DOCE POETAS LATINOAMERICANAS PARA EL SIGLO XXI, por Carlos Vitale

viernes, mayo 12, 2017

Fotografía de Ana Portnoy
Carlos Vitale (Buenos Aires, 1953) es Licenciado en Filología hispánica y Filología italiana. Ha publicado "Unidad de lugar" (Candaya, Barcelona, 2004), "Descortesía del suicida" (Candaya, Barcelona, 2008), "Cuaderno de l'Escala / Quadern de l'Escala" (fotografías de Jaume Salvat, ilustraciones de Marc Vicens y prólogo de Carles Duarte, Vitel·la, Bellcaire d'Empordà, 2013), "Fuera de casa" (La Garúa, Barcelona, 2014) y "El poeta más crítico y otros poetas italianos" (Emboscall Editorial, Barcelona, 2014). Asimismo ha traducido numerosos libros de poetas italianos y catalanes: Dino Campana (Premio de Traducción “Ultimo Novecento”, 1986), Eugenio Montale (Premio de Traducción “Ángel Crespo”, 2006), Giuseppe Ungaretti, Gerardo Vacana, Sergio Corazzini (Premio de Traducción del Ministerio Italiano de Relaciones Exteriores, 2003), Amerigo Iannacone, Umberto Saba (Premio de Traducción “Val di Comino”, 2004), Giuseppe Napolitano, Sandro Penna, Antoni Clapés, Joan Brossa, Josep-Ramon Bach, etc. Ha participado en festivales, lecturas y encuentros de poesía en Argentina, España, Venezuela, Armenia, Italia, Suiza, Rumania, Estonia, Grecia, Bulgaria y Francia. Reside en Barcelona desde 1981.


DOCE POETAS LATINOAMERICANAS PARA EL SIGLO XXI (presentación de Edda ARMAS)

Dedicar un espacio a la poesía escrita por poetas latinoamericanas nacidas a partir de 1976 es el propósito. Publicadas a razón de una al mes, conformaremos así un Árbol de voces vivas en la revista digital La Náusea entre febrero de 2017 y enero de 2018, coordinado por el poeta y traductor Carlos Vitale. El apropiado verso del ‘árbol de voces vivas’ es de la poeta venezolana Enriqueta Arvelo Larriva (1886-1962), el que tomo prestado al encontrar esta imagen vegetal acorde al proyecto de Vitale, como también por la decisión mutua de referenciar poetas pilares y/o influencias para estas nuevas generaciones. Así y en consecuencia a esta idea, sumamos entonces nombres fundacionales amén de  incuestionables: Sor Juana Inés de la Cruz (México, 1651 – 1695), Delmira Agustini (Uruguay, 1886 – 1914), Lucila Godoy/Gabriela Mistral  (Chile, 1889 - 1957) , Alfonsina Storni (Argentina, 1892 – 1938), Juana de Ibarbourou (Uruguay, 1892-1979), Josefina Plá (Paraguay, 1909 – 1999), Olga Orozco (Argentina, 1920 – 1999), Ana Enriqueta Terán (Venezuela. 1918), Ida Vilariño (Uruguay, 1920- 2009), Ida Vitale (Uruguay, 1923), Fina García Marruz (Cuba, 1923), Claribel Alegría (Nicaragua, 1924), Ida Gramcko (Venezuela, 1924- 1994), Rosario Castellanos (México, 1925-1974), Blanca Varela (Perú, 1926 – 2009), Marosa di Giorgio (Uruguay, 1932-2004) y Alejandra Pizarnik  (Argentina, 1936-1972), entre otras más.

Con iniciativas como la que ahora proponemos surge la inevitable cuestión del porqué separar antológicamente por géneros a los autores literarios, no tratándose de la perturbadora, y cada vez más absurda, pregunta de si existe o no una poesía femenina. No. Más bien, vamos en dirección al reconocimiento genuino de la poesía escrita por mujeres, interesados en darle mayor visibilidad y atención crítica a su obra poética. En este sentido, creemos que aún es necesario antologarlas separadamente, entendiéndolo a modo de balance compensatorio. Pues sigue siendo evidente que, al repasar las antologías de poesía de todos los tiempos, éstas suelen privilegiar en número de inclusión a los poetas, aún en nuestros días. Tal vez, y ojalá, cambie esta situación en el porvenir, mas entretanto y muy deliberadamente hacemos foco en autoras que emergen con poderío en el hacer poético latinoamericano reciente, cuyas obras bien vale la pena difundir y proyectar como aquí y ahora lo hacemos. 
Edda ARMAS.

Retrato Edda Armas © Ricardo Armas

Caracas, 1955. Poeta. Editora. Psicóloga social especialista en producción cultural. Autora de 15 poemarios publicados entre 1975 y 2016,  algunos: Roto todo silencio con ilustraciones del artista rumano Daniel Medvedov (2016), Sin negativo y estaciones (2012), Corona mar (2011), Toma lo simple por el tallo (2009), Casa y arcángel (NY, 2008), Armadura de piedra (2005), Sable (1994, Premio Municipal de Poesía 1995, Alcaldía de Caracas), En bicicleta (2003, Premio internacional de Poesía XIV Bienal  Literaria J.A. Ramos Sucre) y la antología personal Dagas y otras flores en Monte Ávila Editores (2007). Ha representado a su país en Encuentros de poesía en España, México, E.E.U.U, El Salvador, República Dominicana, Perú, Ecuador y Colombia. Presidió el P.E.N. venezolano (2005-2009). Desde 2005 facilita talleres de creación poética. Asociada con los artistas visuales Carlos Cruz-Diez y Annella Armas, desde 2015, edita la colección de poesía venezolana Dcir ediciones.





Melisa Nungaray 
 Melisa Nungaray nació en Guadalajara (México) en 1998.
Entre otros libros, ha publicado: Raíz del cielo, Sentencia del fuego y Travesía: Entidad del cuerpo.


Desde hace un millar de siglos me inventaron,
la transfiguración del cuerpo se acrecienta
en el ciclo de la mariposa.
Han pronunciado mi nombre
en el silencio cristalino de la existencia.
Escucho que han cambiado mi rostro en el libro,
soy  la pragmática alma efímera
de un millar de pensamientos colosales
dentro de los siglos.


En algún lugar descansa el cuerpo,
lo he visto arrastrándose,
estudiando los gusanos dentro del círculo.
Le satisface entrar en la tierra.
Arriba de la estrella
la sensualidad del aire viaja
en algún lugar donde la sangre no descansa
envuelta en serpientes
dentro de la robusta ave de los siglos.
Afuera los órganos humedecen
los latidos que quebrantan el girasol óptico.
El cuerpo descansa en algún lugar.


Allá donde la culminación es el cadáver
que se carcome a sí mismo con lenguas alternas.
Es allí a donde irás lector a declarar el instintivo idioma
antes que se avecine el bárbaro
y te descarte de la resurrección.
Ahora en el lugar que te encuentres
emerge de  la página
que te atormentará cuando seas el cadáver onírico
que siempre han esperado las venerables ánimas de la danza.

Entrarás en los dialectos del espectro desnudo,
en voces que parpadean en el fuego.


Todo anochece.
En la boca más atroz toda la noche es mía,
en el cuerpo lunar esotérico las sonatas
dictan la luz bélica demacrada
elevando poderes infinitos
en la oscuridad que todas las almas anhelan.
Ellas siempre duermen al ritmo de mis latidos,
pero a media noche revelan cadenas repulsivas
que azotan mundos paralelos.
¡Oh! me están vigilando miles de cuerpos
que aluden al último alarido desnudo del instrumento histórico.
Vuelvo a dormir con el arsenal magnífico
de la música onírica del violín buscando el grito colosal
de palabras en cuatro cuerdas.


Después del invierno, iré al inframundo,
edificaré el pergamino en el fango.
Ilustro lo próximo con rastros de vidrios
purificados en la ceniza.
En la armonía del universo
seré el aspa que cura y suaviza el pelaje de la muerte.


Dormiré hoy dentro de arboledas
donde es determinado el tiempo.
Sigo las señales,
alzaré los cuchillos que se forman con el fuego
hasta dar forma a la flor violenta del violín.
Más adelante el arte danza la lírica agonía
con el coro de los muertos
que sueñan las bestias en las cuerdas de la sangre.


El futuro en cuanto lo ausculto desaparece.
La fisionomía de la verdad aguarda en los bosques
de serpientes que voltean a la izquierda.
Los animales te someten
para filtrarse en la arcada del espacio,
corroerse sobre troncos intactos en la memoria.
Pero tú sigues el trazo
asomándote  en la palpitación mortífera de los árboles
que pronunciarán con el aura y pámpanos
la muerte de mañana.
Al escucharlo morirás nadie te salvará,
estarás desangrando la verdad.
El futuro desaparece.


Óyeme vena eficaz
dentro del fondo
es firme la nada.
Depende del mar revuelto
con sombras heridas de misterio
que la esfera del azar emigre,
ausencia nivelada en el paisaje
ondeando en sus huesos
encuentra el rumbo vagabundo
de nueve palabras,
anónimo hielo melancólico
ve el mundo idéntico,
dormita en los bloques
de la nimia piedra
con afluencia florecida
se desvanece abandonado
en el séptimo viento.
 

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