CRÍTICA LITERARIA: LA SEMILLA LÍRICA DE ELISABETH BISHOP, por Jorge de Arco

viernes, marzo 31, 2017

Jorge de Arco. (Madrid, 1969). Licenciado en Filología Alemana, ejerce como Profesor universitario de Literatura Infantil y Juvenil y Escritura Creativa.
En Junio de 1993, publicó su primer libro, "Las imágenes invertidas". Posteriormente, aparecería "Lenguaje de la culpa", Premio Ciudad de Alcalá y en 2000 "De fiebres y desiertos", Premio Comunidad de Madrid de Arte Joven, editado por Visor. En 2007 vio la luz "La constancia del agua", en 2009, "La casa que habitaste", Premio Internacional de Poesía San Juan de la Cruz, (Rialp. Colección. Adonáis), y en 2010, el que es su último libro, y primero de poesía infantil y juvenil," Con el balón en juego" (Hiperión. Col. Ajonjolí.). 

Ha traducido poesía alemana, inglesa e italiana.

Ejerce la crítica literaria en muy diversos medios. Es director de la revista poética "Piedra del Molino".

Ha publicado Hazversidades poéticas en Cuadernos del Laberinto.



LA SEMILLA LÍRICA DE ELISABETH BISHOP

Elisabeth Bishop
Poesía completa
Edición bilingüe. Traducción de Jeannette I. Clariond
Vaso Roto. Madrid, 2016
560 páginas. 29€


La poesía femenina norteamericana de la década de los sesenta intensificó su condición más radical de la mano de autoras como Adrienne Rich, Marianne Moore y Margaret Randall. En los ámbitos socio-políticos, y, por ende, culturales, fue surgiendo una etapa  reivindicadora y de auto-afirmación por parte de las mujeres.
Cercana a este círculo y a este ambiente de extremos posicionamientos, emergería con fuerza la figura de Elisabeth Bishop (Massachussets, 1911 – Boston, 1979).

En 2002, la editorial Igitur dio a la luz el primer poemario publicado por la autora estadounidense en 1946, `Norte y Sur´, y ya entonces descubrí una poesía marcada por un acentuado subjetivismo que se sustentaba en un lenguaje transgresor y una imaginería verbal y visual que dotaba a su quehacer de una personalísima identidad. Seis años después, el mismo sello editaba su `Obra Poética´- con versiones al castellano de Sam Abrams y Joan Margarit.
    
    Ahora, la editorial Vaso Roto, ofrece al lector su obra poética completa, en un primoroso volumen que cuenta con las certeras traducciones de Jeannette I. Clariond, la cual firma, a su vez, un detallado estudio previo.
En él, se examinan con precisión los acontecimientos vitales más destacados de la poetisa norteamericana así como su principales claves creadoras.

     El presente volumen recoge `Norte y Sur´ (1946), `Una fría primavera´ (1955), Cuestiones de viaje (1965), `Obra nueva e inédita´ (1969), `Geografía III´ (1976),  `Poemas nuevos e inéditos´ (1978 -1979), `Poemas inéditos´ (1933 -1969) y `Apéndice´, en el que se incluyen sus manuscritos.
En el citado análisis previo, Jeannette I. Clariond afirma que la intención lírica de Bishop es ”que viajemos con ella para observar detenidamente una grieta, una mancha, el pico de un ave. Quiere que asimilemos mancha, pico y grieta como universos poéticos -no símbolos ni metáforas- por sí mismos”. Y añade: ”Elizabeth Bishop tenía mucho que decir, pero le llevó años expresar tal riqueza. Cuidó cada edición, y se esmeró en publicar poco”.

    En este volumen, pueden hallarse poemas muy personales, humanos, próximos, solidarios con los otros y con el entorno, pero a la  vez la autora ejerce un sutil sentido de la reserva, de la reticencia. La detenida lectura -y recomendable relectura- de sus poemas, nos ofrecen, en efecto, el perfil de una mujer preocupada por su tiempo, por la cotidiana existencia, por el amor candente, por las afiladas garras del tiempo, por el espejo quebradizo de su alma...

De salud delicada a causa del asma y el alcohol, con una infancia marcada por los problemas mentales de su madre y la muerte de su padre -cuando ella contaba sólo ocho meses- debió forjarse una dura coraza con la que afrontar la falta de atención y de cariño de su complicada niñez.

Viajera incansable, enamoradiza y dotada de una vitalidad sorprendente a pesar de sus problemas físicos y anímicos, supo modelar una obra que, si bien encontró un reconocimiento tardío, está -en opinión de algunos de sus estudiosos-, entre las más grandes de la literatura del pasado siglo.
Aunó su singular capacidad descriptiva con su pasión por la naturaleza, su rica expresión verbal con una temática conciliadora, y fraguó con sus versos una singular complicidad lectora que esconde su esmerada estatura lírica: ”La enorme jaula de la luz se ha roto en el aire,/ liberando, creo, alrededor  de un millón de pájaros/ cuyas salvajes sombras ascendentes no volverán/ y todos los cables terminarán por caer./ No hay jaula, no hay pájaros aterradores: la lluvia/ amaina ahora. La pálida cara/ que intentaba resolver el acertijo de su prisión/ lo consiguió con un beso inesperado,/ que encendió las insospechadas manos pecosas”.

Exhaustivo y oportuno, pues, resulta este profuso acercamiento a la obra de la escritora americana, cuya vigencia sigue intacta y cuyo decir permanecerá ahora aún más cerca de todo aquel que se aproxime hasta el aroma de su cántico: ”¿Fruto o flor?/ Es un rostro./ Sí, un rostro./ En ese inhóspito y oscuro lugar/ cada semilla se convierte en un rostro”.

 Jorge de Arco

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