EFÍMER, una película líquida, por varios autores.

viernes, diciembre 29, 2017

Efimer, una película líquida, por Beatriz Pérez Sánchez
 


 Ese vestido es más que una prenda de ropa. En él se proyectan muchas de las palabras que vuelan con su tela. Cruces, sangre, nichos, árboles, zapatos abandonados son algunos de los simbolos que además encuentras a lo largo de la trayectoria poética de Marian Raméntol y Cesc Fortuny.
La vida desde el nacimiento a la muerte transita en este gran poema por paisajes desolados tanto por su belleza como por su oscuridad. Ni una figura humana porque como acompañantes constantes tenemos imágenes liquidas: río, mar y sangre. Y un ruido ensordecedor en algunos instantes te recuerdan que esta película del existir de cómoda tiene poco.
¿Se completará como imagen fija en un museo? ¿Se añadirá voz y cuerpo?
Tendremos que seguir atentos a su continuidad.





Unas palabras en torno a «Efímer», por David Francisco.
    


Marian Raméntol y Cesc Fortuny llevan años enfrascados en una contienda tan interesante como arriesgada: a través de multitud de proyectos, personales y colectivos, y utilizando la palabra, la pintura o la experimentación sonora a modo de armas, nos proponen una lucha constante contra el tedio, el pensamiento único y la banalidad en el arte. 
     Su último artefacto es Efímer, una película experimental de treinta minutos de duración en la que las imágenes se ven envueltas por el ruido y la música y, sin palabras, se acercan al terreno de la poesía visual. 
     Efímer me ha parecido una película salvaje, bruta, un ataque sin concesiones a muchos niveles (narrativo, visual, conceptual). Es muy valiente en estos tiempo ofrecer alternativas así de poderosas, de atrevidas. Efímer es, además, un tipo de trabajo en el que, una vez que entras, es complicado salir: va provocando y encadenando sensaciones de una manera muy afilada, poniéndonos un espejo de muchas cosas que somos. Por ello, cuando finaliza, reconforta saber que en el futuro habrá continuación, pues Efímer es, tal y como nos indican sus autores, la primera parte de una trilogía basada en los conceptos budistas de impermanencia, deseo y sufrimiento.
     Me ha interesado mucho el protagonismo del agua, para mí el mayor ser vivo que existe, la base de toda vida. En esta película, y en nuestro mundo, todo comienza y termina en el agua; Efímer nos lo recuerda porque tendemos a olvidar, y lo hace con mucho gusto y variedad: agua en calma, en torrente, en río, en mar... añadiendo siempre cierta inquietud a su presencia. 
     Efímer consigue también sorprender de repente con imágenes inesperadas, como un pollito descascarillándose, un imponente valle lleno de cruces o unas ovejas en el matadero. La aparición reiterada y espectral de un vestido rojo, y la forma en que están rodadas esas apariciones, produce imágenes muy hermosas y una metáfora muy interesante a lo largo de la película, como en la escena en que está sumergido y, sobre todo, en la escena del matadero (la sangre, más vida). Son momentos de intensidad y gran emoción, muy provocadores y que, creo, centran y concentran al espectador donde los autores quieren, para luego volverlo a soltar y dejarlo caer por el flujo de las aguas hasta la siguiente sorpresa. Y esto también es muy de agradecer, que muestren, sugieran pero sin explicitar, permitiendo al que lo ve ser partícipe de la experiencia y cocreador de significados. Me parece una muestra de elegancia, generosidad y sabiduría.
     Por último, constantemente y por debajo de todo, está siempre la música, el ruido sosteniendo la luz, y muy acertadamente en todo momento. La música en Efímer es una gran generadora del placer, malestar y demás sensaciones que asoman por la película. 
     Efímer es, en resumen, un trabajo que provoca y seguirá provocando emociones, que infunde e inspira libertad.


EFIMER, LA DEL VESTIDO ROJO, por Valentin Martín.

Yo nunca supe dónde empezó Marian Raméntol, aunque tantos años nos escriben como una ola interminable de sol ella y un aprendiz de río yo. Ahora sé que junto a Cesc Fortuny su multiplicación resultaba inevitable. Y juntos los dos, andan varios caminos a la vez.

 

Hoy nos dejan un corto donde la cegadora seducción de la vida hecha campo, agua, alma animal, vestido y sangre, llega hasta el final de una mirada que lo ve todo y lo enseña, como se enseñan a los niños las ganas de vivir.

Tal vez en el cine se sueñe mejor. Resulta inevitable que las atronadoras imágenes de EFIMER vayan y vengan como si nos quisiesen meter el mundo entero en nuestra casa chiquita de innumerables ventananas.

Hay muchas maneras de hablar, con un fondo de músicas para el ansia, y en EFIMER Marian y Cesc susurran quedito, aconsejan pararse, gritan a quemarropa, vuelven a remansarse, y nos llevan a un apercibimiento de que todo cambia, lo que vemos se mueve, lo que oímos se diversifica, pero llega un momento (minuto 30) en que la feria se para, se apaga la luz, y nada queda, salvo una caligrafía de explicaciones y despedidas como una sedacción terminal después de la pasión.
Al ver el corto de Marian y Cesc creo que he avanzado un poco más en la desclasificación de mi amiga. Y ahora sé que su instinto creador no tiene todavía límites, como no lo tuvo la garra del anarquista Martín Patino quien, con las fuerzas que le quedaban antes de morir, se fue a la Puerta del Sol de Madrid a rodar 25 horas de indignación. Se murió hace poco, pero lo hizo conviviendo con su obsesión depredadora de hacer cosas y ser él mismo hasta el final.
Marian y Cesc tienen buena salud, una carretera muy larga y feliz que contradice a Comac Mccarthy, pero su sangre tan caliente no les deja en paz. Y escriben, y editan, y actúan, y cantan, y cuentan, y hacen cine como este EFIMER que está lleno de voces dibujando en imágenes un trozo de vida donde hasta el más memo ve la vida entera.
Como todo el cine, o mejor dicho como mucho cine, EFIMER está moteado de simbolismos (el vestido rojo de la fugacidad) que incitan a la sugerencia. Y de momentos explícitos donde es muy aconsejable dejarse llevar. Quizás lo más importante del corto de Marian y Cesc es que te despierta de la modorra y te da la posibilidad de poner tú letra a la canción, es decir historia al discurso de las imágenes que van sucediendo.

Si nos paramos a pensar, todas las formas de expresión creadora, si son auténticas, se parecen. Porque su misión primera es incitar emociones en los que miran y ven. Unos mirones u oyentes que no pueden sustraerse a la llamada que reciben.

Marian y Cesc han hablado ahora en imágenes con un naturalismo bellísimo. Han abierto una parte de la vida para que la leamos en la pantalla.Y al mirar sepamos lo que hay en el trocito de eternidad donde estamos. Y el remate de la fábula: que estamos de paso.

La creatividad cuando ésta no se negocia, por Sarco Lange

"Llevo varios días en cama, pero sin fiebre, no me ha llegado aún la fiebre, la aguardo con ansias, para mí la fiebre es el último eslabón antes de comenzar a sanarte, pese a que ella te tumbe y te haga creer que nada ya es posible. Entonces sigo esperando con una botella urgente de agua en mi mesa de noche por si la caliente visita se digna a decir aquí he llegado. Y en tamaña vigilia me doy cuenta que también hay otros tipos de fiebres, de esas que arriban para no irse jamás, que pese a la fugacidad de la memoria esas fiebres se quedan, se te meten por cada poro y comienzas a sudar distinto, con algo de miedo y resistencia pero al mismo tiempo te das cuenta que vas seguro, que ese maléfico beso no te suelta la mano.
 
Y me llegó.
Me llegó como llega la primera menstruación después de la cena que nunca olvidaste o de la primera mordida de una abeja manca que se ríe en tu cara y te grita el alarido sin preguntarte ni el nombre.
Escuché-vi-sentí-sufrí-gocé- Efímer de una manera loca y presumida, por eso lo de la fiebre, la mía, no la tuya, porque no sé si lo has visto aún, ignoro si desconoces que en 30 minutos de un corto categóricamente bello para ser tan brutal cabe alguna duda de que si lo que viste te salpicó las mismas esquirlas que se me incrustaron a mí, no tengo la más mínima idea de cómo entrar en tu mente y decirte "oye, detente, ve este trabajo audiovisual y luego míralo de nuevo, te darás cuenta que hay una fiesta militar que te mueve el pulso, una grosera agonía que te ampara y te guía".
 
Escribo estas palabras y el termómetro no sube más allá de los 38°.
 
Veo el divino Efímer y la temperatura sobrepasa los 41 mil.
 
Escucho la banda sonora de esta dulce pesadilla y alguien me grita que el agua se ha acabado.
Intuyo la poesía que se tomó cada milímetro de cinta y quiero salir de Chile en pelotas y llegar donde sus creadores para preguntarles el porqué lo hicieron así.
Sé que lo hicieron con amor.
 
Conozco a sus mentores desde hace varios años y quizás por eso mismo esta reseña pueda parecer poco objetiva, pero que sepas que apenas vi Efímer les escribí diciéndoles que el corto me había perturbado, que no me había dejado indiferente, lo vi cuando aún no caía enfermo y ahora que me hallo bajo las frazadas y con un grado de vulnerabilidad más amplio sigo encontrándolo perturbador, incómodo, las imágenes, esa agua maldita que riega lo que no quieres escuchar, ese vestido infernal que más que vestido se me convierte en una bandera o un látigo que avisa lo que no pudiste atravesar, esa sangre adivinada antes del sacrificio, esa música de fondo que rogaba de pronto apareciera una letra, una mísera palabra pero no, nunca apareció manoseando los acordes, es un torrente de media hora que te eriza los pelos y ahora sabes que 30 minutos frente a esta maravilla es muy distinto a 30 minutos en la sala de espera de un recital.
 
Mientras espero que la fiebre médica haga su triunfal entrada pienso que Marian y Cesc están locos, pero son unos locos lindos que viven para y por el arte, hacen estas travesuras y te las dejan al alcance de la mano, te las regalan, sabes tú el esfuerzo invertido en escribir tres versos o hacer dos minutos de música?, pues este par de magos desde hace tiempo te dan cátedra y además lo dejan libre para que lo puedas coger y disfrutar tal como se disfruta de una masacre o un pastel de frutillas en medio del desierto.
 
Adoro la creatividad cuando ésta no se negocia, amo a los poetas y músicos que sólo quieren lucrar con las estrellas, admiro creaciones como Efímer que te hacen pegar un salto y, reitero, temer, temer pero de la mano segura de quien lo parió, lo que vendría a ser lo mismo que el inventor de una vacuna mortal te inyecte su obra. Sabes que él también tendrá el antídoto". 

Efímer, por Federico Gallego Ripoll

“Un trabajo de este estilo muestra a las claras que el arte y la comunicación son difíciles de contener en una vasija determinada: más bien van variando su lenguaje adaptándose a cada momento y a cada intencionalidad. Si en literatura cada vez se tiende con mayor persistencia a la imbricación de unos géneros en otros, aquí se demuestra que tampoco sería acertado limitar un formato comunicativo único a parámetros previstos y especializados. Y está bien que así sea, que no nos limitemos a un único lenguaje porque con frecuencia hemos de acoplar el motivo de nuestro mensaje, o su urgencia, a la forma que con mayor fidelidad concuerde con nuestro propósito.
Así “Efímer” ya indica con claridad su intención y la forma de desarrollarse mediante las imágenes grabadas, así como las músicas elegidas, realzan la sencillez de su propuesta y la naturalidad de su desarrollo.”
...“Hago una primera lectura de la obra en clave muy naturalista: la vida en su conjunto y su transcurso, unifican naturaleza y humanidad, pues todo se produce en paralelismo de secuencias que van integrando los paisajes, los elementos y la evocación de la existencia humana (desde el ser aún no nacido a las imágenes del cementerio), estableciendo como símbolos elementales de su presencia la movilidad permanente (junto al agua, las botas, que se transforman, creciendo) y ese vestido rojo, vivo al ser mecido por el viento cuando pende en las ramas y movido desde su inercia al estar sumergido en la corriente, una corriente que nos lleva, procede de un antes de nosotros y continúa en un después.
Todo en la película es puro movimiento, incluso en las mínimas imágenes que describen un paisaje inmóvil, es la cámara la que al no estar quieta vincula ese trayecto a los restantes.
Los dos breves fundidos en negro ayudan a configurar la pieza como en tres secciones aunque la fluidez no se pierde en ningún momento. Así puede visionarse como el origen (los peces, el manantial, las botitas, el huevo en eclosión, el vibrar del agua, del viento, de la vida, el parto de la oveja, el chotillo); la plenitud (las cascadas, las corrientes de agua, el paseo por el bosque, las flores mecidas por el viento, las botas, las margaritas, ramas, el vestido moviéndose con la forma del viento, lo femenino del aire, el columpio, los árboles reflejados en la corriente, el dar protagonismo, tras el agua y el aire, al fuego, y esa culminación de las cascadas y las aguas rápidas); y la muerte (las cruces, las tumbas, el vestido rojo sumergido, quieto en un remanso mientras el agua –la vida- pasa sobre él, las botas quietas sobre la tierra, los troncos secos junto a la corriente, los árboles sumergido, ahogados... Y ese final de las rejillas en el suelo, desagües en la vecindad de los animales muertos en la carnicería, la sangre, pájaros enterrados... Desembocadura, tierra / árboles / agua... naturaleza invertida, el amarillo. Y las falenas que intermitentemente aparecen un instante revoloteando como auténtica metáfora de lo efímero”
...“Creo que la poesía es junto a la música el más intenso y trascendente de los lenguajes comunicativos, y como tal no necesariamente ha de ser transmitida mediante poemas. Estamos bien acostumbrados a leer libros de versos que no son poesía, y también a hallarla en otros territorios y en otras propuestas. Así yo identifico esta pieza cinematográfica como cercana al lenguaje poético y, como él, sometida a la experiencia del espectador, que ha de complementar las imágenes propuestas dotándolas del significado que procede de su propia experiencia”.


FICHA TÉCNICA:
 
 Descripción
"Efímer" es el primer film (de corte experimental) de una trilogía basada en los conceptos budistas de impermanencia, deseo y sufrimiento.
Sinopsis
Estructurada en tres partes, nacimiento, vida y muerte, el film evidencia la temporalidad, la transitoriedad y la fugacidad mediante un hilo conductor, el agua o río que acompaña en todo momento a los personajes de la película, que en este caso no son actores si no elementos de la naturaleza, objetos y animales. A través del lirismo de las imágenes el film se adentra también en lo efímero del arte, completando así el conjunto como si de un poema circular se tratase.
Dirección
Marian Raméntol & Cesc Fortuny
Productora
La Náusea 
Fecha de lanzamiento
October 21, 2017 
Género
Cine Arte, experimental.
 
 

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