CICLO PROSA POÉTICA: LAS VOCES, por Jaume Vendrell

viernes, marzo 09, 2018

Jaume Vendrell Ginel, Barcelona, 1976:

Cofundador de la formación Oxímoron, con la cual ha realizado diversos espectáculos poéticos, “Bluesía”, en el área metropolitana de Barcelona.
Miembro del colectivo artístico Grup Tremó durante el año 2010.
Ha publicado el libro de poemas En la luz no hay más que unos ojos entornados (Ediciones Alvaeno, 2012). Ha colaborado con poemas en revistas como Piedra del molino y El horizonte literario contemporáneo. Parte de su obra ha sido incluida en revistas digitales como Absenta (Chile) y La Náusea (Barcelona).
Interesado en la pintura e Influenciado por los artistas plásticos figurativos del siglo XX ha expuesto su obra pictórica en diversos locales de la ciudad de Barcelona.

Textos perteneciente al próximo libro de Jaume Vendrell "PSICOFONÍAS DEL ÚTERO"

LAS VOCES

             “De lo que he pensado, de lo que he sentido, sólo sobreviven unas ganas inútiles de llorar”

                                                                                   FERNANDO PESSOA, El libro del desasosiego

Los rostros arden en la hemeroteca del holocausto creciente. Se multiplican como la pus de una herida que relata desencuentros atrapados en el lodo de la memoria. Penetran en mí como un incendio que lo convierte todo en ceniza mientras escupen plegarias al unísono.

Poseo el don de ingerir los alimentos – como si el acto de alimentarse fuese una estúpida manía para conciliar el sueño entre otras cosas–  lo hago por aburrimiento, duermo por aburrimiento, por aburrimiento muero porque aborrezco la vida.
Detesto todo lo relacionado con la razón y sus tabiques infinitos, la razón nos pertenece como tributo a lo absurdo; detesto incluso al animal que ahora escribe este poema.

Aborrezco lo humano.

Es costoso desenmarañar las melenas que caen sobre los hombros de la existencia con el cuerpo anclado en uno mismo.
 Salgo del cuerpo, – el cuerpo desprende un aroma de desesperanza para quien lo habita, poseedor de matices que casan con la aceptación o el desprecio al prójimo – avanzo por el corredor que desemboca en la puerta de salida. La materia empequeñece a la par que ensancha la distancia y el poder de la fuga. Vuelvo sin remedio a ella, a la humedad de las venas, a los juncos del arroyo que también habita en mis huesos. Recelo de la voz caída del útero que golpea cual martillo las vísceras; pertenece a estos labios sin duda, abre a golpes, a gritos, la puerta de entrada a mi condena material y sudorosa.

Cimbreo al viento como un barco en la mar picada.

La basta redención reside en los lagos de la creatividad, en las grietas  de los muros cosidas con el susurro de los sueños, en las manos que enumeran parentescos vaporosos en la noche quebrada. Las manos envuelven el pene como un corsé hasta que la muerte, encumbrada a los altares con cada victoria, se apodera sin remedio de los vencidos.


Dejo de escribir y reflexiono; mi cabeza es una tormenta de arena. Bebo un sorbo de vino y el silencio se rompe con el llanto de un niño en la noche.  La llama nerviosa del deseo  inunda las paredes que me abrazan con sus cantos discontinuos. Vuelvo a empuñar el lápiz, cruzo como un relámpago, de orilla a orilla, el caudal que arrastra el lodo hacia la acequia escondida tras las miradas silenciosas.
 
Al ejercito enfurecido que inunda las calles de tristeza: para ti compongo la nausea que nace en la vaguada de la boca, por donde discurre el relato hasta la mano gris en la penumbra.

 Lamo las raíces de los bosques oscuros en la falsa primavera, caigo al suelo como un plomo.

Tomad mi sangre como ofrenda.

Nada más os pertenece...

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