 1986), Eugenio Montale (Premio de Traducción “Ángel Crespo”, 2006), Giuseppe Ungaretti, Gerardo Vacana, Sergio Corazzini (Premio de Traducción del Ministerio Italiano de Relaciones Exteriores, 2003), Amerigo Iannacone, Umberto Saba (Premio de Traducción “Val di Comino”, 2004), Giuseppe Napolitano, Sandro Penna, Antoni Clapés, Joan Brossa, Josep-Ramon Bach, etc. Ha participado en festivales, lecturas y encuentros de poesía en Argentina, España, Venezuela, Armenia, Italia, Suiza, Rumania, Estonia, Grecia, Bulgaria y Francia. Reside en Barcelona desde 1981.
DOCE POETAS  ITALIANAS PARA EL SIGLO XXI. Selección, traducción y notas de CARLOS VITALE. Presentación de GIUSEPPE NAPOLITANO



POESÍA ITALIANA FEMENINA DE LOS ÚLTIMOS TIEMPOS.
(Giuseppe Napolitano)


Es siempre un riesgo poner adjetivos después de la palabra “poesía”, en efecto, si es tal, lo es sin necesidad de definirla mejor: no se debería hablar de poesía del sentimiento, o de poesía social, tampoco de poesía femenina… Pero hay líneas de tendencia en la crítica (y en el mercado editorial) que a veces impulsan a proponer especificaciones clarificadoras. La poesía italiana del siglo XX, y de estos primeros años del XXI, ha perdido progresivamente el carácter que hace un siglo aún le permitía hacerse maestra, de palabra, si no de vida. El discurso poético era considerado el nivel más alto de expresión, al menos hasta los años de la Segunda guerra mundial: luego, neorrealismo y nuevas vanguardias han comprometido la percepción de la forma literaria.

En este complejo contexto cultural en evolución, la figura de la poetisa, o de la mujer poeta, o en fin sencillamente de la poeta (como han comenzado a decir hace algunas décadas las feministas y sus simpatizantes), ha seguido un camino particular, tratando de afirmar un principio de diversidad y, al mismo tiempo, de integración. Y ha propuesto, por consiguiente, temas y problemas personales y sociales desde el punto de vista femenino, escribiendo de sí misma como pensaba que el poeta tradicional no sabía hacer. Pero no siempre es posible una nítida distinción de género: la primera dificultad que se plantea –escribía Giuliano Manacorda en su fundamental Storia della letteratura italiana contemporanea– para evitar malentendidos y nuevas guetizaciones es aquella “de elegir entre femenino y feminista” (admitiendo –subrayaba, de todos modos– “la posibilidad misma de adjetivar la poesía”).
En el momento de inflexión de los años setenta del siglo pasado, en los tiempos de la contestación y del movimiento feminista, “las mujeres en poesía” (y era el título de una afortunada antología al cuidado, hace cuarenta años, de B. Frabotta y D. Maraini) querían evitar precisamente ser consideradas mujeres y, por tanto, inferiores o diversas… es más, reivindicando una idea de separación como punto de fuerza, desde el cual hacer valer un derecho natural de igualdad. En poesía esto se afirmaba en la elección de una nueva estética, que negara el prejuicio del estereotipo literario masculino o machista, y sostuviera, por el contrario, un modelo de expresión ligada al universo femenino. En la “persistente voluntad de convertirse en un proyecto”- escribe Marina Zancan en la Letteratura italiana, a cargo de Alberto Asor Rosa- las escritoras de los últimos años han elaborado “un sistema, sutil pero seguro, de referencias externas e internas a la propia identidad femenina”. Así, “sin prisa por hablar de sí misma en público”, la mujer hoy escribe para explorar su mundo y contarse a quien sepa escucharla, respetando la voz que, de ese mundo, expresa a la vez sueños y necesidades, delicadeza y conciencia, emancipación y comunión.


Antonella Sozio



Antonella Sozio nació en Isernia en 1962 y vive en Venafro.
Ha publicado: Introspezioni e Il sole e l’azzurro.


LUZ...

Luz de alba
que tiene luz y rostro.
Sol
ahuyentando los gélidos aires de la noche.
Aroma de vida
eres
que encuentro siempre
en cuanto te asomas a mis pensamientos.


LUCE...

Luce d’alba
che ha luce e volto.
Sole
a fugare le gelide arie della notte.
Sentore di vita
sei
che ritrovo in ogni sempre
appena ti affacci nei pensieri.


AMENAZA...

Amenaza lejos
el grito de borrasca invernal.
En el sol que irrumpe entre las nubes
tu carita disipa toda niebla
y de vívido azul colorea
todos mis rincones de cielo.


MINACCIA…

Minaccia lontano
il grido di burrasca invernale.
Nel sole che irrompe tra le nubi
il tuo visino dissipa ogni nebbia
e di vivido azzurro colora
ogni mio angolo di cielo.


ES UN MUELLE...

Es un muelle desierto y oscuro el tiempo,
siempre demasiado lejos de mi barca.
Cuento las millas,
sin aliento,
dos velas inalcanzables siempre en el horizonte.
Por cada dolor que las lacera
un doble surco tienen mis arrugas.


E’ UN MOLO…

È un molo deserto e oscuro il tempo,
sempre troppo lontana la mia barca.
Conto le miglia,
il fiato corto,
due vele inarrivabili sempre all’orizzonte.
Per ogni dolore che le lacera
un doppio solco hanno le mie rughe.