DOCE POETAS LATINOAMERICANAS PARA EL SIGLO XXI, por Carlos Vitale

viernes, enero 12, 2018

Fotografía de Ana Portnoy
Carlos Vitale (Buenos Aires, 1953) es Licenciado en Filología hispánica y Filología italiana. Ha publicado "Unidad de lugar" (Candaya, Barcelona, 2004), "Descortesía del suicida" (Candaya, Barcelona, 2008), "Cuaderno de l'Escala / Quadern de l'Escala" (fotografías de Jaume Salvat, ilustraciones de Marc Vicens y prólogo de Carles Duarte, Vitel·la, Bellcaire d'Empordà, 2013), "Fuera de casa" (La Garúa, Barcelona, 2014) y "El poeta más crítico y otros poetas italianos" (Emboscall Editorial, Barcelona, 2014). Asimismo ha traducido numerosos libros de poetas italianos y catalanes: Dino Campana (Premio de Traducción “Ultimo Novecento”, 1986), Eugenio Montale (Premio de Traducción “Ángel Crespo”, 2006), Giuseppe Ungaretti, Gerardo Vacana, Sergio Corazzini (Premio de Traducción del Ministerio Italiano de Relaciones Exteriores, 2003), Amerigo Iannacone, Umberto Saba (Premio de Traducción “Val di Comino”, 2004), Giuseppe Napolitano, Sandro Penna, Antoni Clapés, Joan Brossa, Josep-Ramon Bach, etc. Ha participado en festivales, lecturas y encuentros de poesía en Argentina, España, Venezuela, Armenia, Italia, Suiza, Rumania, Estonia, Grecia, Bulgaria y Francia. Reside en Barcelona desde 1981.
 

DOCE POETAS LATINOAMERICANAS PARA EL SIGLO XXI (presentación de Edda ARMAS)

Dedicar un espacio a la poesía escrita por poetas latinoamericanas nacidas a partir de 1976 es el propósito. Publicadas a razón de una al mes, conformaremos así un Árbol de voces vivas en la revista digital La Náusea entre febrero de 2017 y enero de 2018, coordinado por el poeta y traductor Carlos Vitale. El apropiado verso del ‘árbol de voces vivas’ es de la poeta venezolana Enriqueta Arvelo Larriva (1886-1962), el que tomo prestado al encontrar esta imagen vegetal acorde al proyecto de Vitale, como también por la decisión mutua de referenciar poetas pilares y/o influencias para estas nuevas generaciones. Así y en consecuencia a esta idea, sumamos entonces nombres fundacionales amén de  incuestionables: Sor Juana Inés de la Cruz (México, 1651 – 1695), Delmira Agustini (Uruguay, 1886 – 1914), Lucila Godoy/Gabriela Mistral  (Chile, 1889 - 1957) , Alfonsina Storni (Argentina, 1892 – 1938), Juana de Ibarbourou (Uruguay, 1892-1979), Josefina Plá (Paraguay, 1909 – 1999), Olga Orozco (Argentina, 1920 – 1999), Ana Enriqueta Terán (Venezuela. 1918), Ida Vilariño (Uruguay, 1920- 2009), Ida Vitale (Uruguay, 1923), Fina García Marruz (Cuba, 1923), Claribel Alegría (Nicaragua, 1924), Ida Gramcko (Venezuela, 1924- 1994), Rosario Castellanos (México, 1925-1974), Blanca Varela (Perú, 1926 – 2009), Marosa di Giorgio (Uruguay, 1932-2004) y Alejandra Pizarnik  (Argentina, 1936-1972), entre otras más.

Con iniciativas como la que ahora proponemos surge la inevitable cuestión del porqué separar antológicamente por géneros a los autores literarios, no tratándose de la perturbadora, y cada vez más absurda, pregunta de si existe o no una poesía femenina. No. Más bien, vamos en dirección al reconocimiento genuino de la poesía escrita por mujeres, interesados en darle mayor visibilidad y atención crítica a su obra poética. En este sentido, creemos que aún es necesario antologarlas separadamente, entendiéndolo a modo de balance compensatorio. Pues sigue siendo evidente que, al repasar las antologías de poesía de todos los tiempos, éstas suelen privilegiar en número de inclusión a los poetas, aún en nuestros días. Tal vez, y ojalá, cambie esta situación en el porvenir, mas entretanto y muy deliberadamente hacemos foco en autoras que emergen con poderío en el hacer poético latinoamericano reciente, cuyas obras bien vale la pena difundir y proyectar como aquí y ahora lo hacemos. 


Edda ARMAS.
Retrato Edda Armas © Ricardo Armas

Caracas, 1955. Poeta. Editora. Psicóloga social especialista en producción cultural. Autora de 15 poemarios publicados entre 1975 y 2016,  algunos: Roto todo silencio con ilustraciones del artista rumano Daniel Medvedov (2016), Sin negativo y estaciones (2012), Corona mar (2011), Toma lo simple por el tallo (2009), Casa y arcángel (NY, 2008), Armadura de piedra (2005), Sable (1994, Premio Municipal de Poesía 1995, Alcaldía de Caracas), En bicicleta (2003, Premio internacional de Poesía XIV Bienal  Literaria J.A. Ramos Sucre) y la antología personal Dagas y otras flores en Monte Ávila Editores (2007). Ha representado a su país en Encuentros de poesía en España, México, E.E.U.U, El Salvador, República Dominicana, Perú, Ecuador y Colombia. Presidió el P.E.N. venezolano (2005-2009). Desde 2005 facilita talleres de creación poética. Asociada con los artistas visuales Carlos Cruz-Diez y Annella Armas, desde 2015, edita la colección de poesía venezolana Dcir ediciones.


Milagro Catherine
Milagro Catherine nació en Maracaibo (Venezuela) en 1994.
Reside en Estado Zulia.
Entre otras publicaciones, ha colaborado en las revistas venezolanas Letralia y Poesía en el aire. 


VIII
vuelo sobre ti y me complace”
Zapato 3
Te derrumbas después de las alas,
vuelve mi cuerpo
dejando el vuelo en el recuerdo de la espalda
abismo tendido hacia la aurora que eres
un millón de muerte dentro de las entrañas como el placer colgante, entre Venus abierta
vuelo encima de ti
encima de lo que nunca fuiste
de tus antepasados y los míos;
de tus misterios y sortilegios,
de una canción de cuna envuelta en los nísperos que comiste
porque entras en mí hasta tu infancia
como sacando relieve a estas manos que esculpen paredes con sangre y cuero.
En ese momento ya no puedo aterrizar,
no hay parada
solo ramas que salen de tu pecho acostado, entre ruinas de recuerdos, entre ruinas de otros pechos, entre ruinas de sudor
ya no puedo aterrizar ante este suburbio que soy ahora,
y me complace


X

El silencio viene
atravesando relámpagos;
espesuras de la pared,
entonces la palabra es olvido de sí misma
el silencio sabe nombrarse solo
temeroso de amarse más
como creando una nueva vida
de inexistencia acumulada
el silencio recuerda la comida tapada en la mesa
y las moscas a las dos de la tarde,
el radio encendido sin nadie
el perro acostado buscando frío en el suelo
el silencio enmudece si empieza a llover
las gotas se escuchan como pasos en el techo
de muchas palomas con sus garras afiladas
mientras en la sala cae un hilillo de agua
el silencio dentro de la cena
como esperando que el café deje su amargura
imitando una mesa vacía
con sillas que solo sienten el calor de un cuerpo inexistente
el silencio juega a habitar la casa
sin embargo, antes de él
había otro silencio.


XII

He renunciado a invocar la muerte
Sin embargo la llevo a cuestas,
en la soledad donde no puedes entrar:
a mi templo que no se profana
he renunciado a condicionar el verso a lo humano
a alejarlo de su divino misterio
a la alquimia que hace poemas
-que es más fuerte que el agua-
He renunciado al misterio que te recuerda
quedando libre de tu culpa.


XXII
Yo quisiera estar entre vacías tinieblas
Porque el mundo lastima cruelmente mis sentidos”
José Antonio Ramos Sucre

Me pregunto si la noche se parece a la muerte
con el único sonido que dejan los grillos,
si se enfrían los pies
si por algún motivo entra mi padre y me despierta
con el ruido de la puerta que se traba,
me pregunto si la muerte sabe que le pienso
que le temo más a la vida
que creo fielmente que solo es un sueño,
entonces le cuento las veces del llanto,
los pasos de adioses,
tu mirada inmaculada en mi memoria,
me pregunto si tendré recuerdos
si diré: “yo quisiera estar entre vacías tinieblas, porque el mundo lastima cruelmente mis sentidos y la vida me aflige… impertinente amada que me cuenta amarguras”
me pregunto si veré al alegre desahuciado
con un libro de Lawrence en su regazo.
De noche pienso en ella
y me arrulla su voz de espectro
arropándome con sus túnicas negras,
muestra su olor a espanto de mil años;
callada,
deja que duerma
una noche más con mis recuerdos,
con el calor de mis senos
con el llanto acumulado desde hace trece años,
aún no es el momento
para abandonar
el ruido de las olas
donde lobos hambrientos
recitan mi elegía.


CHOCOLATE

A Juan

El cielo de las seis de la tarde
alumbra el sofá viejo que muestra flores rojas y doradas
donde
yace el cuerpo que soy:
arrugado, temblando, aguado.
Junto a las telas de araña con polvo de hadas
descansa el recuerdo del primer beso
y el gato que se fue aquel viernes de distancia
(donde nadie se quedó en la casa)
y la habitación huele a café azul
diciendo que
la memoria está dentro de la boca,
despegando los pies del suelo
veo a mamá teniendo cinco años
cuando jugaba sola en la quebrada
y tanteo el primer poema aprendido:
oh escuela de mi niñez donde las tardes llovía”
haciendo el amor con una mujer
solté palabras de cascada
en sus muslos de sol y agua.
Pienso en la tumba de mi padre, recito su epigrama.
Una oración viene como aleteo:
proclama mi alma la grandeza del Señor”
donde la madrugada se voltea
y se silencian los espantos.

Setenta años llevo a cuestas,
suelto mi cabello
crecido desde todos los inviernos del mundo
-es hora del ritual de las seis y media
de donde saco un chocolate:
Redondo, envuelto en papel de estaño,
lo desnudo lento.
Afuera se nubla el espacio
te miro chocolate;
entonces vuelvo a tener 23
donde es 10 de mayo,
Juan y yo sentados de frente
te tomo la mano Juan
te miro los ojos Juan
te siento en la sangre Juan
te sobo el ala Juan
te tengo lloviéndote Juan
hasta que el lugar sufre de transustanciación
y  ya no somos materia,
regresamos a tus diez años
y me mostraste la sangre,
desde ese momento lloramos juntos
comiendo chocolate
mientras el río pasaba,
desde entonces son eternos estos diez años
de mejillas rojas
de azúcar en la cara
de plumas misteriosas
de inocencia inmaculada,
mientras tanto;
sigue oliendo a café azul.   


HAY BACHES en la pared,
un miedo claro ondea serpenteando el tiempo  
recorriendo los siglos olvidados, donde duerme  un  cuerpo vacío de   plegarias
      El  refugio se voltea   
Nada  cuesta matar  pájaros
cuál es su llanto nocturno -
Hay  baches en  la pared
Huecos que  esconden los  sollozos
el asesino,  aguarda  en los  poros, visita  en los  espejos reconoce  el lamento,  anuncia el minuto preciso,   la llegada  nocturna, el recuerdo fallido, el lapsus de  eclipse, con su cuchillo:
       esculpe otro bache.  

INUNDARSE  es  caminar hasta la  última  piedra que  pretende  consolar,
hay  castillos de  cenizas   
se  moldean solos como el agua  alrededor del cuerpo,
como la  sombra  en total  oscuridad moldea  el silencio.
Inundarse  mantiene  el tiempo,
tiempo, tiempo– se
des
       va
              ne
                       ce
Sigue  persiguiendo  el ruido;
sigue  masticando el deseo a  
          des
                     tiem
                                po
El mar no conoce  el tiempo
inundarse  como se  inunda el cocuyo en su  ciencia
detente,
no persigas la rugosidad de  la luz.
Acaricia  el espacio como turpial sombrío.
Me  vuelvo  atea  del recuerdo  
Atada  en    las trenzas de  mi  infancia
                   Inundarse
                                   darse
              quebrarse

***
a  mí  mismo me  destruyo  y  me  aplasto
Francisco Pérez Perdomo

ESTE rostro que  llevo lo rehúso
no es sombra
no es silencio
no  lleva  la soledad que  llevo,
este rostro no sabe  del pasado
anuncia el tiempo que  siempre  estuvo.
Lo  palpo
 y  es un habitante  invasor,
reconocen mi  rostro pero  solo es ausencia.
Lo  rechazo  y  me tiembla  el párpado,
los rostros sí eligen a  su  dueño;
conocen  el fin mismo de  la nada
descubren  
el  tedio de  las  mañanas de su  amo.
Venga  tierra  de  la  ausencia
venga  a  mi  rostro la desaparición
la angustia  de  la existencia.
Se  transfigura  la piel,  
se  voltea  la carne,   
se  avecinan los  huesos solitarios,
al  fin, el cráneo respira.  


XXXII

Te observo dormir y no me alcanza la blancura de las paredes
enciendo un cigarrillo para sentirme besada
estoy sola
hablando con el humo sobre mis dolencias,
invoco algún pájaro muerto entre la maleza de tus manos
de donde me separo después de la sangre; me voy por la ventana
a tu recuerdo de la madrugada,
desde cuando agonizabas en mi vientre
porque no te basta asfixiar mis memorias de gaviota crucificada
tendida ante tu grandeza desde la muerte en un tumulto que  parece marcha de demonios saliendo de tus orejas,
me llevaste de la mano hasta tu infancia
mientras te veo desvalido en las sombras
en esto que somos y no seremos
mientras no entiendes por qué tiemblo
si acaso por qué conjuro mis manos a una vela gastada
a tus dientes con mi pedazo de carne podrida;
no te asustes niño, lo que escupes son plumas
me dices que vuelva,
sin embargo veo sábanas acostumbradas a la intermitencia:
a pasajeros sin retorno
y estoy sola con nicotina repetida.
Le temes a mi arco con la certeza de la flecha
pero elijo estar aquí
sintiéndome tierra vacía
reptil sin cola
saliva sin boca
cuerpo de hada quebrada con tu nombre en la frente,
no me temas aún
entiendo tu deseo de gobernar mi silencio
de reflejarte en mi pecho cíclope
no me temas aún
todavía no me has visto despierta.



XXXV
He llevado a mis labios el caracol sonoro
Y he suscitado el eco de las dianas marinas”
Rubén Darío

Para volver al silencio, un caracol plateado me inunda
lo que dicen mis semejantes no lo entiendo
solo nombro mi osadía de distancia
algún sueño que no recuerdo
desde el pájaro sin plumas que me he vuelto,
tomo el caracol plateado que es un triangulo dormido
que murmura sonámbulo mis secretos:
en tu entrepierna está la noche, deshabitada orquídea y   pomarrosa. Guardas en los cabellos algún recuerdo del sol. Le temes al ruido”
-Le temes al ruido-,
repito
recorriendo el espiral hacia adentro.

 

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