EXTRAÑAS NOTAS DE LABORATORIO, una visión de Alberto Hernández sobre Vila-Matas.

viernes, abril 30, 2010


Alberto Hernández, poeta, narrador y periodista venezolano (Calabozo, Guárico, 1952). Realizó estudios de postgrado en la Universidad Simón Bolívar, en Literatura Latinoamericana. Fundador de la revista literaria Umbra, es colaborador de revistas y periódicos nacionales y extranjeros.

Su obra literaria ha sido reconocida en importantes concursos nacionales. En el año 2000 recibió el Premio Juan Beroes por toda su obra literaria. Ha representado a su país en diferentes eventos literarios: Universidad de San Diego, California, Estados Unidos, y Universidad de Pamplona, Colombia. Encuentro para la presentación de una antología de su poesía, publicada en México, Cancún, por la Editorial Presagios.
Miembro del consejo editorial de la revista Poesía de la Universidad de Carabobo. Se desempeña como secretario de redacción del diario El Periodiquito, de la ciudad de Maracay, estado Aragua.
Parte de su obra ha sido traducida al inglés y al árabe.


EXTRAÑAS NOTAS DE LABORATORIO
1.-
Respiro en calma frente a la página 61 de Extrañas notas de laboratorio, de Enrique Vila-Matas, editado en Mérida, Venezuela, 2003, por el otro el mismo, en colaboración con el Celarg. Me quedo un rato en esta página y las siguientes que contienen el ensayo “El descarriado por la soledad”, donde Julio Ramón Ribeyro goza de buena salud gracias al otro joven tímido, no sé si lo sigue siendo, autor de este compendio de notas que Víctor Bravo puso en manos de los lectores de habla hispana.
Sí, voy y vengo, un poco agitado por el relato de Vila-Matas acerca del escritor peruano y sus Prosas apátridas, “artefacto literario que con el tiempo se convertiría en uno de mis libros favoritos”.
París era el sitio de Ribeyro. Vila-Matas, recadero, llevaba al narrador unas galeradas que le enviara su editora española Beatriz de Moura. Aquí nos topamos con el “miedo” que siempre acompaña a quien admira, en este caso, a un gran artista. Nos sucede a todos, de modo que el muchacho Enrique Vila-Matas pasó por este predicamento: entregarle al peruano unos textos para un libro que luego se convertiría en una suerte de paradoja, toda vez que –solitario impenitente- hizo correr sus ideas entre mucha gente que lo hizo multitud en salones de recitales, conferencias y exposiciones, así como en discusiones literarias donde política, exilio y economía se mezclaban con la nostalgia del exiliado, la del solitario que se re-crea en otros mundos, en otras intemperies, para poder sobrevivir.
Una lluvia pertinaz marca el rostro agobiado del narrador latinoamericano: “He pasado toda la semana con la cara pegada a la ventana, espiando la evolución del cartero”. La soledad, la señora soledad, tan de bolero, asida a la angustia dibujada en palabras de Vila-Matas: “Solitario con amores, hombre de ambigua fragilidad de cara pegada a la ventana, hombre que colaboraba con su andar errante en la modificación del tránsito en los bulevares, Ribeyro sentía la tentación del fracaso, lo que le llevaba a una sensación continua del descontento y a una dura interrogación sobre si lo que estaba escribiendo tenía valor”. La duda del solitario también forma parte de la obra que habrá de ser. Angustiado en medio de sus contradicciones, hizo de la ingrimitud un espacio para tocar la gloria de su pasión por las palabras.

2.-

Viajero incansable, Vila-Matas se regodea en su gusto por los libros, por los escritores tocados por el ectoplasma de Laurence Sterne en la saga novelesca La vida y las opiniones del caballero Tristram Shandy (The life and opinions of Tristram Shandy, gentleman). Alcanzado por los personajes de este invencionero del siglo XVIII inglés, Vila-Matas disfruta con la crónica, revisa con ojo feliz las locaciones de quienes navegan por las páginas de estas Extrañas notas de laboratorio. ¿Qué combinaciones alquímicas pasan por la cabeza de Enrique Vila-Matas en el momento de iniciar este cuaderno de reflexiones, esta festiva bitácora? Un poco de humor que Sterne vacía lentamente desde el tubo de ensayo de un sujeto que protagoniza un tiempo borrado por la vida y las opiniones de tres siglos que le han pasado por encima. Con la excepción del narrador barcelonés, quien hace del apellido de Tristram una escuela, una biblioteca ambulante entre sus lectores, gracias al ejercicio de regresarlo en algunas características que Laurence Sterne le imprimió a su imaginario humano.
En este libro nos hallamos con tres espacios de abordaje. Uno, que celebra viajes y anécdotas, donde los personajes dependen de la geografía. Otro, donde los escritores son estudio y reflexión de un autor que disfruta dibujándolos. Y tres, donde Vila-Matas multiplica los temas como juegos de abalorios sin serlo. No abandona su afecto por la narración, la imaginación y la realidad. Aquí leemos el texto que le da título al volumen y que aparece casi al final como remate vital, toda vez que retorna a los días de su primer libro.
De él dejamos a los lectores: “Me ha interesado siempre más la literatura vista como acto de revelación. Un espacio inquietante de musas fue para mí en su momento el LSD y ahora, enlazando
Con aquella creativa incursión en el mundo del ácido, me llaman la atención las enigmáticas cualidades del DMT”. Es decir, este trabajo destaca la importancia de las drogas para algunos escritores. Aquí está el laboratorio: las notas/ libros, novelas/ poemas que provienen del artificio de la alucinación.
Un trozo de este ensayo habla mucho: “Dice Weinberger que casi todos ellos describen experiencias semejantes. Fumada o inyectada, la droga tiene efectos casi inmediatos y todo el viaje dura sólo quince minutos. Lo primero que se escucha es un intenso sonido de desgarramiento, como si la propia cabeza se partiera. Luego se es testigo de una serie de patrones geométricos muy vívidos, seguidos de la sensación de ser lanzado a través de un túnel, un muro o una membrana. Finalmente se llega a un sitio concreto en el que nada es reconocible pero que parece estar bajo tierra y posiblemente sea abovedado”. Experiencia personal, confesión que se anuda y desanuda con un personaje sorpresivo, que emerge entre imágenes y se convierte en la concreción de un cuento, una novela, un salto al vacío o una acción aislada. El “viaje” auspicia la respiración de “alguien” que quedará por mucho tiempo en las páginas y superará la vida de quien lo inventa. Laboratorio para crear un Frankestein o para destruirlo. Juno en una moneda antigua.

3.-
Este, su quinto libro de ensayos literarios o crónicas cotidianas, nos revelan a un escritor que ha vivido, que reencarna en cada personaje, que resucita en cada autor. De allí que se pasee por Nueva York tras los pasos de Nora Volkow, la nieta de Trotski. Que huya a las Islas Azores o se interne en el caos de Chicago mientras intenta dejar de fumar. Bien en Nantes, donde saluda a Verne, Vaché y Gracq. De paso por Caracas con un libro de Victoria de Stéfano y su encuentro con Ednodio Quintero en los Andes de Mérida. Un momento para Argentina y su encuentro con un desconocido, Omar Vignole. Y así México, Barcelona, la casa de nacimiento; el París de la librería de Sylvia Beach, “en el 12 de la rue de l´Odeon”. De los escritores, Pessoa, Roberto Bolaño, tan cercano; los Goytisolo, Kafka, Gide, Tsvietáieva, Juan Villoro, Gombrowicz, Volpi, Padilla, Garcés, Juan Marsé, entre tantos. Los escritores siguen en las otras páginas, entre instantes lúdicos: Piglia, Jünger, Proust, Juan Rulfo, Valéry, Musil y más.
Un libro de “extrañas notas” que lo es en la medida en que se trate de un compendio, de un inventario cuya pasión estriba en registrar lo cuestionable, lo inadvertido, lo evidente. Un libro de vidas y silencios, ruidos y palabras. Un libro de viajes, de personajes y topografías. Un libro.
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Enrique Vila-Matas


Nació en Barcelona. Estudió derecho y periodismo y en 1968 entró como redactor en la revista de cine Fotogramas. En 1970 dirigió dos cortometrajes, Todos los jóvenes tristes y Fin de verano. En 1971, realizó el servicio militar en Melilla, donde en la trastienda de un colmado militar escribió su primer libro, Mujer en el espejo contemplando el paisaje. A su regreso a Barcelona, trabajó como crítico de cine de las revistas Bocaccio y Destino. Vivió en París dos años, desde 1974, en una buhardilla que le alquiló la escritora Marguerite Duras; allí escribió su segunda novela, La asesina ilustrada. Su tercer y cuarto libros, Al sur de los párpados y Nunca voy al cine, aparecieron en 1980 y 1982, pero sólo empezará a ser conocido en 1985 con su libro Historia abreviada de la literatura portátil. Publica a continuación Una casa para siempre, Suicidios ejemplares, Hijos sin hijos, libros de relatos. Recuerdos inventados es una antología de sus mejores cuentos. Se pasa a continuación al género novelesco con obras como Lejos de Veracruz, Extraña forma de vida, El viaje vertical, Bartleby y compañía y El mal de Montano entre otras. Por otra parte, en 1992 había publicado una colección de artículos y ensayos literarios bajo el título de El viajero más lento, a la que siguió en 1995 una segunda entrega, El traje de los domingos. Otras libros que contienen ensayos literarios: Para acabar con los números redondos (1998), Desde la ciudad nerviosa (2000), Extrañas notas de laboratorio (2003, publicado en Venezuela), Aunque no entendamos nada (2003, publicado en Chile), El viento ligero en Parma (2004, publicado en México, reeditado en 2008 en España),Y Pasavento ya no estaba (2008, publicado en Argentina) . Sobre su experiencia parisina escribió París no se acaba nunca (Barcelona, 2003). En 2005 aparece Doctor Pasavento que gira en torno al tema de la desaparición y "la dificultad de no ser nadie". Este libro cierra su trilogía metaliteraria sobre las patologías de la escritura (Bartleby, Montano, Pasavento).En septiembre de 2007 regresa al cuento y publica en Anagrama "Exploradores del abismo". En 2008 publica "Dietario voluble", donde se decanta cada vez más por una fórmula que borra las fronteras entre la ficción, el ensayo y la biografía. El libro es un diario literario o especie de guía que permite vislumbrar la arquitectura interna de su obra y que combina las experiencias de lectura, las experiencias de vida, la memoria personal y las ideas literarias de un ensayista.

Es caballero de la Legión de Honor de Francia. Ha obtenido el premio Ciudad de Barcelona y el Rómulo Gallegos (2001); el Prix du Meilleur Livre Etranger y el Fernando Aguirre-Libralire (2002); el Premio Herralde, el Nacional de la Crítica, el Prix Medicis-Etranger, el premio del Círculo de Críticos de Chile (2003), el Premio Internazionale Ennio Flaiano (2006), el Premio Fundación José Manuel Lara 2006, el premio de la Real Academia Española 2006. En septiembre de 2007 gana el premio literario Elsa Morante en el apartado Scrittori del Mondo, que premia “a un gran autor extranjero”. En marzo de 2009 obtiene el premio Internazionale Mondello por su novela Dottor Pasavento, traducida en Italia por Feltrinelli.

Su obra ha sido traducida hasta el momento a 29 idiomas; francés, inglés, alemán, italiano, ruso, portugués, japonés, griego, serbio, sueco, holandés, húngaro, hebreo, turco, noruego, rumano, polaco, coreano, catalán, brasileño, esloveno, checo, búlgaro, finlandés, danés, lituano, eslovaco, chino y croata.


Este artículo ha sido facilitado a La Nausea por Carlos Vitale.

1 Comentarios:

naudy dijo...

Ya no se siente nausea,ni cólera,ni amor,ni odio, ni frío,ni calor,
mi estimado viejo amigo,la poesía es así,un poco vampira,pero le seguimos el juego,atte,el mismo naudy y si soy robot pero ...