DOS DE LAS SEIS SEXTINAS SOECES DE EDUARDO MOGA

viernes, julio 24, 2009

Biografía:

Eduardo Moga (Barcelona, 1962), ha publicado los poemarios Ángel mortal (1994), La luz oída («Premio Adonáis», 1995), El barro en la mirada (1998), Unánime fuego (1999), El corazón, la nada (1999), La montaña hendida (2002), Las horas y los labios (2003), Soliloquio para dos (2006), Los haikús del tren (2007), Cuerpo sin mí (2007) y Seis sextinas soeces (2008). Ha traducido a Frank O’Hara, Évariste Parny, Charles Bukowski, Ramon Llull, Carl Sandburg, Richard Aldington, Tess Gallagher, Arthur Rimbaud, Billy Collins y William Faulkner. Practica la crítica literaria en «Letras Libres», «Revista de Libros», «Archipiélago» y «Turia», entre otros medios. Es responsable de las antologías Los versos satíricos (2001) y Poesía pasión. Doce jóvenes poetas españoles (2004). Ha publicado también los compendios de ensayos De asuntos literarios (México, 2004) y Lecturas nómadas (2007). Codirige la colección de poesía de DVD ediciones.

Exordio:


Hace poco tuvimos la ocasión de asistir a una lectura poética en Nostromo (Barcelona), donde Eduardo Moga nos ofreció algunas de sus sextinas soeces, y el humor, como una especie de explosión, se adueñó por completo de la sala provocando las sonrisas primero –por aquello del respeto y máximo silencio que se debe en toda lectura- y en risas abiertas y desencajadas después, así que no hemos querido dejar pasar la oportunidad para acercar a nuestros lectores una pequeña muestra de este estupendo trabajo.

'Seis sextinas soeces', de las que en este artículo os ofrecemos dos, pertenece a la colección Compactos de Poesía de la editorial El Gato Gris, y van acompañadas de fotografías de Henar Sastre. 'Seis sextinas soeces' trasciende lo erótico y trata de hacer justicia a su título. Trufadas con el humor que subyace en ocasiones en la obra de Moga, lo explícito de sus sextinas contrasta con el lirismo y la quietud de las imágenes de Henar Sastre.

Marian Raméntol

DOS DE LAS SEIS SEXTINAS SOECES DE EDUARDO MOGA



[MOROSO, CON SOSIEGO OBISPAL…]

Moroso, con sosiego obispal, chupo;
después, encabritado el coño, jodo,
y sustituye a la saliva el semen,
que muere, como un río, en las nalgas,
desde el caño ardoroso de la picha.
Oficiamos, incólumes, el coito,

porque somos mejores con el coito,
porque nos enaltece: cuando chupo,
sonrío, crezco; cuando doy la picha,
entrego el corazón y el alma; jodo,
y purifico el ser: brillan las nalgas
como planetas blancos; cunde el semen

como aceite lustral; es sol el semen,
lacre sin límites que sella el coito.
Porque amo, extraigo mierda de las nalgas;
porque amo, soy mortal; porque amo, chupo
entrañas y sudor; porque amo, jodo,
y huyo de mí, y me anulo, y soy la picha,

espeleólogo del coño. Picha,
niégate, lícuate, deshazte en semen
jubiloso; escribe, cuando jodo,
tu ira y tu nada; deletrea el coito
con tus esponjas ígneas; di: «Chupo
tu adentro, dicto líquidos, tus nalgas

me amanecen y apuntalan; nalgas
soy, y árbol tuyo, y trozo de ti». Picha,
sé gubia y mundo; sé yo y ella. Chupo:
aparéjate, muge, afila el semen
que ha de nevar, candente, en el coito,
y que lo justifica. Beso, jodo:

no titubees; no anochezcas. Jodo
contigo, y con la piel, y con las nalgas,
y con los ojos: todo afluye al coito,
como un torrente orgánico. La picha
es su estandarte, no su alma; el semen
es su metralla, no su fin. Y chupo,

chupo sin pausa, como un niño: jodo
con la picha, y la muerte, y las nalgas,
y el semen; soy enteramente coito.

(Poema V de Seis sextinas soeces)





[PÚA DE MIEL…]

Púa de miel, penetro en el chichi,
embetunado de oro, de mi churri.
Le doy besos: me da su miel el chocho
hospitalario, la urna de la chorra;
es mano de cristal, membrana chachi
que veda desamor, espina o chancro.

Huya; mejor: no comparezca el chancro
feroz; que permanezca intacto el chichi,
salvo por la acometida chachi,
enredada en salivas de mi churri,
en calambres propicios, de mi chorra
menesterosa. Sí: enderece el chocho

su sangre acogedora; sea el chocho
limpio y sacramental; eluda el chancro
agazapado, o la ladilla, en chorra
ajena; dese a mí, sin daño, el chichi
sonriente y encendido de mi churri,
y sea nuestra hoguera una y chachi.

Habrá, húmedo fuego, polvo chachi.
Me instalaré, animal de aire, en el chocho,
y morderé los pechos de mi churri,
y no ganaré paz, ni sol, ni chancro,
sino la oscuridad feliz del chichi,
rebaba del cilindro de mi chorra.

Exhausta, cederá después la chorra,
y gozará de un reposo chachi,
y observará cómo rezuma el chichi,
cómo, arcilla, jadea, y muda en chocho
amable, amante, sin sopor ni chancro,
matraz del entusiasmo de mi churri.

Y aún más tarde, se erguirá mi churri
y buscará endurecer mi chorra
para que, exenta de úlcera y de chancro,
devenga ariete, y mástil, y eje. Chachi
será cuando otra vez perfore el chocho,
y lo envuelva, como un manto, el chichi.

Crecerá el chichi; crecerá mi churri;
proferirá la chorra un grito chachi,
y evitará en el chocho noche y chancro.
(Poema VI de Seis sextinas soeces)

EDUARDO MOGA

BREVE INTRODUCCIÓN A LA SEXTINA

La sextina es una composición poética integrada por 39 versos de arte mayor, normalmente endecasílabos, estructurados en seis estrofas de seis versos y una contera final, de tres versos.
Sus orígenes se atribuyen al trovador occitano Arnaut Daniel quien, a finales del siglo XII, compuso la primera sextina titulada Lo ferm voler qu'el cor m'intra (el firme deseo que se aloja en mi corazón), y alcanzará su máximo esplendor durante el Renacimiento.
El desarrollo de la sextina se basa en la siguiente metodología: Las seis estrofas que, con el terceto final, conforman la sextina, carecen de rima, pero cada uno de sus seis versos acaba en una palabra-rima (preferentemente un sustantivo llano y bisílabo).
Estas seis palabras-rimas finales de cada verso, se irán repitiendo en las estrofas siguientes alterando su orden, pero siempre siguiendo una misma ley: las tres primeras palabras-rimas "bajan" para hacer "huecos" entre ellas de modo que la primera pasa al verso segundo, la segunda pasa al verso cuarto y la tercera baja al verso sexto. Quedan por tanto, tres versos libres, el primero, el tercero y el quinto, que son ocupados por las tres palabras-rimas restantes en orden inverso: la sexta en el primer verso, la quinta en el tercero y la cuarta en el quinto. Aplicando esta regla de colocación se obtiene el siguiente esquema:

ABCDEF – FAEBDC – CFDABE – ECBFAD – DEACFB – BDFECA

Si se volviese aplicar la regla se volvería a obtener el orden de la primera estrofa (ABCDEF).
En el terceto final se repetirán las seis palabras-rima de forma que las palabras-rimas aparecen a mitad y a final de verso siguiendo el mismo orden que en la primera estrofa, es decir, AB,CD,EF entendiendo que A está en mitad del primer verso y B a final del primer verso, etc.

Para los interesados en este intricado arte de la sextina podéis encontrar un interesante artículo con todos los pormenores en:

http://www.culturadelotro.us.es/actasehfi/pdf/1cenizo.pdf

2 Comentarios:

Andreu Navarra dijo...

JAJAJA,
no puedo añadir más que esto: me he descojonado.

Sílice dijo...

Doy fe de ello, ya que estuve en ese recital de Nostromo y esas sextinas son geniales.

Inma