POEMAS, por Juan Ramón Ortiz Galeano.

viernes, abril 04, 2014



Juan Ramón Ortiz Galeano

Escritor argentino nacido en Buenos Aires (1975). Tiene estudios de Derecho.
Premio “Igriega” de Relato Breve 2002 (Sevilla-España); Premio “El Arte de Escribir” de Poesía 2009, Finalista (Barcelona-España); Premio “Literarte” de Poesía 2010, Finalista (Buenos Aires-Argentina); Premio “Latin Heritage Foundation” de Poesía 2011 (Washington-Estados Unidos); Premio del Público “Poemas sin Rostro” 2011, Finalista (Murcia-España); Premio “Flor de Poesía” 2011, Mención de Honor (Buenos Aires-Argentina); Selección y Publicación “Carpe Diem” del Centro Poético 2011 (Madrid-España).

Publicado en las antologías impresas “Los Vicios Solitarios” (Ed. Junta de Andalucía, SE: 4396-03, Sevilla-España, 2003); “Más que palabras” (Ed. Bubok, Barcelona-España, 2009); “Una isla en la isla” (Ed. Latin Heritage Foundation, ISBN 10: 0983245002 / ISBN 13: 978-0983245001978-0983245001, Washington-Estados Unidos, 2011); “Poemas Inolvidables” (Ed. Latin Heritage Foundation, ISBN-10:0983245045 / ISBN-13:978-0983245049, Washington-Estados Unidos, 2011); “Carpe Diem” (Ediciones del Centro Poético, ISBN 978-84-937336-8-1978-84-937336-8-1, Madrid-España, 2011).
Los poemas pertenecen a su libro de próxima edición “De la Patria Sangrante y la Aldea Enloquecida”.





EL MOTOR DE LA ALDEA ENLOQUECIDA



“Durante medio siglo

 La poesía fue

El paraíso del tonto solemne.

Hasta que vine yo
Y me instalé con mi montaña rusa.
Suban, si les parece...”
Nicanor Parra


Las vidrieras donde la niña veía su reflejo
son ahora los ojos quebrados del asesino.
El mercado aldeano enloquece a todos.

Los bárbaros traspasamos las fronteras y tapiales
cargando ganzúas articuladas para abrir sus puertas
y carruajes;
nuestros nietos ingresaron reptando y sollozando,
disminuidos.

Aldeanos, irrumpiremos en sus bocas y en sus culos, en esta comedia somos los fregadores, los cambia-pañales extra-large, las Cabezas Oscuras del Incendio (léase “Cabecitas Negras” en el Manual Indoeuropeo del Buen Tejedor): pieza fundamental del motor; devorando los fragmentos del Banquete C.A.V.A. seremos inmunes a la ausencia y a las plagas, nuestro estómago es una bodega y nuestra boca la tormenta de reclamos, de querellas atendidas a medias.

Nuestras hijas son mariposas grises,
nuestros hijos poetas extraordinarios
que jamás recibieron premios ni distinciones.

Aldeanos, lo que sacrificamos en un exhalo cuesta cuatro bosques y un río, nosotros llenaremos sus panzas y meceremos a sus hijos (futuros violinistas y lameculos), ustedes saldrán cada día a tensar las cuerdas que nosotros enceramos, a echar combustible al motor; este “circoito” no le importa a nadie, a nosotros menos que a nadie.





2
ALLANADO

“Relucientes gusanos fulminantes gritando
-asesinando- desde el Oráculo Vigía”
El Joven Mil Veces Desgraciado

Yo ignoraba todo lo concerniente a mí y a mis ancestros.
Rafael Cadenas


Con tu pecho perforado por la fatalidad, tus manos resbalan contra las olas de sangre que la brisa provoca sobre el andén; sangre, de tu corazón desprotegido y allanado por esos relucientes impostores despreciables, por esos inciviles Vilfelónes despiadados que sonreían demoníaca e inconteniblemente frente a un público enceguecido.

No postergarán, tus interrumpidos despertares, aquellos ojos lacrimosos por la furia y la impunidad, por la rabia y la barbaridad, observando la violación del acero a la carne, del filo a la piel, de la sangre... a la daga; aquellos ojos irritados, desorbitados, fascinados y vacíos, pérfidos y frenéticos.

El camino parece confuso por el reflejo nebuloso; los días pasan ahogandose mientras la tierra se quema, el futuro se desarma mientras el presente artificial es glorificado; pero lucharemos dulcemente, atentos, precisos, espíritu de la perseverancia y el dolor, así conduciremos trabajos mejores, sin esos actores de escenarios casi indescriptibles, sin aquellos Vilfelónes de la muerte injusta... y atroz.




3
LA HERIDA MÁS PROFUNDA

“Debemos inquietarnos por curar las simientes,
por vendar corazones y escribir el poema
que a todos contagie”
Gloria Fuertes


Una hermosa niña
con tarjetitas de colores en las manos
se refleja en las vidrieras de las tiendas
y los espejos de los autos;
ofrece una sonrisa y una tarjetita
a cambio de muy poco, por nada,
por unos centavos.

En su casa, la mesa está vacía.

Un niño, también hermoso,
recorre los andenes y veredas,
las calles y semáforos,
ofrece malabares mal ejecutados
a cambio de muy poco, por nada,
por un gesto de aprobación,
por unos centavos.

En su casa, la casa está vacía.

Ambos conocen la indiferencia y el rechazo,
ambos conocen la respuesta de tu espalda
y de tanta gente la mirada arrogante;
esos niños son otra herida,
una herida constante
-la más profunda-
de esta Patria Sangrante.

Pero no es, a fin de cuentas,
tu compasión lo que pretenden,
ni tu horror, ni tu desmayo,
pues tal vez ellos sean más fuertes,
más intrépidos, más valientes
que usted,
que usted y el Cordero Lobo que le escribe.





4
EN EL FANGO

“comienza el golpeteo de la lluvia

y corre el agua por las calles en silencio

y un olor húmedo y cierto

me regresa a las grandes noches del Tolima”

Álvaro Mutis





Esta lluvia fría y ruidosa

no sembrará elegancia en mi sueño,
lo vestirá de tormentos y espejismos;
no se anuncia cálido, sino adverso y terrible
(arisco y pavoroso como el canto de un monstruo);
no vendrá limpio pero tampoco leve ni sucio,
contendrá miedos y ambigüedades:
¡laqueado de incertidumbres!

De por sí, mi ropa esta absorbiendo el agua
que ya moja mi espalda pegada a la tierra;
la Nube Níquel baja del Cielo Ceniza
para hurgar en mi sueño,
las estrellas, ahora desnudas,
piden mi atención más pura.

Humedad. Intemperie. Sometido.

Cuatro, cinco, seis Cuervos cuadrúpedos
-hambrientos y rabiosos-
forman en torno a mi un círculo deforme,
son ellos quienes están babeando el valle
para impedir mi escape;
yo me deslizo –me resbalo-
hacia el sueño más espumoso y violento.

¡Claro que no provoqué esta situación!
yo prefiero el oro y los pétalos
(el mío y los amarillos).
Ése es mi credo.

Una luciérnaga muerta eleva sobre mi su luz,
una flor oriental desploma junto a mi su sombra,
la veo morirse
mientras escucho a los Perros-buitre rascarse,
y a la luna manifestarse en una mueca invisible.

¿En qué rincón del palacio anida mi fuerza? ¿En qué recodo de qué cenagoso y oscuro sendero de vida mi voluntad anida? ¿Bajo qué piedra de qué montaña herrumbra, el Tiempo que mata, la medalla que me toca? ¿Junto a qué fuego solitario -cálida, seductora, venenosa- se afila y prepara la serpiente que me invoca? ¿Contra qué pared de qué laberinto en ruinas, se apoya y corrompe la espada que la nombra?


Quizás el sueño que viene me lo cuente,
tal vez el sueño temido y anhelado que se avecina
entre espejismos me lo diga,
y de alguna manera yo la encuentre.


A los que inmersos en la
 incertidumbre, la infamia y la injusticia,
no pierden esperanzas en la vida,
en el prójimo, y en la propia fuerza.





5
LLEVADO POR LOS FAROS DEL BOSQUE



¿Qué sonido trae el horizonte,
qué sonido?
arde un tam tam lejano y mío,
se enciende en mi centro un anhelo, un estampido
nocturno que reverbera desde el suelo
y huele a damasco y quebrachales.

¿Qué llamado se deshoja desde el cerro,
qué llamado?
asemeja un alarido inquieto, ingrávido, codiciado,
y en mis oídos un puño de ríos invulnerables
inicia su trote firme y milenario...
palpando, acariciando el curso fértil,
intuyo palmas de ombúes, de ciruelos, de nogales.

¿Qué luces destellan desde la espesura,
qué luces?
en mi retina jadeante fulgura
una constelación de bestias y luciérnagas,
y mientras descifro su código mudo y musical
-esplendoroso, inmemorial- resplandece
la belleza de los búhos (faros del bosque),
así sus ojos: senderos
de barro y luz atravesando el aguacero del olvido,
ya me indican el destino, y ya lo entiendo,
ya lo acepto, ya me muevo,
ya sigo el derrotero...


© Juan Ramón Ortiz Galeano